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Pacto Global Migración. Reto o realidad de una reforma laboral mundial

Hace unas horas se firmó el el primer pacto migratorio mundial en Marrakech, Marruecos, cuyo propósito principal es trabajar en beneficio de una migración ordena, segura y regular a nivel mundial.

Más de 150 países integrantes de las Naciones Unidas, incluido México, firmaron el pacto que no será vinculante; es decir, los gobiernos no están obligados a ejecutarlo en su territorio. De ahí que se desprenda su primera limitante, la segunda corresponde a la negativa de Estados Unidos, Israel, Australia, Chile, Hungría, Austria, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Bulgaria, a firmarlo.

No es casualidad que sean precisamente estos países, pues son los que tienen el índice más alto de flujos migratorios, algunos de tránsito, casi todos los europeos, incluyendo Italia, que no se presentó, y cuyas últimas acciones han ido en la línea antiinmigrante derivado del crecimiento de la ultraderecha en una franja particular de Europa. Mientras que Estados Unidos, Australia y Chile, son países normalmente de destino y en las últimas décadas su política migratoria ha sido bastante restrictiva.

El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordena y Regular de la ONU, contempla 23 objetivos, entre los cuales destacan:

hay algunas genéricas como la cooperación para abordar las causas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes sólo como última opción o reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación en sus países de destino.

https://news.un.org/es/story/2018/07/1437842

Después de 18 meses de estar trabajando el documento final, casi todos los países firmantes están seguros que es el primer gran paso de la transformación al tratamiento que a la fecha se ha dado al fenómeno migratorio en el mundo, donde prevalece la criminalización, precarización y violación constante de los derechos humanos de las personas migrantes.

Un pacto humanitario, multilateral y solidario que compromete a las gobiernos, por decir lo menos, a una reforma laboral regional, si consideramos, especialmente, los siguientes objetivos:

18. Invertir en el desarrollo de aptitudes y facilitar el reconocimiento mutuo de aptitudes, cualificaciones y competencias

19. Crear las condiciones necesarias para que los migrantes y las diásporas puedan contribuir plenamente al desarrollo sostenible en todos los países

20. Promover transferencias de remesas más rápidas, seguras y económicas y fomentar la inclusión financiera de los migrantes

21. Colaborar para facilitar el regreso y la readmisión en condiciones de seguridad y dignidad, así como la reintegración sostenible

México no será la excepción, pues es uno de los países, junto con Suiza, que ha liderado la negociación y no es causalidad: desde la firma Plan Puebla-Panamá, después el Plan Frontera Sur, y ahora la prerrogativa de tercer país seguro, la política fronteriza nacional se ha encaminado justamente a “integrar” a la región conformada por los países del triángulo norte (Guatemala, El Salvador, Honduras) para evitar que sigan cruzando por la frontera vertical en que se ha convertido México y lleguen a Estados Unidos.

De tal suerte, el incipiente Plan Integral de Desarrollo que presume Marcelo Ebrard, en su cuenta de twitter (@m_ebrard), donde afirma que está organizado en cuatro capítulos (origen de la migración, tránsito de los migrantes, destino y retorno), se explica de la siguiente forma:

El objetivo de México es convertir en oportunidad lo que, hasta ahora, se ha considerado un desafío. Se calcula que más de 200.000 migrantes transitan de forma irregular cada año por el país. A la crisis económica se suma la violencia y la inestabilidad política en países como Honduras y el aumento en los migrantes climáticos que huyen de Guatemala. Ante la insostenible situación de Centroamérica, México pretende erigirse en garante de sus vecinos para lograr los recursos necesarios.

https://elpais.com/internacional/2018/12/09/mexico/1544317697_664385.html

El principal reto para que este plan de migración con Centroamérica se haga realidad consiste en que Estados Unidos lo financie, situación que es bastante probable porque forma parte de los acuerdos binacionales vigentes y fue la moneda de cambio para la firma del T-MEC, aunado a que, de realizarse, le podría dar forma a la cuarta transformación que promocionó en campaña López Obrador, que, entre otros, pretende reactivar la economía del país mediante echar a andar diversos megaproyectos de obra pública:

Según las fuentes consultadas, el primero de ellos sería la construcción de la refinería de Dos bocas, en Tabasco, cuyas obras comenzaron este domingo; después el tren Maya, el tren del istmo y los planes de reforestación en Chiapas. En cada una de esas obras, según los datos que maneja la Cancillería, se emplearían a unos 10.000 trabajadores y, al menos la mitad, serían centroamericanos.

https://elpais.com/internacional/2018/12/09/mexico/1544317697_664385.html

Lo que se firma en la ONU es un pacto de buenas intenciones que pretende suavizar la política de tercer país seguro que lleva varios años encaminada a frenar la migración fuera de las fronteras de los estados receptores, sean países europeos, americanos o de otros continentes, como Australia, que también ha recrudecido sus políticas. El tema es que no se establece el cómo y, como lo dije al principio, cada país definirá si lo aplica o no. Tampoco se considera una política fronteriza de seguridad humana.

¿Dudaron de la #PrimaveraArabe? La movilidad humana una de sus mejores batallas

Observo las imágenes del éxodo hondureño varado en la frontera de Guatemala con México a la altura del Río Suchiate y recuerdo muchas otras tantas imágenes similares en el resto del mundo provocadas por las guerras, la hambruna, el crimen organizado, la falta de oportunidades para garantizar una vida digna. Mi memoria se puede remitir a Ruanda, en 1990, un éxodo que terminó en genocidio. Un año después de la caída del muro de Berlín, cuando supuestamente había terminado la Guerra Fría, otro crimen contra la humanidad que ya muy pocos recuerdan.

Después del acomodo de las fuerzas geopolíticas, en 2001 sucede el ataque a las Torres Gemelas (el major event, como dice Derrida, denominado 9/11, un triple suicidio), que sirvió para cambiar el discurso xenófobo, antimigrantes, por un discurso antiterrorista en todo el mundo, o lo que se conoce como mundo occidental, mientras en Latinoamérica, Africa, Medio Oriente, empezábamos a combatir otro tipo de conflictos: los del crimen organizado, el narcotráfico, la pobreza y la hambruna. Las guerrillas no eran las que mandaban, empezaban las pandillas, los maras, otras violencias y otras subjetividades.

¿Se esperaba mucho más de los árabes o simplemente no supimos escuchar sus demandas?

Nueve años después del 9/11, llega la #PrimaveraArabe, pasaron muchos años de invasión estadounidense en Medio Oriente, hasta que se levantan los pueblos contra Mubarak, Gadafi, Al Assad, aliados algunas veces de occidente. Entre 2011-2013, cayeron varios regímenes, otros se mantuvieron, como el de Siria, y provocaron lo que se conoce la guerra civil que inició en 2011. El resultado de esta guerra lo he visto en pantalla, lo he caminado y lo he padecido: la mal llamada crisis de refugiados sirios que llegó a Europa desde 2011 y no ha cesado de 2015 a la fecha, incluso se han sumado otros éxodos, los subsaharianos, africanos, iraquíes, afganos, incluso palestinos. Sobre esto tengo ya mucho escrito en el libro Cartografía de las Fronteras. Diario de campo.

América no se queda atrás, el éxodo venezolano empieza también en 2015 y alcanza su máximo en 2016-2017, oleadas de personas caminando hacia Colombia nos abrieron los ojos no solo de la crisis política venezolana, también de lo que estaría por-venir: el éxodo hondureño que estamos viviendo ahora. Ningún país es inmune a la movilidad humana en el mundo, menos cuando somos los vecinos de Estados Unidos. Prever estas situaciones y estar preparados como sociedad y gobierno debería ser nuestra prioridad, especialmente cuando hemos sido un país expulsor de mano de obra barata, un país de tránsito y ahora también un país de retorno.

La #PrimaveraArabe está logrando sus objetivos, las movilizaciones en la calle que tanto nos asombraron, y nos hicieron esperar un desenlace, quizá el que ahora observamos en esas largas caminatas, más de 50 km recorre al día la comunidad hondureña, guatemalteca, salvadoreña y mexicana. ¿Qué buscan? Mejor calidad de vida para sus hijos e hijas. Condiciones de seguridad humana, derechos sociales que les permitan seguir viviendo. ¿Qué están dispuestos a arriesgar? Todo, incluso su vida. Así como hacen los refugiados sirios a diario, por qué no lo harían los hondureños, los venezolanos, los haitianos.

Hasta ahora solo me he referido a las causas políticas de la movilidad humana y llegarán otros y otras, a cuenta gotas o en desbandada, la pregunta sigue siendo ¿estamos preparados? No, ni como país, ni como ciudad, ni como ciudadanos. Desde que un estado, un gobierno, llama la “crisis de la caravana hondureña” está siendo xenófobo con el éxodo.

No hay una crisis de refugiados, los refugiados no están en crisis, lo que está en crisis es el sistema neoliberal. O asumimos las narrativas, la gramática de nuestro propio lenguaje y corregimos desde ahí, o lo que inició como una #PrimaveraArabe y se convirtió en una guerra civil, en uno o muchos éxodos, también puede convertirse una revolución. ¿Estamos listos para ello? Tampoco.

¿Qué debería hacer el gobierno mexicano?

  1. No internar a los refugiados hondureños en centros, campos, albergues, donde solo unas cuantas organizaciones autorizadas puedan entrar, así lo hicieron en Grecia en 2016, después de que se firmó el acuerdo UE-Turquía, y desde estos centros militares fueron deportando a los y las sirias a Turquía.
  2. Cuidar y proteger a los defensores de derechos humanos que acompañan al éxodo hondureño.
  3. Cambiar la narrativa y la semántica en medios no es caravana de migrantes, es éxodo.
  4. Reconocer que Honduras vive una crisis humanitaria, como han reconocido la crisis de Venezuela, para que el trámite de solicitud de refugio sea inmediato y no se tenga que revisar caso por caso. Lamentablemente el tema venezolano se convirtió en un asunto de política nacional, mientras que el caso hondureño no lo es. Recomiendo revisar el caso alemán, cuando Merkel dijo que aceptaría un millón de refugiados, en 2015.
  5. No sobredimensionar para provocar confusión y miedo al otro. México es un país que puede aceptar, acoger, recibir, ser hospitalario con 7 mil y más refugiados, ya lo hizo en el pasado, por qué ahora nos conflictúa tanto.
  6. Pensar en esquemas de hospitalidad incondicional y para ello ya hay mucho escrito.

¿Asistencialismo u hospitalidad? ¿Política o derecho? ¿Caravanas sí o caravanas no?

Como cada año desde hace más de un lustro entrará por la puerta de la frontera sur de México, la caravana de personas migrantes que han salido de Honduras. Recién unas tres mil personas cruzaron la frontera de Guatemala y obviamente las reacciones no se han hecho esperar. El primero en brincar, no es de sorprendernos, Trump, condiciona el apoyo económico a los países del triangulo norte y México si no se encargan de frenar a la caravana (una práctica que también lleva algunos años en acción, conocida como externalizar fronteras). Después, el gobierno mexicano (de EPN, no crean que de AMLO), se pronuncia y afirma que solo van a dejar entrar a quienes tenga papeles. Finalmente los y las defensores de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil y académicos que nos dividimos entre los que están a favor de las caravanas (aludiendo al derecho de la movilidad, un discurso contra el cierre de fronteras neoliberal con poco fundamento teorético) y los que están en contra del poco cuidado que se tienen con la logística de la organización de las caravanas y que pone en riesgo no solo la integridad de las personas migrantes y sus familias, sino también lo poco que se ha avanzado en la teoría transnacional, transfronteriza, modelos de sociedad y las leyes que en teoría le dan continuidad a esas teorías.

Mi postura de cara a este debate sin duda es del segundo bloque basando en la experiencia del 2015-2016 durante la estancia de investigación que realicé en Barcelona, de la cual doy cuenta en el libro Cartografía de las fronteras. Diario de campo. A diferencia de las anteriores caravanas, ésta es singular porque es más numerosa, viene de más lejos, y, quiero pensar, que no la organiza ningún defensor u ong mexicana (como sí ha sucedido en otras ocasiones). Las imágenes de la oleada de personas migrantes que van caminando, muchos jóvenes, sin duda cimbra la realidad de los que desconocen las motivaciones para iniciar una caminata tan larga, más de 3000 mil km, casi lo mismo que lo que andan los refugiados sirios, como se observa en el siguiente ejercicio comparativo que realicé en 2015, para aludir a la diferencia entre fronteras verticales y fronteras horizontales.

 Diseño: Roxana Rodríguez Ortiz. Cartografía de las fronteras (2015)

 Las dos fotografías inferiores de la imagen se refieren a las fronteras verticales. Estas fronteras están trazadas en el imaginario colectivo de quienes cruzan ya sea un país, forman parte de la frontera subjetiva y la frontera glocal (como las personas migrantes centroamericanos que solo cruzan México, un territorio de 32 entidades federativas que mide casi lo mismo que la parte occidental del continente europeo), o varios países europeos (como lo hacen los y las refugiados sirios, algunos pertenecientes al espacio Schengen, como son Grecia, Hungría, Austria, Alemania, y otros países que no tienen la facultad de libre tránsito, la Antigua República Yugoslavia de Macedonia (ARYM), Albania y Bulgaria). En ambos casos, la frontera vertical se traza de sur a norte.

Desde hace un lustro por lo menos, varios investigadores y defensores de derechos humanos empezaron a evidenciar que el crimen organizado, junto con agentes federales y locales, han cooptado las rutas migratorias haciendo más inseguro, complicado y caro el recorrido de sur a norte; pero no es sino hasta mediados de 2015 que aquello que se vislumbraba como una carencia de políticas migratorias, en realidad atendía a un llamado de Estados Unidos por externalizar su frontera al sur de México, mediante, precisamente, el Programa Frontera Sur que, entre otras situaciones, ha provocado la deportación de miles de centroamericanos y el internamiento de cientos de personas en las estancias migratorias, a pesar de que muchas de estas personas solicitan una visa humanitaria dada la violencia que existe en sus países de origen (Animal Político, 2015).

La frontera vertical en que se ha convertido México para los y las migrantes centroamericanos es resultado de la política (anti)migratoria de por los menos los últimos tres sexenios, que no solo incluye externalizar la frontera de Estados Unidos al sur de México, sino también en que México se convierta en el tercer país seguro: el país que evite la llegada de personas migrantes de cualquier nacionalidad al país del norte, justamente la moneda de cambio para la reciente firma del acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México (antes TLCAN).

Muchas son las aristas que pudiera mencionar de este fenómeno, positivas y negativas, pero solo destaco la necesidad de poder diferenciar entre una política asistencialista (que es de todos conocida) y una política hospitalaria (folclorista, la mayoría de la veces). Si realmente queremos que la política migratoria y la política fronteriza se modifique, sin duda, propuestas nacidas desde la sociedad civil, como las caravanas, son importantes para presionar a los gobiernos, pero dejan de tener fuerza cuando se convierten en el estandarte de unos cuantos, quienes después dejan tirados a medio camino a las personas migrantes. La caravana ya está en camino, va a llegar y cruzar México, tenemos varias opciones, cuestionar a quienes la lideraran, o sumarnos a presionar al gobierno mexicano para que no comience a hacer gestiones de tercer país seguro. Desde la academia y las ongs podemos insistir para que el gobierno entrante considere nuestras propuestas en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, basados en esquemas de interculturalidad y hospitalidad distintos a los que existen.

Desde mi perspectiva los límites de la hospitalidad son más complejos de entender que una ley universal, que la convivencia natural entre sujetos o incluso más complejo que la situación jurídica de un migrante o un refugiado. Los límites de la hospitalidad son inherentes a nuestra cultura, lenguaje, familia e interpretaciones del invitado-huésped. Donde una frontera geopolítica enfatiza la necesidad de experimentar la hospitalidad (condicional o incondicional), el deber de establecer una ética política es más una aporía que una realidad. Este es el dilema que debe ser resuelto como una experiencia creativa y no como una invisibilidad del problema o un exceso de seudo-legalidad que mancille sistemáticamente los derechos humanos de los migrantes y refugiados.

De qué hablamos cuando hablamos de migración

Mejor momento para repensar la noción del estado-nación y sus fronteras, después del triunfo de Francia en el mundial 2018, especialmente quienes todavía creen en libertad, fraternidad e igualdad como universales. Comparto el último capítulo de mi Cartografía de las fronteras. Diario de campo (2016), investigación realizada durante la mal llamada crisis de refugiados, en Europa.

El Mediterráneo: la frontera horizontal

Teníamos la costumbre de decir:

“Los palestinos somos los judíos

de los israelíes”.

¿Y si fuéramos en realidad sus

pieles rojas?

Elias Sanbar

Dado que durante el primer semestre de 2016 privilegié estudiar el espacio Schengen, tanto por el momento coyuntural en el que me encontraba durante el sabático, como para comprender las complejas relaciones entre la Unión Europea, el Norte de África y Medio Oriente, fue que decidí analizar desde diferentes perspectivas los vínculos socioculturales, económicos y geopolíticos prevalecientes en esta región, y las zonas de convivencia que forman parte de lo que en el primer capítulo también denominé la frontera horizontal del Mediterráneo.

Para ello, en este último capítulo del libro, analizaré la región comprendida por los países que desde mi propuesta epistémica conforman la frontera horizontal del sur del Mediterráneo en tres niveles. El primero alude a la conformación de las fronteras territoriales que actualmente existen en la región, desde la caída del Imperio otomano (1922). En el segundo nivel de análisis enumero las características generales de los países que conforman la frontera horizontal, haciendo particular énfasis en algunas zonas de convivencia fronteriza para entender la relación que mantienen con la política exterior europea, especialmente la que se refiere a la externalización de las fronteras (ejemplos: Nador-Melilla, Tarajal-Ceuta, Turquía-Unión Europea). El tercer nivel de análisis corresponde a la definición teorética de las lógicas transformadoras (modelos de sociedad, epistemologías y pluriversal) de las regiones fronterizas, que enuncio en la “Matriz conceptual de la cartografía de la frontera” (capítulo primero).

Sobre el primer nivel, la conformación de las fronteras territoriales, considero tres momentos sociohistóricos y geopolíticos, correspondientes a las categorías de la frontera socio-histórica y la frontera subjetiva: redacción del acuerdo Sykes-Picot (1916), y su vínculo con los Tratados de Versalles (1919-1920) y la Declaración de Balfour (1917); guerras de liberación de los países del norte de África (mediados del siglo XX); y conformación de la Liga de Estados Árabes (1945). En el segundo nivel, elaboro la clasificación de los países (nueve países) que desde mi perspectiva conforman la frontera sur del Mediterráneo, basándome en la categoría de la frontera de la securitización. Asimismo, expongo algunos ejemplos de zonas de convivencia fronteriza existentes entre Marruecos y España. Finalmente, en el tercer nivel de análisis, desarrollo las siguientes propuestas: redacción de modelos de sociedad ad hoc a cada población transfronteriza; elaboración de propuestas epistemológicas en función de los saberes locales; y el tránsito del paradigma de lo universal a lo pluriversal, especialmente en las regiones fronterizas donde se concretiza la externalización de las fronteras (países de tercer mundo). Este tercer nivel de análisis corresponde a la categoría de frontera glocal.

Los trazos de las fronteras en el sur del Mediterráneo

Para aludir al primer nivel de análisis de la conformación de las fronteras territoriales en Medio Oriente y parte de África, mencionaré brevemente las características del declive del Imperio otomano, dado que desde principios del siglo XIX empieza una transformación importante en la reterritorialización de las fronteras geopolíticas en tres de los continentes que ocupaba dicho Imperio, trazadas principalmente por Francia y Gran Bretaña.

El Imperio otomano inicia en el siglo XIV, y su declive se señala una vez terminada la primera guerra mundial (1922), aunque su decadencia se debe, en gran medida, a tres aspectos: los movimientos nacionalistas de los países del sur y este de Europa (Serbia y Grecia, principalmente), ocurridos durante las primeras décadas del siglo XIX; la ocupación colonial de Francia en Argelia (1830), Túnez (1883), y de Inglaterra en Egipto (1882); y el endeudamiento del Imperio con Rusia en 1877, una de las causas de la guerra Ruso-Turca (1877-1878) que precipitó su caída (Rivas Moreno, 2015).

El extenso territorio del Imperio abarcaba tres zonas vastísimas en tres continentes:

El nuevo Imperio otomano ocupará el lugar del Imperio bizantino, también borrado de la historia de manera irreversible. En 1590 (el período de máximo esplendor, en el momento de la muerte de Murat III) el Imperio llegaba desde Anatolia, Siria e Iraq hasta Irán por el este, desde Egipto a Marruecos por el occidente, desde Grecia hasta Buda —más allá de Belgrado— por el noroeste, desde Armenia hasta el mar Caspio por el noreste. (Dussel, 2007: 166)

Este territorio circunscribe el mar Mediterráneo, “el Imperio otomano tiene la mayor importancia. Se trata del muro que impide el contacto de la Europa latino-germánica con el centro geopolítico y comercial del antiguo sistema” (Dussel, 2007: 165); por lo que a partir del acuerdo Sykes-Picot que se delimitan los trazos limítrofes de los territorios actuales de los países que conforman la frontera horizontal del sur del Mediterráneo.

El Tratado Sykes-Picot lleva el nombre de los dos hombres que lo firmaron, ambos diplomáticos, uno británico y el otro francés respectivamente. Éste fue un tratado secreto entre Gran Bretaña y Francia que se resolvió en mayo de 1916, pero que en realidad nunca fungió como tal, lo cual resulta aún más absurdo porque de acuerdo a varios especialistas delimitó las fronteras geopolíticas de la región:

No fue un tratado. Tampoco fue un compromiso formalizado en un documento rubricado por las dos partes. Se trata meramente de dos notas dirigidas por el secretario de Asuntos Exteriores británico, Edward Grey, a su homólogo francés, Paul Cambon, y un mapa coloreado. Pero vale como acuerdo, que fue comunicado a los gobiernos de Italia, Rusia y Japón, y muchos historiadores lo consideran como un tratado con efectos vinculantes que alcanzan hasta hoy mismo y al que se atribuyen casi todos los males que sufre la región (Bassets, 2016).

Francia y Gran Bretaña acordaron dividirse lo que quedaba del territorio otomano pues querían asegurar estos territorios ricos en petróleo dadas las necesidades de recursos naturales, especialmente combustible, que necesitaban ambas potencias (basta mencionar como ejemplo que en 1914 la marina británica comenzó a usar petróleo en vez de carbón). Gran Bretaña, además, quería proteger sus intereses en el canal de Suez y asegurar la conexión entre el Mediterráneo y el Golfo Pérsico (a través de Basora) ya que era una ruta rápida para llegar a la India (Nafi, Basheer en Sykes-Picot: Lines in the Sand (Episode one), 2016).

Las fronteras que dividieron lo que antes había sido el imperio otomano se determinaron arbitrariamente por zonas de influencia y sin considerar a la población que vivía dentro de este territorio, como sucedió con los proyectos de ocupación del siglo XIX y XX (similar al caso de la frontera México-Estados Unidos o Israel-Palestina): “The arbitrary drawing of borders, in defiance of geography, ethnicity and common sense, became the hallmark of imperialism in the nineteenth and early twentieth centuries” (Mason, 2016).

La resolución final se plasmó en una mapa que mostraba el control absoluto de Francia y Gran Bretaña sobre ciertas áreas (área azul para Francia y área roja para Gran Bretaña) y una región interna dividida en área A (influencia francesa) y área B (influencia británica) en la cual los árabes tendrían cierta autonomía pero con la influencia de los respectivos países (Barr, James en Sykes-Picot: Lines in the Sand (Episode one), 2016; Foucher, 2016). Así, Francia se queda con los territorios que actualmente ocupan Siria y Libia, mientras que Gran Bretaña se queda con los territorios de Iraq, Palestina y Transjordania. Arabia Saudí, Irán y Turquía son los únicos tres países que logran escapar al colonialismo europeo.

No todos los teóricos contemporáneos coinciden con que el Sykes-Picot determinó el futuro de la región. Michel Foucher, por ejemplo, afirma que este tratado sólo representa 700 km de las actuales divisiones de la zona, que ascienden a cerca de 14,000 km (Foucher, 2016). Mientras otros analistas afirman que fue tal la influencia que incluso después de cien años sigue vigente en el imaginario colectivo de quienes ahora pretenden erradicar esas fronteras:

The borders that exist today — the ones the Islamic State claims to be erasing — actually emerged in 1920 and were modified over the following decades. They reflect not any one plan but a series of opportunistic proposals by competing strategists in Paris and London as well as local leaders in the Middle East. For whatever problems those schemes have caused, the alternative ideas for dividing up the region probably weren’t much better. Creating countries out of diverse territories is a violent, imperfect process. (Danforth, 2016)

El caso de Palestina fue distinto pues el acuerdo preveía que fuera territorio internacional, dando paso a su futura ocupación: “Sykes’ famous pencil-stroke through the Arab world, combined with his enthusiastic support of Balfour’s 1917 declaration in favour of a Jewish State in Palestine, makes him one of the few British figures who exerted strategic influence on the twentieth century” (Mason, 2016).

El acuerdo Sykes-Picot, marca un momento significativo en la relación de dependencia que existe hasta ahora entre el mundo árabe mediterráneo y la Unión Europea. Esto se hace evidente durante la Conferencia de Paz de Versalles (1919-1920), donde la representación árabe no es escuchada, lo que suscita distintas rupturas en varios niveles sociopolíticos en la zona que, a su vez, encaminan a estos países a formar parte de un capitalismo periférico y de relaciones asimétricas.

El segundo nivel de la delimitación de las fronteras territoriales se refiere a las guerras de liberación en el norte de África. Muchas de éstas se dieron una vez terminada la segunda guerra mundial, salvo Egipto, que se independiza de Inglaterra en 1932, puesto que los países europeos no podían seguir financiando sus colonias dado que tenían que reconstruirse. Una oportunidad que la población africana no dudo en aprovechar después de años de sujeción, explotación y violación constante de sus derechos humanos.

A raíz de estas guerras de liberación, se trazan dos formas de gobierno en los países del norte de África y Medio Oriente, vigentes hasta ahora: la monarquía y la república. Marruecos, junto con Bahrein, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos son monarquías. Mientras que Siria, Iraq, Irán, Turquía, Egipto, Líbano, Túnez y Argelia son repúblicas. Libia, por su parte, fue un reino una vez declarada su independencia (1951) y posterior al golpe de estado (1969) se conformó como estado; la historia reciente de este país es quizá de las más complejas y crudas de entender, sobre todo por la tardía ocupación italiana (1911-1943).

Es interesante conocer lo que cada uno de estos sistemas de gobierno significó para la conformación de los actuales regímenes y especialmente para entender los movimientos sociales recientes, incluso para ubicar las causas de la guerra civil siria. A grandes rasgos, en el caso de las repúblicas, denominadas socialistas, se le dio mucha importancia al papel del ejército, lo mismo que a las reformas de ingeniería social (aspectos educativos, agrarios, de gubernamentalidad) y, aprovechando el lugar estratégico de la zona durante la Guerra Fría, se activó la política exterior con las potencias, que años antes le había sido negada. Es decir, lo que esos sistemas de gobierno privilegiaron además del republicanismo, fueron el secularismo, el populismo y el nacionalismo (panarabismo). Por su parte, las monarquías, dada la riqueza petrolera, han privilegiado condiciones de (un supuesto) bienestar económico equitativo en la población, especialmente Arabia Saudita, aunado a que son regímenes basados en el patriarcado y en el tribalismo (lo que a su vez permite la multiplicación de centros de poder), una significativa forma de organización que presenta aspectos positivos y negativos para las sociedades (y que puede recuperarse para pensar las lógicas transformadoras):

Las estructuras de gobierno de las tribus pueden contribuir a impulsar la democratización cuando llenan un vacío de poder y apoyan la construcción gradual de las estructuras de gobierno democráticas. Pero la dificultan cuando reemplazan permanentemente a las instituciones formales y perpetúan el poder vigente a través de los arraigados sistemas de patronazgo (Liu, 2012).

El tercer nivel no corresponde propiamente a la delimitación territorial de las fronteras geopolítica, pero sí a la conformación de un bloque económico-político de Estados árabes que se crea de cara a las potencias occidentales para “acercar las relaciones entre los Estados miembros y coordinar la colaboración entre ellos para salvaguardar su independencia y soberanía y considerar de manera general los asuntos e intereses de los países árabes” (CRIN, 2016). Este bloque se conoce como la Liga de Estados Árabe, y se funda en El Cairo en 1945 por Egipto, Irak, Líbano, Arabia Saudí, Siria, Transjordania (Jordania desde 1950) y Yemen del Norte. Los países que se unieron más tarde fueron: Argelia, Baréin, Comoras, Yibuti, Kuwait, Libia, Mauritania, Marruecos, Omán, Catar, Somalia, Yemen del Sur, Sudán, Túnez y los Emiratos Árabes Unidos. Palestina también es miembro (CRIN, 2016).

Ahora bien, a los Estados miembro de la Liga Árabe le interesa tener como aliado a la Unión Europea para contrarrestar el avance del Estado Islámico (ISIS), para coadyuvar con la resolución de los conflictos internos de la zona (ejemplo: guerra civil siria) y para evitar posibles intervenciones de Estados Unidos en la zona. En este sentido, “la Liga Árabe es un actor regional que sirve a Europa como mediador en la relaciones con los países árabes después de la Primavera Árabe”. Además, a nivel político-económico, existe cierta cooperación en materia de seguridad (externalización de fronteras), aunado a la cooperación en materia energética (Chappell, Mawdsley, & Petrov, 2016).

Otros aspectos que ciertamente no comparten, es, por un lado, la defensa del territorio palestino de cara a la ocupación israelí, donde la Unión Europea ha hecho poco realmente para detener la avanzada del gobierno de Israel. Y, un tema nada menor, es la diferencia entre los sistemas de gobierno, mientras que en los países árabes prevalecen regímenes autoritarios, los Estados miembro de la Unión Europea se precian de tener regímenes democráticos, aunque estas diferencias no han sido un impedimento en las relaciones actuales, especialmente a raíz de la creación en 2003 de la Política Europea de Vecindad (PEV).

Además, los intereses de la región fronteriza con Europa involucran a otros actores como China, Rusia, Arabia Saudita y Turquía, por lo que las negociaciones políticas y económicas con la Liga Árabe permite a la Unión Europea preservar su influencia en la región, en concordancia con la PEV. Sin embargo, esta cercanía no ha coadyuvado en mucho a que los países del sur del Mediterráneo puedan realmente ser interdependientes y son varias las voces críticas que cuestionan el papel de la Unión Europea y su injerencia en las políticas locales:

Johansson-Nogués ha calificado de fracaso la política de la Unión Europea: «El fracaso de la Unión Europea como proveedora de normas y su incoherente o raquítica defensa de los valores del entorno ha implicado que la UE, como modelo social democrático y pluralista a emular, se haya visto más bien absolutamente socavada, como lo ha sido su poder de atracción» (Johansson-Nogués, 2006: 12). Las sociedades del sur del Mediterráneo han considerado durante demasiado tiempo el planteamiento de la Unión excesivamente eurocéntrico y connivente con sus propios gobiernos autoritarios como para tener la menor relevancia en la realidad social. (Solera, 2015: 243-244)

Una vez explicados los tres niveles de delimitación territorial de las fronteras entre los países del sur del Mediterráneo, y algunas características generales que hacen de la zona un potencial “aliado” de la Unión Europea, aunque con políticas de dependencia asimétricas considerables y ventajosas para algunos, a continuación mencionaré brevemente cada uno de los países que conforman lo que he denominado frontera horizontal del sur del Mediterráneo.

La geografía sí importa

Desde mi perspectiva, los países que conforman la frontera horizontal del sur del Mediterráneo son nueve: Líbano, Israel-Palestina, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos; mientras que Siria y Turquía, aunque no están sobre la línea paralela, sino cóncava de cara al mar, se deben considerar para entender las relaciones de los países que conforman Medio Oriente en tres niveles que importan para esta investigación dada su posición geográfica: el desplazamiento forzado de miles de refugiados a causa de la guerra civil Siria; la política de externalizar las fronteras del espacio Schengen a Turquía; la reterritorialización de la región y el desplazamiento de las capacidades del Estado, dada la aparición del llamado Estado Islámico de Levante (ISIS).

Como ya hice mención, Siria ocupa una posición perpendicular de cara a la frontera horizontal, y Turquía no forma parte de la frontera horizontal del sur del Mediterráneo, sus costas de hecho dan al norte del mar. Siria, evidentemente es uno de los países que esta investigación debe considerar para entender la guerra civil que dio inicio en 2011, y el posterior desplazamiento forzado de millones de personas en los años subsecuentes. Personas que fueron llegando a las costas europeas en calidad de refugiados, pero que no han logrado obtener ningún estatus legal que les permita quedarse en la Unión Europea y poco a poco han sido deportados a los campos de refugiados turcos.

Estudiar el contexto sirio no solo sirve para establecer las relaciones con Turquía e Irak, tanto por la importancia que tienen estos tres países en la región, como por su vecindad con Israel; sino también para entender el otro conflicto que azota a la región: la presencia del Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS por sus siglas en inglés), también conocido como Daesh, acrónimo árabe de al Dawla al islamiya (El Estado Islámico). El fundamento ideológico de esta organización consiste en que: “Los islamistas creen que la meta última de los verdaderos creyentes es establecer un Estado regido por las leyes de la sharía islámica y gobernado por un califa, como en los primeros tiempos del islam, inmediatamente después de la muerte del profeta Mahoma, que tuvo lugar en 632” (Moubayed, 2016: 12).

Abu Bakar al Bagdadgi ha logrado que ISIS afiance “su control sobre territorio capturado, tras sobrevivir la campaña de bombardeos masivos encabezado por Estados Unidos desde septiembre de 2014 y por la aviación rusa desde septiembre de 2015”. El también “califa” de ISIS ha podido instaurar su propio gobierno, dotándolo de todos los atributos de un Estado: “un sistema judicial, una fuerza policial eficaz, un poderoso ejército, un servicio de inteligencia sofisticado, un himno nacional y una bandera, la enseña negra de al Qaeda. Y lo más importante: sus arcas están rebosantes de ingresos del petróleo, lo que le permite funcionar como un verdadero Estado” (Moubayed, 2016: 14-15).

Sin duda es indispensable entender la organización de ISIS para comprender la lógica geoestratégica de la región y replantear los vínculos que mantienen con la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos, pero no ahondaré en ello, solo menciono que organizaciones de este tipo, con creciente influencia en Occidente, le dan forma a lo que he denominado el proceso autoinmune de las fronteras del Estado-nación (capítulo segundo) y, a su vez, contribuyen a desplazar las capacidades históricas de los estados en detrimento del Estado de Derecho, del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos:

El ISIS ha asumido el control de territorios en Siria e Irak, luchando tanto contra los ejércitos sirio e iraquí, y ha desembarcado a grupos similares del movimiento yihadista. Su califa, Abu Bakr al Bagdagi, ha recibido muestras de apoyo de grupos mortíferos que actúan en puntos tan distantes como son Nigeria y Egipto […] El ISIS está extendiendo, además, su alcance hasta Europa, y espera restaurar el imperio islámico que otrora gobernó en España, intentando en el mismo corazón de París en noviembre de 2015 y en Bruselas en marzo de 2016. (Moubayed, 2016: 14-15)

Conflictos u organizaciones de este tipo han sido comunes en la región desde la caída del imperio otomano y de proyectos de ocupación europea, como el ya mencionado Tratado Sykes-Picot. Resultado de ello, de la ruptura que se dio en un contexto donde prevalecían relaciones amistosas (uso de dos lenguas, una administrativa y otra para la práctica religiosa, aunado al desarrollo de otras lenguas; autonomía de las comunidades religiosas; coexistencia de comunidades distintas gracias a una adecuada administración de justicia y educación), fueron la aparición de los nacionalismos:

En los territorios islámicos, los nacionalismos turco y árabe echaron raíces sobre todo durante los años que precedieron y sucedieron a la primera guerra mundial. El sharif Husayn de la Meca se alió con los británicos y logró abrir un frente interno a los otomanos. Los nacionalistas turcos promovieron la idea que los árabes en su conjunto habían traicionado al Imperio y por lo tanto a los turcos. (Conde, 2013: 49)

En este contexto, Turquía siempre ha sido una pieza clave en la geopolítica de Medio Oriente y, sin duda, es el país que se lleva los reflectores desde diciembre de 2015 a la fecha, gracias a su vínculo con la Unión Europea. El gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha dado mucho de qué hablar en los últimos años, no solo es el responsable de ejecutar la política de externalizar las fronteras europeas, a cambio de una suma considerable de euros, sino también de visados para sus ciudadanos. En este sentido, el gobierno de Erdogan se hace cada vez más fuerte de frente a sus adversarios, una muestra de ello fue el fracaso del intento de golpe de Estado que ocurrió a mediados de julio de 2016.

Líbano, vecino de Israel y Siria, actualmente tiene la tasa per capita más alta de refugiados en el mundo, según ACNUR (24%, equivalente a 11 millones de personas), de los cuales la mayoría son palestinos y sirios, asentados principalmente en dos ciudades: Beirut y Bekaa (Varela, 2016). Esta situación se complejiza para el gobierno libanés en tres niveles: el económico, el social y el de seguridad. Sin embargo, hasta ahora la respuesta de la sociedad ha sido mucho más solidaria que lo que se ha visto en la Unión Europea, no solo por la tradición hospitalaria de la cultura árabe (un aspecto a destacar en las lógicas transformadoras), sino también por la cercanía con la tragedia palestina, especialmente la masacre de Chatila, ocurrida en 1982, que Jean Genet describe de la siguiente manera:

Israel se había comprometido ante el representante americano, Habib, a no poner los pies en Beirut Oeste y sobre todo a respetar las poblaciones palestinas de los campamentos de refugiados. Arafat tiene todavía la carta en la que Reagan le promete lo mismo. Habib habría prometido a Arafat la liberación de nueve mil presos en Israel. El jueves empiezan las matanzas de Chatila y Sabra. ¡El “baño de sangre” que Israel pretendía evitar aportando orden a los campamentos !”… me dice un escritor libanés.

“Será muy fácil para Israel librarse de todas las acusaciones. Ya los corresponsales de todos los periódicos europeos se ocupan de excusarlos: ninguno dirá que durante las noches del jueves al viernes y del viernes al sábado se hablaba hebreo en Chatila”. Esto me lo cuenta otro libanés. (Genet, 2001)

Una situación a considerar en la geopolítica internacional de la frontera horizontal del Mediterráneo, que no necesariamente define las fronteras contemporáneas de la región, pero sí los vínculos entre el gobierno de Israel y las potencias occidentales (Estados Unidos y Unión Europeo), derivada de la geolocalización estratégica que significa este territorio de cara a Rusia, se vincula con la relación que existe entre Israel, especialmente en la manifiesta defensa de Palestina, con sus vecinos (Egipto, Jordania, Líbano, Irak y Siria). Una relación complicada a partir de que se proyectó la ocupación del territorio palestino, en ámbitos internacionales, especialmente durante el protectorado británico (1922-1948) y después de la conformación del Estado Israel (1948):

Las contradicciones producidas por la partición de Palestina durante la primera mitad del siglo XX emergieron con toda su fuerza poco después de la segunda guerra mundial. La creación del Estado de Israel sobre cuatro quintas partes del territorio de Palestina, por no hablar del drama de los refugiados ni del poderío militar del nuevo Estado, había asestado un duro golpe a los también recientemente creados países árabes y a sus poblaciones. (Conde, 2013: 54-55)

Al terminar la segunda guerra mundial, la influencia de Estados Unidos en la región, contribuyó a que Turquía reconocieran muy pronto la existencia del Estado de Israel (1949), y a partir de ese momento se han gestado una serie de desavenencias entre la comunidad árabe, que antes ocupaba el territorio del Imperio otomano, especialmente durante la Guerra Fría, que dan cuenta de los diferentes conflictos multifactoriales que se perpetúan en la actualidad:

Aunque una variedad de motivos explica el ataque israelí de 1967 a Egipto y Siria, los líderes sionistas aprovecharon para ocupar territorios estratégicos desde el punto de vista de control del río Jordán e incluso de la llegada de su principal tributario, el Yarmouk. En octubre de 1973, Egipto y Siria lanzaron una ofensiva bélica que les permitió recuperar una pequeña parte de los territorios perdidos seis años antes […] Siria ha apoyado a diversas organizaciones palestinas (aunque no siempre a todas), así como a la resistencia libanesa a la ocupación israelí. Las acciones de apoyo turco a los israelíes han sido un motivo de escozor permanente para los sirios. (Conde, 2013: 68-69)

Asimismo, la cercanía política, cultural, económica es inminente (e inmanente) entre estos países de Oriente Próximo, no solo por cuestiones históricas, que nos pueden remontar a civilizaciones ancestrales, sino también por el lugar estratégico que ocuparon (y ocupan) en el eterno conflicto entre Rusia (URSS durante la Guerra Fría) y Estados Unidos. Un lugar que sin duda corrobora la afirmación de Doreen Massey cuando dice que la geografía importa para entender los procesos sociales. En el caso de la ocupación palestina, estos procesos geopolíticos son sin duda una factura histórica para la modernidad, en el sentido del desplazamiento de las capacidades históricas de los Estados:

Como para demostrar su capacidad de establecer vínculos cuando y como le conviene, Estados Unidos unió a Israel, los palestinos, Jordania, Siria y Egipto en una Conferencia de Paz para Oriente Próximo celebrada en Madrid el 30 de octubre de 1991 […] Hasta se invitó a participar a la prácticamente extinta Unión Soviética de Mijaíl Gorbachov como “copatrocinadora” al tiempo que se excluía completamente a las Naciones Unidas (por más que Estados Unidos utilizara cada día al Consejo de Seguridad para sus constantes intervenciones contra Irak), preparando el terreno para lo que se calificaba un avance histórico. (Said, 2014: 307)

Derivado del proyecto de ocupación por parte del gobierno israelí, el territorio palestino no solo ha ido disminuyendo considerablemente desde 1948, año en el que se funda el Estado de Israel, a la fecha (y no dudo que en unos años más Israel ocupe todo el territorio), sino que también su población ha sido invisibilizada por el crecimiento demográfico y el desarrollo urbanístico y arquitectónico impuesto en la región que esconde, por ejemplo, las vías terrestres que comunican Palestina con Israel, o derivado de una política de desprestigio de la comunidad palestina, desde antes de la ocupación israelí e incluso fuera de Medio Oriente:

Sin duda, hasta ahora y en lo que respecta a Occidente, Palestina ha sido el lugar donde una creciente población de judíos relativamente avanzada (por europea) ha realizado milagros de construcción y civilización, y ha librado con éxito brillantes guerras técnicas contra lo que siempre se había representado como una población estúpida y en esencia repelente de habitantes autóctonos árabes incivilizados. No cabe duda que la pugna en Palestina ha sido entre una cultura avanzada (y que avanza) y otra relativamente atrasada y más o menos tradicional. (Said, 2014: 58-59)

De frente a la Unión Europea, Israel es un aliado estratégico en la exportación de tecnologías de control. Israel es sin duda uno de los principales países que vende equipos de securitización fronteriza al resto del mundo, privilegiando la economía del terror, invirtiendo en innovación y desarrollo para crear diferentes mecanismos de seguridad, tecnologías de poder, que le ha permitido posicionarse como uno de los principales proveedores de la Unión Europea: “Gracias al acuerdo firmado en 1998, las empresas israelíes tienen el privilegio de ser las únicas no europeas que reciben fondos de investigación provenientes de la UE. Según el último informe del Transnational Institute, Stop Wapenhandel y el Centro Delàs de Estudios por la Paz, Guerras de frontera” (Saavedra Bajo, 2016).

Egipto, al igual que Siria, ha sido el vecino incómodo de Israel. Aunque en otros momentos también ha sido fuertemente criticado por sus homólogos en la Liga Árabe, especialmente cuando en 1979 firma un tratado de paz con Israel. En momentos, su cercanía con el bloque socialista (los no alineados) le ha favorecido para conseguir cierta autonomía y defensa de sus recursos naturales (el agua principalmente) de frente a la explotación europea, como sucedió cuando “el presidente Nasir nacionalizó el canal de Suez” en 1956. Esta medida permitió que el presidente egipcio ganara “el respeto y la admiración no solo del pueblo de su país, sino de todo el mundo árabe y de gran parte del tercer mundo” (Conde, 2013: 59).

Egipto, Túnez y Libia desde mediados del siglo pasado son países con una cultura migratoria significativa en la que intervienen varios factores: en primer lugar, puedo mencionar el desplazamiento forzado hacia estos países derivado de diferentes conflictos armados (incluyendo guerras de independencia, guerras civiles y las guerras del Golfo); posteriormente el auge de la migración económica, producto de las persistentes crisis económicas en Occidente que afectan al resto del mundo. África tampoco se salva de padecer las crisis de Occidente, especialmente los países con reservas petroleras (Libia y Argelia principalmente) y que, desde finales del siglo pasado, son los principales proveedores de mano de obra barata que necesita Europa para subsistir, por eso sorprende aún más la reacción de la Unión Europea de cara al éxodo sirio actual:

Hay una alta demanda de mano de obra migrante sin calificación, en especial en los sectores informales relativamente grandes de estos países, en particular de Italia. Esto hace que sea relativamente fácil encontrar trabajo, dada la demanda local de trabajadores de escasa capacitación y que acepten salarios bajos. España e Italia y, en menor grado, Grecia, países que antes fueron exportadores de mano de obra, han emergido como nuevos destinos de importancia para los migrantes marroquíes (a España e Italia), tunecinos (principalmente a Italia), argelinos (sobre todo a España) y egipcios (básicamente a Italia, pero también a Grecia) desde mediados de los años ochenta. (Hein de Haas, 2006:74)

A Túnez se le endosa el inicio de la Primavera Árabe, diversas manifestaciones sociales en los países árabes del norte de África que demandaban a sus gobernantes libertad y democracia. El resultado inmediato de estas movilizaciones fue la caída de las dictaduras de Ben Ali en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto. Sin embargo, después de estas movilizaciones sociales que le dieron un giro al sistema político en ambos países no ha sido posible “implantar reformas económicas ni administrativas de largo alcance. Los partidos políticos han prestado más atención a las luchas internas de poder y las negociaciones entre ellos que a desarrollar políticas que les permitieran aumentar las oportunidades económicas y acercar el Estado a sus ciudadanos” (Dworkin, 2016).

Libia, al ser país petrolero, en los últimos años ha experimentado una migración importante de subsaharianos y asiáticos, muchos de los cuales se quedan ahí, otros que intentan llegar a la Unión Europea. Y es, a su vez, el único país del norte africano que se negó a firmar los acuerdos con la Unión Europea que permiten el libre comercio, a cambio de establecer una zona de seguridad que evite la migración irregular a costas europeas, a pesar de su estrecha relación histórica con Italia, incluso durante la última década, especialmente cuando se firmó el Tratado de la Amistad que estuvo vigente del 2008 al 2011.

Argelia, derivado de factores sociales diversos, especialmente la guerra de liberación que duró ocho años (1954-1962), y de la cual Frantz Fanon fue un cronista indispensable, o de la guerra civil de la última década del siglo pasado, no ha podido encontrar cierta estabilidad política y social. Aunque se ha convertido en un aliado estratégico de la Unión Europea para contener no solo los levantamientos armados de la zona sino también la migración subsahariana que intenta llegar a costas europeas.

La cada vez menor presencia de su presidente Abdelaziz Buteflika, quien está en el poder desde 1999 (y las próximas elecciones son en 2019), y se encuentra delicado de salud, ha provocado que Argelia se encuentre en un impasse político con respecto a su economía interna. De cara a Marruecos, el país presenta un bloqueo comercial desde 1994. Momento en que se instaló una línea fronteriza de 1,559 kilómetros que divide los dos grandes países del Magreb que no solo comparten lenguas, costumbres, tradiciones, sino familias enteras.

Marruecos, sin duda es otro de los países clave en la región, no solo por la cercanía con España, y la historia migratoria de las últimas décadas, sino también porque es de los pocos países que todavía comparte frontera con enclaves españoles (Ceuta y Melilla). Esta situación obviamente hace que el contexto fronterizo marroquí, de cara a la Unión Europea, tenga características similares a las que revisé en el capítulo anterior, dado que, al igual que Turquía, es el país que se encarga de la política de externalizar las fronteras del espacio Schengen:

The year 1986 is unquestionably a major turning point in the history of the Spanish Moroccan border. The (EU)ropeanization of the border in 1986 was followed by its “Schengenization’’ in 1991. The next notable point occurs in 1995, when the fencing of the enclave’s perimeters started, and when, concurrently and paradoxically, the paving of a path towards Euro-Mediterranean commercial liberalization, and hence a process of economic debordering, began. (Ferrer-Gallardo, 2008)

Ejemplos de las realidades fronterizas en el sur del Mediterráneo

Lo único cierto con esta investigación, y por eso la intención de escribir este libro, ha sido que el objeto de estudio se ha presentado ante mis ojos, lo cual me da la certeza de que la ruta trazada ha sido la correcta; es decir, cuando definí las zonas de convivencia fronteriza que me interesaba estudiar –el objetivo de mi investigación a largo plazo consiste en poder analizar por lo menos una de cada continente–, las fronteras entre Marruecos y España estaban descartadas, había decidido no estudiarlas, un tanto por ignorancia, desconocimiento de la zona, otro tanto porque pensaba que estaban lo suficientemente analizadas. Sin embargo, la primera vez que estuve en Nador (Marruecos), por invitación de mis colegas del grupo de investigación en Barcelona, el Gedime, fue reveladora en varios niveles y especialmente porque también ahí pude corroborar las categorías que he desarrollado como parte del modelo epistemológico de la frontera; es decir, en la zona de convivencia fronteriza Nador-Melilla pude advertir elementos de las fronteras subjetivas, de las fronteras sociohistóricas, de las fronteras de la securitización y de la frontera glocal, (lo mismo que observé meses después, durante mi vista a Palestina-Israel).

Nador es una ciudad fronteriza (y también es el nombre de la región en la que Melilla fue la capital del protectorado español hasta la independencia de Marruecos en 1956) como otras tantas que he visitado en estos años, y que cumple con la diégesis teorética arriba expuesta (frontera geopolítica producto del proyecto expansionista español donde conviven varias lenguas, culturas y religiones, y fuertemente securitizada en los últimos años mediante mallas de alambre). Esta zona de convivencia fronteriza pertenece a la región rifeña que, a su vez, colinda con Argelia. Otra frontera que tampoco me interesaba conocer pero que no se puede obviar cuando se estudia la zona, especialmente porque es de las pocas fronteras en el mundo donde no solo está cerrada a la movilidad humana, sino también al flujo de productos: “A 180 kilómetros de Almería empieza la más larga frontera del mundo casi herméticamente cerrada desde 1994. Entre las dos Coreas, teóricamente en guerra, circulan ahora trenes de mercancías y solo otras dos fronteras -las que separan a Armenia de Turquía y Azerbaiyán- son tan infranqueables como la que divide a Marruecos de Argelia” (Cembrero, 2008).

Obviamente esta supuesta impenetrabilidad de la frontera entre Marruecos y Argelia no impide el contrabando de productos, especialmente de gasolina. A diferencia de lo que se observa en México, por ejemplo, donde se “ordeñan” los ductos de gasolina, para venderlos en el mercado negro, el tráfico de gasolina de Argelia a Marruecos se hace con burros que llevan un aparato auricular en las orejas que reproduce la orden “arre, arre, arre”. Y sobre la carretera que lleva a Oujda o Berkane, desde Nador, es posible comprar los bidones de gasolina.

Aunado a lo anterior, con la schengenización del sur del Mediterráneo, y al ser Melilla y Ceuta enclaves españoles, aunque estén en otro continente, participan en el esquema de “libre circulación” y “mercado único” de los Estados miembro. En este sentido, a partir de 1995 se promueve el comercio euromediterráneo, al tiempo que se securitizan las fronteras exteriores derivado de un aumento considerable del tráfico de productos ilegales, pero sobre todo para detener el flujo de personas, especialmente aquéllos que se denominan migrantes económico irregulares:

The reconfigured Spanish–Moroccan border regime, as is the case of the general EU external border landscape, is becoming increasingly selective. In this scenario, although entrenched in the same logic, the peculiar border regimes of Ceuta and Melilla emphasize this selective profile. That is, they seem to be giving rise to more intense patterns of border selectivity. Since the economic sustainability of the enclaves depends on their interaction with their hinterlands, cross-border flows of people from the surrounding Moroccan provinces of Tetouan and Nador (excluding those who do not have documents indicating residence there) are permitted. These flows are allowed under the legal framework of an exception to the Schengen Agreements. The deployment of this exceptional judicial umbrella implies that, on a daily basis, Ceuta and Melilla import labor force and consumers from Morocco. The barrier effect of the African Schengen borders is thus selectively lowered for (some) people, which implies that the two (EU)ro-African cities benefit from a regulated cross-border flow of people (and people transporting goods), sourced in the massive economic asymmetries between the two sides of the border. (Ferrer, 2008: 309-310)

Ceuta se ubica en la región de Tanger-Tetuán, y colinda con el Estrecho de Gibraltar, lo que la hace una zona de convivencia fronteriza compleja y particular en varios niveles, especialmente por las dinámicas de convivencia entre tres países (España, Reino Unido y Marruecos) referente a la schengenización del espacio, la externalización de las fronteras y, desde luego, la importancia geopolítica de la región en la frontera horizontal del Mediterráneo. Con el Brexit, volvieron a resurgir los clamores de la pertenencia del Estrecho de Gibraltar, una situación no menor, porque a su vez ha permeado la existencia de esta zona fronteriza incluso cuando Ceuta era protectorado español:

The triangular geopolitical discussion between Spain, Morocco, and the UK regarding the sovereignty of Ceuta, Melilla, and Gibraltar […] provides the Spanish-Moroccan border with some classical geopolitical content. Together with the influence of the complex intertwining of territorial claims across the Strait of Gibraltar, the echoes of the Spanish colonial presence in Morocco (1912-1956) are also geopolitically relevant and need to be taken into consideration. (Ferrer, 2008: 307)

Melilla presenta otros rasgos de ciudad fronteriza. Por ejemplo, la arquitectura de Melilla fue modificada de forma significativa, se contrató a un arquitecto barcelonés para que le diera una imagen que se diferenciara del mundo árabe. Una imagen moderna y modernizadora que por un lado contrasta con la ciudad amurallada (resultado de una ocupación militar de casi cuatro siglos), y, por otro, con la arquitectura fronteriza y de tercer mundo de Nador.

Por su parte, Nador es una ciudad que está en crecimiento, especialmente una vez que se construye el puerto Beni Enzar que compite con el de Melilla y hace más independiente a Marruecos de España a nivel comercial, aunque es una ciudad clave para la externalización de las fronteras europeas.

Melilla fue un punto estratégico durante la Guerra civil Española en dos niveles: primero en lo económico, gracias a las minas de hierro que había en Nador, en la época del protectorado español hasta 1956 (y todavía es posible advertir su presencia); segundo, porque desde ahí salieron un número importante de soldados marroquíes a quienes les prometieron la ciudadanía una vez que la guerra terminara, situación que no necesariamente se cumplió en todos los casos, como ha sucedido recurrentemente con la población mexicana en Estados Unidos.

En ambas zonas de convivencia fronteriza se observan diferentes dinámicas de contrabando derivado de la schengenización del espacio. Muchas de ellas provocadas por las mismas políticas de securitización del gobierno español. Un ejemplo simbólico y lamentable corresponde a las imágenes que observamos en la prensa cada tanto de las “porteadoras” o “mujeres-mula”. Estas mujeres se encargan de cruzar productos a Marruecos gracias a un régimen de excepción que les permite acceder a Ceuta o Melilla sin necesidad de visado con la condición de cruzar solamente en el día y sin pasar la noche en la ciudad:

A las 9:00 abre el puesto fronterizo melillense del Barrio Chino, la porteadora muestra el pasaporte y camina hacia una explanada en la que varias furgonetas dejaron temprano en el suelo los bultos preparados para la carga. Amarra con cuerdas el paquete sobre su espalda y anda en sentido contrario más de 200 metros, sorteando la multitud que se amontona en el estrecho lugar, para entregar pronto la carga en el lado marroquí y volver a hacer más portes, entre tres y cuatro al día antes del cierre del paso a la 13:00 horas. Las mercancías se almacenan en el polígono de El Tarajal. Las mujeres cobran cuando entregan el fardo en el lado marroquí, donde hay hombres con carretillas o vehículos esperando para transportarlo. La cuantía depende de los kilos que carguen. […]

Calcetines, calzoncillos, pañales. Mantas y zapatillas de segunda mano. Zumos, galletas, arroz y chucherías de todo tipo. También neumáticos usados y chatarra. En los fardos de las porteadoras cabe cualquier cosa. Pero en los últimos años gana el textil con origen en China y parada en el polígono Cobo Calleja, en Fuenlabrada (Madrid). A esta actividad los melillenses y ceutíes la llaman “comercio atípico” y los marroquíes lo viven como contrabando tolerado (Partido SAIN, 2015).

Los casos dramáticos y simbólicos de la deshumanización en las fronteras, producto de la política exterior europea, y que también observamos a diario en la prensa, son diversos. Nos hemos acostumbrado a ver las imágenes de las parteras llenas de migrantes o refugiados que cruzan el Mediterráneo, algunas con poco éxito; o las imágenes de los cuerpos inertes en las playas de ambos lados del mismo mar; o a los migrantes subsaharianos trepados en la malla de seis metros que limita con un campo de golf; o migrantes abandonados en zonas de limbo administrativo como se observa en Calais o el Monte Gurugú. Y así puedo seguir enunciando la tragedia humana de la migración que se topa a diario con las fronteras de la securitización.

Todas estas imágenes que observamos también son producto de la violencia institucionalizada. En el capítulo anterior me referí a la participación de Frontex, y de algunas organizaciones de la sociedad civil, que hacen el trabajo sucio, como deportar en caliente y masivamente a los migrantes y refugiados, pero también existen otros casos perpetrados por las fuerzas públicas de seguridad, como los asesinatos en Tarajal ocurridos en 2014, donde la policía local disparó balas de gomas a cerca de 200 migrantes subsaharianos que llevaban horas flotando en el mar, y donde murieron ahogados 15 personas (y solo 12 cadáveres recuperados).

La narración de esta tragedia es lamentable en muchos sentidos (por ello me tomo la libertad de citarla ampliamente pues coincide con el análisis que estoy elaborando desde la diégesis teorética), especialmente por la ausencia de una política binacional migratoria, por la ausencia de facultades y de delimitación de las fronteras, así como por la ausencia de protocolos de prevención y seguridad humana, especialmente en la fronteras marítimas:

05.45. Las cámaras térmicas de la frontera permiten avistar la llegada de unos 200 inmigrantes acercándose al perímetro fronterizo desde los motes próximos al vallado.

07.30. El grupo sigue sin ser interceptado, por lo que se despliega una unidad de la Guardia Civil (el módulo de intervención rápida) especializada en “control de masas e impermeabilización de la frontera”.

07.35. Los inmigrantes llegan a la carrera a la zona de obra próxima a la aduana de El Tarajal. Algunos de ellos portan “objetos para utilizar supuestamente como salvavidas”. La Guardia Civil se desplaza a esa zona y también a la playa colindante. “El grupo de inmigrantes mostraba una inusitada actitud violenta, agrediendo continuamente con palos y piedras al personal del Ejército marroquí que trataba de contenerlos”, dice Interior [Ministro del Interior, Jorge Fernández Días].

07.38. Los subsaharianos llegan a la playa, donde se topan “con un nutrido grupo de militares marroquíes” que impidieron su entrada al interior de la aduana y mantuvo al grupo de inmigrantes “en la zona de la playa”.

07.40. Los inmigrantes, “muchos de los cuales presentaban signos de agotamiento físico por el intento de intrusión, corrieron hacia el espigón que separa las partes española y marroquí de la playa de El Tarajal”.

El relato del ministro deja de tener horas a partir de ahora y detalla qué hizo la Guardia Civil, se supone que a partir de las 7.40, que es cuando comienzan a entrar en el agua los inmigrantes:

Los disparos al agua: “La Guardia Civil delimitó un área con medios antidisturbios y, para frenar su avance, se lanzaron medios para delimitar la traza fronteriza en el mar. La orden, como en otras ocasiones, fue que siempre hubiese varios metros entre el lugar de impacto en el agua y los propios inmigrantes. Todos los lanzamientos se hicieron desde tierra, con una distancia superior a 25 metros, y la zona de impacto siempre correspondió a aguas españolas, lejos de donde se encontraban los inmigrantes”. El ministro aclaró que se dispararon “cartuchos de proyección, que son de fogueo, que solo hacen ruido” y “pelotas de goma”.

“En ningún momento el objetivo del uso de los medios en la mar fue alcanzar a ninguno de los inmigrantes, sino hacer visible una barrera disuasoria”.

La vuelta atrás: “Se consiguió que desistieran del intento la mayor parte de los inmigrantes, sin que ninguno de ellos hubiera sido alcanzado por medios de la Guardia Civil, lo que en ningún caso era su objetivo”.

Los que llegaron: “Un grupo de 23 inmigrantes consiguió acercarse a menos de 25 metros de esa barrera, momento en que “se dio la orden tajante e inmediata de cesar el lanzamiento de medios para no poner en ningún caso en peligro la integridad de inmigrantes”.

“De forma inmediata fueron rechazados y se hicieron cargo de ellos las Fuerzas marroquíes de las que habían escapado y que los estaban reclamando”.

El final. La Guardia Civil cifra en 14 los fallecidos en el incidente, pero solo se han recuperado 11 cadáveres, dos en aguas españolas y el resto en Marruecos. No hay cifras oficiales. El resto de inmigrantes no logró entrar en España. (narración del Ministro del Interior, Jorge Fernández Días citada en Rodríguez Arroyo, 2014)

Lo más lamentable de esta situación es que después de hacer las averiguaciones no se fincaron responsabilidades contra ninguno de los integrantes de la Guardia Civil que participaron en el evento y, posteriormente, la juez que llevaba el caso decidió archivarlo. Una situación recurrente que demuestra la violencia institucionalizada a la que se enfrentan quienes deciden hacer valer su derecho de la movilidad humana.

Desafortunadamente, con las actuales políticas de extranjería estamos muy lejos de modificar la actuación de los gobiernos no solo en función de las desapariciones forzadas, también en función del desplazamiento humano y de la movilidad humana. Lo que se observa en las fronteras sin duda es solo la punta del iceberg de lo que oculta el fenómeno migratorio, de ahí mi renuencia a pensar demagógicamente que la solución a todos los problemas vigentes en la frontera horizontal del Mediterráneo sea únicamente la apertura de las fronteras del espacio Schengen. Ese discurso, desde mi perspectiva, solo desvía la atención de lo realmente importante que es un cambio radical en la economía política neoliberal.

Avances de una frontera glocal

Una vez delimitada la frontera horizontal del sur del Mediterráneo, mediante la descripción sintética de los nueve países africanos que la conforman, y enunciados los ejemplos de las realidades fronterizas, es que podemos advertir la compleja y delicada situación que se vive en la región. Una región geopolíticamente estratégica desde la caída del Imperio otomano a la fecha y donde a pesar de un esfuerzo decolonizador de sus propios habitantes sigue siendo un campo fértil de corrupción, violencia, explotación y de constantes conflictos armados cuya genealogía, en algunos casos, se reduce a la esclavitud como resultado de la biopolítica eurocéntrica, o lo que en palabras de Achille Mbembe se traduce en necropolítica:

Todo relato histórico sobre la emergencia del terror moderno debe tener en cuenta la esclavitud, que puede considerarse como una de las primeras manifestaciones de la experimentación biopolítica. En ciertos aspectos, la propia estructura del sistema de plantación y sus consecuencias traducen la figura emblemática y paradójica del estado de excepción. Una figura aquí paradójica por dos razones: en primer lugar, en el contexto de la plantación, la humanidad del esclavo aparece como la sombra personificada. La condición del esclavo es, por tanto, el resultado de una triple perdida: perdida de un “hogar”, perdida de los derechos sobre su cuerpo, y perdida de su estatus político. Esta triple perdida equivale a una dominación absoluta, a una alineación desde el nacimiento y a una muerte social (que es una expulsión fuera de la humanidad). (Mbembe, 2011: 31-32)

Previo a Mbmbe, Fanon ya había enunciado en diferentes textos, desde otra perspectiva, otro de los factores que potencializa la esclavitud moderna: el racismo. No solo Europa es racista, casi todas las sociedades del tercer mundo también lo son dado que “el racismo colonial no difiere de los otros racismos” (Fanon, 1973: 73). En este sentido, ninguna lógica transformadora puede obtener el resultado deseado, la utopía si se quiere pensar en un sentido distinto, sin antes regresar a lo básico: la relación de cada sociedad con sus propias alteridades. Para ello, siguiendo a Dussel, “es necesario desarrollar un discurso creador propiamente filosófico, que no sea comentario ni de la tradición ancestral ni de la europea” (Dussel, 2016: 97). Un discurso que de voz a quienes se les ha negado.

Mucho se ha escrito sobre la alteridad, la otredad, la identidad en tercer mundo, no solo desde la teoría poscolonial, decolonial, feminista, también desde la filosofía de la cultura y otras tantas disciplinas. Pero con poco éxito se han abordado las causas y lo que ahora observamos son las políticas represoras que intentan evitar a cualquier precio la tan aclamada decadencia europea. Decadencia que lleva años impulsando un cambio inverso en nuestras sociedades, las de quienes fuimos y seguimos siendo colonias. Un cambio adverso al devenir de ese proyecto incompleto que muchos pensadores defendieron a capa y espada, pero que con poco éxito han logrado mantener a flote: la modernidad y su economía política.

Como lo comenté al principio de este capítulo, lo que me interesa es avanzar hacia propuestas epistémicas locales que repercutan en lo global, pensando lo global como la interrelación entre culturas, sociedades y personas que transgreden la economía política (la mundialización), y donde la explotación de muchos no sea la condición per se para la sobrevivencia de unos pocos. Es necesario parar la maquinaria de la modernización y de la esclavitud contemporánea. Tercer mundo (la mayoría de la población en condiciones de precariedad y extrema pobreza) no puede seguir manteniendo al primer mundo (un puñado de ricos).

Para lanzar esta apuesta, no solo debemos recuperar el planteamiento de un puñado de pensadores contemporáneos que se basa en el reconocimiento del otro, de la otra, de los otros, en distintos niveles, no solo el subjetivo, también el material, el corporal, incluso el textual, pienso en Balibar, Butler, Fraser, Benhabib, Derrida, de Sousa, entre otros más que no han sido mencionados en este texto pero que son indispensables para desarrollar las epistemologías del sur y elaborar las categorías analíticas, las políticas públicas, desde el pluralismo jurídico. Por ello es necesario interpretar las narrativas de las que nos valemos para problematizar nuestras realidades y ahondar en nuestras propias lógicas de transformación; así como para desentrañar las narrativas de las ausencias y de los ausentes en las narrativas occidentales como afirma de Sousa:

Las epistemologías del sur son un proyecto para valorar y validar los conocimientos nacidos de la lucha de grupos sociales que han sufrido sistemáticamente las injusticias, las discriminaciones, las exclusiones del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Normalmente, nuestros conocimientos, los valorados, por ejemplo, por las universidades, son los de los vencedores. Nuestra historia, la que se cuenta en las escuelas, es la contada por los vencedores. Los vencidos nunca contaron la historia. Las epistemologías del sur pretenden demostrar que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la occidental y que el pensamiento occidental produjo una línea abismal que dividió las sociedades entre metropolitanas, las visibles, y las coloniales, las que no cuentan, las invisibles. Esto llevó a que se produjera todo un vastísimo campo de ausencias. Talcott Parsons, un grandísimo teórico, escribe una historia y una teoría general de la sociedad americana sin casi mencionar la esclavitud, cuando ésta fue absolutamente estructural en la formación de los Estados Unidos. Lo ausente existe. Simplemente es producido como ausencia. (de Sousa en Andrades & Marín, 2016)

Estas ausencias las pude encarar durante mi segunda visita a Nador, después de haber estado en Israel, y también pude comparar dos zonas de convivencia fronteriza en lo que he denominado la frontera horizontal del sur del Mediterráneo. Nador e Israel son zonas en perenne conflicto, de cuyas innumerables causas solo he mencionado algunas y también son zonas en donde se entretejen los aspectos más sofisticados de culturas milenarias con lo más absurdo de las luchas ideológicas contemporáneas. En estas sociedades azotadas por guerras, donde la reterritorialización y el desplazamiento de las capacidades del Estado modifican las lógicas de convivencia, y las relaciones espaciales, particularmente donde “la soberanía significa ocupación, y la ocupación significa relegar a los colonizados a una tercera zona, entre el estatus del sujeto y el del objeto” (Mbembe, 2011: 43), es indispensable considerar que las “divisiones, diferencias y diferendos no constituye forzosamente un acto de guerra” para evitar así “las corrientes que empujan hacia el fanatismo” (Borradori, 2003: 166-167).

Desde mi perspectiva, e incluso cuando creo que las fronteras no deben existir a nivel jurisdiccional, debemos incidir en el desplazamiento de las capacidades del Estado para beneficio de nuestras propias comunidades, por ello considero que el problema de fondo no se está atacando. En todo caso, lo que se observa es una perversión del problema que solo favorece al sistema neoliberal; es decir, la mediatización del desplazamiento forzado, producto de las movilizaciones sociales en Medio Oriente y África, se está tratando en dos niveles que no contribuyen a proponer una solución a nivel local. Estos dos niveles son, por un lado, exigir que se erradiquen las fronteras, una demagogia a todas luces; por otro, la proliferación del miedo en nombre de “las guerras contra el terrorismo”.

La pregunta obligada sería en todo caso, por dónde empezar a proponer salidas a gobiernos corruptos, a sociedades amenazas por la violencia, a la explotación constante, a guerras civiles, a desplazamientos forzados, al abandono del Estado Derecho. ¿En dónde empezamos la narración?, ¿en lo que nos constituye como tercer mundo o en la enunciación de nuestras propias fortalezas?

Se me ocurre recuperar estas narrativas desde el epistemicidio en el tercer mundo y en el sentido de los filósofos de la liberación (específicamente Enrique Dussel), desde la teoría decolonial, y específicamente desde los estudios fronterizos. Sin embargo, he de reconocer que tengo dudas con algunos planteamientos de ciertos teóricos poscoloniales que aluden al “pensamiento fronterizo” entendido como “ser epistemológicamente desobediente”, desde mi perspectiva es necesario deconstruir la tradición filosófica, y conformar nuestras propias epistemologías desde nuestras propias realidades y contextos, como afirma de Sousa:

Como una epistemología postabismal, la ecología de saberes, mientras fuerza la credibilidad para un conocimiento no científico, no implica desacreditar el conocimiento científico. Simplemente implica su uso contrahegemónico. Ese unos consiste, por un lado, en explorar la pluralidad interna de la ciencia, esto es, prácticas científicas alternativas que han sido hechas visibles por epistemologías feministas y poscoloniales, y, por otro, en promover la interacción e interdependencia entre conocimientos científicos y no científicos. (de Sousa, 2014: 44)

Esto incluye dejar de pensar en los universales como cajón de sastre, apuesta epistémica que paradójicamente ha estado presente en muchos de los teóricos europeos del siglo XX, como Foucault, quien afirma que “en vez de partir de los universales para deducir de ellos unos fenómenos concretos, o en lugar de partir de esos universales como clave de inteligibilidad obligatoria para una serie de prácticas concretas, me gustaría comenzar por estas últimas y, de algún modo, pasar los universales por la clave de esas prácticas” (Foucault, 2012: 15); es decir, realizar un ejercicio inverso donde se redefinan los modelos de sociedad para las zonas de convivencia fronteriza que incidan en el devenir de las sociedades del tercer mundo.

Evidentemente los elementos político-administrativos, socio-culturales, histórico-geográficos, religiosos, hacen complicado establecer un modelo de sociedad en la frontera horizontal del sur del Mediterráneo, incluso cuando los países que la conforman comparten la cultura árabe, por lo menos un modelo como los que existen en occidente. De ahí la importancia de pensar las economías africanas y de oriente no solo en función de lo que representan en el intercambio comercial con la Unión Europea, sino también para replantear los modelos de sociedad que se han querido imponer en estas sociedades que, sin lugar a dudas, están resistiendo, en muchos casos la propia eurodominación cultural y racista, incluso fuera de sus fronteras.

Un caso lamentable, sin duda, que ha dado la vuelta al mundo ha sido la prohibición del famoso “burkini” en las playas francesas (verano 2016). Los argumentos en favor y en contra son meramente convenciones occidentales de lo que la mujer debe o no usar. No es la primera vez que Francia interfiere con las decisiones de las mujeres musulmanas, anteriormente ya lo había hecho prohibiendo el uso del pañuelo (hiyab) en edificios públicos. En este sentido, lo que denomino modelo de sociedad, un modelo conceptual y un modelo político entendido como una estrategia posible de configuración de comunidades locales alrededor de las fronteras, especialmente en zonas de convivencia fronteriza, sin duda tiene su origen en los planteamientos occidentales de interculturalidad, multiculturalidad, pluriculturalidad y cosmopolitismo. Sin embargo, dada la fuerte cohesión cultural que existe en el mundo árabe en general, considero que se debe pensar en otros modelo de sociedad, pues dudo que alguno de los anteriores sirvan para esta región.

Sin duda el hecho de pensar en modelos de sociedad ad hoc a la frontera horizontal del sur del Mediterráneo es una tarea titánica en varios niveles de conformación sociocultural, geográfica, económica y política, que de momento no forma parte de esta investigación. Sin embargo, algunas consideraciones que se deben tener presentes cuando se bosquejen estas configuraciones de comunidades interdependientes por siglos, se vinculan, como lo he mencionado, con sus forma de organización social: el tribalismo, que en muchos casos va de la mano del nomadismo todavía presente en algunos países, pienso especialmente en los beduinos; y la conformación de ciudades-refugio que se establecen por necesidad y vecindad, cuyas condiciones de precariedad son abrumadoras y en donde los refugiados mantienen la esperanza de volver algún día a su lugar de origen, pienso en los palestinos asentados en Líbano o los sirios asentados en Turquía.

Lo que me queda claro es que urge descentralizar ciertas políticas condicionadas al financiamiento europeo, una de ellas sin duda es la externalización de las fronteras a países terceros (Turquía y Marruecos, especialmente); así como otras propuestas que emanan del norte del Mediterráneo, particularmente una que me parece completamente eurocentríca y que se denomina la “ciudadanía mediterránea”:

Por ello, el Mediterráneo podría volver a convertirse en la cuna de un nuevo Renacimiento si se dieran las condiciones para un proyecto de ciudadanía transnacional. Ello implica una iniciativa política compartida que agrupe las diversas experiencias de resistencia, protesta y alternativas populares, llevadas a cabo sobre todo por jóvenes, y construya una plataforma mediterránea para un nuevo contrato social, que tan urgente resulta en tiempos de profunda crisis tanto en Europa como en el Mediterráneo. Un contrato social que reescriba los fundamentos de las relaciones entre instituciones y ciudadanos, donde las comunidades puedan gobernar la transformación de su territorio e influir en la asignación de recursos económicos y sociales cuestionando la centralización del capital y los recursos en manos de unos cuantos y reformando las reglas de participación y representación democrática. (Solera, 2015: 253)

Desde mi perspectiva, y en función del modelo epistemológico de la frontera que propongo, los aspectos a abordar con urgencia en casi todas las sociedades, especialmente las que comparten frontera, tienen que ver con el desarrollo de modelos de sociedad, de ahí la importancia de pensar en las fronteras subjetivas, en las fronteras socio-históricas y no en las fronteras de la securitización como lo hacen desde hace varios años la Unión Europea, Estados Unidos y Australia. Si bien es cierto que los epistemicidios han fracturado considerablemente las relaciones sociales y tribales en la región, la propuesta entonces es pensar en una frontera glocal que sirva de mediadora entre las pretensiones globales y las necesidades locales desde los ámbitos de economía política, derecho internacional, derechos humanos, medio ambiente y movilidad humana, y que respete las diferencias culturales existentes entre comunidades en los distintos niveles ontológicos de las poblaciones involucradas.

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Rodríguez, Roxana. (2016) Cartografía de las fronteras. Diario de campo, disponible en academia.edu o Amazon.

¿Brexit light para 2019?

Lo que no se hizo en estos dos años del referéndum realizado en 2016 en Gran Bretaña, donde se apostó su salida de la Unión Europea, empieza a poner en riesgo la propia lógica (inadmisible) del por qué se optó por cerrar comercio exterior y recrudecer las leyes migratorias por la escalda de refugiados sirios en el resto de Europa.

Sobre los antecedentes y el cómo viví este escenario en 2016, mientras realizaba la investigación que lleva por título Cartografía de las fronteras. Diaria de campo,* Roxana Rodríguez (2016), comparto el capítulo tercero de dicho libro:

La utopía de las no fronteras en el espacio Schengen

Quizás la idea de Europa fuera y siga siendo una utopía…

Pero ha sido y sigue siendo una utopía activa,

luchando por fusionarse y consolidar acciones

por lo demás desconectadas y multidireccionales.

Cuán activa resulte ser esa utopía dependerá

en última instancia de sus actores.

Zygmunt Bauman

 

 

Desde hace más de dos décadas que sigo muy de cerca los cambios que ha sufrido la Unión Europea a raíz de la entrada en vigor del Acuerdo Schengen (1995), de la adhesión de un bloque importante de países a partir del siglo XXI, especialmente de Europa del Este (2004, 2007 y 2013), y sobre todo con el uso de la moneda única, el Euro (2002). Este seguimiento ha sido, en la mayoría de las veces, presencial pues desde 1993 (año en que el Tratado de Maastricht establece la Unión Europea) he sido una turista, estudiante y migrante recurrente, asentándome la mayoría de las veces en Barcelona, lo que me ha permitido viajar por el resto de Europa, Medio Oriente y norte de África con pasaporte mexicano. Esto es importante mencionarlo, hacer la distinción, porque sin duda los controles migratorios se viven diferente según el “color” de tu pasaporte y la procedencia del mismo.[1]

De igual forma, hago énfasis en la distinción en mi estatus migratorio porque durante los meses o años que he vivido en Barcelona, como los veranos que he estado solo de paso, suman para entender los diferentes cambios en las leyes de extranjería, por ejemplo, que sin duda se han recrudecido desde el 2002, cuando llegué a estudiar al doctorado, al 2016 que regresé para hacer una estancia de investigación de seis meses. En cada uno de estos momentos, además, me he topado con distintas crisis de movilidad humana que han hecho de la Unión Europea un caldo de cultivo de parches que funciona de forma temporal, pero que no da una solución a largo plazo con respecto a las políticas migratorias, de asilo y refugio.

Recuerdo por ejemplo la crisis económica argentina de principios del siglo XXI, cuando miles de personas pudieron optar por cambiar su pasaporte por uno italiano o español principalmente, y entrar como miembros de la Unión Europea.[2] Esto les daba ventaja para conseguir trabajos regulares sobre las otras comunidades americanas que migran normalmente a Europa: los bolivianos, los peruanos, los colombianos, los ecuatorianos. Migrantes económicos todos ellos (a diferencia de la comunidad mexicana, que casi siempre somos migrantes culturales que vamos a estudiar o viajar por un tiempo determinado, contrario a lo que sucede con la migración mexicana a Estados Unidos), que en muchos casos no contaban con papeles y tenían que trabajar en negro pues a las empresas no les interesaba tramitarles las visas de trabajo derivado de un aumento de la oferta de mano de obra barata, especialmente para las industrias del servicio, la construcción y el turismo, que en Barcelona empezó a crecer considerablemente en esos primeros años del presente siglo.

A partir del 2005 se recrudecen los controles fronterizos de la migración africana que cruza por Melilla.[3] En 2015-2016 observamos un fenómeno similar que colapsa incluso el Acuerdo Schengen, pues no solo varios países decidieron cerrar sus fronteras internas (Alemania, Austria, Dinamarca, Francia, Malta, Noruega y Suecia), amparados en los Art. 23, 24 y 25 del Código de fronteras Schengen;[4] sino que otros países, integrantes y no integrantes del espacio Schengen, empezaron a levantar vallas alambradas donde antes no los había (Hungría, Macedonia, Bulgaria) para impedir el paso de millones de refugiados sirios, afganos e iraquíes que llegaron a las costas europeas (Italia y Grecia, principalmente) desde el primer semestre de 2015.

Así, a pesar de que la demografía de los países europeos supone un porcentaje menor de la población total del resto del mundo (por ejemplo, la delegación de Iztapalapa de la Ciudad de México, tiene más de los tres millones de habitantes que viven en Barcelona), la capacidad de acogida es menor a la que se puede observar en otros lados del mundo, como Estados Unidos, Canadá, Australia, por mencionar solo algunos de los puntos de llegada más socorridos por las personas que ven en la migración una mejora en sus condiciones de vida, ya sea por cuestiones económicas o por la violencia institucionalizada en sus lugares de origen.

La diferencia, desde mi perspectiva, en el tratamiento que se le da al fenómeno migratorio o de movilidad humana, por lo menos entre el resto de los continentes (América, Asia, África, Australia) y Europa se debe a lo que Foucault menciona referente a la vigencia de los ideales liberales que enfatizan el enriquecimiento en bloque –que será también lo que paradójicamente provoque el desequilibrio que se vive actualmente en la Unión Europea:

Se perfila algo que es una idea nueva de Europa, una Europa que ya no es en absoluto la Europa imperial o carolingia más o menos heredada del Imperio romano y referida a estructuras políticas muy específicas. Es una Europa del enriquecimiento colectivo, una Europa como sujeto económico colectivo que cualquiera sea la competencia que se produzca entre los Estados, debe avanzar por un camino que será el del progreso económico ilimitado. (Foucault, 2012: 62)

En este sentido, considero que el análisis comparativo que hace Foucault entre el ordoliberalismo alemán y el liberalismo estadounidense es clave para comprender las dinámicas sociales derivadas de la mundialización, en el sentido literal del uso lingüístico francés, un pequeño giro que convoca “a todo el mundo en torno a Europa” (Foucault, 2012: 62). No me detendré en detallar las particularidades de cada uno porque no es materia de este libro, aunque no se puede entender lo que sucede en la Unión Europea si no se comprende que ésta es, ante todo, una economía política movida por un mercado único que hace frente al resto de las regiones, y fundada sobre los principios básicos del liberalismo:

El arte de gobernar programado hacia la década de los treinta por los ordoliberales y que hoy se ha convertido en la programación de la mayoría de los gobiernos en los países capitalistas, pues bien, esa programación no busca en absoluto la constitución de este tipo de sociedad [uniforme a través del consumo]. Se trata, al contrario, de alcanzar una sociedad ajustada no a la mercancía y su uniformidad, sino a la multiplicidad y la diferenciación de las empresas. (Foucault, 2012: 161)

Con base en esta racionalización el(los) gobierno(s) tiene(n) que lidiar con la ciudadanía, la soberanía y el territorio, mediante lo que Foucault denomina “gubernamentalidad” que abarca “el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esa forma bien específica, aunque muy compleja, de poder que tiene por blanco principal la población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad” (Foucault, 2008: 115) [las cursivas son mías].

La racionalización de gobierno permea cualquier intento de constructo social o cambio social mediante lo que Foucault denomina las tecnologías de poder. En este sentido, es que resulta indispensable deconstruir cada una de las capas que le dan forma a esa racionalización. Para ello propongo, como se puede observar en la tabla del capítulo primero, el análisis de tres planos conceptuales: la ciudadanía, el territorio y la soberanía de frente a las fronteras del espacio Schengen (y en continuidad con lo que ya analicé en el capítulo segundo, específicamente los tres momentos del proceso autoinmune de las fronteras del Estado-nación).

El análisis de estos tres planos de contenido me permite estudiar modelos de sociedad distintos (principalmente el cosmopolita) a los que ya he analizado en mis investigaciones previas (intercultural y multicultural), especialmente en las fronteras sur y norte de México. También me permite analizar los enfoques de la política interna y la política exterior, centrados en la seguridad de la Unión Europea, en el bloque económico, en el mercado único, pero no en la población ni en la libertad de circulación, por lo menos no como se piensa en los ideales de un modelo de sociedad cosmopolita, sino como un dispositivo de seguridad que, como observa Foucault, “tratará de acondicionar un medio en función de acontecimientos o de series de acontecimientos o elementos posibles, series que serán preciso regularizar en un marco polivalente y transformable”. Estos acontecimientos, como la mal llamada crisis de refugiados, casi siempre son temporales y aleatorios, pero se “inscriben en un espacio dado” (Foucault, 2008: 34).

En este sentido, cuando me refiero al fracaso de la utopía del espacio Schengen aludo específicamente a que ha prevalecido, incluso por encima de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho (valores de la Unión Europea), el tema de la seguridad, de la frontera de la securitización, paradójicamente, una seguridad que no queda en manos del Estado, sino de las empresas privadas, como lo analizaré más adelante.

 

Las fronteras del espacio Schengen: el laboratorio de lo que está por venir

Por primera vez estudio las fronteras del otro lado, del lado del colonizador, del que dirige las políticas internacionales y del lado de quien decide el devenir de los migrantes y refugiados (antes lo había hecho solo viendo hacia el Norte, no desde el Norte). Situación que me ha permitido escuchar a la gente de a pie, a los académicos, a los representantes de la sociedad civil y a los políticos. Es lo que tiene estar de sabático en un momento crítico para el devenir de las sociedades, y sobre todo para la fractura del Estado-nación. [5]

Si bien es cierto que la idea inicial de mi estancia era estudiar otras fronteras, decidí no dejar pasar la oportunidad (en sentido epistemológico) de lo que considero el fracaso de la utopía de las no-fronteras de la Unión Europea en tres niveles principales, el que se vincula con la ciudadanía desde la perspectiva de modelo de sociedad cosmopolita; el segundo, el que se refiere al territorio, aludiendo específicamente a las regulaciones vigentes en la Unión Europea y a un enfoque de seguridad interna; el tercero, al de soberanía, con base en la política exterior.

Para ello parto de dos de las variables más cuestionadas y analizadas de la globalización que son justamente su determinante excluyente y su pretensión de universalidad, las cuales, desde mi perspectiva, debemos integrarlas a los modelos de sociedad que se propongan en el por-venir, sin menoscabo de la crítica necesaria que se debe hacer a cualquier economía política vigente, y con la intención de superar las contradicciones internas de la ciudadanía social, dado que, como afirma Balibar, “los valores inherentes a las reivindicaciones de los derechos universales (que hemos agrupado bajo el nombre de igual-libertad) ya no desempeñan ningún papel en su funcionamiento y su desarrollo (incluso en su condición de fuerza, de resistencia o de oposición)” (Balibar, 2013: 175).

Este punto me parece el más preocupante porque desde los años ochenta del siglo pasado existe, por lo menos en los estudios fronterizos entre México y Estados Unidos, un vocabulario amplísimo de cómo documentar, nombrar, aludir a todos aquellos que migran de forma irregular, pero casi siempre es un vocabulario de imposición, “donde el que llega se debe adaptar a lo que hay”. Así fue con los migrantes mexicanos hicieron comunidad, hasta lograr ser la minoría más representativa en los Estados Unidos, en parte porque lograron diferentes formas de sincretismo, otro tanto gracias a la agencia política, aunque el glosario asimilacionista nunca ha dejado ser un lastre para todos aquellos que de alguna forma quieren o deben formar parte de una nueva cultura (otra forma de epistemicidio).[6]

De igual forma, como lo comenté en el primer capítulo, estudiar las fronteras verticales y horizontales del espacio Schengen es otra manera de darle continuidad al modelo epistemológico de la frontera; un modelo no universal y que se presta para hacer estudios fronterizos comparativos, donde conceptos como hospitalidad, en sus diferentes acepciones del término, son indispensables considerar para ampliar el glosario de lo que “está por venir”, derivado de la ausencia de políticas claras con respecto al tratamiento que se les debe dar a los refugiados que están llegando masivamente a las costas europeas, y, en general, a los migrantes que transitan por el resto del mundo.

Encuentro en estos aspectos culturales, específicamente en el de la construcción identitaria, el énfasis para abordar un modelo epistemológico de la frontera, porque permite avanzar a modelos interdependientes de sociedad, a pesar de que los problemas sociales actuales se “producen a escala global, mientras que los instrumentos de acción política legados por los constructores de los estados-nación se cortaron a la medida de los servicios que dichos estados-nación territoriales requerían” (Bauman, 2015: 270). Esto provoca que las actuales políticas migratorias y de asilo sean una mera coartada retórica para fundamentar la ausencia de un proyecto europeo basado en un modelo de sociedad que beneficie a los ciudadanos.

Pienso, por ejemplo, en el plan Barcelona Ciudad Refugio, que inició en septiembre de 2015, una iniciativa sin duda innovadora, que tiene trazos de dos propuestas que desarrolló Derrida, y que desde mi perspectiva son características indispensables de lo que podría ser un modelo de sociedad cosmopolita en el presente siglo. La primera de ellas es la hospitalidad absoluta (contraria a la hospitalidad condicionada de Kant); la segunda se refiere justamente a la ciudad refugio: “Whether it be the foreigner in general, the immigrant, the exiled, the deported, the stateless or the displaced person (the task being as much to distinguish prudently between these categories as is possible), we would ask these new cities of refuge to reorient the politics of the state” (Derrida 2001: 15).

Entre las acciones del plan Barcelona Ciudad Refugio se contempla “dar respuesta a la crisis humanitaria actual y preparar la ciudad para acoger y asistir a las personas refugiadas, proveerlas de los servicios necesarios y garantizar sus derechos” (Ayuntamiento de Barcelona, 2016). Resalto en cursivas “preparar a la ciudad para acoger” porque esto es un ejemplo del caldo de cultivo de parches al que me referí anteriormente. Existe una tradición migratoria constante, cíclica hacia Europa, y aun así se sigue improvisando en las políticas que se deben implementar para “acoger” a las personas. Esta ausencia de visión a largo plazo se junta con una “crisis de identidad europea”, que hace mucho más complicado que la ciudadanía sea empática con los extranjeros durante los procesos de acogida de refugiados y migrantes en general, no solo en España, como se ha visto en los últimos meses.

Otro ejemplo de políticas públicas ajeno a las necesidades de los migrantes es un programa previo denominado Barcelona Intercultural 2012-2015 que “se enmarca dentro de la Dirección de Derechos de Ciudadanía e Inmigración, y depende, por tanto, del Área de Derechos de Ciudadanía, Participación y Transparencia del Ayuntamiento de Barcelona”. Este programa está pensado desde una forma de colonialismo interno puesto que a pesar de que una de sus líneas de acción propone dar a conocer la diversidad cultural presente en la ciudad, favorece el uso de una sola lengua, la catalana, “como función cohesionadora”. Lo que en algunas situaciones puede ser visto, y aplaudido, como una emancipación cultural (el movimiento independentista catalán, por ejemplo), en otras es visto como imposición cultural (acogida de migrantes y refugiados), especialmente cuando se habla de un programa intercultural donde se privilegia “el uso y el conocimiento del catalán como lengua común, que convive y se enriquece con la diversidad lingüística propia de la sociedad catalana actual” (Ayuntamiento de Barcelona, 2016).

En este sentido, si lo que en sus inicios (1950) se pensó como una solución para transitar de una época de guerra a otra de paz mediante la firma de convenios particulares (específicamente el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1952) que pudieran unificar la Europa de mediados del siglo pasado y evitar conflictos posteriores, como los que ya habían azotado a la región en varios momentos; en este siglo, 65 años después de su creación, la Unión Europea es un proyecto incompleto que contraviene sus propios compromisos de frente a la población europea y no europea.[7]

Puedo situar por lo menos tres momentos que han sacudido el proyecto europeo durante el presente siglo: la crisis financiera internacional de 2008 que impactó principalmente a Grecia (Grexit), España, Portugal, Irlanda y Chipre; la actual crisis de refugiados; y sin duda, el reciente referéndum realizado en Reino Unido, donde un porcentaje de la población británica apoyó la salida del país de la Unión Europea (Brexit):

Again from this point of view the comparison between Grexit and Brexit could prove instructive. The weakness of Greece–abandoned by all those who logically ought to have supported its demands–has led to a regime of internal exclusion; conversely, the relative strength of the UK (which can count on solid support within the EU) will doubtless lead to an accentuated form of external inclusion. Is that to say that this isn’t a turning point? Obviously not. Let’s briefly examine the ‘British side’ and the ‘European side,’ before explaining why they are not separable, but instead represent two sides of one same coin. (Balibar, 2016: 112)

De frente a este panorama no tan optimista con respecto a los ideales de lo que en sus inicios fue la conformación de la Unión Europea, es que propongo pensar sus fronteras internas y externas más allá de la utopía que presupone el espacio Schengen.[8] Una utopía que en el imaginario colectivo se vincula con el modelo de sociedad cosmopolita, a pesar de que los filósofos que lo pensaron, especialmente Kant, que se refirió al derecho cosmopolita, no lo asociaba propiamente con una “república mundial” por las complejidades epistémicas que implica pensar en una “soberanía internacional”.[9]

Es decir, lo que actualmente ha puesto en jaque al proyecto europeo es solo la punta del iceberg de una serie de situaciones no resueltas que ha ido arrastrando la Unión Europea desde su creación. Con ello no quiero decir que todo lo que se ha hecho en más de medio siglo sea incorrecto, todo lo contrario, considero que ha sido un proyecto visionario de comunidad que, desafortunadamente, como los son los grandes proyectos teóricos, al momento de llevarlos a la práctica es que empiezan a fallar. Sin duda la Unión Europea ha promovido grandes cambios en el bienestar de la mayoría de su población, pero, lamentablemente, ese bienestar, a su vez, ha provocado un recelo desmedido contra el otro, el extranjero, el migrante, el refugiado. Un temor irracional de “perder” lo que hasta ahora se ha conseguido:

Hay un mito romántico en el que Europa era un lugar de defensa de los derechos humanos. Es un discurso hegemónico que no permitía ver lo que se estaba dejando fuera. Con la crisis, el terrorismo, etcétera se ha visto que esta idea romántica no ha tenido nunca razón de ser. Existía porque la Europa de después de la guerra tenía el control de las personas que quería para trabajar. Con los refugiados de ahora ya no es posible controlar, es demasiada gente. Entonces todos los tratados, que la UE debía cumplir, se convierten en papel mojado. Los tratados de asilo dicen que nunca debe haber una deportación colectiva, y así están deportando. Ha habido una idea de Europa como la imperialista buena. Por ejemplo: Israel destruía Palestina y la UE llegaba y reconstruía. Ahora las cosas son distintas, porque Europa tiene un problema. Tal vez si el capitalismo financiero no hubiese logrado destruir la autoestima de griegos, portugueses, españoles y fomentar la extrema derecha, la crisis de los refugiados hubiese sido resuelta de mejor forma, con unos ciudadanos europeos con más confianza y menos temor (De Sousa en Andrades & Marín, 2016).

 

Externalizar las fronteras: el negocio del outsoursing

 

Como en su momento lo comenté con algunos colegas que me preguntaban sobre mi experiencia en la Unión Europea durante esta última década, considero que el saldo para la población que forma parte de ésta es positivo (especialmente en los ámbitos de educación, acceso a la cultura y actividades de entretenimiento, aunado a la posibilidad de movilidad humana interna y externa), pero el costo para mantener la maquinaria es altísimo para los países que la sostienen, específicamente los del norte de África, en distintos niveles: demográficos, energéticos, de securitización de sus fronteras y medioambientales:

Estos desafíos son demográficos: las poblaciones europeas envejecen, se estancan y se enfrentan a una joven población africana en aumento que ejerce una presión migratoria. Son energéticos: Europa necesita hidrocarburos, carbón e incluso energía solar procedente del continente africano. Son culturales y lingüísticos: África habla los idiomas de los colonizadores francófonos, anglófonos y lusófonos. Son securitarios: con la necesidad de asegurar las rutas marítimas y el clima de negocios para las empresas europeas y de recluir al yihadismo en África. Y, por último, los desafíos son medioambientales: existe una complementariedad en la captación y el almacenamiento de los gases de efecto invernadero (GEI), por ejemplo mediante la salvación de los bosques, y en la adaptación a los cambios climáticos y la resistencia frente a ellos. (Hugon, 2011: 68)

En este sentido, se puede afirmar que el proyecto como tal ha sido muy costoso para muchas personas, especialmente aquellas que ahora, con justicia histórica, demandan asilo en las costas europeas, pero que actualmente no solo no son escuchados, sino que empiezan a ser anulados, ignorados, desplazados fuera de sus lugares de origen y se encuentran en condiciones más precarias de las que habían huido, derivado de la política de exteriorizar las fronteras condensada en la “ruta detallada con todas las etapas concretas necesarias para volver a ordenar la gestión de las fronteras exteriores e interiores de la UE”, presentada en marzo de 2016.

En el boletín de prensa que da cuenta de esta sesión, se citan las palabras del comisario de Migración, Asuntos de Interior y Ciudadanía, Dimitris Avramopoulos, quien defiende la política exterior de reforzar la seguridad interna de la Unión Europea, sin menoscabo del costo social que esta agenda pueda conllevar para los refugiados:

En esta hoja de ruta presentamos las próximas etapas que debemos afrontar juntos para devolver lo antes posible la normalidad al funcionamiento del espacio de Schengen y que requieren la adopción de una serie de medidas importantes. En primer lugar, todos los Estados miembros deben acatar las normas: es preciso poner fin a la política de “permitir el paso”. Además, los Estados miembros deben conceder acceso a los solicitantes de asilo, pero denegar la entrada a quienes tengan meros fines de tránsito. En segundo lugar, hemos de subsanar las graves deficiencias detectadas en nuestras fronteras exteriores, pues obviamente nuestro espacio interior libre de controles fronterizos solo puede existir si protegemos firmemente nuestras fronteras exteriores. Para ello, los Estados miembros deben adoptar sin demora la propuesta de la Comisión relativa a la Guardia Europea de Fronteras y Costas presentada en diciembre [de 2015], de manera que pueda empezar a aplicarse ya en el verano. Ha llegado el momento de que los Estados miembros trabajen codo a codo, unidos por el interés común de salvaguardar uno de los mayores logros de la Unión. (Comisión Europea, 2016)

Desde mi perspectiva, era previsible que la Unión Europea llegara a la decisión de exteriorizar las fronteras del norte del Mediterráneo y dar carpetazo al tema de los refugiados y los migrantes sirios, afganos, iraquíes, marroquíes y todo aquel que quisiera intentar llegar al viejo continente. Hace algunos años ya lo había hecho España con Marruecos, ahora lo hace Bruselas, en nombre de los 28 representantes de los países europeos, con Turquía. ¿Y por qué era previsible?

Los debates sobre el territorio son amplios y a veces ambiguos, casi siempre aluden a la falacia naturalista kantiana de que la Tierra es redonda y finita.[10] Un argumento pertinente para la diégesis lógico-dimensional que sirve de pretexto y parcela el territorio de diferentes maneras, no solo como propiedad privada, sino también como soberanía territorial, uno de los conflictos que con la mal llamada crisis de refugiados salió a flote en varios países donde la derecha también ha ganado escaños debido a las facultades que tiene cada Estado miembro de la Unión Europea y del espacio Schengen para detener, deportar o brindar asilo a los refugiados de acuerdo a como está previsto en la regulación Dublín III, donde se estipula:

Artículo 13

Entrada y estancia

  1. Si se determina, atendiendo a pruebas o a indicios según se describen en las dos listas citadas en el artículo 22, apartado 3, del presente Reglamento, incluidos los datos mencionados en el Reglamento (UE) no 603/2013, que el solicitante ha cruzado la frontera de un Estado miembro de forma irregular por vía terrestre, marítima o aérea, procedente de un tercer país, el Estado miembro en el que haya entrado de tal forma será responsable del examen de la solicitud de protección internacional. Esa responsabilidad cesará 12 meses después de la fecha en que se haya producido el cruce irregular de fronteras. (Parlamento Europeo y el Consejo de la UE, 2013)

Lo que provocó la crisis en territorio europeo con la llegada de refugiados a mediados de 2015 fue el cuello de botella derivado de la ambigüedad del propio reglamento. Es decir, la mayoría de los refugiados querían, por un lado, llegar lo más al norte que se pudiera (frontera vertical), pero la instrucción desde el norte fue justo frenar la oleada de refugiados en la frontera horizontal del Mediterráneo. Los países del sur europeo hicieron lo propio, pero al momento de registrar a los refugiados, quienes tendrían que hacerse cargo de ellos serían justamente los países del sur, como se lee en el Artículo 13 arriba citado y resaltado en cursivas, pero dadas las desventajas que éstos presentan frente al resto de los países del norte de Europa, la primera reacción de muchos de sus gobernantes fue negarse a acoger a los miles de migrantes que a diario estaban entrando por las costas europeas.

En la actualidad, esta falta de consenso en la agenda migratoria europea y la presión que ha recaído en los países del este y del sur de Europa sirve de pretexto para que gobiernos como el de Hungría, auspiciados por la oleada populista de los referéndums, planee su salida de la Unión Europea:

El gobierno húngaro, que ya votó en su momento en contra de la reforma, continúa con su postura anti-inmigración. El primer ministro, Viktor Orban, conocido por sus posiciones extremistas en este asunto, ya anunciaba su opinión hace dos meses. Afirmaba en un discurso que el verdadero propósito de Bruselas asentando refugiados en Hungría es “reformar los principios éticos de Europa, cambiando, a su vez, las bases culturales y religiosas”. Orban anima a los ciudadanos húngaros a votar en contra, es decir, “por la independencia de Hungría”. (Selva Ortiz, 2016)

Derivado del cuello de botella provocado por el propio reglamento, Alemania toma la decisión de no aplicar el Dublín al pie de la letra en agosto de 2015, en parte, como afirma Bauman, porque “cada unidad territorial formalmente soberana podría servir hoy en día como un vertedero de problemas originados mucho más allá del alcance de sus instrumentos de control político” (2015: 270). Otro tanto porque los propios refugiados se negaban a registrase por temor a quedarse atrapados en la burbuja burocrática en un país en el que no querían vivir y preferían seguir avanzando hasta llegar a Alemania, una vez que Merkel presentó su política de puertas abiertas, también en agosto de 2015, que le costó el liderazgo europeo meses después.

Con la ambigüedad legal que supuso la acción de Alemania tampoco se respetaron otros acuerdos, como el sistema de reparto de asilados en Europa por cuotas.[11] Lo que desembocó en la entrada en vigor del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía que viola en todos los niveles la legislación vigente, principalmente en derecho internacional y derechos humanos, y, paradójicamente, el único beneficiado de esta situación es Erdogan, presidente turco.[12] Insinúo, paradójicamente, en el sentido del segundo momento del proceso autoinmune de las fronteras del Estado-nación al que me referí en el capítulo dos que alude específicamente a la externalización de las fronteras:

Pero hay algo más y que nunca se pondrá por escrito en las negociaciones: Erdogan ve esta crisis como una oportunidad para rehabilitarse internacionalmente y resarcirse de las críticas que políticos y medios de comunicación europeos han hecho de su forma de gobernar. No hay duda de que con esta crisis Turquía ha empezado a cotizar al alza en el mercado político e institucional europeo. Y, aunque de forma menos evidente, algo parecido sucede en Ankara. El «anclaje europeo» empieza a recuperar valor en una Turquía que se siente amenazada y aislada. Los bombardeos y el despliegue de tropas rusas en Siria han tensado las relaciones entre Ankara y Moscú, y Oriente Medio no es el espacio de proyección política y económica que Turquía había imaginado en 2011. (Soler, 2015: 35)

En este sentido, lo único que tendrían que hacer los países del sur de Europa sería detener y deportar a los refugiados, de preferencia hacer deportaciones masivas y en caliente, que contravienen su propia legislación mediante la instauración de los puntos críticos (hot spots) como se indica en la Agenda Europea de Migración:

En primer lugar, la Comisión implantará un nuevo enfoque de «puntos críticos», en los que la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (OEAA), Frontex y Europol trabajarán sobre el terreno con los Estados miembros situados en primera línea para proceder rápidamente a la identificación, el registro y la toma de huellas dactilares de los migrantes. Los trabajos de las agencias se complementarán mutuamente. Los solicitantes de asilo serán inmediatamente canalizados a un procedimiento de asilo en el que los equipos de apoyo de la OEAA ayudarán a tramitar lo más rápidamente posible los casos de asilo. Para las personas que no necesitan protección, Frontex ayudará́ a los Estados miembros coordinando el retorno de los migrantes irregulares. Europol y Eurojust ayudarán al Estado miembro de acogida en sus investigaciones con vistas al desmantelamiento de las redes de tráfico y trata de seres humanos (Comisión Europea, 2015).

Si bien es cierto que muchas personas tienen en mente como destino final Europa, la Unión Europea, derivado de un estado de bienestar distinto al que podemos acceder en nuestros países de origen (especialmente quienes venimos del Tercer Mundo), o derivado de, como ya lo mencioné, crisis económicas y, en la última década, a partir de 2001, de las mal denominadas guerras contra el terrorismo en Medio Oriente, perpetradas por los democracias occidentales (véase el capítulo dos para entender mejor este fenómeno), que han provocado el desplazamiento forzado de millones de personas a los países del norte de Europa (mayor al desplazamiento ocurrido durante la segunda guerra mundial); también es cierto que quienes más se han beneficiado con estas oleadas de refugiados son las poblaciones, los gobiernos y las industrias europeas. No solo porque los refugiados sirios, por mencionar un ejemplo, tienen un bagaje cultural y profesional superior a la media de los migrantes económicos, sino porque prácticamente todo el andamiaje de control fronterizo se realiza mediante outsourcing, donde “esa multiplicación de la forma de ‘empresa’ dentro del cuerpo social constituye, creo, el objetivo de la política neoliberal. Se trata de hacer del mercado, de la competencia y por consiguiente de la empresa, lo que podríamos llamar poder informante de la sociedad” (Foucault, 2009: 161).

Revísense por ejemplo las principales acciones que ha realizado Frontex, agencia creada en 2005 para mejorar la gestión de las fronteras externas y coordinar operaciones estratégicas entre los estados miembro.[13] También se pueden revisar varios de los programas que Frontex ha emprendido, como el EUROSUR (2013), después del naufragio masivo de Lampedusa, que supuestamente entra en vigor para evitar tragedias humanitarias, pero que en realidad es un programa para controlar las fronteras exteriores de la Unión Europea que consiste en:

[…] un sistema de vigilancia e intercambio de información diseñado para que los miembros de la red (Frontex y estados miembro) puedan compartir en tiempo real, datos relacionados con las fronteras a través de sus centros de coordinación nacional. Uno de los objetivos fundamentales de EUROSUR es evitar la entrada de migrantes y refugiados a la UE a través de un proceso de externalización de fronteras. Este proceso financia proyectos de colaboración como el Plan África español, mediante el cual la UE ha implementado sistemas de vigilancia en las costas de Mauritania o Senegal y ha establecido una red de Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) en países del norte de África. (Ortiz & Quiroga, 2014)

Además del EUROSUR, se han financiado otros programas como el Perseus, que consiste en “un sistema de vigilancia e intervención de la zona prefronteriza del Mediterráneo” (Ortiz, 2014).[14] Programas como el Perseus se han financiado usando fondos de la Unión Europea, específicamente del programa de investigación y desarrollo denominado FP7 (Seventh Framework for Research), que comprende del 2007 al 2013 (Comisión Europea, 2016)[15]. Aunque este programa ha concluido, y ya existe el sucesor (Horizon 2020), a la fecha todavía existen proyectos de securitización de fronteras externas (e internas) financiados por éste.

Lo que más llama la atención de estos programas, como ya lo mencioné arriba, es el impacto en lo económico, más no en lo social, en la defensa de los derechos humanos de los refugiados. Lo que, de alguna forma, me hace pensar que la crisis de refugiados en realidad sirvió para reactivar la economía en Europa derivado de sus políticas de externalización de fronteras (así como en otros momentos, hacer la guerra en países de Medio Oriente reactiva la economía estadounidense):

La evaluación ex post del 7º Programa Marco muestra que los 55 000 millones de euros invertidos en la investigación y la innovación en la UE durante siete años han resultado ser muy atractivos para los participantes del sector privado, incluido un número récord de pymes, lo que ha contribuido a reforzar la competitividad de las industrias europeas. El programa también puso en marcha cinco iniciativas tecnológicas conjuntas en ámbitos clave como los medicamentos innovadores y las pilas de combustible e hidrógeno.

Además, la evaluación ex post también constató que el FP7 ha tenido un impacto significativo en la creación de crecimiento y empleo en Europa. Los expertos han previsto que las inversiones con cargo al FP7 actuarán de detonante de un crecimiento económico de 20 000 millones de euros anuales aproximadamente durante un periodo de 25 años, es decir, 500 000 millones de euros en total, a través de sus efectos económicos directos e indirectos. También se estima que el programa es responsable de la creación de 130 000 empleos en investigación al año en un periodo de diez años y de 160 000 puestos de trabajo suplementarios por año durante 25 años. (Comisión Europea, 2016)

 

El por-venir o los límites de la ciudadanía social

Como se puede observar, estas políticas liberales corroboran lo que Foucault mencionó hace algunos años: “La libertad no es otra cosa que el correlato de la introducción de los dispositivos de seguridad” (Foucault, 2008: 61). Un correlato que se vincula íntimamente con la economía política, con la mundialización, y curiosamente, con la posibilidad de movimiento condicionada. Es decir, lo que en otros momentos he analizado, la diferencia entre el uso incondicional del imperativo categórico kantiano, que indica un mandato condicionado, a diferencia del uso incondicional derridiano que se refiere a un “sin condición” absoluta, en el sentido literal, por ejemplo, de la hospitalidad, sin preguntar de dónde viene, a dónde va, cuál es su nacionalidad, o por qué huye de su país de origen. Lo que observamos en la realidad europea es el andamiaje económico y político de un bloque de estados que condiciona, en función de su territorio y de intereses particulares, la libertad de circulación de las personas para su propio beneficio:

Y es esa libertad de circulación en el sentido amplio de la expresión, esa faceta de circulación, lo que es menester entender, creo, cuando se habla de libertad, y comprenderla como una de las facetas, uno de los aspectos, una de las dimensiones de la introducción de los dispositivos de seguridad. (Foucault, 2008: 61)

Lo que observamos es sin duda una simulación de lo que, en nombre de los derechos humanos, de la democracia, del Estado de derecho, se traduce en un negocio redondo, como ha sido en las últimas décadas el fenómeno migratorio, cuyos engranajes parecen estar tan bien aceitados que incluso las organizaciones no gubernamentales (ONGs) se prestan para recrear este juego.

Las críticas a la ONGs llevan varios años en la agenda pública de los defensores de derechos humanos. Es de todos conocidos que muchas de estas organizaciones, a veces familiares, otras corporativas, no solo reciben grandes cantidades de recursos para realizar actividades que los gobiernos han dejado de hacer, como protección, seguimiento, acompañamiento de migrantes en tránsito, sino que algunas de éstas también colaboran directamente con los gobiernos:

La Cruz Roja trabaja en el CIE y ACNUR pasa información a Frontex de forma directa desde hace años. Yo he visto a gente de esta ONG entrando en las oficinas de Frontex para trabajar allí a diario. Se trata de una industria de los derechos humanos. ACNUR, Cruz Roja, Cáritas o Amnistía Internacional colaboran directamente con el sistema de control migratorio para realizar un lavado de imagen de Frontex. Por otro lado, hacen una utilización de la población refugiada-migrante racializada donde se genera una imagen de inferioridad. (Pérez, 2016)

En este punto, es fundamental comparar el caso de México, con lo que sucede en Europa, porque en el primer caso, casi siempre estas actividades recaen en la red de albergues, la mayoría de éstos pertenecientes a la diócesis, que existe a lo largo y ancho del territorio. En parte porque la legislación vigente lo permite,[16] y en algunos otros casos, quizá lo menos, porque es una forma de lucrar con la vulnerabilidad ajena. Mientras que en España, por ejemplo, las organizaciones no gubernamentales, a no ser las que están subvencionadas por el gobierno para encargarse de “la atención humanitaria a personas inmigrantes en situación de vulnerabilidad” (y son fuertemente cuestionadas por otros sectores),[17] tienen poco tiempo de estar participando en la defensa de los refugiados y surgieron al vapor en los últimos años, por mencionar solo algunas de las que conocí en mi paso por España y Grecia: Proactiva Open Arms, Watch The Med, Canal de Refugiados.[18]

La diferencia que encuentro entre estas dos regiones con respecto a la participación de la ciudadanía de frente al fenómeno migratorio o de movilidad humana radica que en el caso de México se ha avanzado para incidir en políticas públicas, mientras que en el caso español, se ha hecho un uso eficiente de la tecnología para mapear y visualizar no solo la existencia de albergues en las costas europeas, sino también para identificar los puntos críticos (hot spots) desde donde se hacen deportaciones masivas y en caliente que han sido fuertemente cuestionados por varias de éstas organizaciones.[19]

Estas diferencias sin duda son un detonante particular en la Europa contemporánea puesto que una de las críticas constantes que se le hacen a la Unión Europea radica en la participación real de la ciudadanía en la toma de decisiones. Como se sabe, es el Parlamento Europeo que lleva la voz de la población de a pie y se compone de 751 eurodiputados que se eligen cada cinco años de acuerdo a una proporción aproximada de la población de cada Estado miembro. La pasada elección ocurrió en 2014 y desde entonces los analistas ya vislumbraban la escalada de los euroescépticos y los eurófobos para los siguientes años, y la caída en las encuestas sobre la credibilidad de la Unión Europea de cara a la ciudadanía:

La novedad de estas elecciones reside en que, según el Tratado de Lisboa, el Consejo Europeo deberá “tener en cuenta los resultados electorales” en la selección del candidato propuesto para presidente de la Comisión, lo que reforzará la trascendencia política de estas elecciones. En mayo de 2014 decidiremos si queremos una UE más competitiva pero también socialmente cohesionada o sólo fiscalmente consolidada; si queremos una Europa segura pero también respetuosa con los derechos fundamentales de los inmigrantes, vengan de donde vengan; si respetamos el derecho de libre circulación y establecimiento para todos o sólo para los ciudadanos más pudientes; si aplicaremos colectivamente medidas contra la especulación financiera y una fiscalidad progresiva a las rentas del capital y no sólo del trabajo o si la inacción de cada gobierno seguirá escudándose en la falta de acción del resto; si coordinamos la respuesta de más de 500 millones de ciudadanos a los retos de protección de datos, energías renovables, seguridad, igualdad de género, etc., o continuamos actuando como liliputienses ante Estados Unidos, China, Rusia o la llamada globalización. Nosotros decidimos. (Guirao, 2014: 2)

Han pasado más de dos años y el escenario es completamente distinto al que se bosquejó con esas elecciones. En este sentido, lo que en la última década se observó como un posicionamiento de la ciudadanía organizada frente a las políticas excluyentes de los gobiernos en varias ciudades (pienso en la Primavera Árabe, en el 15M o en el Occupy Wall Street), en la actualidad, la preocupación de muchos teóricos es el giro que está teniendo la participación de esta ciudadanía, derivado de los populismos de derecha en casi todo el mundo, que, en el fondo, responden a una crisis de la representación como tal.

Para nuestro análisis de la crisis que hoy conoce la noción misma de ciudadanía social y de las formas que reviste el desmantelamiento programado del Estado social, es decisivo saber quién es el responsable de esta crisis que afecta tanto la seguridad del empleo como la cobertura universal de salud, la democratización del acceso a la enseñanza superior y la liberación doméstica o profesional de las mujeres, y finalmente el principio representativo. ¿Es principalmente el resultado de un ataque lanzado desde el exterior por el capitalismo […]? ¿O bien es el resultado de las contradicciones internas de la ciudadanía social, y del hecho que esta última haya alcanzado sus propios límites históricos? (Balibar, 2013: 99)

Después de mi última estancia en Europa, durante el primer semestre de 2016, un año sin duda de importantes cambios para la región, coincido con Balibar en el segundo aspecto: lo que observé estos meses fue que la ciudadanía social no ha podido resarcir sus contradicciones internas y esto ha propiciado que la población haya alcanzado sus “propios límites históricos” que, en palabras de Balibar, estos límites derivan de “la proliferación de las burocracias y de las instancias jurídicas supranacionales”, y, aludiendo al ejemplo de Europa, afirma lo siguiente:

Esto se ha visto cuando la Unión Europea exigió a sus ciudadanos nominalmente soberanos (pero de segundo grado) que ejerciera su función constituyente según los códigos estatales, mientras que ella misma no es otra cosa que el fantasma de un Estado, puesto que no conlleva ningún elemento de identificación colectiva de veras eficaz y puesto que, por otro lado, a pesar de la crisis económica, no debe enfrentarse a ningún movimiento social generalizado susceptible de transnacionalizar el conflicto político. Una estructura semejante quizás prefigure la forma de supervivencia de la institución estatal de la ciudadanía que se halla ante nosotros, en nuestro porvenir, y representaría de hecho, bajo el nombre de gobernanza, una forma de estatismo sin Estado. (Balibar, 2012: 43)

Años después de que Balibar haya escrito lo anterior, observamos premonitoriamente la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Estaba en Croacia, en un congreso sobre hispanistas cuando nos llegó la noticia, un jueves por la madrugada se dieron a conocer los resultados. Muchos de los que estábamos ahí no lo creíamos. Otros, los que a veces se posicionan del lado de los “euroescépticos” afirmaban que esta situación no iba a cambiar en breve el contexto europeo, y, en parte, tiene razón porque pueden pasar hasta más dos años para que el Reino Unido deje de ser parte de la Unión Europea. Especialmente porque la primera ministra británica, Theresa May, ha declarado que las negociaciones con la Unión Europea referente al Brexit iniciarán una vez que su gobierno haya elaborado una hoja de ruta, lo cual puede ser a finales de este año o principios del otro.

Con los resultados del Brexit, 51% a favor de la salida de la Unión Europea, se barajaron diferentes crisis; primero, se especuló con la financiera, luego con la migratoria, tanto de los países que tienen un alto índice de inmigrantes en Inglaterra, como Polonia, tanto por los emigrantes ingleses que viven en el resto de Europa. Sin embargo, lo que realmente está en juego es el libre comercio de Inglaterra con el resto del mundo, pues una vez fuera de la Unión, el “mercado único” europeo entrará en conflicto por la posible competencia que se pudiera dar entre los Estados miembro e Inglaterra para allanar mercados, como afirma Mario Monti, excomisionado europeo:

Si los Estados miembros y centrales de la UE persiguen acuerdos individuales con el Reino Unido en vez de tratarlo de manera apropiada y colectiva, y si la Comisión se inclina ante la presión de los Estados para reducir sus poderes comunitarios aún más, entonces la UE acabará por rendirse a un sitio naval por parte del Reino Unido en vez de establecer simplemente nuevas y cordiales relaciones con un país que ha decidido navegar de forma separada a otro destino. (Rodríguez-Rata, 2016)

Además de lo anterior, otros dos temas que quedan pendientes y no son menores, será la relación entre Irlanda del Norte, lo mismo que de Escocia, con la Unión Europea. Ambos votaron por permanecer, pero están sujetos a las condiciones del Brexit. Mientras que la República de Irlanda sigue siendo miembro de la Unión, situación que altera el control vigente de la única frontera terrestre que existe entre los estados miembro de la Unión, puesto que la frontera irlandesa, el Área de Viaje Común (CTA en inglés), que comprende el Reino Unido, Irlanda y las islas de Man y el Canal de la Mancha, nuevamente quedará en manos del gobierno inglés, y al parecer hay disposición de ambos gobiernos para no endurecer los controles fronterizos en la zona, aunque lo que preocupa a una parte de la población es la posible unificación de las Irlandas que, a su vez, pueda desembocar nuevamente en conflictos internos.

Previo al referéndum tenía mis reservas del resultado dado el ambiente xenófobo que se respiraba en algunos puntos del Reino Unido, provocado, en mucho por la campaña en contra de la Unión Europea emprendida por Nigel Farange, ex-líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), quien en repetidas ocasiones afirmó “La Unión Europea está muriendo”, basando su argumento principalmente en posiciones racistas (antiislámicas particularmente) y homófobas que se observan en un discurso contradictorio, dada su activa participación en el parlamento europeo, pero siempre conservador, y en defensa de la soberanía británica frente al resto de Europa. El póster que presentó un día antes del asesinato de la congresista Jo Cox, defensora de la migración y perteneciente al Partido Laborista, dio muestras de ello, y aunque la sociedad reaccionó indignada, no solo frente al brutal asesinato de la congresista, sino también contra las tácticas mediáticas de Farange, ya era demasiado tarde para revertir el resultado del Brexit.[20]

Además de Farange, ubico a dos personas más que fueron clave en el referéndum británico realizado el 23 de junio de 2016: David Cameron, primer ministro inglés, que presentó su renuncia inmediatamente después que se dieron a conocer los resultados; y Boris Johnson, exalcalde de Londres, un conservador que también dimitió al poco tiempo. Sin el empuje populista de Cameron para realizar el referéndum no se habría llegado al Brexit, y sin la escuela de Margaret Tatcher para salir más pronto de la Unión Europea, Johnson no hubiera tenido tanto impacto. No analizaré con más detalle el tema del Brexit porque seguramente se escribirán bastantes libros sobre ello, así como se han llenado las páginas de los periódicos con opiniones en contra y a favor después de los resultados, y sobre todo especulando sobre el por-venir de Europa.

Lo que queda claro es el fracaso de la utopía de las no-fronteras en Europa, una utopía que como menciona Bauman “dependerá en última instancia de sus actores”. Al primer corte, el resultado es desfavorable por lo menos en los tres niveles que he analizado: la ciudadanía, el territorio y la soberanía. Se escribirá un capítulo posterior en la historia de la Unión Europea que posiblemente le de la razón a muchos intelectuales que han cuestionado, por un lado, el mal manejo de la toma de decisiones en la Unión Europea, pero que seguirán creyendo que ese esquema es mejor que lo anterior:

Por otro lado, como europeos, debemos hacer todo lo posible para asegurarnos de que la UE ha aprendido las lecciones de este penoso revés, cuyas raíces están en la historia europea reciente, además de la británica. Porque, si la UE y la eurozona no cambian, acabarán devoradas por mil versiones continentales de Farage. Y, con todos sus defectos, la Unión todavía merece la pena. Ya he adaptado anteriormente la famosa frase del gran europeo Winston Churchill sobre la democracia: esta es la peor Europa posible, aparte de todas las demás Europas que se han probado en otras ocasiones. (Garton, 2016)

Desde mi perspectiva, como la de otros teóricos, a raíz de esta crisis que derivó en el Brexit, y en un preocupante aumento de los populismos de derecha en otros países de Europa, es necesario dejar de proponer referéndums, y empezar a replantear el proyecto europeo, con un modelo distinto de sociedad no solo aplicable al interior de sus fronteras, sino también éticamente responsable con los países que son sus aliados estratégicos, pienso en Turquía, Marruecos, por mencionar solo algunos.[21] Es decir, lo que esta sucesión de eventos ha generado se debe revertir en el corto plazo con un proyecto de largo plazo, de otra forma se seguiría parchando la legislación vigente pero sin un rumbo determinado:

It will take a very long march and perhaps other brutal shocks before we arrive at the conjugation and clarification–in the eyes of the majority of citizens, across borders–of the close interdependence between shared sovereignty, transnational democracy, alter-globalisation, the co-development of regions and nations, and exchange among cultures. We are not at that point, and time is running short … All the more reason–if we do believe in Europe, as I do–to continue without relent to explain what is going on. (Balibar, 2016: 116)

Antes de terminar este capítulo me interesa eslabonarlo con el siguiente. Para ello retomo el acuerdo de la Unión Europea con Turquía puesto que las consecuencias de la decisión preocupan en varios sentidos: 1) ¿Quién va a garantizar los derechos humanos de los refugiados y los migrantes que el gobierno de Erdogan supuestamente se encargará de deportar o dar asilo? 2) ¿Qué autoridad moral pueden tener de ahora en adelante los organismos internacionales en casos particulares cuando han mostrado una incapacidad política para defender a miles de refugiados? 3) ¿Será esta decisión el inicio de una nueva guerra fría, como afirman algunos analistas? ¿A quiénes les conviene la alianza UE-Turquía frente a las actuales guerras en Medio Oriente y a la histórica confrontación Rusia-Estados Unidos?

Si el acuerdo anterior no fue suficiente para dudar de las intenciones de la Unión Europea y la necesaria implementación de externalizar las fronteras, para evitar un colapso entre los Estados miembro, hace algunas semanas se presentó una propuesta denominada Migration Partnership Framework, una versión matizada de la anterior, que involucra a otros actores, otros países del norte de África, no solo a los de la Liga Árabe, lo que permite, como se dice coloquialmente, “matar dos pájaros de un tiro”: quitarle a Erdogan el control sobre la conducción de las fronteras fuera del espacio Schengen; y hacer corresponsables a los estados de Medio Oriente de las guerras civiles de la región que orillan a sus ciudadanos a pedir asilo en Europa, así como a los gobiernos Africanos de las condiciones económicas que orillan a sus conciudadanos a migrar a Europa.

El “Nuevo Marco de Asociación en Materia de Migración: una cooperación reforzada con terceros países para gestionar mejor la migración” (Migration Partnership Framework), como aparece en el comunicado de prensa, pretende: “establecer asociaciones a medida con los principales terceros países de origen y de tránsito, empleando para ello todas las políticas e instrumentos de que dispone a fin de obtener resultados concretos” (Comisión Europea, 2016). Para ello, este nuevo marco estará sustentado en una serie de “pactos”, “que se desarrollarán conforme a la situación y a las necesidades de cada país socio, según se trate de un país de origen, un país de tránsito, o de un país que acoge a un gran número de personas desplazadas”.

Sin duda esta forma de redireccionar la política migratoria y la política de asilo puede ser que funcione a largo plazo, pero no resuelve en lo inmediato la situación en la que se encuentran miles de refugiados, ya sea en el interior del espacio Schengen o en los campos de refugiados turcos, como tampoco resuelve el centenar de muertes de la última semana en las costas libias. Aunado a esta propuesta, falta revisar el Reglamento Dublín, específicamente el Artículo 13, el que se refiere a la entrada o estadía en la Unión Europea de los solicitantes de asilo. De igual forma, es necesario repensar la política de externalizar las fronteras que seguirá presente en el imaginario colectivo de varios gobiernos. Finalmente, es necesario reabrir las fronteras internas que ciertos países de la Unión Europea han cerrado para impedir el tránsito de personas desplazadas. Así como proponer políticas culturales que combatan el racismo y la xenofobia al interior de Europa. Si realmente se quiere hacer un cambio “global”, como afirma Federica Morgherini, Alta Representante y vicepresidenta de la Comisión Europea, es necesario proponer un combo completo, de otra forma se estará parchando un hueco administrativo y ensanchando un hoyo legal.

Este combo, sin duda, está íntimamente ligado y debe coexistir con los países que quedan del otro lado del Mediterráneo; sin embargo, mientras siga existiendo una situación de codependencia colonial entre ambos lados de esta frontera vertical será prácticamente imposible frenar la movilidad humana provocada por cuestiones económicas o por violencia institucionalizada.


* Pueden bajar el libro Cartografía de las fronteras. Diario de campo, Roxana Rodríguez (2016), de academia.edu o Amazon.

[1] Actualmente los estados miembro de la Unión Europea son los siguientes: Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Alemania, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Irlanda y Reino Unido (la salida de éstos últimos de la Unión Europea no es inmediata a pesar de la resolución del referéndum (Brexit), véase art. 50 del Tratado de la Unión Europea: “Los Tratados dejarán de aplicarse al Estado de que se trate a partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años de la notificación a que se refiere el apartado 2, salvo si el Consejo Europeo, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo”). De estos 28 países, Reino Unido e Irlanda no forman parte del espacio Schengen pero participan en ciertas actividades conjuntas con el resto de los países miembro, especialmente en temas de cooperación policial y judicial; mientras que Bulgaria, Rumanía y Chipre no forman parte del espacio Schengen por no cumplir con los requisitos de seguridad establecidos. Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, no forman parte de la Unión Europea y sí del espacio Schengen. Tres países (Dinamarca, Suecia y el Reino Unido) decidieron, por razones políticas y técnicas, no adoptar el euro cuando fue lanzado. Eslovenia se incorporó a la zona del euro en 2007, seguida de Chipre y Malta en 2008, Eslovaquia en 2009, Estonia en 2011 y Letonia en 2014. La zona del euro abarca por tanto dieciocho países de la UE, y los nuevos Estados miembros se unirán una vez hayan cumplido las condiciones necesarias (Fontaine, 2014: 25).

[2] La doble nacionalidad ha sido la ruta de escape de las crisis argentinas para muchos (La Nación, 2000). Entre los países miembro de la UE algunos estipulan la adopción de su ciudadanía a descendientes de connacionales. Por ejemplo, en 2008 entró en vigor de la Ley de Memoria Histórica en España, la cual permitió la solicitud de la ciudadanía española a los nietos de españoles, descendientes de emigrantes o exiliados políticos (BBC Mundo, 2009). Previo a la movilidad argentina hacia Europa, en los años ochenta del siglo pasado, también se dio una migración importante de chilenos derivada de la dictadura y la crisis económica (1982).

[3] Esto se observa con el levantamiento del muro, que pasó de 3 metros de altura en 1998, a 6 metros en 2005; posteriormente, en 2007, se agregó una sirga tridimensional de 3 metros de altura, y durante 2013 y 2014 se añadieron mallas antitrepa y alambres de cuchillas en la parte más alta). (Blasco de Avellaneda, 2013; Íbid. 2014; Desalambre, 2013)

[4] El Artículo 23, inciso 1, a la letra dice: “Cuando en el espacio sin controles en las fronteras interiores se presente una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior de un Estado miembro, este podrá restablecer los controles fronterizos en partes específicas o en la totalidad de sus fronteras interiores, con carácter excepcional y durante un periodo de tiempo limitado no superior a 30 días, o mientras se prevea que persiste la amenaza grave cuando su duración sobrepase el plazo de 30 días”.

[5] La riqueza de estudiar las fronteras de un proyecto como la Unión Europea radica precisamente en que es un laboratorio, como afirma Bauman en “el que diariamente se diseñan, se discuten y se ponen a prueba en la práctica diversas formas de afrontar tales desafíos y abordar tales problema” (Bauman, 2015.271) a diferencia de lo que sucede en otras fronteras del mundo, donde los cambios en políticas públicas se dan a cuenta gota y donde prevalecen los usos y costumbres, incluso de las instituciones.

[6] Sobre este aspecto de la construcción identitaria de los sujetos migrantes se puede consultar el libro Cultura e Identidad en la región fronteriza México-Estados Unidos, específicamente el capítulo primero donde afirmo: “A pesar de la dominación estadounidense, el migrante mexicano ha revertido la colonización interna gracias a que ha reconfigurado su posición social dentro de la comunidad dominante mediante un proceso indirectamente proporcional al esperado por el grupo en el poder. Es decir, los migrantes al tener que contrarrestar los ataques certeros de ciertos grupos radicales de la población estadounidense, comienzan a conformar movimientos sociales, a tomar parte en ellas decisiones de poder y a hacer valer el poder que tienen como capital humano en la economía de esa zona” (Rodríguez, 2013: 34).

[7] Sobre la creación, motivos, historia de la Unión Europea existe mucho material digital en las diferentes páginas de internet, los documentos clave de su conformación son La Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (Helsinki,1975), la Carta de París para una Nueva Europa (París, 1990), El Tratado de la Unión Europea, en éste se determina lo siguiente: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres” (Artículo 2) (Maastricht, 1992).

[8] Léase, por ejemplo, el inciso referente a los “Derechos Humanos, Democracia y Estado de Derecho” de la Carta de París: “Nos comprometemos a edificar, consolidar y reforzar la democracia como único sistema de gobierno de nuestras naciones. En este esfuerzo, obraremos de acuerdo con lo siguiente: Los derechos humanos y las libertades fundamentales son patrimonio de todos los seres humanos, son inalienables y están garantizados por la ley. Su protección y fomento es la primera responsabilidad de los gobiernos. Su respeto es una salvaguardia esencial contra un excesivo poder del Estado. Su observancia y pleno ejercicio son la base de la libertad, la justicia y la paz” (1990).

[9] Derrida hace mención al cosmopolitismo de la siguiente manera: “Para mí, las grandes referencias para discutir aquí son Kant y Hannah Arendt. Ambos estaban a favor de un Derecho Internacional y a la vez excluían, e incluso condenaban, la hipótesis de un Superestado o de un gobierno mundial. No se trata como ocurre hoy, de atravesar crisis más o menos provisionales de la soberanía para desembocar en un Estado mundial, en un Estado-mundo. Esta desestatización absolutamente nueva e inaudita nos llevaría a pensar, más allá de lo que Kant o Arendt formularon de manera determinada, en la nueva figura por venir de un último recurso, de una soberanía (digamos mejor, y más simplemente, pues ese nombre, ‘soberanía’, sigue siendo muy equívoco, demasiado teológico-político: una fuerza o poder, una cracia), de una cracia aliada a, o incluso que forme una unidad con, no solamente el derecho sino también la justicia”. (Borradori, 2003: 175)

[10] Este argumento lo elaboro con más detenimiento en el texto “Les limites de l’hospitalité à la frontière entre le Mexique et les États-Unis”. En ese texto menciono: “En La metafísica de las costumbres, Kant le da un giro a su argumentación y emplea otras premisas, haciendo énfasis en el problema del uso del suelo (apropiación-ocupación; posesión-residencia), para justificar la consolidación de estados jurídicos; es decir, para justificar el tránsito del estado de naturaleza al estado civil. Para Kant este tránsito es un problema lógico-dimensional porque si la Tierra “fuera un plano infinito, los hombres podrían diseminarse de tal modo que no llegarían en absoluto a ninguna comunidad en sí, por tanto, ésta no sería una consecuencia necesaria de su existencia sobre la tierra’” (Kant, 2008: 78). Y no habría necesidad de establecer un sistema de derecho, pero al ser la tierra finita entonces propone el derecho cosmopolita como una forma de establecer leyes universales, aunque solo en función de los flujos comerciales, no en función de la movilidad humana.

[11] Esta propuesta que se votó a favor en septiembre de 2015, a pesar de que cuatro de los Estados miembro de la Unión Europea (especialmente de Europa del este) manifestaron su inconformidad ha sido un rotundo fracaso, para abril de 2016 las cifras dan cuenta dude ello: “Bruselas se comprometió a repartir a 160.000 refugiados que ya habían conseguido llegar a Grecia e Italia. Siete meses después, la cifra total apenas llega a 1.145, menos de un 0,8% del total” (Pérez de la Cruz, 2016).

[12] Este acuerdo fue firmado el 18 de marzo de 2016, y puesto en marcha en abril de 2016. El punto principal es que Europa podrá expulsar a Turquía a todos los migrantes irregulares que hayan llegado a Grecia desde Turquía después del 20 de marzo; por cada “migrante irregular” proveniente de esta ruta que sea retornado a Turquía, la Unión Europea se compromete a aceptar a un sirio asentado en Turquía, hasta alcanzar un límite de 72 000. Además, Turquía se compromete a aumentar la vigilancia y el control en sus fronteras para evitar que las personas sigan cruzando a Grecia. A cambio, Turquía recibiría 6,000 millones de euros para financiar este proceso y la aceleración de la supresión del visado de los turcos para la Unión Europea (siempre y cuando Turquía cumpla con los criterios de referencia) (Consejo de la Unión Europea, 2016).

[13] En lo que va de 2016 (hasta el 8 de julio de 2016) Frontex se ha encargado de 27 operaciones, todas ellas de retorno, o bien, como se describe en uno de los manuales de la UE de retorno de las personas que no tienen derecho a asilo en Europa (Comisión Europea, 2015). Es interesante notar que Alemania ha liderado alrededor de 52% de estas últimas (cálculos propios con base en el archivo de operaciones).

[14] Para más información sobre el Perseus se puede consultar su página de internet: http://www.perseus-fp7.eu

[15] Resulta curioso que muchos de links de esta página, a documentos importantes de lo que significa, por ejemplo “Building the ERA of knowledge for growth” o “guidelines for future European Union policy to support research COM (2004) 353” están deshabitados y no es posible contar con más detalles de lo que se está haciendo en nombre de la “investigación y desarrollo” en cuestión de fronteras.

[16] Los organismos encargados de la política migratoria en México dependen de la Subsecretaria de Migración, Población y Asuntos Religiosos, perteneciente a la Secretaría de Gobernación (SEGOB). En el Reglamento Interior de la Secretaría de Gobernación, publicado en el DOF: 2 de abril de 2013; Reformas: 15 de enero de 2014 y 25 de septiembre de 2015, capítulo VIII, articulo 21, fracción XVI se indica: “Someter al Subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos, previa opinión de las dependencias competentes en términos de la Ley de Migración y demás disposiciones jurídicas aplicables, los acuerdos para fijar, suprimir y cerrar temporalmente los lugares destinados al tránsito internacional de personas por tierra, mar y aire; para suspender o prohibir el ingreso de personas extranjeras al territorio nacional; así como para determinar los municipios o entidades federativas que conforman las regiones fronterizas o aquéllas que reciban trabajadores temporales”.

[17] En el caso del gobierno español, la Secretaria de Migración depende del Ministerio de Empleo y Seguridad, a diferencia de lo que sucede en México, por ejemplo. En 2006 se publicó el real decreto 603/2006 que “regula la concesión directa de subvenciones a determinadas entidades”, con base en “El Acuerdo de Consejo de Ministros de 28 de enero de 2005, por el que se aprobó un Programa de Acogida a inmigrantes en situación de vulnerabilidad y el Plan de Acción Inmediato, desplegado por el Gobierno en el mes de marzo de 2006 para abordar la situación creada con la llegada de inmigrantes irregulares a las costas españolas procedentes de Mauritania y de otros países subsaharianos, sirven de marco para las actuaciones objeto de las subvenciones previstas en este Real Decreto”. Estas organizaciones, la Cruz Roja Española (CRE), la Asociación Comisión Católica Española de Migración (ACCEM), la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), el Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Inmigrantes (CEPAIM), el Movimiento por la Paz el Desarme y la Libertad (MPDL), son las que se encargan del “acompañamiento” de migrantes y refugiados en varios niveles, en las diferentes etapas del proceso de acogida, para aquellos que se pueden quedar en territorio español, aunque lo que observamos en los últimos meses han sido un aumento en las deportaciones en caliente (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2006).

[18] En la investigación de campo que realicé en Idomedi y Tesalónica, Grecia, en julio de 2016, me fue de gran utilidad contar con el mapeo desarrollado en una plataforma bastante comercial como es Google Maps por el grupo de voluntarios pertenecientes al Canal de Refugiados. Sin este mapeo actualizado en tiempo real de los campos de refugiados existentes a partir de la implementación del acuerdo entre la UE-Turquía que entró en vigor el 4 de abril de 2016, y que consistió en deportar a Turquía a los miles de refugiados que estaban en Grecia, sería imposible saber el destino de todas estas personas. Desafortunadamente, estos campos de refugiados, a donde movieron a todas las personas que se encontraban en campos improvisados, como el de Idomeni o Park Hotel, son campos militares en desuso, en la mayoría de los casos, y están bajo el control del ejército griego; mientras que la “labor humanitaria” queda en manos de algunas organizaciones como ACNUR, Cruz Roja o Amnistía Internacional. Esta situación impidió que pudiera entrar a alguno de ellos para conocer la situación de los refugiados.

[19] Para conocer más sobre el hot spot approach, que en teoría consiste en facilitar la reubicación temporal de los solicitantes de asilo a través del apoyo operativo en la identificación, registro, toma de huellas dactilares y entrevistas a dichos solicitantes, pero en la práctica no funciona así por varias limitantes, entre ellas porque los países de llegada, espacialmente Italia y Grecia, quieren eludir el Reglamento Dublín III (arriba mencionado) (Comisión Europea, 2015).

[20] Una imagen en la que se observa una larga fila de refugiados como fondo, Farange al frente del lado derecho y el texto en inglés en letras rojas: “Breaking point” y abajo en una tipografía de menor tamaño y color blanco “The EU has failed all us” (Carswell, 2016).

[21] La Unión Europea desarrolló una política europea de vecindad (PEV), que rige las relaciones con sus vecinos del este (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania) y del sur (Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Territorios Palestinos, Siria y Túnez), aunque en muchos casos, estos países son la primera frontera de acceso a la Unión Europea porque estas alianzas sirven para frenar la inmigración irregular, la interrupción del suministro de energía, la degradación del medio ambiente, la delincuencia transfronteriza organizada y el terrorismo. (Fontaine, 2014: 10)

#Aquarius & #BrokenFamilies: ¿qué sigue en las fronteras del Estado-nación?

#DiaMundialDeLasPersonasRefugiadas

Llevamos varios años en una crisis humanitaria en todo el mundo porque no hemos sabido atender oportunamente el fenómeno de la migración. Los gobiernos han sido mezquinos con la adecuada aplicación de sus propias normas, tanto del derecho internacional, como de sus políticas públicas, y son indefendibles tanto quienes prefieren que se mueren los refugiados en el Mediterráneo (Unión Europea), como quienes dejan en manos del crimen organizado a los migrantes (México), o separan familias (Estados Unidos).

La historia de la migración es inmemorial y no da tiempo para analizar cada momento, pero sí es necesario ubicar en qué se ha fallado, qué practicas no solo se han reproducido sino también se han sofisticado, como se observa en tres situaciones muy puntuales: el establecimiento de los límites del Estado-nación como actualmente lo conocemos, la perpetuidad de los limis y los frons, solo que ahora más sutiles, y los dispositivos de seguridad de los que da cuenta la biopolítica y la necropolitica. Sobre los tres he escrito en otros textos, donde desarrollé el modelo epistemológico de la frontera y lo apliqué en varios continentes para poder hacer estudios comparados (véase Epistemología de la frontera. Modelos de sociedad y políticas publicas (2014) & Cartografía de las fronteras. Diario de campo (2016)).

Si consideramos la tres situaciones arriba mencionadas podemos comparar tanto lo que sucede en el Mediterráneo con lo que sucede en la frontera sur de Estados Unidos, e incluso con lo que sucede en la frontera sur de México; es decir, que los propios gobiernos europeos, estadounidense y mexicano se nieguen a reconocer que la oleada de personas en situación de movilidad (sean migrantes o refugiados) es consecuencia de las prácticas antidemocráticas y de acumulación del capital que se establecieron con el fin de la Guerra Fría, por lo que han preferido criminalizar el derecho a la movilidad que tenemos todas.

Al haber estado en varias fronteras, que en realidad son el cuello de botella de los países que intentan “frenar” la migración y las solicitudes de refugio y asilo, observo que el problema es más complejo de lo que aparenta, pero la solución debería ser más sencilla, lo que está de fondo es qué se gana con la represión, persecución, encarcelamiento y deportación de los migrantes y los refugiados. Estoy convenida que adoptar una adecuada práctica de política fronteriza y política migratoria es económicamente más viable a largo plazo que lo que ahora vivenciamos en diferentes continentes.

La desigualdad entre las personas que habitamos el mundo es abismal y las consecuencias las vivimos a diario, la solución ha consistido en precarizar cada vez más la calidad de vida a cambio del ideal de bienestar tecnológico. El tema es que en muchos países ese bienestar no se respira porque están en guerra, tienen hambre o quieren una mejor vida para sus hijos: prefieren morir en el intento de cruzar, que esperarse a que los maten en sus países de origen. No se puede criminalizar el derecho de buscarse una mejor condición de vida, da igual si son sirios, subsaharianos, guatemaltecos, hondureños, mexicanos, afganos, la nacionalidad no tendría que importar cuando se trata de migrar, de buscar refugio, pero en la realidad sí importa.

¿Por qué importa? Porque genera utilidades para muchas economías en distintos niveles, porque permite por un lado, avanzar a un esquema de justicia inequitativa, superando el esquema utilitarista, de lo que en economía política conocemos como justicia distributiva. Qué debemos lograr en la práctica para superar esta situación de crisis humanitaria: un equilibro entre el mercado, el estado y la ciudadanía. Sobre ello existe mucho escrito, nada o poco se ha aplicado a la realidad.

Desde mi perspectiva, estamos en la cuerda floja y tenemos dos opciones: nos decantamos por la instalación, nuevamente, de la ultra derecha en prácticamente todo el mundo, como se observa desde el 2015, cuyas consecuencias ya conocemos (guerra mundial); o intentamos revertir la necropolítica en la que estamos inmersos. Sin duda día a día se hacen esfuerzos sobrehumanos para evitar que la gente siga muriendo en las rutas migratorias y en las fronteras, pero mientras los gobiernos no se hagan cargo y sean consecuentes con la defensa de los derechos humanos (ayer Estados Unidos decidió abandonar la Comisión de Derechos Humanos de la ONU), la sociedad civil organiza debe optar por otros derroteros para frenar la situación actual.

 

 

 

Los límites de la hospitalidad en las fronteras geopolíticas contemporáneas

La intención de este texto consiste en deconstruir el concepto de hospitalidad a partir de dos posturas, la primera de ellas se basa en la idea universal de hospitalidad (Kant), la segunda, en el planteamiento de la ley incondicional de la hospitalidad (Derrida), con el objetivo de establecer una guía teorética que sirva para entender el fenómeno fronterizo desde lo epistémico, ontológico y estético.

Para ello, expondré la teoría de estos dos filósofos tomando como base algunos textos (en Kant, La paz perpetua y La metafísica de la moral; en Derrida, La hospitalidad y On Cosmopolitanism and Forgiveness), con la intención de identificar la diferencia principal entre sus planteamientos (lo deontológico versus lo ontológico), y ejemplificaré esta diferencia con dos situaciones: los flujos migratorios que cruzan la frontera México-Estados Unidos (ya sean migrantes centroamericanos o mexicanos), y la oleada de refugiados sirios que ha llegado a la Unión Europea. La ejemplificación de estas dos situaciones me permite evidenciar la distancia epistemológica que existe entre la teoría y la práctica, y la necesidad de proponer políticas migratorias que consideren modelos de sociedad ad hoc a las particularidades locales de poblaciones de recepción (destino), origen y tránsito.

Este texto está dividido en dos partes: la primera es un abordaje teórico-comparativo de dos filósofos distantes en el tiempo y en su concepción sobre hospitalidad; la segunda es un abordaje práctico-comparativo de dos situaciones distantes en geopolítica que comparten causas y circunstancias de movilidad humana.

Rodríguez_Los límites de la hospitalidad

Rodríguez, Roxana. “Los límites de la hospitalidad en las fronteras geopolíticas. Estudio comparativo intercontinental”. En Artega, Oliva, Rodríguez (eds.) Hospitalidad y Ciudadanía. De Platón a Benhabib. México: UACM-Itaca, Volumen 1, 1º edición, 2017. ISBN: 978-607-9465-36-0.