Fronterización de la seguridad con el efecto Trump 2.0

Volví a Juárez casi ocho años después de mi anterior visita. En 2017 empezaba el primer mandato de Trump en el país vecino. La gente de a pie estaba, si no contenta, sí risueña de lo que este personaje de la política internacional prometía: hacer que México pagara por la construcción del muro fronterizo para evitar que las personas migrantes sin papeles cruzaran a Estados Unidos. Me acuerdo perfectamente del taxista que me llevó al hotel en 2017, se reía de Trump y se reía de la situación. “Claro que no sólo lo vamos a pagar, también lo vamos a construir. Necesitan de nuestra mano de obra (la mexicana) para hacer ese trabajo”.

El muro fronterizo de El Paso. Fotografía de Roxana Rodríguez Ortiz, 2025.

En esta nueva visita a Juárez la sensación es distinta, entre incertidumbre y temor. Ahora la gente, hombres mayoritariamente son con quienes he hablado, taxistas de aplicación casi todos, los taxis normales han desaparecido, se burla pero de la supuesta locura de Trump: “Ese man está loco”, “¿quién va a hacer el trabajo duro en el otro lado si siguen deportando a los mexicanos que sí trabajan por bien poco?”, “yo estuve ahí trabajando unos años y los gringos ni trabajaban, todo lo hacíamos los mexicanos?”.

Las diferentes capas del muro fronterizo. Fotografía de Roxana Rodríguez Ortiz, 2025.

En este segundo mandato Trump cumplió las promesas de hace ocho años. Construyó el muro, pero no de concreto y también impidió, en colaboración con el gobierno mexicano, la llegada de personas migrantes a la frontera sur de Estados Unidos. Ni en el centro de Ciudad Juárez ni en la orilla del rio Bravo se observan migrantes, como sucedía en diciembre de 2023, esperando en la puerta 36, uno de los marcadores internacionales de la valla fronteriza que divide ambas ciudades.

Las puertas a lo largo del muro fronterizo. Puertas que no tienen una función de garita internacional, son marcadores internacionales por lo que puede entrar y salir la border patrol. Fotografía de Roxana Rodríguez Ortiz, 2025.

La puerta 36 sigue estando ahí, la zona protegida por malla ciclónica en diferentes puntos, el río Bravo seco (por la temporada) y el paisaje desértico atravesado por una estructura metálica que se despliega en lo horizontal por varios kilómetros son los referentes de la línea divisoria entre Ciudad Juárez y El Paso; referentes que se volvieron cotidianos para la gente de a pie, muchos de ellos ya no se cuestionan qué significa la frontera, la normalizaron porque nacieron con ella a cuestas.

Capas de análisis de la fronterización de la seguridad con el efecto Trump 2.0: la parte inferior es Ciudad Juárez, la de en medio el límite fronterizo y la parte superior es El Paso. Fotografía de Roxana Rodríguez Ortiz, 2025.

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