Archivo de la categoría: espacio urbano

De muros y éxodos

Las intermedias de EUA (martes 6 de noviembre 2018)

Llegó el día de las eleciones intermedias en Estados Unidos, y el resultado fue bastante apretado entre los demócratas y los republicanos, se dividen las cámaras, se paran ciertas propuestas y se revisan algunos acuerdos, especialmente el que sustituye al TLCAN. ¿Qué se queda y qué se va? El muro de Trump, por lo pronto, se queda en promesa de campaña, al haber obtenido los demócratas la mayoría en el sur de frontera. Aun así, Trump no pierde el tiempo y decide enviar una orden ejecutiva que modifique los acuerdos internacionales de refugio (protocolo de 1967), en la que solo se considerará como solicitante de asilo a quienes lo hagan en puntos regulares de los cruces fronterizos. Una disposición que se discutirá en las cortes y pasaran meses para que se resuelva, mientras las personas migrantes que logren llegar al sur de Estados Unidos podrán ser detenidas y las las familias separadas.

Éxodo centroamericano (sábado 10 de noviembre 2018)

Este escenario no es nuevo ni alentador especialmente porque hoy partieron de la ciudad de México prácticamente las casi 5000 personas que llegaron el lunes pasado al deportivo de la Magdalena Mixhuca. Durante asambleas que se hicieron diariamente se trazó la ruta por la que seguirán su camino hacia el norte a pesar de que varios organismos y defensores de derechos humanos les advirtieron del riesgo que corren al enfrentarse a lo que conocemos como la frontera vertical en la que se ha convertido México, especialmente cuando aparece el crimen organizado en todas sus variantes.

Un porcentaje menor de la población decidió tomar la propuesta de la OIM de regresar a Honduras, por lo que hoy también sale un avión con quienes hayan decidido esta ruta que, en principio, no es considerada como deportación.

Lo que sigue

Ayer me preguntaban qué seguiría, cuando las personas migrantes lleguen a la frontera. Que se regresen, los deporten o los coopte el crimen organizado, contesté. Mi respuesta fue automática, un tanto por la desazón de lo ocurrido durante la semana, las disputas entre el gobierno local y las organizaciones por tener el control (no se de qué), por los discursos xenófobos, lamentables, en las redes, por la falta de información en los medios de comunicación y el oportunismo de varios morbosos que iban al deportivo a hacerse la selfie. Aunada a la experiencia de 2016 en los campos de refugiados instalados en Grecia, de los cuales ya he dado cuenta en textos anteriores.

Con esa convicción y desazón, una aporia emocional, me encaminé al deportivo a saludar a mis amigas que llevaban toda la semana en campo, asistiendo y dando de comer a las personas. No es la primera vez que he estado en un campo, albergue, refugio o como se le quiera llamar, conozco varios en diferentes países. No me sorprendió lo que vi en primera instancia, dentro del caos imperante, funcionaba. Ya se habían establecido las reglas del juego y se sabía a quién acudir para que les auxiliara a sacar dinero del banco azteca que estaba a unas cuadras, a quién para que les diera de comer, a quién para preguntar por la salud de su hijo, a quién para preguntar por el paradero de un familiar y una larga de lista de a quiénes. Un submundo atravesado por lo público y lo privado, lo mismo que por lo institucional y lo clandestino.

Evidentemente no me llamó nada la atención que el discurso del gobierno y sus organizaciones fuera tan distinto de lo que observé y escuché las dos o tres horas que estuve sentada (literal) en una cubeta negra de plástico cargando a una bebé migrante mientras su mamá, una chica muy joven, escogía ropa para llevársela a Honduras (de las pocas que había tomado la opción de la OIM), al tiempo que acompañaba a la hermana Magda a que descansara, comiera, platicara o lo que quisiera. A eso había ido, a estar con la gente que da, que se entrega, y que responde por las voluntades colectivas (multitudes, diría Spinoza) en tránsito.

De las historias que ahí me contaron casi ninguna puedo transcribir pero fue como entrar en una ficción, en una novela negra, en una novela policiaca, donde la ficción y la realidad se entretejen. Lo trágico es que lo mismo que sucede en México sucede en Europa del Este, en Asia, en Africa, en el todo el mundo. A un problema global se le ha dado una solución global que evidentemente no está funcionando.

Lo que está por-venir

Las elecciones de Estados Unidos nos plantean un escenario nuevo que en la Unión Europea, por lo menos, ya se había visibilizado, redefinir los modelos de sociedad: la anacronía de lo multicultural está llegando a su fin de la mano de lo decolonial. Ambas prácticas teoréticas, condescendendientes con el liberalismo, incentivaron el epistemicidio y la diferencia para delimitar las clases, las etnias, las razas, el sistema sexo-genero, para ensancharlas, no para hacerlas equivalentes. El reto por-venir está en pensar, diagramar, diría Foucault, nuevamente las relaciones de poder y ahí esbozar otros modelos de sociedad.

Una imagen dice más que mil palabras

Anuncios

Seminario de Biopolítica y Autoinmunidad, inicia 24 de enero, Plantel San Lorenzo Tezonco UACM

Síntesis

Más de una década ha pasado desde el evento 9/11 y en 2015-2016 experimentamos diferentes formas de suicidio, usando la metáfora derridiana, en las democracias occidentales, como la guerra civil siria, la llegada de miles de refugiados sirios, afganos, iraquíes, a costas europeas. La consolidación del Estado Islámico de Levante (ISIS), organización que reconoce los ataques terroristas de París y Bruselas (de 2015 y 2016), pero también de distintos países en Medio Oriente.

Situaciones que si recapitulamos la historia de los siglos XX y XXI principalmente, podremos advertir que no son resultado de la casualidad. En todo caso, son resultado de lo que Derrida llama el “orden mundial”. En función de los anterior, en el Seminario de Problemas: Biopolítica y Autoinmunidad analizaremos cómo se ha conformado dicho “orden mundial” derivado del colonialismo histórico, los epistemicidios, y específicamente la biopolítica.

Ahora bien, cuando se habla de biopolítica en Foucault es necesario distinguir dos momentos: el primero, el que se refiere justamente a la “irrupción de la naturalidad de la especie dentro de la artificialidad de una relación de poder” (Foucault, 2008: 36); el segundo, en el que no solo afirma sino que estudia “el liberalismo como marco global de la biopolítica” (Foucault, 2012: 35). Ambas acepciones de la biopolítica están íntimamente ligadas con el proceso autoinmune dado que por una parte se refiere a “una técnica política” para controlar el medio; mientras que, por otro lado, se refiere a la racionalización del ejercicio del gobierno con el liberalismo como directriz ideológica.

En este sentido, el objetivo del seminario es estudiar, en primer lugar, las escuelas de pensamiento que circunscriben el andamiaje teórico de dos representantes de la escuela francesa (Derrida y Foucault) del siglo XX, particularmente el estructuralismo y el postestructuralismo. En segundo lugar, estudiar la obra en la que estos dos filósofos elaboran sus críticas al orden mundial, ya sea como biopolítica o autoinmunidad. En tercer lugar, cómo se vinculan dichos cuestionamientos con los filósofos de la periferia, pienso en el epistemicidio de Bonaventura de Sousa Santos, en la transmodernidad de Enrique Dussel, y en la necropolítica de Achille Mbembe.

Temario

Unidad I: Escuela francesa del siglo XX

Estructuralismo

Postestructuralismo

Principales representantes

Influencia en el pensamiento latinoamericano

Unidad II: Biopolitica.

Michel Foucault

Tecnologías del poder

Capital humano

Racionalización del ejercicio de poder

Unidad III: Autoinmunidad.

Jacques Derrida

Triple suicidio:

Simbólico y estratégico

El temor de lo peor está por venir

Calculo vicioso de la represión.

Unidad IV: Necropolítica

Colonialismo interno

Epistemicidio

Desplazamiento de las capacidades históricas asociadas al Estado-nación

Formas espaciales de reterritorialización

Borderización de la corporalidad

 

cartel-biopolitica_final

Más información en:

Seminario de problemas: Biopolítica y Autoinmunidad

Libro Cartografía de las fronteras. Diario de campo

 

Este diario es resultado de la observación realizada en tres zonas de convivencia fronteriza en tres continentes distintos (África, Asia y Europa), al tiempo que da cuenta del seguimiento mediático de los refugiados sirios, afganos e iraquíes que se suben a un barco con el objetivo de llegar a costas griegas o italianas, para posteriormente intentar llegar lo más al norte europeo que les sea posible, atravesando diversas “fronteras verticales”. Lo mismo que de los migrantes mal denominados económicos de varios países africanos que se quedan varados horas en las vallas de Ceuta, hasta que la policía migratoria los baja a palos para evitar que crucen la “frontera horizontal” del Mediterráneo. De la situación que viven los palestinos que día a día son acosados por los militares israelíes en los cruces y garitas de las “fronteras internas”. O las notas periodísticas que dan cuenta de los desalojos de lo que he denominado “las zonas de convivencia de limbo administrativo”, entiéndase los campos de refugiados que han crecido de forma irregular en diferentes zonas de convivencia fronteriza, como el de Calais (Inglaterra-Francia), o en el monte Gurugú (Marruecos-España), e Idomeni (Grecia-Macedonia).

Este diario también pretende esgrimir nuevos argumentos y un estilo de redacción teórico-filosófico que se desvincula del trabajo etnográfico y particularmente de los estudios migratorios. Es por ello que en la presente cartografía daré cuenta de este dinamismo fronterizo-conceptual, a veces asincrónico, contradictorio a los ideales del cosmopolitismo kantiano y a las concepciones hospitalarias de Derrida (otra investigación que me ha servido para deconstruir la política exterior de la Unión Europea de cara a la mal llamada “crisis de refugiados”).
Difícilmente en este diario de campo encontrarán los indicadores tradicionales de la demografía, la economía, o la sociología en un mapeo geográfico. En todo caso le he apostado a desmontar la práctica del derecho internacional y su universalidad, dando cuenta de los epistemicios y colonialismos que se hacen patentes en la política exterior vigente en la Unión Europea, especialmente en la práctica globalizada de externalizar las fronteras hacia los países africanos y de Medio Oriente con una cartografía epistemológica y estética.

Disponible en amazon a partir de 1 de diciembre 2016:

https://www.amazon.com/Cartograf%C3%ADa-las-fronteras-Diario-Spanish-ebook/dp/B01N8XPG9N/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1479143104&sr=8-2&keywords=roxana+rodriguez

PDF del libro digital:

Cartografía de las fronteras. Diario de campo

Iniciativas del gobierno actual. ¿Hacia dónde vamos?

Después de un par de años de observar y tratar de contrarrestar, mediante el análisis y acompañamiento a las organizaciones de la sociedad civil, las iniciativas del gobierno actual (entiéndase iniciativas como la agenda política, cuyas repercusiones no necesariamente son positivas para la sociedad), puedo ubicar cuatro áreas que destacan en la política actual: a) Reformas estructurales (mandato de Fondo Monetario Internacional), que obviamente incluyen el sector energético y fiscal. b) Reforma educativa. c) Desaceleración de la migración y cierre de fronteras (mandato de Estados Unidos). d) Represión de la movilidad social en todos los niveles. 

Al analizar con detenimiento cada una de estas áreas se puede observar una deceleración de la economía, del mercado interno, una ausencia del estado de derecho (de por sí ya inexistente en sexenios pasados) y un aumento del poder del Estado para reprimir e inhibir el avance hacia condiciones de bienestar social, observable en el aumento de la desigualdad económica prevaleciente, y en los altos niveles de pobreza.

a) De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), las prioridades en materia de políticas, especialmente en países con economías emergentes, como el nuestro —donde además padecemos la afectación de la caída del precio del petróleo—, deben dirigirse hacia el crecimiento a largo plazo mediante la reforma tributaria y la organización del gasto. Referente a la caída del precio del petróleo, se sugiere que se ajuste el gasto público al ingreso petrolero (situación que se impone a la ciudadanía de a pie, pero no a los gobernantes). Finalmente, se recomienda (con urgencia) que se lleven a cabo las reformas estructurales que incrementen la productividad y eliminen los cuellos de botella en la producción.

Como se sabe, las reformas se echaron a andar desde el día uno del sexenio peñista. Han tenido descalabros pero eso no ha impedido que Videgaray siga impulsando, sin importar el costo social ni la sostenibilidad del medio ambiente, la aprobación inmediata de éstas. Especialmente la energética y la fiscal han sido bien recibidas por algunos sectores de la sociedad, los que ostentan los medios de producción, ya sean nacionales o internacionales, dado que por lo menos la energética implica la privatización de sectores que por muchos años estuvieron en manos del gobierno. La fiscal no es tan preocupante para las transnacionales dado que es de sobra conocido que en un país manufacturero como el nuestro, las utilidades de las transnacionales no se contabilizan en nuestra política fiscal, solo el gasto corriente. Obviamente otras reformas se quedaron en el tintero como la de telecomunicación y la electoral. La de telecomunicación porque se le regresó todo el poder a Televisa y la electoral por cuestiones de sobra fraudulentas (orquestadas por quienes controlan las instituciones, Lorenzo Cordova y Virgilio Andrade, responsable del Instituto Nacional Electoral y secretario de la Función Pública, respectivamente).

b) La otra gran reforma que urgía echar a andar era la educativa, y así lo hizo Chuayffet, primero eliminó a su enemiga acérrima, la Maestra Gordillo, y poco a poco fue desmantelando sus huestes políticas como se observa con la destitución de la sección XXII de la CNTE del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO). Aunado a que en años anteriores ya había eliminado la prueba ENLACE, una herramienta para evaluar a los maestros (requisito que había sido bastante polémico para su aplicación). Y si a eso le agregamos la confrontación constante con las normales en varios estados y la desaparición forzada de normalistas, solo me queda preguntar ¿hacia dónde se encamina la supuesta reforma educativa? Lo obvio es pensar que la reforma educativa se encamina a crear institutos tecnológicos que enseñen oficios y no fomenten el libre pensamiento, pues para atender las “recomendaciones” del FMI, especialmente el incremento de la producción (entiéndase maquila), nuestro gobierno cree erróneamente que al tener más mano de obra calificada y de bajo coste se podrán reducir los costos de producción y obtener más utilidades. Falso en la teoría, no así en la práctica, dado que tenemos una pirámide poblacional que por lo menos en dos décadas permitirá esta situación, es viable sostener ese supuesto crecimiento a costa de la explotación; posteriormente se invertirá la pirámide y seremos más los adultos mayores que los económicamente activos para poder realizar trabajos de manufactura. Las preguntas obligadas: ¿cuál es el papel de la academia en este tablero?, ¿esta reforma manufacturera de la educación impactará en las universidades públicas?, ¿el presupuesto que se le asigna a las universidades públicas y a los centros de investigación estará condicionado en función de las prioridades económicas? De innovación, tecnológica y desarrollo de patentes ni hablamos (aspectos que se verán afectados en cuanto se termine de afinar el Acuerdo Transpacífico, al final hablo brevemente de ello). Eso está descartado en una economía como la nuestra. Lo cual es una verdadera lástima porque existen casos como el de India que en pocas décadas dio el salto a la innovación tecnológica.

c) Referente al tema migratorio y de fronteras, éste es particularmente significativo porque por primera vez el gobierno mexicano toma una posición de abierta ofensiva; es decir, de evidente desaceleración de la migración y del cierre de sus fronteras, especialmente en el sur. En el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 existe un esbozo del llamado Programa Frontera Sur, en las metas nacional 1 y 5: México en paz y México con responsabilidad global, respectivamente. En dicho Plan también se esboza un modelo de gestión y ordenamiento fronterizo que se deduce como política pública y está vinculado a cuatro situaciones particulares: 1) la securitización de la frontera; 2) procesos de integración con América Latina; 3) factores de desarrollo económico y productividad regionales; y 4) prevención y seguridad de migrantes en tránsito. El hecho que el gobierno mexicano haya decidido tomar ciertas medidas para desacelerar los flujos migratorios centroamericanos, como el Programa Frontera Sur (cuyo supuesto responsable es Mayans, pero quien realmente ejecuta es Osorio Chong), es una decisión que no se vincula con la protección de los derechos humanos de los migrantes ni con el enfoque de seguridad humana del Programa Especial de Migración, elaborado por las organizaciones de la sociedad civil en conjunto con la Unidad de Política Migratoria. Responde en todo caso a la política de seguridad nacional y de securitizacion de las fronteras. Aunado a que, hablar de un programa gubernamental de políticas públicas (Frontera Sur) que carece de un documento oficial, salvo por algunas referencias en páginas de internet del gobierno http://www.gob.mx/presidencia/…, resulta kafkiano.

Es evidente que existe un fuerte impulso del gobierno estadounidense para frenar y disuadir en diferentes niveles la migración centroamericana. El primer acercamiento obviamente fue con el gobierno mexicano y consistió en impulsar acciones de securitización como lo es el Programa Frontera Sur (y desistir en implementar el Programa Especial de Migración); el segundo momento consistió en negociar con los gobiernos centroamericanos, que por mucho tiempo se mantuvieron al margen de la problemática de sus connacionales en territorio mexicano, e incluso se beneficiaron con la corrupción que circunscribe los fenómenos migratorios y fronterizos. Lo que no es tan evidente es si estas acciones tendrán un desenlace fortuito para la región o si implicará el cierre de las fronteras con muros y/o vallas, como existe en el norte de México; y si se podrá frenar la corrupción o se alentará a los grupos criminales que obligan a los centroamericanos a migrar para “disuadir” la migración.

d) Finalmente, la represión de la movilidad social se da en todos los niveles y la hemos padecido desde el 1 de diciembre de 2012, y a la fecha no sabemos si fue la policía local o la federal la que se ensañó con los marchistas cuando algunos supuestos anarquistas empezaron a reventar la manifestación pacífica —una estrategia recurrente del gobierno local o federal en cada una de las manifestaciones que se han realizado a partir de la desaparición forzada de 43 normalistas—. Posterior a ello se han suscitado diversos eventos de masacre y desaparición forzada a manos del ejercito, de gobernantes, de policía local y de policía federal: Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingan, San Quintín, Ostula (y los que no conocemos). Si analizamos cada uno de estos eventos encontraremos similitudes en el modo de operar de quienes ordenan la persecución, desaparición forzada y/o matanza de la sociedad civil. Nuevamente, Osorio Chong es el responsable de ejecutar las acciones conducentes para esclarecer cada uno de estos eventos. Pero a la fecha no se ha hecho nada para eliminar la persecución política ni de la sociedad civil ni de las autodefensas. Véase el caso Mireles, por ejemplo. Obviamente esta situación contrasta con la nula iniciativa del gobierno y, específicamente, de la responsable de la PGR, Arely Gómez, para frenar el crimen organizado (es morbo hablar de la fuga del Chapo).

¿Hacia donde vamos? La indignación no ha sido suficiente, cada vez sale menos gente a la calle a protestar por la constante violación de derecho humanos a manos del gobierno en todas sus modalidades: desde el alza del dólar, pasando por un aumento en los precios en el consumo interno, una depreciación del salario, hasta lo de sobra conocido, una ausencia del estado de derecho que se traduce en un aumento desmedido de la corrupción en todos los niveles de mando y que ha permeado a la sociedad civil. Lo problemático es que al “normalizar” la violación constante a los derechos humanos perdemos el miedo y nos acostumbramos a ello. Sin esperanza ni utopía. Simplemente esperamos a que nuestras condiciones de vida no se vean afectadas y si se ven afectadas entonces pensamos en corrompernos. Con un panorama así resulta sumamente complicado promover un cambio estructural. Y si me apuran, diría que al PRI le costó solo dos años normalizar la impunidad. ¿Qué pudiera ayudarnos a salir del atolladero? Un cambio de paradigma enfocado a la participación activa de la ciudadanía en la toma de decisiones y en el reconocimiento de la soberanía en manos de la sociedad y no de los gobernantes. Solo que para ello se necesita dialogar y, sobre todo, escuchar; invertir tiempo en sesiones de encuentros y desencuentros con los otros. Y asumir la responsabilidad que tenemos como ciudadanos frente al devenir de nuestra sociedad. La solución en realidad no es compleja, lo complejo es que la gente haga conciencia de ello.

Sería ingenuo pensar que estos temas no están conectados entre sí y éstos, a su vez, con acciones internacionales y compromisos económicos que el gobierno peñista ha firmado en diversos momentos. Uno de esos convenios que no podemos perder de vista es justamente el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP) que se encuentra todavía en definición y que evidentemente afectará áreas económicas como la de lácteos, textil, derechos de autor, uso de redes sociales, entre otros.  En este acuerdo participan varias económicas del mundo: Estados Unidos, Canadá, Japón, Chile y Perú (países con los que  México ya ha firmado un TLC), Singapur, Malasia, Nueva Zelanda, Australia, Brunei y Vietnam. Economías con algunos sectores más rentables que la nuestra. De igual forma, la urgencia de privatizar territorios comunales en el sur del país, específicamente Tapachula, alude a la construcción de una ruta de paso de flujos de capitales y productos (no así de personas) que permita tener geopolíticamente conectado el Pacifico sin tener que usar el Atlántico (e incluso sin tener que usar el canal de Panamá). No está de más decir que al momento en que este acuerdo se firme, las perspectivas de desarrollo de las regiones serán distintas y los apoyos económicos también tomarán una dirección diferente.

 

 

¿Qué es el programa frontera sur? Especial de Animal Político

Animal Político preparó un proyecto especial para hablar sobre el Programa Frontera Sur que presentó el presidente Mexicano el año pasado. Este proyecto multimedia que conjunta la participación de diversos participantes, académicos, defensores de derechos humanos, organizaciones de diversa índole, se titula Programa Frontera Sur: Una cacería de migrantes y lo pueden consultar en el siguiente link: http://www.animalpolitico.com/caceriademigrantes/index.html

La parte de “Expertos” está dedicada para discutir sobre lo que creemos es el Programa Frontera Sur, y digo creemos porque no existe un documento como tal. Les invito a que conozcan este proyecto y participen en el foro de discusión:

PREGUNTA 1: ¿Qué opina de los resultados del Programa Frontera Sur hasta el momento?

http://www.animalpolitico.com/caceriademigrantes/pregunta01.html

PREGUNTA 2: Tras la llamada ‘crisis de los niños migrantes’, ¿considera que el Gobierno de EU participó de alguna manera para contener el flujo de migrantes en la frontera con Guatemala?

http://www.animalpolitico.com/caceriademigrantes/pregunta02.html

PREGUNTA 3: México asegura que impide a los migrantes subir a ‘La Bestia’ para “protegerlos”. ¿Considera que efectivamente corren menos peligro?

http://www.animalpolitico.com/caceriademigrantes/pregunta03.html

PREGUNTA 4: Se habla mucho del rol de EU y México como países que buscan contener el flujo migratorio. Pero, ¿cómo analiza el papel de Centroamérica?

http://www.animalpolitico.com/caceriademigrantes/pregunta04.html

¿Qué es la frontera?

Conceptualización actual de la frontera*

 A frontier is created when a community occupies a territory.

Owen Lattimore

La presente investigación consiste en elaborar una tipología o categorización de frontera(s). Para ello propongo cuatro categorías: frontera de la securitización, frontera socio-histórica, frontera subjetiva, frontera glocal. Categorías que involucran fenómenos disímiles y enfoques interdependientes. Esbozar estas cuatro categorías es un ejercicio deconstructivo del concepto frontera con base en cuatro niveles: etimológico, genealógico, deontológico y epistemológico; para ello fue necesario establecer la relación que guarda el concepto frontera con la historia, con la ciencia, con el Estado-nación, con la ontología social y sobre todo con la geopolítica.

Este texto está dividido en cuatro momentos que aluden a estos cuatro niveles: en el primer apartado elaboro la genealogía del concepto frontera (y límite); en el segundo aludo a la terminología; en el tercero a las discusiones contemporáneas sobre el concepto frontera desde diferentes disciplinas y concluyo con el debate oposicional de la frontera (entre el deber ser del ciudadano frente al estado). En cada uno de estos momentos se evidencian la cuatro categorías que propongo para estudiar el concepto de frontera.

Acepciones sobre el concepto de frontera y de límite

Para entender el concepto de frontera como lo conocemos actualmente considero necesario hacer un breve recorrido histórico y analítico de las diferentes acepciones de los términos frontera y límite desde el Imperio Romano hasta nuestros días. La intención de redactar esta genealogía se debe a que es hasta finales del siglo XIX que el concepto frontera se emplea como una demarcación geopolítica y/o zona de contacto o convivencia entre dos (o más) países, mientras que el concepto de límite indica dónde empieza y termina la jurisdicción de un Estado frente a otros.

La palabra frontera deriva de frons o frontis, de ahí que el término frontera, en lo que constituía el Imperio Romano, indicaba el frente de una totalidad; es decir, la frontera designaba un área exterior de esa totalidad. Por su parte, el concepto de límite se empleaba con una connotación meramente militar y no como la división de una jurisdicción. La palabra límite deviene de limis o limitis y, según Pierre Grimald, limes se define como “sendero entre dos campos. Luego zona defensiva establecida a lo largo de una frontera y que consiste en una ruta de rocas que une entre sí fuertes y campamentos” (Grimald, 2000: 242).

En la época del Imperio romano tanto limes como frons no se emplean como una delimitación territorial sino para establecer una línea de demarcación y confrontación ente los romanos y los “bárbaros”; es decir, el límite funcionaba como un camino fortificado (murallas, trincheras, torres de vigilancia) de la zona fronteriza donde se organizaba la protección o la zona comercial del Imperio:

Durante cerca de dos siglos, la sosegada magnificencia de la civilización urbana del Imperio romano ocultó los límites y las tensiones subyacentes a la base productiva [modos de producción esclavista] de la que se asentaban. […] Con el cierre final de las fronteras imperiales, después de Trajano, el manantial de los cautivos de guerra se secó de forma inevitable. […] La periferia bárbara que rodeaba a todo el Imperio continuo suministrando esclavos, comprados en la frontera por los mercaderes […]. (Anderson, 2012: 73)

Con el establecimiento de los principados feudales, siglo IX del Imperio Carolingio, la tierra empieza a tener un carácter patrimonial basado en el esquema del vasallaje. El carácter patrimonial de la tierra de los principados es administrativo y local, por lo que todavía no se establecían delimitaciones entre entidades políticas, como se observará más adelante con la conformación territorial del Estado moderno. Es decir, los principados feudales no son entidades soberanas pero sentarán las bases de lo que actualmente conocemos como territorios políticos.

Jacques Ancel afirma que en la Edad Media “la frontera no es más que una ficción. ¿Cómo podría haber sido de otro modo, si faltaba una cartografía precisa?” (Ancel, 1994: 85). Aunque la hipótesis de la frontera como ficción rebasa el argumento de la mera cartografía, coincido con Ancel puesto que en esa época se pueden distinguir dos situaciones particulares que limitan la intención de establecer fronteras y límites políticos. La primera situación se vincula con el tipo de organización administrativa de los principados (dispersos y poco claros) puesto que los dominios estaban bajo el control de varios reyes, y éstos, a su vez, del emperador o del papa. La segunda situación se deriva de los enclaves o marcas de la clásica frontera medieval que tenían un carácter propiamente económico y/o militar, pues servían para establecer las rutas de invasión o los puntos estratégicos de los reinos. En este sentido, tanto el Estado estamental, como el Estado absolutista, fueron de tipo patrimonial, de ahí que, como afirma Alfonso Velasco, en la Edad Media “no existen ámbitos territoriales políticos donde se ejerzan actos de soberanía, pero sí se presenta el poder que ejerce acciones de supremacía” (Velasco, 2005: 21).

La ausencia de una estructura étnica, según Samarkin, es una hipótesis más del porqué las fronteras no están presentes durante el medievo: “El feudalismo, especialmente en la Alta Edad Media, se caracteriza por una penetración mutua y una asimilación constante entre diferentes grupos étnicos, que eran debidas a las interminables guerras, invasiones y conquistas” (Samarkin, 1981: 50). Esta hipótesis resulta interesante para la investigación en curso pues es a partir de la formación de identidades, ya sean nacionales o étnicas, que la concepción de frontera cobra diversos matices e importancia durante la conformación del Estado-nación.

Con el descubrimiento y conquista de nuevos continentes se fortalece el Estado absolutista y la idea de Europa como centro comercial y económico. Según Crossman, en los textos de Maquiavelo se ubican las primeras referencias de una revolución política basada en aspectos puntuales de lo que estaba ocurriendo en el siglo XVI. Estos aspectos los sintetiza Velasco en cuatro puntos: El primero se relaciona con “el descubrimiento de nuevas fuentes de riqueza más allá de los mares; el segundo con “el desarrollo de las finanzas internacionales”; el tercero con “una revolución en los métodos de cultivo de la tierra y en consecuencia, en la distribución de la propiedad territorial”; el cuarto con la Reforma (Velasco, 2005: 22). Velasco también hace énfasis en la incipiente participación de la burguesía en el financiamiento de las campañas de los reyes, situación que posteriormente le permitió “controlar lo medios de circulación”; así como “los cambios operados en la propiedad territorial” (Velasco, 2005: 23).

Con el Tratado de Westfalia en 1648, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años, se establecen las primeras bases de los contornos geográficos de los estados europeos puesto que “se reconoce el principio de la integridad territorial de los Estados signatarios”. Sin embargo, dicho tratado no soluciona del todo los conflictos existentes en la región occidental de Europa debido a la “multiplicidad de regímenes de posesión”, una de las características fundamentales del feudalismo que consistía en que un rey podía tener distintos dominios que a su vez eran enclaves de otros dominios; es decir, la multiplicidad determinaba “las soberanías feudales combinadas” (Velasco, 2005: 23). Esta situación será clave en la posterior conceptualización de la frontera y el límite territorial, pero no será hasta después de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas que se le de el sentido político que actualmente tiene la noción de frontera.

Las fronteras como actualmente las conocemos responden a la transición del estado absolutista al Estado-nación, aunque este tránsito tomó varias décadas más en algunos países de Europa Occidental, como en Alemania, donde a finales del siglo XIX se conforma como Estado bajo el imperio alemán (1871-1918). A partir de la derrota de Napoleón (1815) las fronteras en la mayor parte del mundo occidental empiezan a ser consideradas como líneas de delimitación estratégica, diplomática y política. Es a partir de este momento que también se introducen nuevas acepciones a los conceptos de territorio, Estado y soberanía, como menciona Max Sorensen: “la soberanía territorial es la vez total y exclusiva e implica la plena y suprema jurisdicción del Estado sobre su territorio” (Sorensen, 1985: 37).

En el continente Americano, específicamente en la parte norte, se dan varios procesos de reordenamiento territorial que responden a la política expansionista de Estados Unidos. En el siglo XIX, por ejemplo, el gobierno estadounidense “compra” o “intercambia” territorios con los imperios colonialistas europeos (ingleses, españoles, franceses) y con sus vecinos del sur (México). Se firman tratados específicos que aluden a la actual conformación geopolítica de Norteamérica, como el Tratado de Guadalupe-Hidalgo o el Tratado de la Mesilla. Cabe resaltar que esta situación de reagrupación territorial responde también a sucesos particulares de la región, como la independencia de México, e incluso la independencia de Texas del estado mexicano.

Una situación similar se da en Europa en el siglo XX, con las guerras mundiales, donde parte del territorio que anteriormente estaba dividido en feudos e imperios, fue repartido en función de estados soberanos, estados nacionales, algunos de los cuales se formaron aleatoriamente (sin considerar la cultura o la etnia de cada región), o de forma artificial (meridianos y paralelos), situación que ha traído consecuencias negativas e incluso su posterior reordenamiento, como en el caso de Europa del Este. En Asía y África se dieron situaciones similares como sucedió en Pakistán, Tibet, Congo, Corea, Vietnam, o con la ocupación de Palestina, por mencionar solo algunos ejemplos de las fronteras geopolíticas que existen en la actualidad.

Terminología de la frontera

A partir de la reordenación mundial con base en fronteras políticas, los/las teóricos/as, ya sean geógrafos, historiadores, sociólogos, antropólogos, filósofos, literatos, entre otros, se han dado a la tarea de ampliar el glosario sobre el concepto frontera. De ahí que se hable de diferentes categorizaciones de fronteras. Para esta investigación propongo cuatro categorías: las fronteras de la securitización; las fronteras socio-históricas; las fronteras subjetivas; y la frontera glocal.

Las fronteras de la securitización son aquellas que se deducen de la necesidad de resguardar el territorio de los “bárbaros”, “terroristas” o “migrantes sin papeles”. El primer tipo de esta categoría alude a la frontera natural que se define con base en la delimitación de ríos, montañas lagos o valles. Al segundo tipo ya hice mención, la frontera artificial, que está basada, en el mejor de los casos, en paralelos y meridianos dibujados en los mapas; en el peor de los casos con líneas curvas y rectas dibujas arbitrariamente en los mapas. De acuerdo a algunos autores (Beaconsfield y Hamley) estos dos tipos responden a la frontera científica, un forma de reordenar el territorio con base en la cartografía (Velasco, 2005: 24).

Algunos otros autores se refieren a la frontera científica con el objetivo de optimizar la frontera militar. Esta última tiene características particulares que en la actualidad se vinculan con la securitización de la fronteras, o la conformación de fronteras inteligentes. A partir de la frontera militar se desprenden otras nociones de frontera, como menciona Alfonso Velasco: “En el siglo XX, Carlos Haushofer desarrolló la noción de frontera de expansión; por su parte Vallaux desarrollará el concepto de frontera de tensión, concepto al que posteriormente Ancel llamará frontera de presión, concibiendo a la frontera como isobaras políticas, es decir la frontera como un factor geopolítico inestable” (Velasco, 2005: 24).

Otra acepción que resulta importante mencionar es la de fronteras interestatales que se refiere a la relaciones interdependientes que se dan entre estados en cuestión de economía, política y de seguridad. Estas fronteras tienen un carácter flexible y científico, como apunta Velasco: “flexible en el sentido de una apertura de los Estados subdesarrollados, producto de la globalización económica o imperialismo informal; científico en cuanto al control de sus fronteras lo que ha llevado a implementar medidas extremas” (Velasco, 2005: 24), como se puede observar con la securitización de la frontera México-Estados Unidos.

La categoría de las fronteras históricas se refiere a aquellas fronteras que se han desarrollado a lo largo del tiempo en una geografía específica y en función de la transformación social y política de los Estados. En esta misma categorización incluiré algunas clasificaciones que elabora Miguel Fernández-Carrión, en un texto titulado “Historiografía, metodología y tipología de fronteras”. La primera se refiere al ejercicio genealógico de las fronteras que elaboré anteriormente: fronteras en la antigüedad, medievalesmodernas y contemporáneas.

En su texto, Fernández-Carrión compara esta primera clasificación con el análisis que elabora Hartshorne, quien distingue seis etapas que podrían vincularse con estos procesos históricos: “fronteras totalmente anteriores o pioneras [antigüedad y medievales]; anteriores [modernas]; subsiguientes (cuando hay conformidad entre los planos de la frontera y el área de extensión del paisaje culturizado); sobrepuesta (en intersección); sobrepuesta de modo de excavación y reliquias (cuando los límites de la geografía humana no corresponden a los límites políticos) [contemporáneas]” (Fernández-Carrión, 2010: 36).

El análisis que elabora Hartshorne me parece mucho más significativo para la epistemología de la frontera, aunque no es del todo claro, que clasificar las fronteras en función de una línea de tiempo cronológica, pues este ejercicio lineal no desvela procesos culturales complejos, quizá solo ayuda a esbozar una tendencia a explicarnos ciertas situaciones. Es por ello que la perspectiva de las investigaciones que he realizado hasta ahora consisten en deconstruir los discursos lineales que agrupan el estudio de las fronteras desde una perspectiva únicamente histórica.

La segunda clasificación de Fernández-Carrión consiste en fronteras dependientes y/o coloniales, aquellas fronteras que se establecen con la instauración de los virreinatos en el continente Americano a partir del siglo XVI. La tercera se refiere a fronteras independientes o nacionales, aquellas fronteras geopolíticas que se delimitan una vez que se conforman los Estado-nación en el continente Americano, producto de guerras civiles o guerras de independencia durante el siglo XIX (Fernández-Carrión, 2010: 37-39), a las que también ya hice mención.

La categoría de las fronteras subjetivas se refiere a aquellas fronteras que se desarrollan no sólo a partir de la convivencia con el otro sino también con base en las transformaciones que experimentan los sujetos a nivel de agencia política. Esta tercera categoría es representativa del análisis que he realizado hasta ahora de la frontera México-Estados Unidos, y, desde mi perspectiva es la más importante para entender fenómenos particulares de las zonas fronterizas, e incluso para proponer políticas públicas y modelos de sociedades.[1]

El primer acercamiento que realizo a las zonas fronterizas consiste en identificar las fronteras lingüísticas, las fronteras religiosas, las fronteras políticas; algunos autores también se refieren a las fronteras culturales, fronteras étnicas, o incluso a las fronteras urbanas versus las fronteras rurales. En cada una de estas fronteras se observa una yuxtaposición de símbolos que es interpretado e introyectado de distinta manera por un sujeto que se enfrenta o convive con otro sujeto en una zona fronteriza particular donde lo que se pone en evidencia son los registros de cada uno y la forma en cómo los representa —y lo representan— en la comunidad fronteriza. De ahí que podamos hablar de procesos particulares de formación identitaria, o de relaciones de poder en las zonas fronterizas.

En esta misma categoría propongo las fronteras filosóficas, fronteras literarias, fronteras psíquicas, fronteras corporales, algunas de ellas caen en el plano de la triada lacaniana: lo simbólico, lo real y lo imaginario. No es tema de esta investigación indagar en profundidad sobre éstas; sin embargo, me parece importante mencionarlas pues ayudan a entender fenómenos particulares de las zonas fronterizas como el movimiento literario chicano de los años sesenta del siglo pasado; los feminicidios de Ciudad Juárez desde hace casi dos décadas; la deconstrucción del logocentrismo e incluso la deconstrucción de los discursos coloniales o centralizados, entre otros.

Finalmente, la última categoría que propongo, la frontera glocal incorpora otras tipologías de las ya mencionadas, engloba las fronteras económicas, fronteras del derecho (internacional), fronteras geopolíticas, fronteras supranacionales.

Discusiones sobre la(s) frontera(s)

A finales del siglo XIX, Frederick Jackson Turner, emplea el uso del concepto “frontera” (Frontier) con una intención diferente a la que habían utilizado los geógrafos científicos (frontera natural, frontera artificial). Turner justifica la existencia de la frontera como un fenómeno que explicita las diferencias culturales entre Europa y el Nuevo Mundo (Estados Unidos): “the frontier is the outer Edge of the wave —the meeting point between savagery and civilization. Much has been written about the frontier from the point of view of border warfare and the chase, but as field for the serious study of the economist and the historian it has been neglected.” (Turner, 1893: 2)

Según Turner, Estados Unidos estaba dividido en dos regiones distintas: la del Este, una región colonizada y civilizada (un puerto de entrada de la migración europea fue Nueva York, como se observa en obras de escritores como Kafka o Sontang quienes hacen alusión al fenómeno migratorio en algunas de sus novelas); la del Oeste era una región salvaje y despoblada. Turner elabora el análisis de la “frontier” en función de la movilidad de los colonos en la parte Oeste, pues éstos son considerados los territorios de penetración de la cultura “civilizada”: “The frontier is the line of most rapid and effective Americanization.” (Turner, 1893: 2)

Evidentemente el texto que Turner lee en 1893 en la reunión de la American Historical Association tiene la intención de presentar un país en desarrollo expansionista y una idea de nacionalismo particular y diferenciado del europeo: “we note that the frontier promoted the formation of a composite nationality for the American people.” Es decir, pensar la conformación de Estados Unidos como una nación democrática y para ello resulta indispensable colonizar los territorios “deshabitados” del viejo Oeste con las implicaciones étnicas, culturales y religiosas que este proceso trajo consigo: “The first frontier had to meet its Indian question, its question of the dispositions of the public domain, of the means of intercourse with older settlements, of the extension of political organization, of religious and educational activity.” (Turner, 1893: 4)

Varias situaciones se pueden cuestionar a la argumentación de Turner (principalmente que los pueblos o grupos que se encontraban del otro lado de la “frontera” no eran civilizados), pero por ahora me interesa recuperar tres aspectos: el primero consiste en el giro que le da al concepto frontera, como ya lo mencioné hace a un lado las explicaciones cientificistas de la época y contempla las especificidades culturales de una región en desarrollo o en movimiento. Lo segundo alude a la claridad de Turner con respecto a lo importancia de la migración de Este a Oeste (contrario a lo que actualmente sucede); una migración propia de sociedades organizadas y con una ingerencia en las actividades religiosas y educativas de los territorios del Oeste (este punto me interesa como una apuesta epistemológica que abordaré en el tercer capítulo). Lo tercero consiste en la aseveración de pensar la frontera como un campo fértil de investigación —“to call attention at the frontier as a fertile field for investigation.” No es casualidad entonces que a partir del siglo XX la conceptualización de la frontera tenga diferentes aristas y acepciones en distintas disciplinas.

Después de Turner, otros historiadores estadounidenses como Frederic L. Paxson, Everett Dick, John C. Parish, le dan continuidad al concepto de frontera exacerbando no solo la movilidad de los colonos hacia el sur del país sino también la idea de nacionalismo. Durante el primer tercio del siglo XX los textos de los historiadores Allen Billington y Walter Prescott, discípulos de Turner, llevan a la cúspide el tratamiento de la frontera como motor colonizador y civilizatorio que promovió su mentor: “Frederick Jackson Turner, then, was not far wrong when he maintained that frontiersmen did develop unique traits and that these, perpetuated, form the principal distinguishing characteristics of the American people today” (Billington, 1958: 5). Evidentemente esta percepción o conceptualización de la frontera no fue un consenso; Jack D. Forbes, por ejemplo, aboga por pensar la frontera desde la visión de los colonizados, de los indios:

But is the frontier to be considered simply as the one-edge sword of the white man? The Indian also had a frontier, an area where his culture met that of the European. This Indian frontier surely is a part of the American fronteire as a whole. Properly, a “frontier” is one force opposed to another. […] Similarly the American frontier was where two peoples met, Indians and Europeas, or Europeans and other Europeans. How, then, can one write a general history of the American frontier and ignore one side of it? But this is what has been done. (Forbes, 1959: 210)

En otras latitudes también se cuestiona la definición turneriana de la frontera. Owen Lattimore, quien estudia las fronteras de Asia, principalmente China e India, comenta que no es posible pensar la frontera en el mismo sentido que lo hizo Turner en otros continentes debido a que entre Asia y Europa, por ejemplo, ha existido un comercio e intercambio constante durante siglos, mientras America (continente), que era completamente desconocida hasta el siglo XVI, representaba la idea de colonizar tierras “vírgenes” para los europeos que llegaron a ocupar los territorios: “The Europeans who came to America and the Indians whom they found in America had utterly separate histories. They belonged to cultures that had had no contact whatever with each other” (Lattimore, 1962: 136).

En este sentido, Lattimore afirma que los europeos que arribaron a America contaban con una economía diversificada, con formas de organización social y política distintas, y con armas más potentes que las de los indios, situación que hizo más fácil la colonización, explotación y, en algunos casos, el exterminio de las comunidades nativas: “In their advance across the continent no important territory taken from the Indians was ever lost to the Indians again. No communities of White settlers lived under Indian rule. The Spreads of colonization and all forms of development and exploration was essentially a straight-line advance” (Lattimore, 1962: 136).

La postura de Lattimore resulta interesante pues enfatiza no solo la necesidad de estudiar histórica o geográficamente la(s) frontera(s), sino también desde el derecho, y, sobre todo, desde las diferencias culturales (estudios culturales y decoloniales) que se evidencian, en algunos casos más que en otros, entre las distintas comunidades que comparten una frontera y que se vincula con la propuesta de la presente investigación, donde las diferencias entre una comunidad y otra, en este caso entre México y Estados Unidos, se hacen tangibles en tres aspectos: la lengua, la religión, la frontera geopolítica, históricamente trazada bajo la consigna del proyecto expansionista de los gobiernos estadounidenses. Al respecto Lattimore menciona:

The changing significance, for changing societies, of an unchanging physical configuration which may at one time be a frontier, at another time a frontier of different significance (as when an old externa frontier becomes an internal demarcation within an enlarged community), and at another time no frontier at all (as in the case of the western frontier of expansion of the European man across the North American continent), leads to the axiomatic statement that frontiers are of social, not geographic origin. Only after de concept of a frontier exists can it be sttached by the community that has conceived it to a geographical configuration. (Lattimore, 1962: 471)

Desde mi perspectiva, el estudio que realiza Lattimore sobre la frontera marca un paradigma con respecto a los estudios que se habían realizado hasta la fecha (1962) sobre la forma de concebir la frontera (frontier). Sin embargo, si consideramos que para mediados del siglo XX ya se habían levantado-delimitado distintas fronteras en casi todos los continentes, ya fuera como respuesta a las invasiones, guerras mundiales, o intereses geopolíticos, resulta sorprendente el rezago teórico de otras disciplinas (ciencias sociales en general) que existió con respecto al estudio y conceptualización de la frontera.[2]

Desde finales del siglo XX hemos observado una avalancha de propuestas frente a lo que se debía entender por frontera, así como la manera en que se debía definir el concepto de frontera. Surgen escuelas afines a la idea de las fronteras porosas y otras que apoyan la securitización de las fronteras (especialmente después del 2001). La discusión de las fronteras toma matices mundiales y en casi todas las áreas del conocimiento se analizan las fronteras y su impacto en la economía global, en derecho internacional y en la seguridad mundial. Discursos que en muchos casos contravienen justamente las situaciones que se experimentan tanto en las zonas fronterizas como con respecto a los flujos migratorios, pero que responden a políticas de instituciones de orden mundial como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Es decir, en el siglo XX experimentamos tanto la “apertura” de las fronteras para el libre tránsito de capitales y mercancías, como un recrudecimiento de los controles fronterizos con respecto a la movilidad humana (migrantes en tránsito, refugio, asilo). Ambas situaciones son evidentes en las fronteras nacionales, regionales y continentales gracias al uso, principalmente, de la tecnología y el énfasis en la implementación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) a nivel mundial.

La geopolítica de las fronteras

Michel Foucher, geógrafo francés, es una referencia contemporánea para el estudio de las fronteras, los límites territoriales y el levantamiento de muros en los cinco continentes. Foucher es de los primeros en hacer estudios comparados sobre las diferentes fronteras que existen en todo el mundo, no sólo desde una perspectiva de límites territoriales, también geopolíticos e incluso gráficos pues desarrolla una metodología de mapeo para los distintas fronteras, muros, límites, líneas, barreras que se han erigido o establecido a partir del siglo XX principalmente.

Esta metodología se puede observar en la aplicación que Foucher, junto a Pascal Orcier (cartógrafo), desarrollaron para las tabletas electrónicas. Esta aplicación sofisticada y vanguardista titulada A Battle of Maps. A critical analysis of different visions of the world (Francois Bourin Editeur 2012), es un proyecto gráfico y digital que privilegia la emancipación dialógica del sur (o le da voz a las epistemologías del sur) e incluye mapas de distintas regiones en donde se observa el fenómeno fronterizo en distintos niveles de análisis que van de lo geopolítico, regional o global, a lo supranacional. Es por ello que en esta aplicación, que incluso podría leerse como un resumen del trabajo que Foucher ha realizado no solo como teórico, sino también como diplomático, se pueden observar mapas de las distintas regiones que más le han interesado a lo largo de su trayectoria profesional, los cuales incluyen Asia, Europa y América principalmente:

It is therefore important to tell the story of a great movement of emancipation by the states of the former South, which are now taking to (or returning to) the world stage. To borrow the terminology of the late 19th-century diplomats, this so-coalled emerging actors are vocally demanding their ‘place in the sun’. This radical development forces us as Europeans to negotiate a new position for ourselves in a configuration of many different centres of power and influence. A de facto polycentric system is taken shape and creating new-economic and geostrategic balances of power, but it has not yet become multipolar in the sense of having been negotiated through a new entente between nations an through regional settlements. (Foucher, 2012)

El trabajo iconográfico que Foucher realiza no solo como geógrafo, en algunos casos incluso como cartógrafo, resulta enriquecedor para el análisis geopolítico que se debe hacer del fenómeno fronterizo y migratorio actual, pues alude a la representación de mapas mentales; a la representación de la globalización como heteronimia de la territorialización económica; a la resignificación de las periferias en función de los discursos heterodoxos que enarbolan los movimientos sociales contemporáneos; e incluso a la deconstrucción de las culturas hegemónicas que han defendido el logocentrismo ciñéndose en un discurso de seguridad nacional. En este sentido, los mapas que Foucher ha trazado dan cuenta de cómo repensar el estudio crítico de la movilidad humana y de la instauración de fronteras, límites o barreras:

A representation is a selective combination of images taken from various categories of the socio-hisotical field and beleonging to the group that produced them; these are then assembled into a spatial whole whose title is simultaneusly the symbol and the slogan of a political project that can, in principle, be mapped. It serves as an icon and expresses a gran design; the West, Asia, the greater Middle East and the South are al icons from a particular period, their countours fluid, their sycophantic supporters numerous. (Foucher, 2012)

En la última edición del libro titulado L’obsession des Frontiéres (2012), Foucher actualiza la información que se conoce de las distintas fronteras existentes en el mundo en un anexo que titula “Chroniques frontaliéres”, y abarca del 2010 al 2012. En este anexo, así como en los mapas que aparecen en el libro, Foucher da fe de lo que llama la escena contemporánea fronteriza: « L’obsession des frontières qui envahit la représentation contemporaine du monde se décline selon les lieux en impératifs de sécurité stratégique, en marquage des territoires dans les Etats, anciens ou récents, ou en dispositifs de protection des établis contre les marginaux et les flux jugés indésirables » (Foucher, 2012: 16). Una escena poco halagadora para lo sociedad mundial si consideramos:

La scène frontalière mondiale est ainsi marquée d’un double mouvement d’obsolescence et de résistance de ses attributs. Anachronisme par érosion, lié à l’ampleur des phénomènes de circulation : 470 millions de personnes franchissent chaque année les deux frontières terrestres des États-Unis, contre 20 millions seulement de passagers aériens venus d’outre-Océan. La France enregistre plus de 50 millions d’entrées par an, dont 2 millions seulement sont assujettis à la délivrance de visas. La liberté de circulation est une revendication largement partagée, d’abord dans les régions pacifiées. (Foucher, 2012 : 17).

Foucher alude a cuatro etapas de la mundialización y sus fronteras (alude a la categoría de fronteras socio-históricas). La primera hace referencia al descubrimiento de América y la aventura oceánica que esto significó para la distribución territorial de las distintos colonias. La segundas alude al fin de la Revolución Industrial y la necesidad de mantener un equilibrio económico entre los distintos estados-nación europeos. La tercera etapa consiste en la imposición de una “méta-frontière” común europea que se conoce como la “Cortina de Hierro” (1948); una frontera de corte ideológico y estratégico a nivel mundial que divide al planeta en dos grandes bloques: capitalismo y comunismo. La cuarta etapa de la mundialización se refiere a una nueva “meta-frontera” que aparece en 1989 y se traduce como: « une réorganisation des territoires étatiques et nationaux, systématique et probablement systémique, car le simple fait que l’une des puissances ayant dominé la scène internationale pendant quarante-six ans ait pu se disloquer, de l’intérieur, a modifié les réseaux d’alliance et de réassurance et interpellé des Etats rendus plus attentifs à leur assise spatiale » (Forucher, 2012 : 13-14).

Las fronteras, según Foucher, funcionan en diferentes escalas aunque éstas no siempre son complementarias. En este sentido, el geógrafo francés afirma que las fronteras deben ser consideradas como instituciones territoriales cuyos límites abarcan: 1) la escala del Estado, nacional o plurinacional; 2) la escala interestatal; y 3) la escala regional o local. La primera hace referencia a los límites jurisdiccionales del Estado; la segunda al orden internacional e incluso de seguridad nacional (quiénes son nuestros adversarios); y la tercera a lo simbólico, es decir factores de diferenciación: identidad, lenguaje, costumbres, culturas.

Focuher también afirma que el establecimiento de las fronteras responde a dos estrategias: una nacional y/o local; la otra global y/o regional. Cada una de éstas se enmarca en conflictos particulares que abonan a una discusión gradual de la desterritorialización de los estados como parte de una estrategia económica. Esta situación se observa en cada uno de los ejemplos que menciona en su libro, los cuales abarcan desde Bolivia hasta Rusia, pasando por las Coreas hasta el Medio Oriente. En este sentido resulta necesario estudiar cómo se entiende lo global desde diferentes perspectivas para comprender la significación de la frontera en los sistemas económicos y de gobierno actuales, así como la forma en cómo éstos afectan las comunidades (o a la inversa).

Saskia Sassen, socióloga holandesa, defiende el pensamiento global y su postura resulta interesante para aludir a lo que anteriormente me referí como la categoría de la frontera glocal que incluye la frontera económica, la frontera del derecho, la frontera geopolítica y la frontera supranacional. Si bien es cierto que la globalización ha detonado nuevas formas de pensar las fronteras, también es cierto que muchas veces éstas se han malinterpretado y reducido a proposiciones falaces como la idea de las fronteras porosas o de un mundo sin fronteras. Sassen es crítica a dichas posturas —situación que hace evidente un desconocimiento de cómo se entiende lo global en diferentes áreas del conocimiento— y expone una metodología que parte de la “desnacionalización” de lo que fue construido históricamente como nacional, afirmando que “la desnacionalización puede coexistir con las fronteras tradicionales y con el desempeño del Estado en los nuevos regimenes globales” (Sassen, 2009: 569).

Para ello Sassen cuestiona la poca atención que se pone a las consecuencias que trae consigo la proliferación de distintas capas (casi siempre abstractas) a nivel subnacional (y no supranacional como han evidenciado varios teóricos, en el sentido de la “perdida” de soberanía del Estado, por poner un ejemplo) producto de los procesos globales. De ahí que en su tesis afirme que la globalización económica es un sistema político-económico parcialmente localizado al interior de los Estado nación, basado en: “(a) the partial, often highly specialized (and hence obscure) denationalizing of specific components of state work, the economy, society, and the polity, and (b) that the specialized transnational regimes implemented to govern global process enter national institutional space an geographic territory.” En este sentido, la postura de Sassen frente a las fronteras territoriales alude a un paradigma distinto al tradicional pues afirma que la combinación de las dinámicas anteriores produce una variedad de límites nuevos (transversales) al interior de los territorios nacionales que por lo general funcionan de forma independiente de los límites geográficos (Sassen, 2009: 573).

De acuerdo a Sassen, en la medida en que detectemos que esos límites nacionales se hacen evidentes con los procesos globales podremos pensar la diferencia entre las fronteras nacionales tradicionalmente estudiadas y la idea transversal de los límites entendida como la capacidad de cruzar fronteras tradicionales y ocupar o existir dentro de los espacios nacionales institucionalizados (Sassen, 2009: 597). Para ello propone abstenerse de la discusión basada en la centralización del estado y las fronteras territoriales para dar paso a la discusión de los espacios bordeados en una red global:

State-centered border regimes have undergone significant changes following the rise of globalization; neoliberal, supranational regimes; and new forms of private authority, even while they have remained part of older formalizations, such as International treaties. We now see a great diversity of institutional locations among state-centered regimes. Considering the cross-border flow of capital from flows of goods can help clarify this idea. Moving capital across borders requires a sequence of interventions that moves deep inside the national institutional apparatus and differs in character from movement of traded goods. While goods transfer requires an actual, geographic border crossing, capital transfer does not (unless actual cash is transported). In each case, however, individual border-control intervention points can be understood as sites in a chain of locations, which are not necessarily located along national borders. (Sassen, 2009: 588)

Resulta complicado pensar en la red global que expone Sassen en cuestión de la frontera del derecho en países como México o el resto de Latinoamérica, sobre todo cuando hablamos de movilidad humana o convivencia en zonas fronterizas pues, como sabemos, tanto las leyes migratorias, políticas de empleo temporal, libre tránsito, políticas públicas en zonas fronterizas, entre otras, contravienen la tendencia actual de la propuesta que Sassen denomina “global law systems”, el cual consiste en: “At the heart of this notion of a single global law lies a system, first, that is not centered in national law and, second, that goes beyond the Project of harmonizing different national laws into a coherent system.” (Sassen, 2009: 592)

En contraste con lo que plantea Sassen con respecto a la red global de fronteras, expondré a continuación la apuesta de Will Kymlicka, quien desde la perspectiva liberal cuestiona no sólo el papel del Estado, sino también el discurso nacional al interior de cada país y la igualdad moral de las personas, en contraposición a lo que han sugerido autores como Rawls, Taylor o Habermas: “El hecho de que las fronteras de las democracias liberales existentes se justifiquen con ideas de identidad nacional no significa que estén moralmente justificadas” (Kymlicka, 2006: 44).

El filósofo canadiense plantea un problema inicial que consiste en afirmar que las fronteras se usan para discriminar y diferenciar a las personas que pertenecen a un Estado, cuentan con “un estatus legal que les garantiza seguridad personal, amplias oportunidades y un nivel de vida digno”); de las personas (migrantes) que no tienen ningún vínculo jurídico (no necesariamente de pertenencia) con el Estado, situación que las “condena a la pobreza e inseguridad” (Kymlicka, 2006: 37). Siguiendo esta línea argumentativa Kymlicka cuestiona la definición de frontera moderna para elaborar una propuesta multicultural de la sociedad canadiense (ver capítulo 2). La definición de la que parte para elaborar su análisis integra otros elementos que hemos ido sumando durante este capítulo, como democracia, ciudadanía, comunidad política:

La clase de “fronteras” que me interesa son aquellas que implican la demarcación territorial de los Estados-nación democráticos contemporáneos. En principio, estas fronteras tienen una relevancia jurídica: indican a qué derecho estamos sometidos, y qué personas e instituciones ejercen autoridad sobre el territorio. En el pasado, éste pudo haber sido el único significado de las fronteras políticas. Pero en las democracias modernas las fronteras de los Estados-nación son más que eso. También definen un cuerpo de ciudadanos —una comunidad política— que se percibe como titular de la soberanía, y cuya voluntad e intereses conforman los estándares de legitimidad política. [subrayado mío] (Kymlicka, 2006: 45)

Voy a tomar dos aspectos de esta cita que me parecen los más representativos: la idea de los Estados-nación democráticos y la comunidad política. Ambas ideas están correlacionadas si entendemos democracia como el gobierno del pueblo para el pueblo; sin embargo, si entendemos “pueblo” como el conjunto de sujetos que residen en un Estado-nación determinado caemos en la trampa de los nacionalismos enarbolados por la modernidad. Kymlicka es crítico a esta postura nacionalista pero defiende la identidad nacional de las comunidades la cual no se contrapone con la concepción de ciudadanía al interior de un mismo Estado-nación: “Decir que las fronteras de los Estados-nación modernos demarcan comunidades políticas nacionales no significa que estos Estados, o sus territorios, sean “propiedad” del grupo nacional dominante” (Kymlicka, 2006: 47). En todo caso da la opción a pensar en fronteras internas dentro de un mismo Estado que enfaticen la multiplicidad de etnias, lenguas, culturas, identidades, costumbres o tradiciones, como se puede observar en prácticamente todos los Estados-nación contemporáneos, ya sea producto de la colonización o de la migración o movilidad humana actual.

Étienne Balibar también propone cuestionar las fronteras, por lo menos las fronteras en Europa, desde una perspectiva política de los sujetos que las habitan. Esta perspectiva alude al cuestionamiento que debe existir en la relación entre ciudadanía, como institución o ideal, y la formación histórica del Estado-nación europeo. Es decir, a diferencia de Kymlicka que aboga por una cultura societaria, Balibar hace énfasis en una “espacio político” (political space) y en la deconstrucción del tratamiento histórico de la conformación de las fronteras:

It is indeed a commonplace among historians (and probably also geographers) that the constitution ot the modern Nation-State —through the “invention” of borders which replaced the ancient forms of “marches” or “limes”, combining on the same “line” administrative, juridical, fiscal, military, even linguistic functions— was in particular a transformation of the (more or less indefinite, heterogeneous) space into territories controlled by a “monopolistic” State-power, thus rendered “homogenous”. (Balibar, 2004:3)

Para Balibar el espacio político mantiene una relación con el espacio público pero no son sinónimos, sino que un espacio político se convierte en un espacio público (o esfera) cuando intervienen factores externos como el derecho internacional, la mundialización de las economías, la globalización de los mercados o lo que Sassen denomina red global. En este sentido, Balibar afirma que “every public space is by definition a political space, but not every political space is (already) a public space.” (Balibar, 2004: 3)

Ahora bien, Balibar toma la noción de territorialización-desterritorialización de Deleuze y Guatari, donde indican que tanto uno como el otro proceso son el reverso o la oposición del proceso en sí, y cada uno de éstos se puede dar antes, durante o después.[3] En otra palabras, Balibar menciona que la “territorialización” se puede entender si se alude a la generalización del concepto de territorio el cual incluye “not only the division or articulation of spatial units, but their institutional counterparts, whereby power structures shape spaces, languages, moralities, symbols, labor, distribution and productive activities, etc.” (Balibar, 2004: 4)

Como se podrá observar, en la crítica que realiza Balibar es posible identificar varios de los elementos o categorías a los que aluden los y las teóricas revisadas con anterioridad, como la noción de red global de Sassen, en el sentido de incluir la concepción de lo supranacional al referirnos a demarcación geopolítica de las fronteras y/o de la convivencia en zonas fronterizas y entre dos o más países. De igual forma, podemos identificar algunas de los elementos que propone Kymlicka, como la participación ciudadana en la concepción de las comunidades societarias; en particular el énfasis que hacen ambos en los procesos identitarios: “To “territorialize” means to assign “identities” for collective subjects within structures of power, therefore to categorialize and individualize human beings.” (Balibar, 2004: 4)

Es evidente que no se puede hablar de territorio-frontera sin hablar de soberanía, por lo que Balibar hace énfasis en que esta triada conceptual del Estado-nación moderno ha sido sacralizada desde su existencia, incluso con más anuencia que durante el estado estamental o monárquico. De igual forma, Balibar observa que esta situación cambia con la globalización tanto en el sentido de pensar la emergencia de lo supranacional o las super-fronteras, como en el desmantelamiento de las múltiples funciones del Estado con respecto a sus fronteras concluyendo:

As a consequence, the constitutive relationship between territory, population and sovereignty, is no longer taken for granted, at least when seen “from outside”. It tends to be replaced by various forms of mobile equilibrium between “internal” and “external” conflicting forces, and substituted by stronger and broadres “global borders”, which appear as territorial projections of the political World Order (or disorder). (Balibar, 2004:5)

Para Balibar este espacio político debe tomar otras rutas y no quedarse en la ambigüedad como ha sucedido hasta ahora en Europa, donde a partir de la conformación de la Unión Europea se dejaron fuera países y culturas que le dieron forma a este continente, hablando desde una perspectiva histórica. Para ello retoma o propone la importancia de los actores políticos y/o de la agencia política de los sujetos, así como de las organizaciones civiles. En este sentido, alude a los sujetos transnacionales que cruzan las fronteras y se organizan para expresar sus demandas o expectativas, sin mediación de la burocracia nacional o supranacional, pero que unen sus esfuerzos con los otros, los que son de afuera, ya sean refugiados o migrantes con o sin papeles con la intención de poner sobre la mesa el debate de los derechos civiles y humanos.

Balibar afirma que en el caso de Europa parece que las fronteras tradicionales, las fronteras internas, son mucho más rígidas e impenetrables de lo que deberían; mientras que las fronteras externas son mucho más penetrables, menos estables y fijas; por lo que cuestiona si “Europa como una zona fronteriza” debe ser rechazada o es mejor reconocerla (Balibar, 2004: 27). Para el caso que nos ocupa, argumentar la importancia de proponer modelos epistemológicos para las zonas fronterizas, el cuestionamiento de Balibar resulta interesante pues al trasladarlo a la situación de la frontera México-Estados Unidos o a la frontera vertical en la que se ha convertido México para los migrantes centroamericanos, valdría la pena repensar y proponer políticas públicas ad hoc a la situación y, en este sentido, es mejor reconocer la existencia de las zonas fronterizas, pues la invisibilidad de las mismas es producto de su no locución a nivel nacional y supranacional.

Finalmente, Jacques Derrida, en un texto titulado Aporías, elabora una genealogía del concepto de Frontera desde dos (tres) proposiciones: “las fronteras respecto a la muerte” (cuestionamiento que le hace a Heidegger en función del Ser y la muerte); “las fronteras de la verdad”; y “las fronteras de la propiedad” (1998: 18). Para esta investigación me interesa elaborar una argumentación en función de las últimas dos.

En este libro, Derrida hace un recorrido no sólo etimológico, sino también filosófico de la pertinencia de establecer los límites de verdad en la filosofía y desarrolla un “doble concepto de la frontera”. El primero se refiere a la frontera que “pasa entre contenidos” (entiéndase cosas, objetos, territorios, países, Estados, culturas, lenguas, etc.); “el otro tipo de límite fronterizo pasaría entre un concepto (especialmente el de deber) y otro, según el rasero de una lógica oposicional” (Derrida, 1998: 38).

Derrida también pone el dedo en el renglón de los cuestionamientos actuales sobre el abordaje y tratamiento de la(s) frontera(s) no sólo como una “línea espaciadora”, sino también como un constructo “antropológico”, en un afán de hacer evidente la categorización del constructivismo metodológico que no deja espacio para realizar estudios que rebasen lo económico-demográfico (como se observa en varios de los análisis actuales sobre migración y fronteras) y propone una aproximación ontológica de la frontera:

La frontera designa, de forma casi estricta si no propia, esa linde espaciadora que, en una historia, y de forma no natural sino artificial y convencional, nóminca, separa dos espacios nacionales, estatales, lingüísticos, culturales. Si decimos de esta frontera —en el sentido estricto o corriente— que es antropológica, lo hacemos por hacerle una concesión al dogma dominante según el cual sólo el hombre posee semejantes fronteras, y no el animal del que se piensa normalmente que, aunque tiene territorios, su territorialización (en las pulsiones de la (de)predación, del sexo o de la migración regular, etc.) no podría estar rodeada de lo que el hombre denomina fronteras. No hay nada fortuito en ello, el mismo gesto le niega aquí al animal lo que le otorga al hombre: la muerte, el habla, el mundo como tal, la ley y la frontera. (Derrida, 1998: 72-73)

Si tomamos en consideración que las fronteras son un límite artificial que sólo el ser humano es capaz de normar; esta situación da cuenta de lo arbitrario que han sido tanto el establecimiento de las fronteras geopolíticas, como la necesidad de la movilidad de las personas frente a políticas económicas segregacionistas. El endurecimiento de las políticas migratorias, ya sean para “defender” a la nación o para evitar la entrada “ilegal” de personas a un Estado-nación, da muestra de la pretensión artificial de los gobiernos para delimitar territorios bajo pretexto de la seguridad nacional.

Derrida no es el primero en aludir a la frontera artificial —Turner también lo mencionó en su momento junto a otros teóricos más—, pero sí es el primero en pensar en ella como una aporía (no-pasar), entendida como “la forma negativa para designar todavía un deber que, a través de lo imposible o lo impracticable, se anuncia no obstante de forma afirmativa”, refiriéndose al límite entre un concepto y otro (1998: 40). Para ejemplificar esta situación citaré uno de los ejemplos que menciona Derrida al respecto:

            El mismo deber dicta también no sólo acoger al extranjero a fin de integrarlo sino asimismo a fin de reconocer y aceptar su alteridad: dos conceptos de la hospitalidad que dividen, hoy en día, nuestra conciencia europea y nacional.

El mismo deber dicta criticar (“en-la-teoría-y-en-la-práctica”, incansablemente) un dogmatismo totalitario que, con el pretexto de poner fin al capital, ha destruido la democracia y la herencia europea, pero asimismo dicta criticar una religión del capital que instala un dogmatismo bajo nuevos rostros que también debemos aprender a identificar —y éste es el porvenir mismo, de otro modo no lo habrá. (Derrida, 1998: 39)

Lo que queda al descubierto de estos ejemplos es la lógica oposicional entre el deber universal (kantiano) y la realidad.[4]

Como se ha visto hasta ahora, en esta investigación he destacado las concepciones que ciertos teóricos y teóricas que han desarrollado sobre la(s) frontera(s) con la intención proponer la categorización de cuatro formas de concebir la(s) frontera(s): la frontera de la securitización, la frontera socio-histórica, la frontera subjetiva y la frontera glocal. La selección de los teóricos y teóricas no ha sido arbitraria, la intención fue elaborar un paneo de distintas posturas no solo disciplinares del fenómeno fronterizo, sino también contraponer las disímiles lecturas de cómo se deben pensar las fronteras en el mundo (claramente hay visiones ausentes —por un asunto metodológico más que por convicción— estoy pensando en los/las teóricos asiáticos, africanos, de Medio Oriente, de América del Sur, donde las fronteras geopolíticas también son parte de un discurso segregacionista, expansionista y hegemónica de las políticas de Estado) y cómo se deben conformar los espacios de discusión en función de las necesidades reales de las comunidades fronterizas y migratorias sin detrimento de su propia cosmovisión. Esta investigación propone una epistemología de la frontera, que aborda cuestiones de la ontología social ligada a debates y situaciones actuales que le dan forma a las fronteras territoriales contemporáneas.

Bibliografía:

Ancel, Jacques. “Geopolítica de fronteras”. En Daniel Castagnin (compilador) Poder Global y geopolítica. Argentina: Pleamar, 1994.

Anderson, Perry. Transiciones de la Antigüedad al feudalismo. Madrid: Siglo XXI, 2012.

Balibar, Étienne. “Europe as Borderlan”. The Alexander von Humboldt Lecture in Human Geography, University of Nijmegen, November 10,2004.

Billington, Allen. “How The Frontier Shaped The American Character”. American Heritage, Volume 9,  Issue 3, April 1958. http://www.americanheritage.com/content/how-frontier-shaped-american-character (fecha de consulta: 28 de agosto de 2013).

Crossman R. H. S., Biografía del Estado Moderno, México, FCE, 1986.

DERRIDA, Jacques. Aporías. Barcelona: Paidós, 1998.

Dick, E. The Story of the Frontier: A Social History of the Northern Plains and Rocky Mountains. New York: Tudor Publishing Company, 1941.

Fernández Carrión, Miguel H. “Historiografía, metodología y tipología de fronteras”. Projeto História nº 41, diciembre 2010.

Forbes, Jack. “The Indian in the West: A Challenge for Historians.” Arizona and the West, Vol. 1, No. 3 (Autumn, 1959), pp. 206-215. http://www.jstor.org/stable/40166960 (fecha de consulta: 27 de agosto de 2013).

Grimal, Pierre. El imperio romano. Barcelona: Crítica, 2000.

Hartshorne, Richard. “El concepto de geografía como ciencia del espacio: de Kant y Humboldt a Hettner”. Documents D’analisis geogràfica 18, 1991. www.raco.cat/index.php/DocumentsAnalisi/article/download/41521/52348 (Fecha de consulta: 27 de agosto de 2012).

———. The Nature of Geography: A Critical Survey of Current Thought in Light of the Past. Lancaster: PA: Association of American Geographers, 1939.

Kymlicka, Will. Fronteras territoriales. Madrid: Trotta, 2006.

Lattimore, Owen. Studies in Frontier History: Collected Papers 1928-1958. London: Oxford University Press, 1962.

Rodríguez, Roxana, Cultura e identidad en la región fronteriza México-Estados Unidos: Inmediaciones entre la comunidad mexicoamericana y la comunidad fronteriza. Editorial Eón, 2013.

———.“Epistemología de la frontera: los límites del otro”, en Revista Ideacao. Brasil, Vol. 13, No. 1, 2011, pp. 11- 28. http://e-revista.unioeste.br/index.php/ideacao/issue/view/413/showToc

Rosenfeld, Michael. “Mexican Immigrants and Mexican American Political Assimilation.” Migration Between Mexico and the United States: Research reports and background materials. 1998.

Samarkin, V. V. Geografia histórica de Europa occidental en la Edad Media. Madrid: Akal, Akal/Universitaria, 1981.

Sassen, Saskia. “Bordering Capabilities versus Borders: Implications for National Borders”. Michigan Journal of International Law, Vol. 30, Spring 2009, p. 567-597.

———. Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales. España: Katz, 2010.

Sorensen Max. Manual de Derecho Internacional Público. México: FCE, 1985.

Taylor Hanse, Lawrencen Douglas. “El concepto histórico de la frontera”. Miguel Olmos (coordinador) Antropología de las fronteras: Alteridad, historia e identidad más allá de la línea. México: COLEF, Porrúa, 2007.

Turner, Frederick J. “The Significance of the Frontier in American History.” Chicago, 1893. http://nationalhumanitiescenter.org/pds/gilded/empire/text1/turner.pdf (fecha de consulta: 27 de agosto de 2013).

Velasco Hernández, Alfonso. México en el ámbito geopolítico estadounidense. México: Tesis de Maestría, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 2005.

– – – – – – – – – – –

* El presente artículo es parte del libro titulado (Rodríguez, Roxana) Epistemología de la Frontera. Modelos de sociedad y políticas públicas. México: Eón, UTEP, SIPAM, Iniciativa Ciudadana, 2014, pp. 15-37. El libro se puede conseguir en Amazon.

[1] Véanse los libros Alegoría de la frontera México-Estados Unidos […] y Cultura e identidad en la región fronteriza México-Estados Unidos […]. En el primero elaboro una propuesta epistemológica a partir de identificar los tópicos principales de la literatura fronteriza y las características culturales que emanan de ellos. En el segundo abordo las rupturas culturales que se han dado entre los sujetos que habitan la frontera y cómo ellos se han apropiado de esos vacíos para consolidar zonas de convivencia fronterizas.

[2] El caso de la filosofía es particular pues el tema del otro, de la alteridad, del extranjero, está presente desde los griegos. Podemos encontrar referencia en Las leyes de Platón, específicamente en el libro octavo; así como en otros pensadores de su época. Estas ideas sobre el extranjero fueron retomados por autores como Francis Bacon y posteriormente Kant elabora un trabajo exhaustivo sobre el tema en La paz perpetua. Los teóricos de la Escuela de Francfort hacen un trabajo notable y Hanna Arendt es la cúspide de esta camada de escritores exiliados en varios de sus libros pero específicamente en Tiempos presentes. Actualmente varios de los filósofos se interesan por el tema de la frontera como se verá en los siguientes capítulos.

[3] Deleuze y Guattari afirman que “Los movimientos de desterritorialización no son separables de los territorios que se abren sobre otro lado ajeno, y los procesos de territorialización no son separables de la tierra que vuelven a proporcionar territorios. Se trata de dos componentes, el territorio y la tierra, con dos zonas de indiscernibilidad, la desterritorialización (del territorio a la tierra) y la reterritorialización (de la tierra al territorio). No puede decirse cuál de ellos va primero” (2005: 86).

[4] Sobre la lógica oposicional entre el imperativo categórico (Kant) y la hospitalidad como ley incondicional (Derrida) estoy realizando una investigación titulada “Los límites de la hospitalidad”; de tal suerte no ahondaré más en este tema.