Lo bello en Kant (segunda entrega de Estética)

Empecé mis actividades docentes después de un sabático y propuse dos cursos y un seminario que desde mi perspectiva van muy de la mano. Uno de ellos, Estética, del que ya había empezado a escribir (un pendiente que con la pandemia me he dado el tiempo de ponerme al día) es una asignatura del área de filosofía teórica de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM.

En la primera entrega escribí hasta que aparece Baumgarten en escena, que es el primero en definir Estética como la “ciencia del conocimiento sensible”. Kant le hace segunda y su tercer crítica, la Crítica del juicio, la dedica por completo al planteamiento estético estableciendo o proponiendo el juicio del gusto a priori centrándose en la acepción de lo bello para justificar el desarrollo de su planteamiento epistémico iniciado en la Crítica de la razón pura.

Kant es un filósofo tan metódico que no resulta complicado, una vez que logramos abstraer su sistema de pensamiento, seguirle la pista. En sus críticas observamos una escritura progresiva, donde no va dejando ningún cabo suelto mientras formula definiciones que se complementan con otras definiciones. En Crítica del Juicio esto es muy evidente y aunque en semestres previos le he dedicado más atención a leerlo durante varias sesiones, éste me limité a dedicarle una semana, que desde mi perspectiva desmerece mucho del trabajo de análisis que se puede realizar con la obra tan sofisticada de este filósofo del siglo XVIII.

Mi propuesta de lectura de la Crítica del juicio, un libro que está dividido en dos secciones (crítica del juicio estético y crítica del juicio teleológico) del cual solo alcanzamos a ver partes de la primera, inicia no intentando definir los conceptos que circunscriben tradicionalmente la Estética: representación, categorías, juicios, mimesis y un largo etcétera, sino con la definición que el propio Kant da de lo bello muy al principio del texto:

Bello es lo que, sin concepto, place universalmente.

(Kant, 2007: 133)

A partir de este momento (§9) me dedico a deconstruir la afirmación de Kant considerando tres elementos de la oración que analizo de forma separada; los cuales están progresivamente indicados en el propio texto. El primero (place) se deduce de los modos de satisfacción que propone el autor: placer, agradable, bueno: “Lo agradable, lo bello, lo bueno, indican tres relaciones diferentes de las representaciones con el sentimiento de placer y dolor… Agradable llámese a lo que deleita; bello a lo que solo place; bueno a lo que es apreciado o aprobado” (Kant, 2007: 121). Es decir, placer, como modo de satisfacción, es el único que hace posible que la afirmación arriba mencionada sea posible dado que:

La consecución de todo propósito va enlazada con el sentimiento de placer; y si la condición de la primera es una representación a priori, como aquí un principio para el Juicio reflexionante, en general, entonces también es el sentimiento de placer determinado por un fundamento a priori y veladero para cada cual.

Kant, 2007: 99

Llegadas a este punto resulta importante preguntar ¿qué tipo de Juicio es el juicio de gusto?, ¿es un juicio a priori? Y la respuesta es sí, es un juicio a priori, por lo tanto “lo que es representado en un juicio de gusto, a priori, como regla universal para el Juicio” me permite establecer la universal validez de ese placer (segundo elemento de la definición de Bello). Por tanto: “Que yo percibo y juzgo un objeto con placer, esto es un juicio empírico; pero que lo encuentro bello, es decir, que puedo exigir a cada cual esa satisfacción como necesaria, esto es un juicio a priori” (Kant, 2007: 213).

Y por qué resulta importante reflexionar o delimitar o comprender si estamos hablando de un juicio (con minúscula) o un Juicio (con mayúscula), pues porque es evidente que para Kant importa el segundo para su continuidad epistemológica: “En el orden de nuestras facultades de conocimiento, [el Juicio] forma un término medio entre el entendimiento y la razón” (Kant, 2007: 72).

Con esta acepción, nada más nos queda por determinar a qué se refiere “sin concepto” (tercer elemento de la definición), y ésta deviene o se deduce, nuevamente, de los modos de satisfacción: “la del gusto en lo bello es la única satisfacción desinteresada y libre, pues no hay interés alguno, ni de los sentidos, ni de la razón, que arranque el aplauso” (Kant, 2007: 122). Es decir, sin concepto deviene sin interés, por lo tanto:

Gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o un descontento, sin interés alguno. El objeto de semejante satisfacción llámase bello.

Kant, 2007: 123

Lo interesante de este planteamiento consiste en que a Kant le interesa poco o casi nada el arte y cuando habla de lo bello se refiere a lo bello natural, como lo hará también cuando desarrolle otra de sus categorías estéticas, basadas en el mismo análisis que he planteado hasta ahora, y que resulta de suma importancia para la incipiente reflexión de la Estética que se estaba dando hasta ese momento. Esa otra categórica se llama sublime y lo sublime terrorífico.

En realidad, sin desarrollo de ideas morales. lo que nosotros, preparados por la cultura, llamamos sublime, aparecerá al hombre rudo sólo como atemorizante. Él verá en las demostraciones de poder de la naturaleza, en su destrucción y en la gran medida de la fuerza de ésta frente a la cual la suya desaparece en la nada, sólo la pena, el peligro, la congoja que rodearían al hombre que fuera lanzado allí.

Kant, 2007: 185

Pero sería injusto de mi parte terminar esta exposición aquí sin mencionar tres aspectos que considero igualmente importantes para comprender la crítica de Kant. La primera se refiere a la alusión que hace al “arte bello”, en contraste con la definición que hace Baumgarten, afirmando que: “No hay ni una ciencia de lo bello, sino una crítica, ni una ciencia bella, sino sólo arte bella, pues en lo que se refiere a la primer, debería determinarse científicamente, es decir, con bases en demostración, si hay que tener algo por bello o no” (Kant, 2007: 231).

El segundo aspecto se refiere a la necesidad de Kant de proponer la figura de genio “como el talento (dote natural) que da la regla al arte”. Es decir, el filósofo, para completar su planteamiento trascendental se ve reducido a que no cualquiera puede hacer arte bello si no es arte del genio. En función de ello, el genio va a ser un talento innato y no una habilidad que se pueda desarrollar.

genio es la capacidad espiritual innata (ingenium) mediante la cual la naturaleza da la regla del arte.

Kant, 2007: 233.

Para terminar, el tercer aspecto se relaciona con la división de las bellas arte. Para Kant existen “sólo tres clases diferentes de bellas artes: las de la palabra, las de la forma y el arte del juego de las sensaciones“. En las de la palabra encontramos la oratoria y la poesía; en las de la forma, la plástica (escultura y arquitectura) y la pintura; finalmente, el “arte del bello juego de las sensaciones” se refiere a la música y al arte de los colores (Kant, 2007: 248-252).

Hasta aquí llega la no menor aportación de Kant para el planteamiento estético que sigo muy presente en nuestro días y del que dará cuenta Hegel, cuestionando sobre todo lo bello natural con respecto a lo bello artístico.

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