ensayista, literata y filósofa

Border Studies

El principal aporte que he realizado a los estudios fronterizos (border studies) consiste en el modelo espistemológico de la frontera que desarrollé en 2014, después de participar en varios seminarios, impartir diferentes asignaturas, cruzar distintas fronteras y participar activamente en la incidencia política.

El modelo epistemológico de la frontera inició con cuatro categorías que, después de un par de años, de realizar un trabajo comparativo en otros continentes para comprobar el método, amplié a ocho:

Frontera sociohistórica: se refiere a aquellas fronteras que se han desarrollado a lo largo del tiempo en una geografía específica y en función de la transformación social y política de los Estados. Esta categoría es estudiada casi siempre en sentido genealógico, desde el establecimiento de las fronteras en la antigüedad hasta la época actual, por lo que considero necesario incorporar una clasificación geopolítica que no aluda necesariamente al estudio cronológico lineal de su conformación, pero que sí se vincule con momentos históricos importantes como las colonizaciones, las guerras de independencias, los proyectos anexionistas y los proyectos de ocupación.

Frontera subjetiva: se refiere a aquellas fronteras que se desarrollan no solo a partir de la convivencia con el otro sino también con base en las transformaciones que experimentan los sujetos a nivel de agencia política.Para ello considero importante identificar las fronteras lingüísticas, las fronteras religiosas, las fronteras políticas; algunos autores también se refieren a las fronteras culturales, fronteras étnicas, o incluso a las fronteras urbanas versus las fronteras rurales. Mi interés principal hasta ahora ha sido entender y conceptualizar las fronteras filosóficas, las fronteras literarias, las fronteras psíquicas, las fronteras corporales.

Frontera de la securitización (el uso del neologismo es intencional): se deduce de la necesidad de resguardar el territorio de los “bárbaros”, “terroristas”, “refugiados” o “migrantes sin papeles”, mediante fortificaciones tecnológicas, cercas, muros, barreras, mallas, vallas, sensores de calor y movimiento, y demás recursos materiales que inhiban la intención de ser cruzadas. Para ello, los gobiernos destinan un amplio porcentaje del gasto público para su militarización. Esta categoría incluye aquellas fronteras geopolíticas (internas y externas). La categoría de la frontera de la securitización incorpora elglosario previamente empleado para ello:frontera natural, frontera artificial, frontera científica, frontera de tensión, frontera de expansión, frontera de presión, frontera inteligente, frontera militar.

Frontera glocal (el juego lingüístico de lo global-local es intencional): incorpora otras tipologías además de las ya mencionadas y engloba las fronteras económicas, fronteras del derecho (internacional), fronteras geopolíticas, fronteras supranacionales, la teoría transnacional, la teoría transfronteriza y los modelos de sociedad. De tal forma que esta categoría, a su vez, permite analizar y yuxtaponer las distintas instituciones, y capacidades y fenómenos que circunscriben al actual (y en transición) Estado-nación como ciudadanía, territorio, soberanía, democracia, autoridad, jurisdicción, fenómenos migratorios y políticas públicas.

Frontera horizontal: las que están vinculadas a la jurisdicción de los Estado-nación, ya sea de forma binacional como sucede entre México y Estados Unidos, o de forma multinacional e intercontinental como sucede entre Europa, África y Medio Oriente (especialmente los países que conforman la Liga Árabe). 

Cartografía de las fronteras. Diario de  campo, Roxana Rodríguez Ortiz, 2016.
Diseño: Cartografía de las fronteras. Roxana Rodríguez Ortiz 2016

Frontera vertical: las que están trazadas en el imaginario colectivo de quienes cruzan ya sea un país, forman parte de la frontera subjetiva y la frontera glocal (como los y las migrantes centroamericanos que solo cruzan México, un territorio de 32 entidades federativas que mide casi lo mismo que la parte occidental del continente europeo), o varios países europeos (como lo hacen los y las refugiadas sirias, algunos pertenecientes al espacio Schengen, como son Grecia, Hungría, Austria, Alemania, y otros países que no tienen la facultad de libre tránsito, la Antigua República Yugoslavia de Macedonia (ARYM), Albania y Bulgaria). 

Zonas de convivencia fronteriza: el espacio territorial que comparten dos o más comunidades que pertenecen a dos o más países y cuyas delimitaciones geopolíticas están dadas de forma artificial; por lo tanto, la convivencia se establece, a pesar de los controles de seguridad, en función de los usos y costumbres, ya sea de intercambio comercial, cultural, simbólico o histórico.

Zonas de convivencia en limbo administrativo: lugares que en un principio fueron solo de paso y posteriormente se convirtieron en limbos administrativos, dado que los gobiernos por un tiempo determinado hicieron caso omiso de lo que ahí sucedía.

En este contexto, los estudios fronterizos distan de los estudios migratorios, dado que el campo de estudio de las fronteras es delimitado (zonas de convivencia fronteriza), aunque puede ser a su vez efímero (zonas de convivencia en limbo administrativo, como Calais, Idomeni, Monte Gururú), mientras que los estudios migratorios normalmente analizan el fenómeno de la movilidad humana desde diferentes ámbitos (origen-destino; tránsito-retorno; interno-externo).

Con base en ello, el modelo epistemológico de la frontera que propongo es aplicable para las zonas de convivencia fronteriza, no necesariamente para las comunidades de tránsito o destino, a menos que el destino final (ejemplo Tijuana-San Diego) o el de tránsito (ejemplo Nador-Melilla) sea una ciudad fronteriza.

El modelo epistemológico de la frontera fue pensado para proponer modelos de sociedad y políticas públicas basados en prácticas transnacionales, transculturales y transfronterizas, entre quienes habitan las zonas de convivencia fronteriza (incluso aquellas que están en limbo administrativo), o las comunidades receptoras de migrantes y refugiados.

En su momento, la apuesta epistémica me permitió afirmar que el modelo de sociedad que funcionaba para estos contextos es el intercultural, pues reconoce las asimetrías existentes entre los sujetos que habitan las fronteras. Esto se puede observar en la frontera México-Estados Unidos, uno de los casos más emblemáticos en donde la frontera dividió la comunidad de un país, derivado del proyecto anexionista estadounidense de principios del siglo XIX. 

En estas zonas de convivencia fronteriza es donde se puede extrapolar el modelo de sociedad intercultural, permitiendo así cubrir las necesidades de la comunidad, en ambos lados, mediante el establecimiento de políticas públicas ad hoc. Existen ejemplos de que esto es posible en distintos ámbitos de convivencia fronteriza, tanto a nivel administrativo, como a nivel artístico, por mencionar solo dos: el puente binacional de reciente construcción “Cross Border Xpress” que permite aterrizar en Tijuana y desembarcar en Estados Unidos (como funciona entre Francia y Suiza); y el programa artístico denominado InSite que permitía hacer colaboraciones artísticas y se realizó por casi una década entre Tijuana y San Diego (instalaciones y performance). 

Desafortunadamente, la xenofobia imperante en Tijuana, con el arribo del éxodo centroamericano hace algunas semanas (noviembre 2018), ha evidenciado el retroceso de una política fronteriza hospitalaria, como sucedió con la comunidad haitiana hace un par de años. Las caravanas de migrantes seguirán cruzando la frontera vertical que es México, por ello es indispensable que se enfatice la necesidad de proponer una política fronteriza, no solo migratoria en las zonas de convivencia fronteriza del país (y el mundo).

Después de visitar varias fronteras en distintos continentes, me resulta poco probable afirmar que la interculturalidad, ya no digamos la multiculturalidad, funciona como modelo de sociedad en los países musulmanes o latinoamericanos, por poner un ejemplo.

En este sentido, la conceptualización del modelo epistemológico de la frontera quiere evitar homogeneizar la noción de frontera y perpetuar la tropicalización de modelos neoliberales, como se observa en la frontera horizontal del sur del Mediterráneo, donde no se puede anticipar un modelo de sociedad “mediterráneo”, aunque algunos especialistas han insistido en pensar la “ciudadanía mediterránea” como una salida a la dispar relación económica, comercial y política que existe entre un lado y el otro del mar. 

A lo que me he dedicado los últimos quince años consiste en un pantone conceptual, metodológico y de categorías analíticas que le dan continuidad al modelo epistemológico de la frontera que desarrollé con base en el estudio de la frontera México-Estados Unidos, y he podido aplicar en el estudio de otras fronteras geopolíticas en otros continentes. También es un ejercicio práctico-teórico que me ha permitido corroborar la pertinencia de pensar las fronteras como espacios donde se establecen relaciones ontológicas que dan cauce a nuevas epistemeslocales, donde lo ético y lo estético difícilmente es considerado por quienes redactan las políticas fronterizas y migratorias, no así por quienes resisten la inercia de la globalización. 

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