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Tijuana no deja de sorprenderme

Así nombré el poema 27 de Poética de un sabático, “Tijuana no deja de sorprenderme”, donde hago varias referencias a una ciudad que me ha cobijado con la palabra, con su gente, con su riqueza cultural, artística. Una ciudad que me ha dado para escribir mucho, como a varios que conozco, porque logra juntar, hacer eco, de las voces de quienes estamos de paso.

Desafortunadamente esas voces se han silenciado poco a poco, y esta semana experimentamos el desenlace del encuentro de quienes salieron de Honduras, junto con otros tantos de El Salvador, Guatemala y México, para llegar a Estados Unidos. Empezaron cinco mil y han cruzado México, desde finales de octubre, casi 17 mil personas migrantes que buscan asilo y refugio en el país del sueño americano.

Si las personas migrantes ya habían padecido suficiente con la caminata diaria de más de 50 km, después de recorrer más de 4000 km, atravesar varias ciudades, a veces acompañados, a veces en solitario, al llegar a Tijuana se toparon no solo con la frontera de Trump y de sus antecesores, sino con la xenofobia de la gente de Playas (una zona de clase media que colinda con el muro fronterizo) y la de su alcalde, Juan Manuel Gastellum, quien ha salido a dar entrevistas con una gorra roja que en letras blancas dice “Make Tijuana Great Again”, como lo ha hecho Trump, con una que dice “Make America Great Again”, cada que habla de su muro para combatir la migración irregular en Estados Unidos. No es casualidad.

Y, bueno, quienes nos dedicamos a estudiar los fenómenos fronterizos y migratorios sabemos por lo que cruzan las personas migrantes en su tránsito por México, la frontera vertical más sofisticada que junta la corrupción y el crimen organizado, como se puede observar en el seguimiento que he dado en este blog desde que la caravana migrante salió de Honduras el 13 de octubre. Los y las defensoras de derechos humanos, junto con algunos académicos, habíamos logrado cambiar la cara de la criminalización de la migración, por una de acompañamiento y hospitalidad, hasta que se da este éxodo centroamericano que, en su paso por varias ciudades del país, y, especialmente, en redes sociales, se ha topado con la xenofobia (que no conoce de clases sociales).

Desafortunadamente, puedo afirmar que es una xenofobia global que corresponde a la precariedad en la que se encuentran nuestros países, a la ausencia de un estado de derecho, y a la falta de capacidad de mirar más allá de lo que el miedo al otro nos convoca como sociedades. Esta xenofobia que ahora vivimos en México la viví igualmente en Barcelona, en Grecia, en Inglaterra, cuando estuve haciendo investigación de campo en 2016, con la mal llamada crisis de refugiados sirios, afganos, iraquíes, subsaharianos. Como he dicho en otros textos, el Brexit, la llegada de la ultraderecha en Europa, el triunfo de Trump, el triunfo de Bolsarano, no son hechos aislados en un mundo globalizado.

¿Qué salidas tenemos? Varias pero no se pueden pensar de forma global, sino local, como lo planteo en el modelo epistemológico de la frontera (2014), donde propongo la necesidad de diseñar modelos de sociedad ad hoc a las sociedades de transito, destino, origen y retorno, sean o no zonas de convivencia fronteriza. En la Unión Europea hemos presenciado que el cosmopolitismo al que le apostaron se está difuminando, en Estados Unidos el multiculturalismo está regresando después de las elecciones intermedias, pero en México y Centroamérica damos bandazos porque hemos tropicalizado no solo los modelos económicos, sino también los modelos de sociedad. Es tiempo de sentarnos a repensar nuestro ethos, deconstruir nuestras formas de organización y apostarle a un modelo de sociedad hospitalario y plural dónde también participen las personas migrantes, refugiadas y deportadas.

Tijuana no deja de soprenderme. Cada día una historia nueva, una mirada diferente, un recorrido revelador, una coincidencia enigmática, una casualidad. Lectura a dos voces de un poema. Espacios decantados. Escritoras guerrilleras. Defensores de la palabra. Últimas sobrevivientes de la poesía, un género que ha cedido a los influjos de lo mediático. (Rodríguez, 2018)

Sobre mis escritos fronterizos véase:

Postales sobre la retrospectiva de InSite en la Tallera

La literatura de la frontera: apología de la posmodernidad

¿Es la migración una trampa de la modernidad? El sueño americano cuestionado por Kafka a principios del siglo XX

De-constructing the border: Maternal language interdiction (and it is literary representation)*

La comunidad transfronteriza: la subcultura del reciclaje y la reconfiguración social de la mujer *

La frontera: confluencia de dos literaturas regionales *

Libros:

Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos literaturas colindantes.

¿Brexit light para 2019?

Lo que no se hizo en estos dos años del referéndum realizado en 2016 en Gran Bretaña, donde se apostó su salida de la Unión Europea, empieza a poner en riesgo la propia lógica (inadmisible) del por qué se optó por cerrar comercio exterior y recrudecer las leyes migratorias por la escalda de refugiados sirios en el resto de Europa.

Sobre los antecedentes y el cómo viví este escenario en 2016, mientras realizaba la investigación que lleva por título Cartografía de las fronteras. Diaria de campo,* Roxana Rodríguez (2016), comparto el capítulo tercero de dicho libro:

La utopía de las no fronteras en el espacio Schengen

Quizás la idea de Europa fuera y siga siendo una utopía…

Pero ha sido y sigue siendo una utopía activa,

luchando por fusionarse y consolidar acciones

por lo demás desconectadas y multidireccionales.

Cuán activa resulte ser esa utopía dependerá

en última instancia de sus actores.

Zygmunt Bauman

 

 

Desde hace más de dos décadas que sigo muy de cerca los cambios que ha sufrido la Unión Europea a raíz de la entrada en vigor del Acuerdo Schengen (1995), de la adhesión de un bloque importante de países a partir del siglo XXI, especialmente de Europa del Este (2004, 2007 y 2013), y sobre todo con el uso de la moneda única, el Euro (2002). Este seguimiento ha sido, en la mayoría de las veces, presencial pues desde 1993 (año en que el Tratado de Maastricht establece la Unión Europea) he sido una turista, estudiante y migrante recurrente, asentándome la mayoría de las veces en Barcelona, lo que me ha permitido viajar por el resto de Europa, Medio Oriente y norte de África con pasaporte mexicano. Esto es importante mencionarlo, hacer la distinción, porque sin duda los controles migratorios se viven diferente según el “color” de tu pasaporte y la procedencia del mismo.[1]

De igual forma, hago énfasis en la distinción en mi estatus migratorio porque durante los meses o años que he vivido en Barcelona, como los veranos que he estado solo de paso, suman para entender los diferentes cambios en las leyes de extranjería, por ejemplo, que sin duda se han recrudecido desde el 2002, cuando llegué a estudiar al doctorado, al 2016 que regresé para hacer una estancia de investigación de seis meses. En cada uno de estos momentos, además, me he topado con distintas crisis de movilidad humana que han hecho de la Unión Europea un caldo de cultivo de parches que funciona de forma temporal, pero que no da una solución a largo plazo con respecto a las políticas migratorias, de asilo y refugio.

Recuerdo por ejemplo la crisis económica argentina de principios del siglo XXI, cuando miles de personas pudieron optar por cambiar su pasaporte por uno italiano o español principalmente, y entrar como miembros de la Unión Europea.[2] Esto les daba ventaja para conseguir trabajos regulares sobre las otras comunidades americanas que migran normalmente a Europa: los bolivianos, los peruanos, los colombianos, los ecuatorianos. Migrantes económicos todos ellos (a diferencia de la comunidad mexicana, que casi siempre somos migrantes culturales que vamos a estudiar o viajar por un tiempo determinado, contrario a lo que sucede con la migración mexicana a Estados Unidos), que en muchos casos no contaban con papeles y tenían que trabajar en negro pues a las empresas no les interesaba tramitarles las visas de trabajo derivado de un aumento de la oferta de mano de obra barata, especialmente para las industrias del servicio, la construcción y el turismo, que en Barcelona empezó a crecer considerablemente en esos primeros años del presente siglo.

A partir del 2005 se recrudecen los controles fronterizos de la migración africana que cruza por Melilla.[3] En 2015-2016 observamos un fenómeno similar que colapsa incluso el Acuerdo Schengen, pues no solo varios países decidieron cerrar sus fronteras internas (Alemania, Austria, Dinamarca, Francia, Malta, Noruega y Suecia), amparados en los Art. 23, 24 y 25 del Código de fronteras Schengen;[4] sino que otros países, integrantes y no integrantes del espacio Schengen, empezaron a levantar vallas alambradas donde antes no los había (Hungría, Macedonia, Bulgaria) para impedir el paso de millones de refugiados sirios, afganos e iraquíes que llegaron a las costas europeas (Italia y Grecia, principalmente) desde el primer semestre de 2015.

Así, a pesar de que la demografía de los países europeos supone un porcentaje menor de la población total del resto del mundo (por ejemplo, la delegación de Iztapalapa de la Ciudad de México, tiene más de los tres millones de habitantes que viven en Barcelona), la capacidad de acogida es menor a la que se puede observar en otros lados del mundo, como Estados Unidos, Canadá, Australia, por mencionar solo algunos de los puntos de llegada más socorridos por las personas que ven en la migración una mejora en sus condiciones de vida, ya sea por cuestiones económicas o por la violencia institucionalizada en sus lugares de origen.

La diferencia, desde mi perspectiva, en el tratamiento que se le da al fenómeno migratorio o de movilidad humana, por lo menos entre el resto de los continentes (América, Asia, África, Australia) y Europa se debe a lo que Foucault menciona referente a la vigencia de los ideales liberales que enfatizan el enriquecimiento en bloque –que será también lo que paradójicamente provoque el desequilibrio que se vive actualmente en la Unión Europea:

Se perfila algo que es una idea nueva de Europa, una Europa que ya no es en absoluto la Europa imperial o carolingia más o menos heredada del Imperio romano y referida a estructuras políticas muy específicas. Es una Europa del enriquecimiento colectivo, una Europa como sujeto económico colectivo que cualquiera sea la competencia que se produzca entre los Estados, debe avanzar por un camino que será el del progreso económico ilimitado. (Foucault, 2012: 62)

En este sentido, considero que el análisis comparativo que hace Foucault entre el ordoliberalismo alemán y el liberalismo estadounidense es clave para comprender las dinámicas sociales derivadas de la mundialización, en el sentido literal del uso lingüístico francés, un pequeño giro que convoca “a todo el mundo en torno a Europa” (Foucault, 2012: 62). No me detendré en detallar las particularidades de cada uno porque no es materia de este libro, aunque no se puede entender lo que sucede en la Unión Europea si no se comprende que ésta es, ante todo, una economía política movida por un mercado único que hace frente al resto de las regiones, y fundada sobre los principios básicos del liberalismo:

El arte de gobernar programado hacia la década de los treinta por los ordoliberales y que hoy se ha convertido en la programación de la mayoría de los gobiernos en los países capitalistas, pues bien, esa programación no busca en absoluto la constitución de este tipo de sociedad [uniforme a través del consumo]. Se trata, al contrario, de alcanzar una sociedad ajustada no a la mercancía y su uniformidad, sino a la multiplicidad y la diferenciación de las empresas. (Foucault, 2012: 161)

Con base en esta racionalización el(los) gobierno(s) tiene(n) que lidiar con la ciudadanía, la soberanía y el territorio, mediante lo que Foucault denomina “gubernamentalidad” que abarca “el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esa forma bien específica, aunque muy compleja, de poder que tiene por blanco principal la población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad” (Foucault, 2008: 115) [las cursivas son mías].

La racionalización de gobierno permea cualquier intento de constructo social o cambio social mediante lo que Foucault denomina las tecnologías de poder. En este sentido, es que resulta indispensable deconstruir cada una de las capas que le dan forma a esa racionalización. Para ello propongo, como se puede observar en la tabla del capítulo primero, el análisis de tres planos conceptuales: la ciudadanía, el territorio y la soberanía de frente a las fronteras del espacio Schengen (y en continuidad con lo que ya analicé en el capítulo segundo, específicamente los tres momentos del proceso autoinmune de las fronteras del Estado-nación).

El análisis de estos tres planos de contenido me permite estudiar modelos de sociedad distintos (principalmente el cosmopolita) a los que ya he analizado en mis investigaciones previas (intercultural y multicultural), especialmente en las fronteras sur y norte de México. También me permite analizar los enfoques de la política interna y la política exterior, centrados en la seguridad de la Unión Europea, en el bloque económico, en el mercado único, pero no en la población ni en la libertad de circulación, por lo menos no como se piensa en los ideales de un modelo de sociedad cosmopolita, sino como un dispositivo de seguridad que, como observa Foucault, “tratará de acondicionar un medio en función de acontecimientos o de series de acontecimientos o elementos posibles, series que serán preciso regularizar en un marco polivalente y transformable”. Estos acontecimientos, como la mal llamada crisis de refugiados, casi siempre son temporales y aleatorios, pero se “inscriben en un espacio dado” (Foucault, 2008: 34).

En este sentido, cuando me refiero al fracaso de la utopía del espacio Schengen aludo específicamente a que ha prevalecido, incluso por encima de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho (valores de la Unión Europea), el tema de la seguridad, de la frontera de la securitización, paradójicamente, una seguridad que no queda en manos del Estado, sino de las empresas privadas, como lo analizaré más adelante.

 

Las fronteras del espacio Schengen: el laboratorio de lo que está por venir

Por primera vez estudio las fronteras del otro lado, del lado del colonizador, del que dirige las políticas internacionales y del lado de quien decide el devenir de los migrantes y refugiados (antes lo había hecho solo viendo hacia el Norte, no desde el Norte). Situación que me ha permitido escuchar a la gente de a pie, a los académicos, a los representantes de la sociedad civil y a los políticos. Es lo que tiene estar de sabático en un momento crítico para el devenir de las sociedades, y sobre todo para la fractura del Estado-nación. [5]

Si bien es cierto que la idea inicial de mi estancia era estudiar otras fronteras, decidí no dejar pasar la oportunidad (en sentido epistemológico) de lo que considero el fracaso de la utopía de las no-fronteras de la Unión Europea en tres niveles principales, el que se vincula con la ciudadanía desde la perspectiva de modelo de sociedad cosmopolita; el segundo, el que se refiere al territorio, aludiendo específicamente a las regulaciones vigentes en la Unión Europea y a un enfoque de seguridad interna; el tercero, al de soberanía, con base en la política exterior.

Para ello parto de dos de las variables más cuestionadas y analizadas de la globalización que son justamente su determinante excluyente y su pretensión de universalidad, las cuales, desde mi perspectiva, debemos integrarlas a los modelos de sociedad que se propongan en el por-venir, sin menoscabo de la crítica necesaria que se debe hacer a cualquier economía política vigente, y con la intención de superar las contradicciones internas de la ciudadanía social, dado que, como afirma Balibar, “los valores inherentes a las reivindicaciones de los derechos universales (que hemos agrupado bajo el nombre de igual-libertad) ya no desempeñan ningún papel en su funcionamiento y su desarrollo (incluso en su condición de fuerza, de resistencia o de oposición)” (Balibar, 2013: 175).

Este punto me parece el más preocupante porque desde los años ochenta del siglo pasado existe, por lo menos en los estudios fronterizos entre México y Estados Unidos, un vocabulario amplísimo de cómo documentar, nombrar, aludir a todos aquellos que migran de forma irregular, pero casi siempre es un vocabulario de imposición, “donde el que llega se debe adaptar a lo que hay”. Así fue con los migrantes mexicanos hicieron comunidad, hasta lograr ser la minoría más representativa en los Estados Unidos, en parte porque lograron diferentes formas de sincretismo, otro tanto gracias a la agencia política, aunque el glosario asimilacionista nunca ha dejado ser un lastre para todos aquellos que de alguna forma quieren o deben formar parte de una nueva cultura (otra forma de epistemicidio).[6]

De igual forma, como lo comenté en el primer capítulo, estudiar las fronteras verticales y horizontales del espacio Schengen es otra manera de darle continuidad al modelo epistemológico de la frontera; un modelo no universal y que se presta para hacer estudios fronterizos comparativos, donde conceptos como hospitalidad, en sus diferentes acepciones del término, son indispensables considerar para ampliar el glosario de lo que “está por venir”, derivado de la ausencia de políticas claras con respecto al tratamiento que se les debe dar a los refugiados que están llegando masivamente a las costas europeas, y, en general, a los migrantes que transitan por el resto del mundo.

Encuentro en estos aspectos culturales, específicamente en el de la construcción identitaria, el énfasis para abordar un modelo epistemológico de la frontera, porque permite avanzar a modelos interdependientes de sociedad, a pesar de que los problemas sociales actuales se “producen a escala global, mientras que los instrumentos de acción política legados por los constructores de los estados-nación se cortaron a la medida de los servicios que dichos estados-nación territoriales requerían” (Bauman, 2015: 270). Esto provoca que las actuales políticas migratorias y de asilo sean una mera coartada retórica para fundamentar la ausencia de un proyecto europeo basado en un modelo de sociedad que beneficie a los ciudadanos.

Pienso, por ejemplo, en el plan Barcelona Ciudad Refugio, que inició en septiembre de 2015, una iniciativa sin duda innovadora, que tiene trazos de dos propuestas que desarrolló Derrida, y que desde mi perspectiva son características indispensables de lo que podría ser un modelo de sociedad cosmopolita en el presente siglo. La primera de ellas es la hospitalidad absoluta (contraria a la hospitalidad condicionada de Kant); la segunda se refiere justamente a la ciudad refugio: “Whether it be the foreigner in general, the immigrant, the exiled, the deported, the stateless or the displaced person (the task being as much to distinguish prudently between these categories as is possible), we would ask these new cities of refuge to reorient the politics of the state” (Derrida 2001: 15).

Entre las acciones del plan Barcelona Ciudad Refugio se contempla “dar respuesta a la crisis humanitaria actual y preparar la ciudad para acoger y asistir a las personas refugiadas, proveerlas de los servicios necesarios y garantizar sus derechos” (Ayuntamiento de Barcelona, 2016). Resalto en cursivas “preparar a la ciudad para acoger” porque esto es un ejemplo del caldo de cultivo de parches al que me referí anteriormente. Existe una tradición migratoria constante, cíclica hacia Europa, y aun así se sigue improvisando en las políticas que se deben implementar para “acoger” a las personas. Esta ausencia de visión a largo plazo se junta con una “crisis de identidad europea”, que hace mucho más complicado que la ciudadanía sea empática con los extranjeros durante los procesos de acogida de refugiados y migrantes en general, no solo en España, como se ha visto en los últimos meses.

Otro ejemplo de políticas públicas ajeno a las necesidades de los migrantes es un programa previo denominado Barcelona Intercultural 2012-2015 que “se enmarca dentro de la Dirección de Derechos de Ciudadanía e Inmigración, y depende, por tanto, del Área de Derechos de Ciudadanía, Participación y Transparencia del Ayuntamiento de Barcelona”. Este programa está pensado desde una forma de colonialismo interno puesto que a pesar de que una de sus líneas de acción propone dar a conocer la diversidad cultural presente en la ciudad, favorece el uso de una sola lengua, la catalana, “como función cohesionadora”. Lo que en algunas situaciones puede ser visto, y aplaudido, como una emancipación cultural (el movimiento independentista catalán, por ejemplo), en otras es visto como imposición cultural (acogida de migrantes y refugiados), especialmente cuando se habla de un programa intercultural donde se privilegia “el uso y el conocimiento del catalán como lengua común, que convive y se enriquece con la diversidad lingüística propia de la sociedad catalana actual” (Ayuntamiento de Barcelona, 2016).

En este sentido, si lo que en sus inicios (1950) se pensó como una solución para transitar de una época de guerra a otra de paz mediante la firma de convenios particulares (específicamente el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1952) que pudieran unificar la Europa de mediados del siglo pasado y evitar conflictos posteriores, como los que ya habían azotado a la región en varios momentos; en este siglo, 65 años después de su creación, la Unión Europea es un proyecto incompleto que contraviene sus propios compromisos de frente a la población europea y no europea.[7]

Puedo situar por lo menos tres momentos que han sacudido el proyecto europeo durante el presente siglo: la crisis financiera internacional de 2008 que impactó principalmente a Grecia (Grexit), España, Portugal, Irlanda y Chipre; la actual crisis de refugiados; y sin duda, el reciente referéndum realizado en Reino Unido, donde un porcentaje de la población británica apoyó la salida del país de la Unión Europea (Brexit):

Again from this point of view the comparison between Grexit and Brexit could prove instructive. The weakness of Greece–abandoned by all those who logically ought to have supported its demands–has led to a regime of internal exclusion; conversely, the relative strength of the UK (which can count on solid support within the EU) will doubtless lead to an accentuated form of external inclusion. Is that to say that this isn’t a turning point? Obviously not. Let’s briefly examine the ‘British side’ and the ‘European side,’ before explaining why they are not separable, but instead represent two sides of one same coin. (Balibar, 2016: 112)

De frente a este panorama no tan optimista con respecto a los ideales de lo que en sus inicios fue la conformación de la Unión Europea, es que propongo pensar sus fronteras internas y externas más allá de la utopía que presupone el espacio Schengen.[8] Una utopía que en el imaginario colectivo se vincula con el modelo de sociedad cosmopolita, a pesar de que los filósofos que lo pensaron, especialmente Kant, que se refirió al derecho cosmopolita, no lo asociaba propiamente con una “república mundial” por las complejidades epistémicas que implica pensar en una “soberanía internacional”.[9]

Es decir, lo que actualmente ha puesto en jaque al proyecto europeo es solo la punta del iceberg de una serie de situaciones no resueltas que ha ido arrastrando la Unión Europea desde su creación. Con ello no quiero decir que todo lo que se ha hecho en más de medio siglo sea incorrecto, todo lo contrario, considero que ha sido un proyecto visionario de comunidad que, desafortunadamente, como los son los grandes proyectos teóricos, al momento de llevarlos a la práctica es que empiezan a fallar. Sin duda la Unión Europea ha promovido grandes cambios en el bienestar de la mayoría de su población, pero, lamentablemente, ese bienestar, a su vez, ha provocado un recelo desmedido contra el otro, el extranjero, el migrante, el refugiado. Un temor irracional de “perder” lo que hasta ahora se ha conseguido:

Hay un mito romántico en el que Europa era un lugar de defensa de los derechos humanos. Es un discurso hegemónico que no permitía ver lo que se estaba dejando fuera. Con la crisis, el terrorismo, etcétera se ha visto que esta idea romántica no ha tenido nunca razón de ser. Existía porque la Europa de después de la guerra tenía el control de las personas que quería para trabajar. Con los refugiados de ahora ya no es posible controlar, es demasiada gente. Entonces todos los tratados, que la UE debía cumplir, se convierten en papel mojado. Los tratados de asilo dicen que nunca debe haber una deportación colectiva, y así están deportando. Ha habido una idea de Europa como la imperialista buena. Por ejemplo: Israel destruía Palestina y la UE llegaba y reconstruía. Ahora las cosas son distintas, porque Europa tiene un problema. Tal vez si el capitalismo financiero no hubiese logrado destruir la autoestima de griegos, portugueses, españoles y fomentar la extrema derecha, la crisis de los refugiados hubiese sido resuelta de mejor forma, con unos ciudadanos europeos con más confianza y menos temor (De Sousa en Andrades & Marín, 2016).

 

Externalizar las fronteras: el negocio del outsoursing

 

Como en su momento lo comenté con algunos colegas que me preguntaban sobre mi experiencia en la Unión Europea durante esta última década, considero que el saldo para la población que forma parte de ésta es positivo (especialmente en los ámbitos de educación, acceso a la cultura y actividades de entretenimiento, aunado a la posibilidad de movilidad humana interna y externa), pero el costo para mantener la maquinaria es altísimo para los países que la sostienen, específicamente los del norte de África, en distintos niveles: demográficos, energéticos, de securitización de sus fronteras y medioambientales:

Estos desafíos son demográficos: las poblaciones europeas envejecen, se estancan y se enfrentan a una joven población africana en aumento que ejerce una presión migratoria. Son energéticos: Europa necesita hidrocarburos, carbón e incluso energía solar procedente del continente africano. Son culturales y lingüísticos: África habla los idiomas de los colonizadores francófonos, anglófonos y lusófonos. Son securitarios: con la necesidad de asegurar las rutas marítimas y el clima de negocios para las empresas europeas y de recluir al yihadismo en África. Y, por último, los desafíos son medioambientales: existe una complementariedad en la captación y el almacenamiento de los gases de efecto invernadero (GEI), por ejemplo mediante la salvación de los bosques, y en la adaptación a los cambios climáticos y la resistencia frente a ellos. (Hugon, 2011: 68)

En este sentido, se puede afirmar que el proyecto como tal ha sido muy costoso para muchas personas, especialmente aquellas que ahora, con justicia histórica, demandan asilo en las costas europeas, pero que actualmente no solo no son escuchados, sino que empiezan a ser anulados, ignorados, desplazados fuera de sus lugares de origen y se encuentran en condiciones más precarias de las que habían huido, derivado de la política de exteriorizar las fronteras condensada en la “ruta detallada con todas las etapas concretas necesarias para volver a ordenar la gestión de las fronteras exteriores e interiores de la UE”, presentada en marzo de 2016.

En el boletín de prensa que da cuenta de esta sesión, se citan las palabras del comisario de Migración, Asuntos de Interior y Ciudadanía, Dimitris Avramopoulos, quien defiende la política exterior de reforzar la seguridad interna de la Unión Europea, sin menoscabo del costo social que esta agenda pueda conllevar para los refugiados:

En esta hoja de ruta presentamos las próximas etapas que debemos afrontar juntos para devolver lo antes posible la normalidad al funcionamiento del espacio de Schengen y que requieren la adopción de una serie de medidas importantes. En primer lugar, todos los Estados miembros deben acatar las normas: es preciso poner fin a la política de “permitir el paso”. Además, los Estados miembros deben conceder acceso a los solicitantes de asilo, pero denegar la entrada a quienes tengan meros fines de tránsito. En segundo lugar, hemos de subsanar las graves deficiencias detectadas en nuestras fronteras exteriores, pues obviamente nuestro espacio interior libre de controles fronterizos solo puede existir si protegemos firmemente nuestras fronteras exteriores. Para ello, los Estados miembros deben adoptar sin demora la propuesta de la Comisión relativa a la Guardia Europea de Fronteras y Costas presentada en diciembre [de 2015], de manera que pueda empezar a aplicarse ya en el verano. Ha llegado el momento de que los Estados miembros trabajen codo a codo, unidos por el interés común de salvaguardar uno de los mayores logros de la Unión. (Comisión Europea, 2016)

Desde mi perspectiva, era previsible que la Unión Europea llegara a la decisión de exteriorizar las fronteras del norte del Mediterráneo y dar carpetazo al tema de los refugiados y los migrantes sirios, afganos, iraquíes, marroquíes y todo aquel que quisiera intentar llegar al viejo continente. Hace algunos años ya lo había hecho España con Marruecos, ahora lo hace Bruselas, en nombre de los 28 representantes de los países europeos, con Turquía. ¿Y por qué era previsible?

Los debates sobre el territorio son amplios y a veces ambiguos, casi siempre aluden a la falacia naturalista kantiana de que la Tierra es redonda y finita.[10] Un argumento pertinente para la diégesis lógico-dimensional que sirve de pretexto y parcela el territorio de diferentes maneras, no solo como propiedad privada, sino también como soberanía territorial, uno de los conflictos que con la mal llamada crisis de refugiados salió a flote en varios países donde la derecha también ha ganado escaños debido a las facultades que tiene cada Estado miembro de la Unión Europea y del espacio Schengen para detener, deportar o brindar asilo a los refugiados de acuerdo a como está previsto en la regulación Dublín III, donde se estipula:

Artículo 13

Entrada y estancia

  1. Si se determina, atendiendo a pruebas o a indicios según se describen en las dos listas citadas en el artículo 22, apartado 3, del presente Reglamento, incluidos los datos mencionados en el Reglamento (UE) no 603/2013, que el solicitante ha cruzado la frontera de un Estado miembro de forma irregular por vía terrestre, marítima o aérea, procedente de un tercer país, el Estado miembro en el que haya entrado de tal forma será responsable del examen de la solicitud de protección internacional. Esa responsabilidad cesará 12 meses después de la fecha en que se haya producido el cruce irregular de fronteras. (Parlamento Europeo y el Consejo de la UE, 2013)

Lo que provocó la crisis en territorio europeo con la llegada de refugiados a mediados de 2015 fue el cuello de botella derivado de la ambigüedad del propio reglamento. Es decir, la mayoría de los refugiados querían, por un lado, llegar lo más al norte que se pudiera (frontera vertical), pero la instrucción desde el norte fue justo frenar la oleada de refugiados en la frontera horizontal del Mediterráneo. Los países del sur europeo hicieron lo propio, pero al momento de registrar a los refugiados, quienes tendrían que hacerse cargo de ellos serían justamente los países del sur, como se lee en el Artículo 13 arriba citado y resaltado en cursivas, pero dadas las desventajas que éstos presentan frente al resto de los países del norte de Europa, la primera reacción de muchos de sus gobernantes fue negarse a acoger a los miles de migrantes que a diario estaban entrando por las costas europeas.

En la actualidad, esta falta de consenso en la agenda migratoria europea y la presión que ha recaído en los países del este y del sur de Europa sirve de pretexto para que gobiernos como el de Hungría, auspiciados por la oleada populista de los referéndums, planee su salida de la Unión Europea:

El gobierno húngaro, que ya votó en su momento en contra de la reforma, continúa con su postura anti-inmigración. El primer ministro, Viktor Orban, conocido por sus posiciones extremistas en este asunto, ya anunciaba su opinión hace dos meses. Afirmaba en un discurso que el verdadero propósito de Bruselas asentando refugiados en Hungría es “reformar los principios éticos de Europa, cambiando, a su vez, las bases culturales y religiosas”. Orban anima a los ciudadanos húngaros a votar en contra, es decir, “por la independencia de Hungría”. (Selva Ortiz, 2016)

Derivado del cuello de botella provocado por el propio reglamento, Alemania toma la decisión de no aplicar el Dublín al pie de la letra en agosto de 2015, en parte, como afirma Bauman, porque “cada unidad territorial formalmente soberana podría servir hoy en día como un vertedero de problemas originados mucho más allá del alcance de sus instrumentos de control político” (2015: 270). Otro tanto porque los propios refugiados se negaban a registrase por temor a quedarse atrapados en la burbuja burocrática en un país en el que no querían vivir y preferían seguir avanzando hasta llegar a Alemania, una vez que Merkel presentó su política de puertas abiertas, también en agosto de 2015, que le costó el liderazgo europeo meses después.

Con la ambigüedad legal que supuso la acción de Alemania tampoco se respetaron otros acuerdos, como el sistema de reparto de asilados en Europa por cuotas.[11] Lo que desembocó en la entrada en vigor del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía que viola en todos los niveles la legislación vigente, principalmente en derecho internacional y derechos humanos, y, paradójicamente, el único beneficiado de esta situación es Erdogan, presidente turco.[12] Insinúo, paradójicamente, en el sentido del segundo momento del proceso autoinmune de las fronteras del Estado-nación al que me referí en el capítulo dos que alude específicamente a la externalización de las fronteras:

Pero hay algo más y que nunca se pondrá por escrito en las negociaciones: Erdogan ve esta crisis como una oportunidad para rehabilitarse internacionalmente y resarcirse de las críticas que políticos y medios de comunicación europeos han hecho de su forma de gobernar. No hay duda de que con esta crisis Turquía ha empezado a cotizar al alza en el mercado político e institucional europeo. Y, aunque de forma menos evidente, algo parecido sucede en Ankara. El «anclaje europeo» empieza a recuperar valor en una Turquía que se siente amenazada y aislada. Los bombardeos y el despliegue de tropas rusas en Siria han tensado las relaciones entre Ankara y Moscú, y Oriente Medio no es el espacio de proyección política y económica que Turquía había imaginado en 2011. (Soler, 2015: 35)

En este sentido, lo único que tendrían que hacer los países del sur de Europa sería detener y deportar a los refugiados, de preferencia hacer deportaciones masivas y en caliente, que contravienen su propia legislación mediante la instauración de los puntos críticos (hot spots) como se indica en la Agenda Europea de Migración:

En primer lugar, la Comisión implantará un nuevo enfoque de «puntos críticos», en los que la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (OEAA), Frontex y Europol trabajarán sobre el terreno con los Estados miembros situados en primera línea para proceder rápidamente a la identificación, el registro y la toma de huellas dactilares de los migrantes. Los trabajos de las agencias se complementarán mutuamente. Los solicitantes de asilo serán inmediatamente canalizados a un procedimiento de asilo en el que los equipos de apoyo de la OEAA ayudarán a tramitar lo más rápidamente posible los casos de asilo. Para las personas que no necesitan protección, Frontex ayudará́ a los Estados miembros coordinando el retorno de los migrantes irregulares. Europol y Eurojust ayudarán al Estado miembro de acogida en sus investigaciones con vistas al desmantelamiento de las redes de tráfico y trata de seres humanos (Comisión Europea, 2015).

Si bien es cierto que muchas personas tienen en mente como destino final Europa, la Unión Europea, derivado de un estado de bienestar distinto al que podemos acceder en nuestros países de origen (especialmente quienes venimos del Tercer Mundo), o derivado de, como ya lo mencioné, crisis económicas y, en la última década, a partir de 2001, de las mal denominadas guerras contra el terrorismo en Medio Oriente, perpetradas por los democracias occidentales (véase el capítulo dos para entender mejor este fenómeno), que han provocado el desplazamiento forzado de millones de personas a los países del norte de Europa (mayor al desplazamiento ocurrido durante la segunda guerra mundial); también es cierto que quienes más se han beneficiado con estas oleadas de refugiados son las poblaciones, los gobiernos y las industrias europeas. No solo porque los refugiados sirios, por mencionar un ejemplo, tienen un bagaje cultural y profesional superior a la media de los migrantes económicos, sino porque prácticamente todo el andamiaje de control fronterizo se realiza mediante outsourcing, donde “esa multiplicación de la forma de ‘empresa’ dentro del cuerpo social constituye, creo, el objetivo de la política neoliberal. Se trata de hacer del mercado, de la competencia y por consiguiente de la empresa, lo que podríamos llamar poder informante de la sociedad” (Foucault, 2009: 161).

Revísense por ejemplo las principales acciones que ha realizado Frontex, agencia creada en 2005 para mejorar la gestión de las fronteras externas y coordinar operaciones estratégicas entre los estados miembro.[13] También se pueden revisar varios de los programas que Frontex ha emprendido, como el EUROSUR (2013), después del naufragio masivo de Lampedusa, que supuestamente entra en vigor para evitar tragedias humanitarias, pero que en realidad es un programa para controlar las fronteras exteriores de la Unión Europea que consiste en:

[…] un sistema de vigilancia e intercambio de información diseñado para que los miembros de la red (Frontex y estados miembro) puedan compartir en tiempo real, datos relacionados con las fronteras a través de sus centros de coordinación nacional. Uno de los objetivos fundamentales de EUROSUR es evitar la entrada de migrantes y refugiados a la UE a través de un proceso de externalización de fronteras. Este proceso financia proyectos de colaboración como el Plan África español, mediante el cual la UE ha implementado sistemas de vigilancia en las costas de Mauritania o Senegal y ha establecido una red de Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) en países del norte de África. (Ortiz & Quiroga, 2014)

Además del EUROSUR, se han financiado otros programas como el Perseus, que consiste en “un sistema de vigilancia e intervención de la zona prefronteriza del Mediterráneo” (Ortiz, 2014).[14] Programas como el Perseus se han financiado usando fondos de la Unión Europea, específicamente del programa de investigación y desarrollo denominado FP7 (Seventh Framework for Research), que comprende del 2007 al 2013 (Comisión Europea, 2016)[15]. Aunque este programa ha concluido, y ya existe el sucesor (Horizon 2020), a la fecha todavía existen proyectos de securitización de fronteras externas (e internas) financiados por éste.

Lo que más llama la atención de estos programas, como ya lo mencioné arriba, es el impacto en lo económico, más no en lo social, en la defensa de los derechos humanos de los refugiados. Lo que, de alguna forma, me hace pensar que la crisis de refugiados en realidad sirvió para reactivar la economía en Europa derivado de sus políticas de externalización de fronteras (así como en otros momentos, hacer la guerra en países de Medio Oriente reactiva la economía estadounidense):

La evaluación ex post del 7º Programa Marco muestra que los 55 000 millones de euros invertidos en la investigación y la innovación en la UE durante siete años han resultado ser muy atractivos para los participantes del sector privado, incluido un número récord de pymes, lo que ha contribuido a reforzar la competitividad de las industrias europeas. El programa también puso en marcha cinco iniciativas tecnológicas conjuntas en ámbitos clave como los medicamentos innovadores y las pilas de combustible e hidrógeno.

Además, la evaluación ex post también constató que el FP7 ha tenido un impacto significativo en la creación de crecimiento y empleo en Europa. Los expertos han previsto que las inversiones con cargo al FP7 actuarán de detonante de un crecimiento económico de 20 000 millones de euros anuales aproximadamente durante un periodo de 25 años, es decir, 500 000 millones de euros en total, a través de sus efectos económicos directos e indirectos. También se estima que el programa es responsable de la creación de 130 000 empleos en investigación al año en un periodo de diez años y de 160 000 puestos de trabajo suplementarios por año durante 25 años. (Comisión Europea, 2016)

 

El por-venir o los límites de la ciudadanía social

Como se puede observar, estas políticas liberales corroboran lo que Foucault mencionó hace algunos años: “La libertad no es otra cosa que el correlato de la introducción de los dispositivos de seguridad” (Foucault, 2008: 61). Un correlato que se vincula íntimamente con la economía política, con la mundialización, y curiosamente, con la posibilidad de movimiento condicionada. Es decir, lo que en otros momentos he analizado, la diferencia entre el uso incondicional del imperativo categórico kantiano, que indica un mandato condicionado, a diferencia del uso incondicional derridiano que se refiere a un “sin condición” absoluta, en el sentido literal, por ejemplo, de la hospitalidad, sin preguntar de dónde viene, a dónde va, cuál es su nacionalidad, o por qué huye de su país de origen. Lo que observamos en la realidad europea es el andamiaje económico y político de un bloque de estados que condiciona, en función de su territorio y de intereses particulares, la libertad de circulación de las personas para su propio beneficio:

Y es esa libertad de circulación en el sentido amplio de la expresión, esa faceta de circulación, lo que es menester entender, creo, cuando se habla de libertad, y comprenderla como una de las facetas, uno de los aspectos, una de las dimensiones de la introducción de los dispositivos de seguridad. (Foucault, 2008: 61)

Lo que observamos es sin duda una simulación de lo que, en nombre de los derechos humanos, de la democracia, del Estado de derecho, se traduce en un negocio redondo, como ha sido en las últimas décadas el fenómeno migratorio, cuyos engranajes parecen estar tan bien aceitados que incluso las organizaciones no gubernamentales (ONGs) se prestan para recrear este juego.

Las críticas a la ONGs llevan varios años en la agenda pública de los defensores de derechos humanos. Es de todos conocidos que muchas de estas organizaciones, a veces familiares, otras corporativas, no solo reciben grandes cantidades de recursos para realizar actividades que los gobiernos han dejado de hacer, como protección, seguimiento, acompañamiento de migrantes en tránsito, sino que algunas de éstas también colaboran directamente con los gobiernos:

La Cruz Roja trabaja en el CIE y ACNUR pasa información a Frontex de forma directa desde hace años. Yo he visto a gente de esta ONG entrando en las oficinas de Frontex para trabajar allí a diario. Se trata de una industria de los derechos humanos. ACNUR, Cruz Roja, Cáritas o Amnistía Internacional colaboran directamente con el sistema de control migratorio para realizar un lavado de imagen de Frontex. Por otro lado, hacen una utilización de la población refugiada-migrante racializada donde se genera una imagen de inferioridad. (Pérez, 2016)

En este punto, es fundamental comparar el caso de México, con lo que sucede en Europa, porque en el primer caso, casi siempre estas actividades recaen en la red de albergues, la mayoría de éstos pertenecientes a la diócesis, que existe a lo largo y ancho del territorio. En parte porque la legislación vigente lo permite,[16] y en algunos otros casos, quizá lo menos, porque es una forma de lucrar con la vulnerabilidad ajena. Mientras que en España, por ejemplo, las organizaciones no gubernamentales, a no ser las que están subvencionadas por el gobierno para encargarse de “la atención humanitaria a personas inmigrantes en situación de vulnerabilidad” (y son fuertemente cuestionadas por otros sectores),[17] tienen poco tiempo de estar participando en la defensa de los refugiados y surgieron al vapor en los últimos años, por mencionar solo algunas de las que conocí en mi paso por España y Grecia: Proactiva Open Arms, Watch The Med, Canal de Refugiados.[18]

La diferencia que encuentro entre estas dos regiones con respecto a la participación de la ciudadanía de frente al fenómeno migratorio o de movilidad humana radica que en el caso de México se ha avanzado para incidir en políticas públicas, mientras que en el caso español, se ha hecho un uso eficiente de la tecnología para mapear y visualizar no solo la existencia de albergues en las costas europeas, sino también para identificar los puntos críticos (hot spots) desde donde se hacen deportaciones masivas y en caliente que han sido fuertemente cuestionados por varias de éstas organizaciones.[19]

Estas diferencias sin duda son un detonante particular en la Europa contemporánea puesto que una de las críticas constantes que se le hacen a la Unión Europea radica en la participación real de la ciudadanía en la toma de decisiones. Como se sabe, es el Parlamento Europeo que lleva la voz de la población de a pie y se compone de 751 eurodiputados que se eligen cada cinco años de acuerdo a una proporción aproximada de la población de cada Estado miembro. La pasada elección ocurrió en 2014 y desde entonces los analistas ya vislumbraban la escalada de los euroescépticos y los eurófobos para los siguientes años, y la caída en las encuestas sobre la credibilidad de la Unión Europea de cara a la ciudadanía:

La novedad de estas elecciones reside en que, según el Tratado de Lisboa, el Consejo Europeo deberá “tener en cuenta los resultados electorales” en la selección del candidato propuesto para presidente de la Comisión, lo que reforzará la trascendencia política de estas elecciones. En mayo de 2014 decidiremos si queremos una UE más competitiva pero también socialmente cohesionada o sólo fiscalmente consolidada; si queremos una Europa segura pero también respetuosa con los derechos fundamentales de los inmigrantes, vengan de donde vengan; si respetamos el derecho de libre circulación y establecimiento para todos o sólo para los ciudadanos más pudientes; si aplicaremos colectivamente medidas contra la especulación financiera y una fiscalidad progresiva a las rentas del capital y no sólo del trabajo o si la inacción de cada gobierno seguirá escudándose en la falta de acción del resto; si coordinamos la respuesta de más de 500 millones de ciudadanos a los retos de protección de datos, energías renovables, seguridad, igualdad de género, etc., o continuamos actuando como liliputienses ante Estados Unidos, China, Rusia o la llamada globalización. Nosotros decidimos. (Guirao, 2014: 2)

Han pasado más de dos años y el escenario es completamente distinto al que se bosquejó con esas elecciones. En este sentido, lo que en la última década se observó como un posicionamiento de la ciudadanía organizada frente a las políticas excluyentes de los gobiernos en varias ciudades (pienso en la Primavera Árabe, en el 15M o en el Occupy Wall Street), en la actualidad, la preocupación de muchos teóricos es el giro que está teniendo la participación de esta ciudadanía, derivado de los populismos de derecha en casi todo el mundo, que, en el fondo, responden a una crisis de la representación como tal.

Para nuestro análisis de la crisis que hoy conoce la noción misma de ciudadanía social y de las formas que reviste el desmantelamiento programado del Estado social, es decisivo saber quién es el responsable de esta crisis que afecta tanto la seguridad del empleo como la cobertura universal de salud, la democratización del acceso a la enseñanza superior y la liberación doméstica o profesional de las mujeres, y finalmente el principio representativo. ¿Es principalmente el resultado de un ataque lanzado desde el exterior por el capitalismo […]? ¿O bien es el resultado de las contradicciones internas de la ciudadanía social, y del hecho que esta última haya alcanzado sus propios límites históricos? (Balibar, 2013: 99)

Después de mi última estancia en Europa, durante el primer semestre de 2016, un año sin duda de importantes cambios para la región, coincido con Balibar en el segundo aspecto: lo que observé estos meses fue que la ciudadanía social no ha podido resarcir sus contradicciones internas y esto ha propiciado que la población haya alcanzado sus “propios límites históricos” que, en palabras de Balibar, estos límites derivan de “la proliferación de las burocracias y de las instancias jurídicas supranacionales”, y, aludiendo al ejemplo de Europa, afirma lo siguiente:

Esto se ha visto cuando la Unión Europea exigió a sus ciudadanos nominalmente soberanos (pero de segundo grado) que ejerciera su función constituyente según los códigos estatales, mientras que ella misma no es otra cosa que el fantasma de un Estado, puesto que no conlleva ningún elemento de identificación colectiva de veras eficaz y puesto que, por otro lado, a pesar de la crisis económica, no debe enfrentarse a ningún movimiento social generalizado susceptible de transnacionalizar el conflicto político. Una estructura semejante quizás prefigure la forma de supervivencia de la institución estatal de la ciudadanía que se halla ante nosotros, en nuestro porvenir, y representaría de hecho, bajo el nombre de gobernanza, una forma de estatismo sin Estado. (Balibar, 2012: 43)

Años después de que Balibar haya escrito lo anterior, observamos premonitoriamente la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Estaba en Croacia, en un congreso sobre hispanistas cuando nos llegó la noticia, un jueves por la madrugada se dieron a conocer los resultados. Muchos de los que estábamos ahí no lo creíamos. Otros, los que a veces se posicionan del lado de los “euroescépticos” afirmaban que esta situación no iba a cambiar en breve el contexto europeo, y, en parte, tiene razón porque pueden pasar hasta más dos años para que el Reino Unido deje de ser parte de la Unión Europea. Especialmente porque la primera ministra británica, Theresa May, ha declarado que las negociaciones con la Unión Europea referente al Brexit iniciarán una vez que su gobierno haya elaborado una hoja de ruta, lo cual puede ser a finales de este año o principios del otro.

Con los resultados del Brexit, 51% a favor de la salida de la Unión Europea, se barajaron diferentes crisis; primero, se especuló con la financiera, luego con la migratoria, tanto de los países que tienen un alto índice de inmigrantes en Inglaterra, como Polonia, tanto por los emigrantes ingleses que viven en el resto de Europa. Sin embargo, lo que realmente está en juego es el libre comercio de Inglaterra con el resto del mundo, pues una vez fuera de la Unión, el “mercado único” europeo entrará en conflicto por la posible competencia que se pudiera dar entre los Estados miembro e Inglaterra para allanar mercados, como afirma Mario Monti, excomisionado europeo:

Si los Estados miembros y centrales de la UE persiguen acuerdos individuales con el Reino Unido en vez de tratarlo de manera apropiada y colectiva, y si la Comisión se inclina ante la presión de los Estados para reducir sus poderes comunitarios aún más, entonces la UE acabará por rendirse a un sitio naval por parte del Reino Unido en vez de establecer simplemente nuevas y cordiales relaciones con un país que ha decidido navegar de forma separada a otro destino. (Rodríguez-Rata, 2016)

Además de lo anterior, otros dos temas que quedan pendientes y no son menores, será la relación entre Irlanda del Norte, lo mismo que de Escocia, con la Unión Europea. Ambos votaron por permanecer, pero están sujetos a las condiciones del Brexit. Mientras que la República de Irlanda sigue siendo miembro de la Unión, situación que altera el control vigente de la única frontera terrestre que existe entre los estados miembro de la Unión, puesto que la frontera irlandesa, el Área de Viaje Común (CTA en inglés), que comprende el Reino Unido, Irlanda y las islas de Man y el Canal de la Mancha, nuevamente quedará en manos del gobierno inglés, y al parecer hay disposición de ambos gobiernos para no endurecer los controles fronterizos en la zona, aunque lo que preocupa a una parte de la población es la posible unificación de las Irlandas que, a su vez, pueda desembocar nuevamente en conflictos internos.

Previo al referéndum tenía mis reservas del resultado dado el ambiente xenófobo que se respiraba en algunos puntos del Reino Unido, provocado, en mucho por la campaña en contra de la Unión Europea emprendida por Nigel Farange, ex-líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), quien en repetidas ocasiones afirmó “La Unión Europea está muriendo”, basando su argumento principalmente en posiciones racistas (antiislámicas particularmente) y homófobas que se observan en un discurso contradictorio, dada su activa participación en el parlamento europeo, pero siempre conservador, y en defensa de la soberanía británica frente al resto de Europa. El póster que presentó un día antes del asesinato de la congresista Jo Cox, defensora de la migración y perteneciente al Partido Laborista, dio muestras de ello, y aunque la sociedad reaccionó indignada, no solo frente al brutal asesinato de la congresista, sino también contra las tácticas mediáticas de Farange, ya era demasiado tarde para revertir el resultado del Brexit.[20]

Además de Farange, ubico a dos personas más que fueron clave en el referéndum británico realizado el 23 de junio de 2016: David Cameron, primer ministro inglés, que presentó su renuncia inmediatamente después que se dieron a conocer los resultados; y Boris Johnson, exalcalde de Londres, un conservador que también dimitió al poco tiempo. Sin el empuje populista de Cameron para realizar el referéndum no se habría llegado al Brexit, y sin la escuela de Margaret Tatcher para salir más pronto de la Unión Europea, Johnson no hubiera tenido tanto impacto. No analizaré con más detalle el tema del Brexit porque seguramente se escribirán bastantes libros sobre ello, así como se han llenado las páginas de los periódicos con opiniones en contra y a favor después de los resultados, y sobre todo especulando sobre el por-venir de Europa.

Lo que queda claro es el fracaso de la utopía de las no-fronteras en Europa, una utopía que como menciona Bauman “dependerá en última instancia de sus actores”. Al primer corte, el resultado es desfavorable por lo menos en los tres niveles que he analizado: la ciudadanía, el territorio y la soberanía. Se escribirá un capítulo posterior en la historia de la Unión Europea que posiblemente le de la razón a muchos intelectuales que han cuestionado, por un lado, el mal manejo de la toma de decisiones en la Unión Europea, pero que seguirán creyendo que ese esquema es mejor que lo anterior:

Por otro lado, como europeos, debemos hacer todo lo posible para asegurarnos de que la UE ha aprendido las lecciones de este penoso revés, cuyas raíces están en la historia europea reciente, además de la británica. Porque, si la UE y la eurozona no cambian, acabarán devoradas por mil versiones continentales de Farage. Y, con todos sus defectos, la Unión todavía merece la pena. Ya he adaptado anteriormente la famosa frase del gran europeo Winston Churchill sobre la democracia: esta es la peor Europa posible, aparte de todas las demás Europas que se han probado en otras ocasiones. (Garton, 2016)

Desde mi perspectiva, como la de otros teóricos, a raíz de esta crisis que derivó en el Brexit, y en un preocupante aumento de los populismos de derecha en otros países de Europa, es necesario dejar de proponer referéndums, y empezar a replantear el proyecto europeo, con un modelo distinto de sociedad no solo aplicable al interior de sus fronteras, sino también éticamente responsable con los países que son sus aliados estratégicos, pienso en Turquía, Marruecos, por mencionar solo algunos.[21] Es decir, lo que esta sucesión de eventos ha generado se debe revertir en el corto plazo con un proyecto de largo plazo, de otra forma se seguiría parchando la legislación vigente pero sin un rumbo determinado:

It will take a very long march and perhaps other brutal shocks before we arrive at the conjugation and clarification–in the eyes of the majority of citizens, across borders–of the close interdependence between shared sovereignty, transnational democracy, alter-globalisation, the co-development of regions and nations, and exchange among cultures. We are not at that point, and time is running short … All the more reason–if we do believe in Europe, as I do–to continue without relent to explain what is going on. (Balibar, 2016: 116)

Antes de terminar este capítulo me interesa eslabonarlo con el siguiente. Para ello retomo el acuerdo de la Unión Europea con Turquía puesto que las consecuencias de la decisión preocupan en varios sentidos: 1) ¿Quién va a garantizar los derechos humanos de los refugiados y los migrantes que el gobierno de Erdogan supuestamente se encargará de deportar o dar asilo? 2) ¿Qué autoridad moral pueden tener de ahora en adelante los organismos internacionales en casos particulares cuando han mostrado una incapacidad política para defender a miles de refugiados? 3) ¿Será esta decisión el inicio de una nueva guerra fría, como afirman algunos analistas? ¿A quiénes les conviene la alianza UE-Turquía frente a las actuales guerras en Medio Oriente y a la histórica confrontación Rusia-Estados Unidos?

Si el acuerdo anterior no fue suficiente para dudar de las intenciones de la Unión Europea y la necesaria implementación de externalizar las fronteras, para evitar un colapso entre los Estados miembro, hace algunas semanas se presentó una propuesta denominada Migration Partnership Framework, una versión matizada de la anterior, que involucra a otros actores, otros países del norte de África, no solo a los de la Liga Árabe, lo que permite, como se dice coloquialmente, “matar dos pájaros de un tiro”: quitarle a Erdogan el control sobre la conducción de las fronteras fuera del espacio Schengen; y hacer corresponsables a los estados de Medio Oriente de las guerras civiles de la región que orillan a sus ciudadanos a pedir asilo en Europa, así como a los gobiernos Africanos de las condiciones económicas que orillan a sus conciudadanos a migrar a Europa.

El “Nuevo Marco de Asociación en Materia de Migración: una cooperación reforzada con terceros países para gestionar mejor la migración” (Migration Partnership Framework), como aparece en el comunicado de prensa, pretende: “establecer asociaciones a medida con los principales terceros países de origen y de tránsito, empleando para ello todas las políticas e instrumentos de que dispone a fin de obtener resultados concretos” (Comisión Europea, 2016). Para ello, este nuevo marco estará sustentado en una serie de “pactos”, “que se desarrollarán conforme a la situación y a las necesidades de cada país socio, según se trate de un país de origen, un país de tránsito, o de un país que acoge a un gran número de personas desplazadas”.

Sin duda esta forma de redireccionar la política migratoria y la política de asilo puede ser que funcione a largo plazo, pero no resuelve en lo inmediato la situación en la que se encuentran miles de refugiados, ya sea en el interior del espacio Schengen o en los campos de refugiados turcos, como tampoco resuelve el centenar de muertes de la última semana en las costas libias. Aunado a esta propuesta, falta revisar el Reglamento Dublín, específicamente el Artículo 13, el que se refiere a la entrada o estadía en la Unión Europea de los solicitantes de asilo. De igual forma, es necesario repensar la política de externalizar las fronteras que seguirá presente en el imaginario colectivo de varios gobiernos. Finalmente, es necesario reabrir las fronteras internas que ciertos países de la Unión Europea han cerrado para impedir el tránsito de personas desplazadas. Así como proponer políticas culturales que combatan el racismo y la xenofobia al interior de Europa. Si realmente se quiere hacer un cambio “global”, como afirma Federica Morgherini, Alta Representante y vicepresidenta de la Comisión Europea, es necesario proponer un combo completo, de otra forma se estará parchando un hueco administrativo y ensanchando un hoyo legal.

Este combo, sin duda, está íntimamente ligado y debe coexistir con los países que quedan del otro lado del Mediterráneo; sin embargo, mientras siga existiendo una situación de codependencia colonial entre ambos lados de esta frontera vertical será prácticamente imposible frenar la movilidad humana provocada por cuestiones económicas o por violencia institucionalizada.


* Pueden bajar el libro Cartografía de las fronteras. Diario de campo, Roxana Rodríguez (2016), de academia.edu o Amazon.

[1] Actualmente los estados miembro de la Unión Europea son los siguientes: Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Alemania, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Irlanda y Reino Unido (la salida de éstos últimos de la Unión Europea no es inmediata a pesar de la resolución del referéndum (Brexit), véase art. 50 del Tratado de la Unión Europea: “Los Tratados dejarán de aplicarse al Estado de que se trate a partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años de la notificación a que se refiere el apartado 2, salvo si el Consejo Europeo, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo”). De estos 28 países, Reino Unido e Irlanda no forman parte del espacio Schengen pero participan en ciertas actividades conjuntas con el resto de los países miembro, especialmente en temas de cooperación policial y judicial; mientras que Bulgaria, Rumanía y Chipre no forman parte del espacio Schengen por no cumplir con los requisitos de seguridad establecidos. Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, no forman parte de la Unión Europea y sí del espacio Schengen. Tres países (Dinamarca, Suecia y el Reino Unido) decidieron, por razones políticas y técnicas, no adoptar el euro cuando fue lanzado. Eslovenia se incorporó a la zona del euro en 2007, seguida de Chipre y Malta en 2008, Eslovaquia en 2009, Estonia en 2011 y Letonia en 2014. La zona del euro abarca por tanto dieciocho países de la UE, y los nuevos Estados miembros se unirán una vez hayan cumplido las condiciones necesarias (Fontaine, 2014: 25).

[2] La doble nacionalidad ha sido la ruta de escape de las crisis argentinas para muchos (La Nación, 2000). Entre los países miembro de la UE algunos estipulan la adopción de su ciudadanía a descendientes de connacionales. Por ejemplo, en 2008 entró en vigor de la Ley de Memoria Histórica en España, la cual permitió la solicitud de la ciudadanía española a los nietos de españoles, descendientes de emigrantes o exiliados políticos (BBC Mundo, 2009). Previo a la movilidad argentina hacia Europa, en los años ochenta del siglo pasado, también se dio una migración importante de chilenos derivada de la dictadura y la crisis económica (1982).

[3] Esto se observa con el levantamiento del muro, que pasó de 3 metros de altura en 1998, a 6 metros en 2005; posteriormente, en 2007, se agregó una sirga tridimensional de 3 metros de altura, y durante 2013 y 2014 se añadieron mallas antitrepa y alambres de cuchillas en la parte más alta). (Blasco de Avellaneda, 2013; Íbid. 2014; Desalambre, 2013)

[4] El Artículo 23, inciso 1, a la letra dice: “Cuando en el espacio sin controles en las fronteras interiores se presente una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior de un Estado miembro, este podrá restablecer los controles fronterizos en partes específicas o en la totalidad de sus fronteras interiores, con carácter excepcional y durante un periodo de tiempo limitado no superior a 30 días, o mientras se prevea que persiste la amenaza grave cuando su duración sobrepase el plazo de 30 días”.

[5] La riqueza de estudiar las fronteras de un proyecto como la Unión Europea radica precisamente en que es un laboratorio, como afirma Bauman en “el que diariamente se diseñan, se discuten y se ponen a prueba en la práctica diversas formas de afrontar tales desafíos y abordar tales problema” (Bauman, 2015.271) a diferencia de lo que sucede en otras fronteras del mundo, donde los cambios en políticas públicas se dan a cuenta gota y donde prevalecen los usos y costumbres, incluso de las instituciones.

[6] Sobre este aspecto de la construcción identitaria de los sujetos migrantes se puede consultar el libro Cultura e Identidad en la región fronteriza México-Estados Unidos, específicamente el capítulo primero donde afirmo: “A pesar de la dominación estadounidense, el migrante mexicano ha revertido la colonización interna gracias a que ha reconfigurado su posición social dentro de la comunidad dominante mediante un proceso indirectamente proporcional al esperado por el grupo en el poder. Es decir, los migrantes al tener que contrarrestar los ataques certeros de ciertos grupos radicales de la población estadounidense, comienzan a conformar movimientos sociales, a tomar parte en ellas decisiones de poder y a hacer valer el poder que tienen como capital humano en la economía de esa zona” (Rodríguez, 2013: 34).

[7] Sobre la creación, motivos, historia de la Unión Europea existe mucho material digital en las diferentes páginas de internet, los documentos clave de su conformación son La Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (Helsinki,1975), la Carta de París para una Nueva Europa (París, 1990), El Tratado de la Unión Europea, en éste se determina lo siguiente: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres” (Artículo 2) (Maastricht, 1992).

[8] Léase, por ejemplo, el inciso referente a los “Derechos Humanos, Democracia y Estado de Derecho” de la Carta de París: “Nos comprometemos a edificar, consolidar y reforzar la democracia como único sistema de gobierno de nuestras naciones. En este esfuerzo, obraremos de acuerdo con lo siguiente: Los derechos humanos y las libertades fundamentales son patrimonio de todos los seres humanos, son inalienables y están garantizados por la ley. Su protección y fomento es la primera responsabilidad de los gobiernos. Su respeto es una salvaguardia esencial contra un excesivo poder del Estado. Su observancia y pleno ejercicio son la base de la libertad, la justicia y la paz” (1990).

[9] Derrida hace mención al cosmopolitismo de la siguiente manera: “Para mí, las grandes referencias para discutir aquí son Kant y Hannah Arendt. Ambos estaban a favor de un Derecho Internacional y a la vez excluían, e incluso condenaban, la hipótesis de un Superestado o de un gobierno mundial. No se trata como ocurre hoy, de atravesar crisis más o menos provisionales de la soberanía para desembocar en un Estado mundial, en un Estado-mundo. Esta desestatización absolutamente nueva e inaudita nos llevaría a pensar, más allá de lo que Kant o Arendt formularon de manera determinada, en la nueva figura por venir de un último recurso, de una soberanía (digamos mejor, y más simplemente, pues ese nombre, ‘soberanía’, sigue siendo muy equívoco, demasiado teológico-político: una fuerza o poder, una cracia), de una cracia aliada a, o incluso que forme una unidad con, no solamente el derecho sino también la justicia”. (Borradori, 2003: 175)

[10] Este argumento lo elaboro con más detenimiento en el texto “Les limites de l’hospitalité à la frontière entre le Mexique et les États-Unis”. En ese texto menciono: “En La metafísica de las costumbres, Kant le da un giro a su argumentación y emplea otras premisas, haciendo énfasis en el problema del uso del suelo (apropiación-ocupación; posesión-residencia), para justificar la consolidación de estados jurídicos; es decir, para justificar el tránsito del estado de naturaleza al estado civil. Para Kant este tránsito es un problema lógico-dimensional porque si la Tierra “fuera un plano infinito, los hombres podrían diseminarse de tal modo que no llegarían en absoluto a ninguna comunidad en sí, por tanto, ésta no sería una consecuencia necesaria de su existencia sobre la tierra’” (Kant, 2008: 78). Y no habría necesidad de establecer un sistema de derecho, pero al ser la tierra finita entonces propone el derecho cosmopolita como una forma de establecer leyes universales, aunque solo en función de los flujos comerciales, no en función de la movilidad humana.

[11] Esta propuesta que se votó a favor en septiembre de 2015, a pesar de que cuatro de los Estados miembro de la Unión Europea (especialmente de Europa del este) manifestaron su inconformidad ha sido un rotundo fracaso, para abril de 2016 las cifras dan cuenta dude ello: “Bruselas se comprometió a repartir a 160.000 refugiados que ya habían conseguido llegar a Grecia e Italia. Siete meses después, la cifra total apenas llega a 1.145, menos de un 0,8% del total” (Pérez de la Cruz, 2016).

[12] Este acuerdo fue firmado el 18 de marzo de 2016, y puesto en marcha en abril de 2016. El punto principal es que Europa podrá expulsar a Turquía a todos los migrantes irregulares que hayan llegado a Grecia desde Turquía después del 20 de marzo; por cada “migrante irregular” proveniente de esta ruta que sea retornado a Turquía, la Unión Europea se compromete a aceptar a un sirio asentado en Turquía, hasta alcanzar un límite de 72 000. Además, Turquía se compromete a aumentar la vigilancia y el control en sus fronteras para evitar que las personas sigan cruzando a Grecia. A cambio, Turquía recibiría 6,000 millones de euros para financiar este proceso y la aceleración de la supresión del visado de los turcos para la Unión Europea (siempre y cuando Turquía cumpla con los criterios de referencia) (Consejo de la Unión Europea, 2016).

[13] En lo que va de 2016 (hasta el 8 de julio de 2016) Frontex se ha encargado de 27 operaciones, todas ellas de retorno, o bien, como se describe en uno de los manuales de la UE de retorno de las personas que no tienen derecho a asilo en Europa (Comisión Europea, 2015). Es interesante notar que Alemania ha liderado alrededor de 52% de estas últimas (cálculos propios con base en el archivo de operaciones).

[14] Para más información sobre el Perseus se puede consultar su página de internet: http://www.perseus-fp7.eu

[15] Resulta curioso que muchos de links de esta página, a documentos importantes de lo que significa, por ejemplo “Building the ERA of knowledge for growth” o “guidelines for future European Union policy to support research COM (2004) 353” están deshabitados y no es posible contar con más detalles de lo que se está haciendo en nombre de la “investigación y desarrollo” en cuestión de fronteras.

[16] Los organismos encargados de la política migratoria en México dependen de la Subsecretaria de Migración, Población y Asuntos Religiosos, perteneciente a la Secretaría de Gobernación (SEGOB). En el Reglamento Interior de la Secretaría de Gobernación, publicado en el DOF: 2 de abril de 2013; Reformas: 15 de enero de 2014 y 25 de septiembre de 2015, capítulo VIII, articulo 21, fracción XVI se indica: “Someter al Subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos, previa opinión de las dependencias competentes en términos de la Ley de Migración y demás disposiciones jurídicas aplicables, los acuerdos para fijar, suprimir y cerrar temporalmente los lugares destinados al tránsito internacional de personas por tierra, mar y aire; para suspender o prohibir el ingreso de personas extranjeras al territorio nacional; así como para determinar los municipios o entidades federativas que conforman las regiones fronterizas o aquéllas que reciban trabajadores temporales”.

[17] En el caso del gobierno español, la Secretaria de Migración depende del Ministerio de Empleo y Seguridad, a diferencia de lo que sucede en México, por ejemplo. En 2006 se publicó el real decreto 603/2006 que “regula la concesión directa de subvenciones a determinadas entidades”, con base en “El Acuerdo de Consejo de Ministros de 28 de enero de 2005, por el que se aprobó un Programa de Acogida a inmigrantes en situación de vulnerabilidad y el Plan de Acción Inmediato, desplegado por el Gobierno en el mes de marzo de 2006 para abordar la situación creada con la llegada de inmigrantes irregulares a las costas españolas procedentes de Mauritania y de otros países subsaharianos, sirven de marco para las actuaciones objeto de las subvenciones previstas en este Real Decreto”. Estas organizaciones, la Cruz Roja Española (CRE), la Asociación Comisión Católica Española de Migración (ACCEM), la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), el Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Inmigrantes (CEPAIM), el Movimiento por la Paz el Desarme y la Libertad (MPDL), son las que se encargan del “acompañamiento” de migrantes y refugiados en varios niveles, en las diferentes etapas del proceso de acogida, para aquellos que se pueden quedar en territorio español, aunque lo que observamos en los últimos meses han sido un aumento en las deportaciones en caliente (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2006).

[18] En la investigación de campo que realicé en Idomedi y Tesalónica, Grecia, en julio de 2016, me fue de gran utilidad contar con el mapeo desarrollado en una plataforma bastante comercial como es Google Maps por el grupo de voluntarios pertenecientes al Canal de Refugiados. Sin este mapeo actualizado en tiempo real de los campos de refugiados existentes a partir de la implementación del acuerdo entre la UE-Turquía que entró en vigor el 4 de abril de 2016, y que consistió en deportar a Turquía a los miles de refugiados que estaban en Grecia, sería imposible saber el destino de todas estas personas. Desafortunadamente, estos campos de refugiados, a donde movieron a todas las personas que se encontraban en campos improvisados, como el de Idomeni o Park Hotel, son campos militares en desuso, en la mayoría de los casos, y están bajo el control del ejército griego; mientras que la “labor humanitaria” queda en manos de algunas organizaciones como ACNUR, Cruz Roja o Amnistía Internacional. Esta situación impidió que pudiera entrar a alguno de ellos para conocer la situación de los refugiados.

[19] Para conocer más sobre el hot spot approach, que en teoría consiste en facilitar la reubicación temporal de los solicitantes de asilo a través del apoyo operativo en la identificación, registro, toma de huellas dactilares y entrevistas a dichos solicitantes, pero en la práctica no funciona así por varias limitantes, entre ellas porque los países de llegada, espacialmente Italia y Grecia, quieren eludir el Reglamento Dublín III (arriba mencionado) (Comisión Europea, 2015).

[20] Una imagen en la que se observa una larga fila de refugiados como fondo, Farange al frente del lado derecho y el texto en inglés en letras rojas: “Breaking point” y abajo en una tipografía de menor tamaño y color blanco “The EU has failed all us” (Carswell, 2016).

[21] La Unión Europea desarrolló una política europea de vecindad (PEV), que rige las relaciones con sus vecinos del este (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania) y del sur (Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Territorios Palestinos, Siria y Túnez), aunque en muchos casos, estos países son la primera frontera de acceso a la Unión Europea porque estas alianzas sirven para frenar la inmigración irregular, la interrupción del suministro de energía, la degradación del medio ambiente, la delincuencia transfronteriza organizada y el terrorismo. (Fontaine, 2014: 10)

Los límites de la hospitalidad en las fronteras geopolíticas contemporáneas

La intención de este texto consiste en deconstruir el concepto de hospitalidad a partir de dos posturas, la primera de ellas se basa en la idea universal de hospitalidad (Kant), la segunda, en el planteamiento de la ley incondicional de la hospitalidad (Derrida), con el objetivo de establecer una guía teorética que sirva para entender el fenómeno fronterizo desde lo epistémico, ontológico y estético.

Para ello, expondré la teoría de estos dos filósofos tomando como base algunos textos (en Kant, La paz perpetua y La metafísica de la moral; en Derrida, La hospitalidad y On Cosmopolitanism and Forgiveness), con la intención de identificar la diferencia principal entre sus planteamientos (lo deontológico versus lo ontológico), y ejemplificaré esta diferencia con dos situaciones: los flujos migratorios que cruzan la frontera México-Estados Unidos (ya sean migrantes centroamericanos o mexicanos), y la oleada de refugiados sirios que ha llegado a la Unión Europea. La ejemplificación de estas dos situaciones me permite evidenciar la distancia epistemológica que existe entre la teoría y la práctica, y la necesidad de proponer políticas migratorias que consideren modelos de sociedad ad hoc a las particularidades locales de poblaciones de recepción (destino), origen y tránsito.

Este texto está dividido en dos partes: la primera es un abordaje teórico-comparativo de dos filósofos distantes en el tiempo y en su concepción sobre hospitalidad; la segunda es un abordaje práctico-comparativo de dos situaciones distantes en geopolítica que comparten causas y circunstancias de movilidad humana.

Rodríguez_Los límites de la hospitalidad

Rodríguez, Roxana. “Los límites de la hospitalidad en las fronteras geopolíticas. Estudio comparativo intercontinental”. En Artega, Oliva, Rodríguez (eds.) Hospitalidad y Ciudadanía. De Platón a Benhabib. México: UACM-Itaca, Volumen 1, 1º edición, 2017. ISBN: 978-607-9465-36-0.

Seminario de Biopolítica y Autoinmunidad, inicia 24 de enero, Plantel San Lorenzo Tezonco UACM

Síntesis

Más de una década ha pasado desde el evento 9/11 y en 2015-2016 experimentamos diferentes formas de suicidio, usando la metáfora derridiana, en las democracias occidentales, como la guerra civil siria, la llegada de miles de refugiados sirios, afganos, iraquíes, a costas europeas. La consolidación del Estado Islámico de Levante (ISIS), organización que reconoce los ataques terroristas de París y Bruselas (de 2015 y 2016), pero también de distintos países en Medio Oriente.

Situaciones que si recapitulamos la historia de los siglos XX y XXI principalmente, podremos advertir que no son resultado de la casualidad. En todo caso, son resultado de lo que Derrida llama el “orden mundial”. En función de los anterior, en el Seminario de Problemas: Biopolítica y Autoinmunidad analizaremos cómo se ha conformado dicho “orden mundial” derivado del colonialismo histórico, los epistemicidios, y específicamente la biopolítica.

Ahora bien, cuando se habla de biopolítica en Foucault es necesario distinguir dos momentos: el primero, el que se refiere justamente a la “irrupción de la naturalidad de la especie dentro de la artificialidad de una relación de poder” (Foucault, 2008: 36); el segundo, en el que no solo afirma sino que estudia “el liberalismo como marco global de la biopolítica” (Foucault, 2012: 35). Ambas acepciones de la biopolítica están íntimamente ligadas con el proceso autoinmune dado que por una parte se refiere a “una técnica política” para controlar el medio; mientras que, por otro lado, se refiere a la racionalización del ejercicio del gobierno con el liberalismo como directriz ideológica.

En este sentido, el objetivo del seminario es estudiar, en primer lugar, las escuelas de pensamiento que circunscriben el andamiaje teórico de dos representantes de la escuela francesa (Derrida y Foucault) del siglo XX, particularmente el estructuralismo y el postestructuralismo. En segundo lugar, estudiar la obra en la que estos dos filósofos elaboran sus críticas al orden mundial, ya sea como biopolítica o autoinmunidad. En tercer lugar, cómo se vinculan dichos cuestionamientos con los filósofos de la periferia, pienso en el epistemicidio de Bonaventura de Sousa Santos, en la transmodernidad de Enrique Dussel, y en la necropolítica de Achille Mbembe.

Temario

Unidad I: Escuela francesa del siglo XX

Estructuralismo

Postestructuralismo

Principales representantes

Influencia en el pensamiento latinoamericano

Unidad II: Biopolitica.

Michel Foucault

Tecnologías del poder

Capital humano

Racionalización del ejercicio de poder

Unidad III: Autoinmunidad.

Jacques Derrida

Triple suicidio:

Simbólico y estratégico

El temor de lo peor está por venir

Calculo vicioso de la represión.

Unidad IV: Necropolítica

Colonialismo interno

Epistemicidio

Desplazamiento de las capacidades históricas asociadas al Estado-nación

Formas espaciales de reterritorialización

Borderización de la corporalidad

 

cartel-biopolitica_final

Más información en:

Seminario de problemas: Biopolítica y Autoinmunidad

Libro Cartografía de las fronteras. Diario de campo

 

Este diario es resultado de la observación realizada en tres zonas de convivencia fronteriza en tres continentes distintos (África, Asia y Europa), al tiempo que da cuenta del seguimiento mediático de los refugiados sirios, afganos e iraquíes que se suben a un barco con el objetivo de llegar a costas griegas o italianas, para posteriormente intentar llegar lo más al norte europeo que les sea posible, atravesando diversas “fronteras verticales”. Lo mismo que de los migrantes mal denominados económicos de varios países africanos que se quedan varados horas en las vallas de Ceuta, hasta que la policía migratoria los baja a palos para evitar que crucen la “frontera horizontal” del Mediterráneo. De la situación que viven los palestinos que día a día son acosados por los militares israelíes en los cruces y garitas de las “fronteras internas”. O las notas periodísticas que dan cuenta de los desalojos de lo que he denominado “las zonas de convivencia de limbo administrativo”, entiéndase los campos de refugiados que han crecido de forma irregular en diferentes zonas de convivencia fronteriza, como el de Calais (Inglaterra-Francia), o en el monte Gurugú (Marruecos-España), e Idomeni (Grecia-Macedonia).

Este diario también pretende esgrimir nuevos argumentos y un estilo de redacción teórico-filosófico que se desvincula del trabajo etnográfico y particularmente de los estudios migratorios. Es por ello que en la presente cartografía daré cuenta de este dinamismo fronterizo-conceptual, a veces asincrónico, contradictorio a los ideales del cosmopolitismo kantiano y a las concepciones hospitalarias de Derrida (otra investigación que me ha servido para deconstruir la política exterior de la Unión Europea de cara a la mal llamada “crisis de refugiados”).
Difícilmente en este diario de campo encontrarán los indicadores tradicionales de la demografía, la economía, o la sociología en un mapeo geográfico. En todo caso le he apostado a desmontar la práctica del derecho internacional y su universalidad, dando cuenta de los epistemicios y colonialismos que se hacen patentes en la política exterior vigente en la Unión Europea, especialmente en la práctica globalizada de externalizar las fronteras hacia los países africanos y de Medio Oriente con una cartografía epistemológica y estética.

Disponible en amazon a partir de 1 de diciembre 2016:

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PDF del libro digital:

Cartografía de las fronteras. Diario de campo

¿Qué es la frontera?

Conceptualización actual de la frontera*

 A frontier is created when a community occupies a territory.

Owen Lattimore

La presente investigación consiste en elaborar una tipología o categorización de frontera(s). Para ello propongo cuatro categorías: frontera de la securitización, frontera socio-histórica, frontera subjetiva, frontera glocal. Categorías que involucran fenómenos disímiles y enfoques interdependientes. Esbozar estas cuatro categorías es un ejercicio deconstructivo del concepto frontera con base en cuatro niveles: etimológico, genealógico, deontológico y epistemológico; para ello fue necesario establecer la relación que guarda el concepto frontera con la historia, con la ciencia, con el Estado-nación, con la ontología social y sobre todo con la geopolítica.

Este texto está dividido en cuatro momentos que aluden a estos cuatro niveles: en el primer apartado elaboro la genealogía del concepto frontera (y límite); en el segundo aludo a la terminología; en el tercero a las discusiones contemporáneas sobre el concepto frontera desde diferentes disciplinas y concluyo con el debate oposicional de la frontera (entre el deber ser del ciudadano frente al estado). En cada uno de estos momentos se evidencian la cuatro categorías que propongo para estudiar el concepto de frontera.

Acepciones sobre el concepto de frontera y de límite

Para entender el concepto de frontera como lo conocemos actualmente considero necesario hacer un breve recorrido histórico y analítico de las diferentes acepciones de los términos frontera y límite desde el Imperio Romano hasta nuestros días. La intención de redactar esta genealogía se debe a que es hasta finales del siglo XIX que el concepto frontera se emplea como una demarcación geopolítica y/o zona de contacto o convivencia entre dos (o más) países, mientras que el concepto de límite indica dónde empieza y termina la jurisdicción de un Estado frente a otros.

La palabra frontera deriva de frons o frontis, de ahí que el término frontera, en lo que constituía el Imperio Romano, indicaba el frente de una totalidad; es decir, la frontera designaba un área exterior de esa totalidad. Por su parte, el concepto de límite se empleaba con una connotación meramente militar y no como la división de una jurisdicción. La palabra límite deviene de limis o limitis y, según Pierre Grimald, limes se define como “sendero entre dos campos. Luego zona defensiva establecida a lo largo de una frontera y que consiste en una ruta de rocas que une entre sí fuertes y campamentos” (Grimald, 2000: 242).

En la época del Imperio romano tanto limes como frons no se emplean como una delimitación territorial sino para establecer una línea de demarcación y confrontación ente los romanos y los “bárbaros”; es decir, el límite funcionaba como un camino fortificado (murallas, trincheras, torres de vigilancia) de la zona fronteriza donde se organizaba la protección o la zona comercial del Imperio:

Durante cerca de dos siglos, la sosegada magnificencia de la civilización urbana del Imperio romano ocultó los límites y las tensiones subyacentes a la base productiva [modos de producción esclavista] de la que se asentaban. […] Con el cierre final de las fronteras imperiales, después de Trajano, el manantial de los cautivos de guerra se secó de forma inevitable. […] La periferia bárbara que rodeaba a todo el Imperio continuo suministrando esclavos, comprados en la frontera por los mercaderes […]. (Anderson, 2012: 73)

Con el establecimiento de los principados feudales, siglo IX del Imperio Carolingio, la tierra empieza a tener un carácter patrimonial basado en el esquema del vasallaje. El carácter patrimonial de la tierra de los principados es administrativo y local, por lo que todavía no se establecían delimitaciones entre entidades políticas, como se observará más adelante con la conformación territorial del Estado moderno. Es decir, los principados feudales no son entidades soberanas pero sentarán las bases de lo que actualmente conocemos como territorios políticos.

Jacques Ancel afirma que en la Edad Media “la frontera no es más que una ficción. ¿Cómo podría haber sido de otro modo, si faltaba una cartografía precisa?” (Ancel, 1994: 85). Aunque la hipótesis de la frontera como ficción rebasa el argumento de la mera cartografía, coincido con Ancel puesto que en esa época se pueden distinguir dos situaciones particulares que limitan la intención de establecer fronteras y límites políticos. La primera situación se vincula con el tipo de organización administrativa de los principados (dispersos y poco claros) puesto que los dominios estaban bajo el control de varios reyes, y éstos, a su vez, del emperador o del papa. La segunda situación se deriva de los enclaves o marcas de la clásica frontera medieval que tenían un carácter propiamente económico y/o militar, pues servían para establecer las rutas de invasión o los puntos estratégicos de los reinos. En este sentido, tanto el Estado estamental, como el Estado absolutista, fueron de tipo patrimonial, de ahí que, como afirma Alfonso Velasco, en la Edad Media “no existen ámbitos territoriales políticos donde se ejerzan actos de soberanía, pero sí se presenta el poder que ejerce acciones de supremacía” (Velasco, 2005: 21).

La ausencia de una estructura étnica, según Samarkin, es una hipótesis más del porqué las fronteras no están presentes durante el medievo: “El feudalismo, especialmente en la Alta Edad Media, se caracteriza por una penetración mutua y una asimilación constante entre diferentes grupos étnicos, que eran debidas a las interminables guerras, invasiones y conquistas” (Samarkin, 1981: 50). Esta hipótesis resulta interesante para la investigación en curso pues es a partir de la formación de identidades, ya sean nacionales o étnicas, que la concepción de frontera cobra diversos matices e importancia durante la conformación del Estado-nación.

Con el descubrimiento y conquista de nuevos continentes se fortalece el Estado absolutista y la idea de Europa como centro comercial y económico. Según Crossman, en los textos de Maquiavelo se ubican las primeras referencias de una revolución política basada en aspectos puntuales de lo que estaba ocurriendo en el siglo XVI. Estos aspectos los sintetiza Velasco en cuatro puntos: El primero se relaciona con “el descubrimiento de nuevas fuentes de riqueza más allá de los mares; el segundo con “el desarrollo de las finanzas internacionales”; el tercero con “una revolución en los métodos de cultivo de la tierra y en consecuencia, en la distribución de la propiedad territorial”; el cuarto con la Reforma (Velasco, 2005: 22). Velasco también hace énfasis en la incipiente participación de la burguesía en el financiamiento de las campañas de los reyes, situación que posteriormente le permitió “controlar lo medios de circulación”; así como “los cambios operados en la propiedad territorial” (Velasco, 2005: 23).

Con el Tratado de Westfalia en 1648, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años, se establecen las primeras bases de los contornos geográficos de los estados europeos puesto que “se reconoce el principio de la integridad territorial de los Estados signatarios”. Sin embargo, dicho tratado no soluciona del todo los conflictos existentes en la región occidental de Europa debido a la “multiplicidad de regímenes de posesión”, una de las características fundamentales del feudalismo que consistía en que un rey podía tener distintos dominios que a su vez eran enclaves de otros dominios; es decir, la multiplicidad determinaba “las soberanías feudales combinadas” (Velasco, 2005: 23). Esta situación será clave en la posterior conceptualización de la frontera y el límite territorial, pero no será hasta después de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas que se le de el sentido político que actualmente tiene la noción de frontera.

Las fronteras como actualmente las conocemos responden a la transición del estado absolutista al Estado-nación, aunque este tránsito tomó varias décadas más en algunos países de Europa Occidental, como en Alemania, donde a finales del siglo XIX se conforma como Estado bajo el imperio alemán (1871-1918). A partir de la derrota de Napoleón (1815) las fronteras en la mayor parte del mundo occidental empiezan a ser consideradas como líneas de delimitación estratégica, diplomática y política. Es a partir de este momento que también se introducen nuevas acepciones a los conceptos de territorio, Estado y soberanía, como menciona Max Sorensen: “la soberanía territorial es la vez total y exclusiva e implica la plena y suprema jurisdicción del Estado sobre su territorio” (Sorensen, 1985: 37).

En el continente Americano, específicamente en la parte norte, se dan varios procesos de reordenamiento territorial que responden a la política expansionista de Estados Unidos. En el siglo XIX, por ejemplo, el gobierno estadounidense “compra” o “intercambia” territorios con los imperios colonialistas europeos (ingleses, españoles, franceses) y con sus vecinos del sur (México). Se firman tratados específicos que aluden a la actual conformación geopolítica de Norteamérica, como el Tratado de Guadalupe-Hidalgo o el Tratado de la Mesilla. Cabe resaltar que esta situación de reagrupación territorial responde también a sucesos particulares de la región, como la independencia de México, e incluso la independencia de Texas del estado mexicano.

Una situación similar se da en Europa en el siglo XX, con las guerras mundiales, donde parte del territorio que anteriormente estaba dividido en feudos e imperios, fue repartido en función de estados soberanos, estados nacionales, algunos de los cuales se formaron aleatoriamente (sin considerar la cultura o la etnia de cada región), o de forma artificial (meridianos y paralelos), situación que ha traído consecuencias negativas e incluso su posterior reordenamiento, como en el caso de Europa del Este. En Asía y África se dieron situaciones similares como sucedió en Pakistán, Tibet, Congo, Corea, Vietnam, o con la ocupación de Palestina, por mencionar solo algunos ejemplos de las fronteras geopolíticas que existen en la actualidad.

Terminología de la frontera

A partir de la reordenación mundial con base en fronteras políticas, los/las teóricos/as, ya sean geógrafos, historiadores, sociólogos, antropólogos, filósofos, literatos, entre otros, se han dado a la tarea de ampliar el glosario sobre el concepto frontera. De ahí que se hable de diferentes categorizaciones de fronteras. Para esta investigación propongo cuatro categorías: las fronteras de la securitización; las fronteras socio-históricas; las fronteras subjetivas; y la frontera glocal.

Las fronteras de la securitización son aquellas que se deducen de la necesidad de resguardar el territorio de los “bárbaros”, “terroristas” o “migrantes sin papeles”. El primer tipo de esta categoría alude a la frontera natural que se define con base en la delimitación de ríos, montañas lagos o valles. Al segundo tipo ya hice mención, la frontera artificial, que está basada, en el mejor de los casos, en paralelos y meridianos dibujados en los mapas; en el peor de los casos con líneas curvas y rectas dibujas arbitrariamente en los mapas. De acuerdo a algunos autores (Beaconsfield y Hamley) estos dos tipos responden a la frontera científica, un forma de reordenar el territorio con base en la cartografía (Velasco, 2005: 24).

Algunos otros autores se refieren a la frontera científica con el objetivo de optimizar la frontera militar. Esta última tiene características particulares que en la actualidad se vinculan con la securitización de la fronteras, o la conformación de fronteras inteligentes. A partir de la frontera militar se desprenden otras nociones de frontera, como menciona Alfonso Velasco: “En el siglo XX, Carlos Haushofer desarrolló la noción de frontera de expansión; por su parte Vallaux desarrollará el concepto de frontera de tensión, concepto al que posteriormente Ancel llamará frontera de presión, concibiendo a la frontera como isobaras políticas, es decir la frontera como un factor geopolítico inestable” (Velasco, 2005: 24).

Otra acepción que resulta importante mencionar es la de fronteras interestatales que se refiere a la relaciones interdependientes que se dan entre estados en cuestión de economía, política y de seguridad. Estas fronteras tienen un carácter flexible y científico, como apunta Velasco: “flexible en el sentido de una apertura de los Estados subdesarrollados, producto de la globalización económica o imperialismo informal; científico en cuanto al control de sus fronteras lo que ha llevado a implementar medidas extremas” (Velasco, 2005: 24), como se puede observar con la securitización de la frontera México-Estados Unidos.

La categoría de las fronteras históricas se refiere a aquellas fronteras que se han desarrollado a lo largo del tiempo en una geografía específica y en función de la transformación social y política de los Estados. En esta misma categorización incluiré algunas clasificaciones que elabora Miguel Fernández-Carrión, en un texto titulado “Historiografía, metodología y tipología de fronteras”. La primera se refiere al ejercicio genealógico de las fronteras que elaboré anteriormente: fronteras en la antigüedad, medievalesmodernas y contemporáneas.

En su texto, Fernández-Carrión compara esta primera clasificación con el análisis que elabora Hartshorne, quien distingue seis etapas que podrían vincularse con estos procesos históricos: “fronteras totalmente anteriores o pioneras [antigüedad y medievales]; anteriores [modernas]; subsiguientes (cuando hay conformidad entre los planos de la frontera y el área de extensión del paisaje culturizado); sobrepuesta (en intersección); sobrepuesta de modo de excavación y reliquias (cuando los límites de la geografía humana no corresponden a los límites políticos) [contemporáneas]” (Fernández-Carrión, 2010: 36).

El análisis que elabora Hartshorne me parece mucho más significativo para la epistemología de la frontera, aunque no es del todo claro, que clasificar las fronteras en función de una línea de tiempo cronológica, pues este ejercicio lineal no desvela procesos culturales complejos, quizá solo ayuda a esbozar una tendencia a explicarnos ciertas situaciones. Es por ello que la perspectiva de las investigaciones que he realizado hasta ahora consisten en deconstruir los discursos lineales que agrupan el estudio de las fronteras desde una perspectiva únicamente histórica.

La segunda clasificación de Fernández-Carrión consiste en fronteras dependientes y/o coloniales, aquellas fronteras que se establecen con la instauración de los virreinatos en el continente Americano a partir del siglo XVI. La tercera se refiere a fronteras independientes o nacionales, aquellas fronteras geopolíticas que se delimitan una vez que se conforman los Estado-nación en el continente Americano, producto de guerras civiles o guerras de independencia durante el siglo XIX (Fernández-Carrión, 2010: 37-39), a las que también ya hice mención.

La categoría de las fronteras subjetivas se refiere a aquellas fronteras que se desarrollan no sólo a partir de la convivencia con el otro sino también con base en las transformaciones que experimentan los sujetos a nivel de agencia política. Esta tercera categoría es representativa del análisis que he realizado hasta ahora de la frontera México-Estados Unidos, y, desde mi perspectiva es la más importante para entender fenómenos particulares de las zonas fronterizas, e incluso para proponer políticas públicas y modelos de sociedades.[1]

El primer acercamiento que realizo a las zonas fronterizas consiste en identificar las fronteras lingüísticas, las fronteras religiosas, las fronteras políticas; algunos autores también se refieren a las fronteras culturales, fronteras étnicas, o incluso a las fronteras urbanas versus las fronteras rurales. En cada una de estas fronteras se observa una yuxtaposición de símbolos que es interpretado e introyectado de distinta manera por un sujeto que se enfrenta o convive con otro sujeto en una zona fronteriza particular donde lo que se pone en evidencia son los registros de cada uno y la forma en cómo los representa —y lo representan— en la comunidad fronteriza. De ahí que podamos hablar de procesos particulares de formación identitaria, o de relaciones de poder en las zonas fronterizas.

En esta misma categoría propongo las fronteras filosóficas, fronteras literarias, fronteras psíquicas, fronteras corporales, algunas de ellas caen en el plano de la triada lacaniana: lo simbólico, lo real y lo imaginario. No es tema de esta investigación indagar en profundidad sobre éstas; sin embargo, me parece importante mencionarlas pues ayudan a entender fenómenos particulares de las zonas fronterizas como el movimiento literario chicano de los años sesenta del siglo pasado; los feminicidios de Ciudad Juárez desde hace casi dos décadas; la deconstrucción del logocentrismo e incluso la deconstrucción de los discursos coloniales o centralizados, entre otros.

Finalmente, la última categoría que propongo, la frontera glocal incorpora otras tipologías de las ya mencionadas, engloba las fronteras económicas, fronteras del derecho (internacional), fronteras geopolíticas, fronteras supranacionales.

Discusiones sobre la(s) frontera(s)

A finales del siglo XIX, Frederick Jackson Turner, emplea el uso del concepto “frontera” (Frontier) con una intención diferente a la que habían utilizado los geógrafos científicos (frontera natural, frontera artificial). Turner justifica la existencia de la frontera como un fenómeno que explicita las diferencias culturales entre Europa y el Nuevo Mundo (Estados Unidos): “the frontier is the outer Edge of the wave —the meeting point between savagery and civilization. Much has been written about the frontier from the point of view of border warfare and the chase, but as field for the serious study of the economist and the historian it has been neglected.” (Turner, 1893: 2)

Según Turner, Estados Unidos estaba dividido en dos regiones distintas: la del Este, una región colonizada y civilizada (un puerto de entrada de la migración europea fue Nueva York, como se observa en obras de escritores como Kafka o Sontang quienes hacen alusión al fenómeno migratorio en algunas de sus novelas); la del Oeste era una región salvaje y despoblada. Turner elabora el análisis de la “frontier” en función de la movilidad de los colonos en la parte Oeste, pues éstos son considerados los territorios de penetración de la cultura “civilizada”: “The frontier is the line of most rapid and effective Americanization.” (Turner, 1893: 2)

Evidentemente el texto que Turner lee en 1893 en la reunión de la American Historical Association tiene la intención de presentar un país en desarrollo expansionista y una idea de nacionalismo particular y diferenciado del europeo: “we note that the frontier promoted the formation of a composite nationality for the American people.” Es decir, pensar la conformación de Estados Unidos como una nación democrática y para ello resulta indispensable colonizar los territorios “deshabitados” del viejo Oeste con las implicaciones étnicas, culturales y religiosas que este proceso trajo consigo: “The first frontier had to meet its Indian question, its question of the dispositions of the public domain, of the means of intercourse with older settlements, of the extension of political organization, of religious and educational activity.” (Turner, 1893: 4)

Varias situaciones se pueden cuestionar a la argumentación de Turner (principalmente que los pueblos o grupos que se encontraban del otro lado de la “frontera” no eran civilizados), pero por ahora me interesa recuperar tres aspectos: el primero consiste en el giro que le da al concepto frontera, como ya lo mencioné hace a un lado las explicaciones cientificistas de la época y contempla las especificidades culturales de una región en desarrollo o en movimiento. Lo segundo alude a la claridad de Turner con respecto a lo importancia de la migración de Este a Oeste (contrario a lo que actualmente sucede); una migración propia de sociedades organizadas y con una ingerencia en las actividades religiosas y educativas de los territorios del Oeste (este punto me interesa como una apuesta epistemológica que abordaré en el tercer capítulo). Lo tercero consiste en la aseveración de pensar la frontera como un campo fértil de investigación —“to call attention at the frontier as a fertile field for investigation.” No es casualidad entonces que a partir del siglo XX la conceptualización de la frontera tenga diferentes aristas y acepciones en distintas disciplinas.

Después de Turner, otros historiadores estadounidenses como Frederic L. Paxson, Everett Dick, John C. Parish, le dan continuidad al concepto de frontera exacerbando no solo la movilidad de los colonos hacia el sur del país sino también la idea de nacionalismo. Durante el primer tercio del siglo XX los textos de los historiadores Allen Billington y Walter Prescott, discípulos de Turner, llevan a la cúspide el tratamiento de la frontera como motor colonizador y civilizatorio que promovió su mentor: “Frederick Jackson Turner, then, was not far wrong when he maintained that frontiersmen did develop unique traits and that these, perpetuated, form the principal distinguishing characteristics of the American people today” (Billington, 1958: 5). Evidentemente esta percepción o conceptualización de la frontera no fue un consenso; Jack D. Forbes, por ejemplo, aboga por pensar la frontera desde la visión de los colonizados, de los indios:

But is the frontier to be considered simply as the one-edge sword of the white man? The Indian also had a frontier, an area where his culture met that of the European. This Indian frontier surely is a part of the American fronteire as a whole. Properly, a “frontier” is one force opposed to another. […] Similarly the American frontier was where two peoples met, Indians and Europeas, or Europeans and other Europeans. How, then, can one write a general history of the American frontier and ignore one side of it? But this is what has been done. (Forbes, 1959: 210)

En otras latitudes también se cuestiona la definición turneriana de la frontera. Owen Lattimore, quien estudia las fronteras de Asia, principalmente China e India, comenta que no es posible pensar la frontera en el mismo sentido que lo hizo Turner en otros continentes debido a que entre Asia y Europa, por ejemplo, ha existido un comercio e intercambio constante durante siglos, mientras America (continente), que era completamente desconocida hasta el siglo XVI, representaba la idea de colonizar tierras “vírgenes” para los europeos que llegaron a ocupar los territorios: “The Europeans who came to America and the Indians whom they found in America had utterly separate histories. They belonged to cultures that had had no contact whatever with each other” (Lattimore, 1962: 136).

En este sentido, Lattimore afirma que los europeos que arribaron a America contaban con una economía diversificada, con formas de organización social y política distintas, y con armas más potentes que las de los indios, situación que hizo más fácil la colonización, explotación y, en algunos casos, el exterminio de las comunidades nativas: “In their advance across the continent no important territory taken from the Indians was ever lost to the Indians again. No communities of White settlers lived under Indian rule. The Spreads of colonization and all forms of development and exploration was essentially a straight-line advance” (Lattimore, 1962: 136).

La postura de Lattimore resulta interesante pues enfatiza no solo la necesidad de estudiar histórica o geográficamente la(s) frontera(s), sino también desde el derecho, y, sobre todo, desde las diferencias culturales (estudios culturales y decoloniales) que se evidencian, en algunos casos más que en otros, entre las distintas comunidades que comparten una frontera y que se vincula con la propuesta de la presente investigación, donde las diferencias entre una comunidad y otra, en este caso entre México y Estados Unidos, se hacen tangibles en tres aspectos: la lengua, la religión, la frontera geopolítica, históricamente trazada bajo la consigna del proyecto expansionista de los gobiernos estadounidenses. Al respecto Lattimore menciona:

The changing significance, for changing societies, of an unchanging physical configuration which may at one time be a frontier, at another time a frontier of different significance (as when an old externa frontier becomes an internal demarcation within an enlarged community), and at another time no frontier at all (as in the case of the western frontier of expansion of the European man across the North American continent), leads to the axiomatic statement that frontiers are of social, not geographic origin. Only after de concept of a frontier exists can it be sttached by the community that has conceived it to a geographical configuration. (Lattimore, 1962: 471)

Desde mi perspectiva, el estudio que realiza Lattimore sobre la frontera marca un paradigma con respecto a los estudios que se habían realizado hasta la fecha (1962) sobre la forma de concebir la frontera (frontier). Sin embargo, si consideramos que para mediados del siglo XX ya se habían levantado-delimitado distintas fronteras en casi todos los continentes, ya fuera como respuesta a las invasiones, guerras mundiales, o intereses geopolíticos, resulta sorprendente el rezago teórico de otras disciplinas (ciencias sociales en general) que existió con respecto al estudio y conceptualización de la frontera.[2]

Desde finales del siglo XX hemos observado una avalancha de propuestas frente a lo que se debía entender por frontera, así como la manera en que se debía definir el concepto de frontera. Surgen escuelas afines a la idea de las fronteras porosas y otras que apoyan la securitización de las fronteras (especialmente después del 2001). La discusión de las fronteras toma matices mundiales y en casi todas las áreas del conocimiento se analizan las fronteras y su impacto en la economía global, en derecho internacional y en la seguridad mundial. Discursos que en muchos casos contravienen justamente las situaciones que se experimentan tanto en las zonas fronterizas como con respecto a los flujos migratorios, pero que responden a políticas de instituciones de orden mundial como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Es decir, en el siglo XX experimentamos tanto la “apertura” de las fronteras para el libre tránsito de capitales y mercancías, como un recrudecimiento de los controles fronterizos con respecto a la movilidad humana (migrantes en tránsito, refugio, asilo). Ambas situaciones son evidentes en las fronteras nacionales, regionales y continentales gracias al uso, principalmente, de la tecnología y el énfasis en la implementación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) a nivel mundial.

La geopolítica de las fronteras

Michel Foucher, geógrafo francés, es una referencia contemporánea para el estudio de las fronteras, los límites territoriales y el levantamiento de muros en los cinco continentes. Foucher es de los primeros en hacer estudios comparados sobre las diferentes fronteras que existen en todo el mundo, no sólo desde una perspectiva de límites territoriales, también geopolíticos e incluso gráficos pues desarrolla una metodología de mapeo para los distintas fronteras, muros, límites, líneas, barreras que se han erigido o establecido a partir del siglo XX principalmente.

Esta metodología se puede observar en la aplicación que Foucher, junto a Pascal Orcier (cartógrafo), desarrollaron para las tabletas electrónicas. Esta aplicación sofisticada y vanguardista titulada A Battle of Maps. A critical analysis of different visions of the world (Francois Bourin Editeur 2012), es un proyecto gráfico y digital que privilegia la emancipación dialógica del sur (o le da voz a las epistemologías del sur) e incluye mapas de distintas regiones en donde se observa el fenómeno fronterizo en distintos niveles de análisis que van de lo geopolítico, regional o global, a lo supranacional. Es por ello que en esta aplicación, que incluso podría leerse como un resumen del trabajo que Foucher ha realizado no solo como teórico, sino también como diplomático, se pueden observar mapas de las distintas regiones que más le han interesado a lo largo de su trayectoria profesional, los cuales incluyen Asia, Europa y América principalmente:

It is therefore important to tell the story of a great movement of emancipation by the states of the former South, which are now taking to (or returning to) the world stage. To borrow the terminology of the late 19th-century diplomats, this so-coalled emerging actors are vocally demanding their ‘place in the sun’. This radical development forces us as Europeans to negotiate a new position for ourselves in a configuration of many different centres of power and influence. A de facto polycentric system is taken shape and creating new-economic and geostrategic balances of power, but it has not yet become multipolar in the sense of having been negotiated through a new entente between nations an through regional settlements. (Foucher, 2012)

El trabajo iconográfico que Foucher realiza no solo como geógrafo, en algunos casos incluso como cartógrafo, resulta enriquecedor para el análisis geopolítico que se debe hacer del fenómeno fronterizo y migratorio actual, pues alude a la representación de mapas mentales; a la representación de la globalización como heteronimia de la territorialización económica; a la resignificación de las periferias en función de los discursos heterodoxos que enarbolan los movimientos sociales contemporáneos; e incluso a la deconstrucción de las culturas hegemónicas que han defendido el logocentrismo ciñéndose en un discurso de seguridad nacional. En este sentido, los mapas que Foucher ha trazado dan cuenta de cómo repensar el estudio crítico de la movilidad humana y de la instauración de fronteras, límites o barreras:

A representation is a selective combination of images taken from various categories of the socio-hisotical field and beleonging to the group that produced them; these are then assembled into a spatial whole whose title is simultaneusly the symbol and the slogan of a political project that can, in principle, be mapped. It serves as an icon and expresses a gran design; the West, Asia, the greater Middle East and the South are al icons from a particular period, their countours fluid, their sycophantic supporters numerous. (Foucher, 2012)

En la última edición del libro titulado L’obsession des Frontiéres (2012), Foucher actualiza la información que se conoce de las distintas fronteras existentes en el mundo en un anexo que titula “Chroniques frontaliéres”, y abarca del 2010 al 2012. En este anexo, así como en los mapas que aparecen en el libro, Foucher da fe de lo que llama la escena contemporánea fronteriza: « L’obsession des frontières qui envahit la représentation contemporaine du monde se décline selon les lieux en impératifs de sécurité stratégique, en marquage des territoires dans les Etats, anciens ou récents, ou en dispositifs de protection des établis contre les marginaux et les flux jugés indésirables » (Foucher, 2012: 16). Una escena poco halagadora para lo sociedad mundial si consideramos:

La scène frontalière mondiale est ainsi marquée d’un double mouvement d’obsolescence et de résistance de ses attributs. Anachronisme par érosion, lié à l’ampleur des phénomènes de circulation : 470 millions de personnes franchissent chaque année les deux frontières terrestres des États-Unis, contre 20 millions seulement de passagers aériens venus d’outre-Océan. La France enregistre plus de 50 millions d’entrées par an, dont 2 millions seulement sont assujettis à la délivrance de visas. La liberté de circulation est une revendication largement partagée, d’abord dans les régions pacifiées. (Foucher, 2012 : 17).

Foucher alude a cuatro etapas de la mundialización y sus fronteras (alude a la categoría de fronteras socio-históricas). La primera hace referencia al descubrimiento de América y la aventura oceánica que esto significó para la distribución territorial de las distintos colonias. La segundas alude al fin de la Revolución Industrial y la necesidad de mantener un equilibrio económico entre los distintos estados-nación europeos. La tercera etapa consiste en la imposición de una “méta-frontière” común europea que se conoce como la “Cortina de Hierro” (1948); una frontera de corte ideológico y estratégico a nivel mundial que divide al planeta en dos grandes bloques: capitalismo y comunismo. La cuarta etapa de la mundialización se refiere a una nueva “meta-frontera” que aparece en 1989 y se traduce como: « une réorganisation des territoires étatiques et nationaux, systématique et probablement systémique, car le simple fait que l’une des puissances ayant dominé la scène internationale pendant quarante-six ans ait pu se disloquer, de l’intérieur, a modifié les réseaux d’alliance et de réassurance et interpellé des Etats rendus plus attentifs à leur assise spatiale » (Forucher, 2012 : 13-14).

Las fronteras, según Foucher, funcionan en diferentes escalas aunque éstas no siempre son complementarias. En este sentido, el geógrafo francés afirma que las fronteras deben ser consideradas como instituciones territoriales cuyos límites abarcan: 1) la escala del Estado, nacional o plurinacional; 2) la escala interestatal; y 3) la escala regional o local. La primera hace referencia a los límites jurisdiccionales del Estado; la segunda al orden internacional e incluso de seguridad nacional (quiénes son nuestros adversarios); y la tercera a lo simbólico, es decir factores de diferenciación: identidad, lenguaje, costumbres, culturas.

Focuher también afirma que el establecimiento de las fronteras responde a dos estrategias: una nacional y/o local; la otra global y/o regional. Cada una de éstas se enmarca en conflictos particulares que abonan a una discusión gradual de la desterritorialización de los estados como parte de una estrategia económica. Esta situación se observa en cada uno de los ejemplos que menciona en su libro, los cuales abarcan desde Bolivia hasta Rusia, pasando por las Coreas hasta el Medio Oriente. En este sentido resulta necesario estudiar cómo se entiende lo global desde diferentes perspectivas para comprender la significación de la frontera en los sistemas económicos y de gobierno actuales, así como la forma en cómo éstos afectan las comunidades (o a la inversa).

Saskia Sassen, socióloga holandesa, defiende el pensamiento global y su postura resulta interesante para aludir a lo que anteriormente me referí como la categoría de la frontera glocal que incluye la frontera económica, la frontera del derecho, la frontera geopolítica y la frontera supranacional. Si bien es cierto que la globalización ha detonado nuevas formas de pensar las fronteras, también es cierto que muchas veces éstas se han malinterpretado y reducido a proposiciones falaces como la idea de las fronteras porosas o de un mundo sin fronteras. Sassen es crítica a dichas posturas —situación que hace evidente un desconocimiento de cómo se entiende lo global en diferentes áreas del conocimiento— y expone una metodología que parte de la “desnacionalización” de lo que fue construido históricamente como nacional, afirmando que “la desnacionalización puede coexistir con las fronteras tradicionales y con el desempeño del Estado en los nuevos regimenes globales” (Sassen, 2009: 569).

Para ello Sassen cuestiona la poca atención que se pone a las consecuencias que trae consigo la proliferación de distintas capas (casi siempre abstractas) a nivel subnacional (y no supranacional como han evidenciado varios teóricos, en el sentido de la “perdida” de soberanía del Estado, por poner un ejemplo) producto de los procesos globales. De ahí que en su tesis afirme que la globalización económica es un sistema político-económico parcialmente localizado al interior de los Estado nación, basado en: “(a) the partial, often highly specialized (and hence obscure) denationalizing of specific components of state work, the economy, society, and the polity, and (b) that the specialized transnational regimes implemented to govern global process enter national institutional space an geographic territory.” En este sentido, la postura de Sassen frente a las fronteras territoriales alude a un paradigma distinto al tradicional pues afirma que la combinación de las dinámicas anteriores produce una variedad de límites nuevos (transversales) al interior de los territorios nacionales que por lo general funcionan de forma independiente de los límites geográficos (Sassen, 2009: 573).

De acuerdo a Sassen, en la medida en que detectemos que esos límites nacionales se hacen evidentes con los procesos globales podremos pensar la diferencia entre las fronteras nacionales tradicionalmente estudiadas y la idea transversal de los límites entendida como la capacidad de cruzar fronteras tradicionales y ocupar o existir dentro de los espacios nacionales institucionalizados (Sassen, 2009: 597). Para ello propone abstenerse de la discusión basada en la centralización del estado y las fronteras territoriales para dar paso a la discusión de los espacios bordeados en una red global:

State-centered border regimes have undergone significant changes following the rise of globalization; neoliberal, supranational regimes; and new forms of private authority, even while they have remained part of older formalizations, such as International treaties. We now see a great diversity of institutional locations among state-centered regimes. Considering the cross-border flow of capital from flows of goods can help clarify this idea. Moving capital across borders requires a sequence of interventions that moves deep inside the national institutional apparatus and differs in character from movement of traded goods. While goods transfer requires an actual, geographic border crossing, capital transfer does not (unless actual cash is transported). In each case, however, individual border-control intervention points can be understood as sites in a chain of locations, which are not necessarily located along national borders. (Sassen, 2009: 588)

Resulta complicado pensar en la red global que expone Sassen en cuestión de la frontera del derecho en países como México o el resto de Latinoamérica, sobre todo cuando hablamos de movilidad humana o convivencia en zonas fronterizas pues, como sabemos, tanto las leyes migratorias, políticas de empleo temporal, libre tránsito, políticas públicas en zonas fronterizas, entre otras, contravienen la tendencia actual de la propuesta que Sassen denomina “global law systems”, el cual consiste en: “At the heart of this notion of a single global law lies a system, first, that is not centered in national law and, second, that goes beyond the Project of harmonizing different national laws into a coherent system.” (Sassen, 2009: 592)

En contraste con lo que plantea Sassen con respecto a la red global de fronteras, expondré a continuación la apuesta de Will Kymlicka, quien desde la perspectiva liberal cuestiona no sólo el papel del Estado, sino también el discurso nacional al interior de cada país y la igualdad moral de las personas, en contraposición a lo que han sugerido autores como Rawls, Taylor o Habermas: “El hecho de que las fronteras de las democracias liberales existentes se justifiquen con ideas de identidad nacional no significa que estén moralmente justificadas” (Kymlicka, 2006: 44).

El filósofo canadiense plantea un problema inicial que consiste en afirmar que las fronteras se usan para discriminar y diferenciar a las personas que pertenecen a un Estado, cuentan con “un estatus legal que les garantiza seguridad personal, amplias oportunidades y un nivel de vida digno”); de las personas (migrantes) que no tienen ningún vínculo jurídico (no necesariamente de pertenencia) con el Estado, situación que las “condena a la pobreza e inseguridad” (Kymlicka, 2006: 37). Siguiendo esta línea argumentativa Kymlicka cuestiona la definición de frontera moderna para elaborar una propuesta multicultural de la sociedad canadiense (ver capítulo 2). La definición de la que parte para elaborar su análisis integra otros elementos que hemos ido sumando durante este capítulo, como democracia, ciudadanía, comunidad política:

La clase de “fronteras” que me interesa son aquellas que implican la demarcación territorial de los Estados-nación democráticos contemporáneos. En principio, estas fronteras tienen una relevancia jurídica: indican a qué derecho estamos sometidos, y qué personas e instituciones ejercen autoridad sobre el territorio. En el pasado, éste pudo haber sido el único significado de las fronteras políticas. Pero en las democracias modernas las fronteras de los Estados-nación son más que eso. También definen un cuerpo de ciudadanos —una comunidad política— que se percibe como titular de la soberanía, y cuya voluntad e intereses conforman los estándares de legitimidad política. [subrayado mío] (Kymlicka, 2006: 45)

Voy a tomar dos aspectos de esta cita que me parecen los más representativos: la idea de los Estados-nación democráticos y la comunidad política. Ambas ideas están correlacionadas si entendemos democracia como el gobierno del pueblo para el pueblo; sin embargo, si entendemos “pueblo” como el conjunto de sujetos que residen en un Estado-nación determinado caemos en la trampa de los nacionalismos enarbolados por la modernidad. Kymlicka es crítico a esta postura nacionalista pero defiende la identidad nacional de las comunidades la cual no se contrapone con la concepción de ciudadanía al interior de un mismo Estado-nación: “Decir que las fronteras de los Estados-nación modernos demarcan comunidades políticas nacionales no significa que estos Estados, o sus territorios, sean “propiedad” del grupo nacional dominante” (Kymlicka, 2006: 47). En todo caso da la opción a pensar en fronteras internas dentro de un mismo Estado que enfaticen la multiplicidad de etnias, lenguas, culturas, identidades, costumbres o tradiciones, como se puede observar en prácticamente todos los Estados-nación contemporáneos, ya sea producto de la colonización o de la migración o movilidad humana actual.

Étienne Balibar también propone cuestionar las fronteras, por lo menos las fronteras en Europa, desde una perspectiva política de los sujetos que las habitan. Esta perspectiva alude al cuestionamiento que debe existir en la relación entre ciudadanía, como institución o ideal, y la formación histórica del Estado-nación europeo. Es decir, a diferencia de Kymlicka que aboga por una cultura societaria, Balibar hace énfasis en una “espacio político” (political space) y en la deconstrucción del tratamiento histórico de la conformación de las fronteras:

It is indeed a commonplace among historians (and probably also geographers) that the constitution ot the modern Nation-State —through the “invention” of borders which replaced the ancient forms of “marches” or “limes”, combining on the same “line” administrative, juridical, fiscal, military, even linguistic functions— was in particular a transformation of the (more or less indefinite, heterogeneous) space into territories controlled by a “monopolistic” State-power, thus rendered “homogenous”. (Balibar, 2004:3)

Para Balibar el espacio político mantiene una relación con el espacio público pero no son sinónimos, sino que un espacio político se convierte en un espacio público (o esfera) cuando intervienen factores externos como el derecho internacional, la mundialización de las economías, la globalización de los mercados o lo que Sassen denomina red global. En este sentido, Balibar afirma que “every public space is by definition a political space, but not every political space is (already) a public space.” (Balibar, 2004: 3)

Ahora bien, Balibar toma la noción de territorialización-desterritorialización de Deleuze y Guatari, donde indican que tanto uno como el otro proceso son el reverso o la oposición del proceso en sí, y cada uno de éstos se puede dar antes, durante o después.[3] En otra palabras, Balibar menciona que la “territorialización” se puede entender si se alude a la generalización del concepto de territorio el cual incluye “not only the division or articulation of spatial units, but their institutional counterparts, whereby power structures shape spaces, languages, moralities, symbols, labor, distribution and productive activities, etc.” (Balibar, 2004: 4)

Como se podrá observar, en la crítica que realiza Balibar es posible identificar varios de los elementos o categorías a los que aluden los y las teóricas revisadas con anterioridad, como la noción de red global de Sassen, en el sentido de incluir la concepción de lo supranacional al referirnos a demarcación geopolítica de las fronteras y/o de la convivencia en zonas fronterizas y entre dos o más países. De igual forma, podemos identificar algunas de los elementos que propone Kymlicka, como la participación ciudadana en la concepción de las comunidades societarias; en particular el énfasis que hacen ambos en los procesos identitarios: “To “territorialize” means to assign “identities” for collective subjects within structures of power, therefore to categorialize and individualize human beings.” (Balibar, 2004: 4)

Es evidente que no se puede hablar de territorio-frontera sin hablar de soberanía, por lo que Balibar hace énfasis en que esta triada conceptual del Estado-nación moderno ha sido sacralizada desde su existencia, incluso con más anuencia que durante el estado estamental o monárquico. De igual forma, Balibar observa que esta situación cambia con la globalización tanto en el sentido de pensar la emergencia de lo supranacional o las super-fronteras, como en el desmantelamiento de las múltiples funciones del Estado con respecto a sus fronteras concluyendo:

As a consequence, the constitutive relationship between territory, population and sovereignty, is no longer taken for granted, at least when seen “from outside”. It tends to be replaced by various forms of mobile equilibrium between “internal” and “external” conflicting forces, and substituted by stronger and broadres “global borders”, which appear as territorial projections of the political World Order (or disorder). (Balibar, 2004:5)

Para Balibar este espacio político debe tomar otras rutas y no quedarse en la ambigüedad como ha sucedido hasta ahora en Europa, donde a partir de la conformación de la Unión Europea se dejaron fuera países y culturas que le dieron forma a este continente, hablando desde una perspectiva histórica. Para ello retoma o propone la importancia de los actores políticos y/o de la agencia política de los sujetos, así como de las organizaciones civiles. En este sentido, alude a los sujetos transnacionales que cruzan las fronteras y se organizan para expresar sus demandas o expectativas, sin mediación de la burocracia nacional o supranacional, pero que unen sus esfuerzos con los otros, los que son de afuera, ya sean refugiados o migrantes con o sin papeles con la intención de poner sobre la mesa el debate de los derechos civiles y humanos.

Balibar afirma que en el caso de Europa parece que las fronteras tradicionales, las fronteras internas, son mucho más rígidas e impenetrables de lo que deberían; mientras que las fronteras externas son mucho más penetrables, menos estables y fijas; por lo que cuestiona si “Europa como una zona fronteriza” debe ser rechazada o es mejor reconocerla (Balibar, 2004: 27). Para el caso que nos ocupa, argumentar la importancia de proponer modelos epistemológicos para las zonas fronterizas, el cuestionamiento de Balibar resulta interesante pues al trasladarlo a la situación de la frontera México-Estados Unidos o a la frontera vertical en la que se ha convertido México para los migrantes centroamericanos, valdría la pena repensar y proponer políticas públicas ad hoc a la situación y, en este sentido, es mejor reconocer la existencia de las zonas fronterizas, pues la invisibilidad de las mismas es producto de su no locución a nivel nacional y supranacional.

Finalmente, Jacques Derrida, en un texto titulado Aporías, elabora una genealogía del concepto de Frontera desde dos (tres) proposiciones: “las fronteras respecto a la muerte” (cuestionamiento que le hace a Heidegger en función del Ser y la muerte); “las fronteras de la verdad”; y “las fronteras de la propiedad” (1998: 18). Para esta investigación me interesa elaborar una argumentación en función de las últimas dos.

En este libro, Derrida hace un recorrido no sólo etimológico, sino también filosófico de la pertinencia de establecer los límites de verdad en la filosofía y desarrolla un “doble concepto de la frontera”. El primero se refiere a la frontera que “pasa entre contenidos” (entiéndase cosas, objetos, territorios, países, Estados, culturas, lenguas, etc.); “el otro tipo de límite fronterizo pasaría entre un concepto (especialmente el de deber) y otro, según el rasero de una lógica oposicional” (Derrida, 1998: 38).

Derrida también pone el dedo en el renglón de los cuestionamientos actuales sobre el abordaje y tratamiento de la(s) frontera(s) no sólo como una “línea espaciadora”, sino también como un constructo “antropológico”, en un afán de hacer evidente la categorización del constructivismo metodológico que no deja espacio para realizar estudios que rebasen lo económico-demográfico (como se observa en varios de los análisis actuales sobre migración y fronteras) y propone una aproximación ontológica de la frontera:

La frontera designa, de forma casi estricta si no propia, esa linde espaciadora que, en una historia, y de forma no natural sino artificial y convencional, nóminca, separa dos espacios nacionales, estatales, lingüísticos, culturales. Si decimos de esta frontera —en el sentido estricto o corriente— que es antropológica, lo hacemos por hacerle una concesión al dogma dominante según el cual sólo el hombre posee semejantes fronteras, y no el animal del que se piensa normalmente que, aunque tiene territorios, su territorialización (en las pulsiones de la (de)predación, del sexo o de la migración regular, etc.) no podría estar rodeada de lo que el hombre denomina fronteras. No hay nada fortuito en ello, el mismo gesto le niega aquí al animal lo que le otorga al hombre: la muerte, el habla, el mundo como tal, la ley y la frontera. (Derrida, 1998: 72-73)

Si tomamos en consideración que las fronteras son un límite artificial que sólo el ser humano es capaz de normar; esta situación da cuenta de lo arbitrario que han sido tanto el establecimiento de las fronteras geopolíticas, como la necesidad de la movilidad de las personas frente a políticas económicas segregacionistas. El endurecimiento de las políticas migratorias, ya sean para “defender” a la nación o para evitar la entrada “ilegal” de personas a un Estado-nación, da muestra de la pretensión artificial de los gobiernos para delimitar territorios bajo pretexto de la seguridad nacional.

Derrida no es el primero en aludir a la frontera artificial —Turner también lo mencionó en su momento junto a otros teóricos más—, pero sí es el primero en pensar en ella como una aporía (no-pasar), entendida como “la forma negativa para designar todavía un deber que, a través de lo imposible o lo impracticable, se anuncia no obstante de forma afirmativa”, refiriéndose al límite entre un concepto y otro (1998: 40). Para ejemplificar esta situación citaré uno de los ejemplos que menciona Derrida al respecto:

            El mismo deber dicta también no sólo acoger al extranjero a fin de integrarlo sino asimismo a fin de reconocer y aceptar su alteridad: dos conceptos de la hospitalidad que dividen, hoy en día, nuestra conciencia europea y nacional.

El mismo deber dicta criticar (“en-la-teoría-y-en-la-práctica”, incansablemente) un dogmatismo totalitario que, con el pretexto de poner fin al capital, ha destruido la democracia y la herencia europea, pero asimismo dicta criticar una religión del capital que instala un dogmatismo bajo nuevos rostros que también debemos aprender a identificar —y éste es el porvenir mismo, de otro modo no lo habrá. (Derrida, 1998: 39)

Lo que queda al descubierto de estos ejemplos es la lógica oposicional entre el deber universal (kantiano) y la realidad.[4]

Como se ha visto hasta ahora, en esta investigación he destacado las concepciones que ciertos teóricos y teóricas que han desarrollado sobre la(s) frontera(s) con la intención proponer la categorización de cuatro formas de concebir la(s) frontera(s): la frontera de la securitización, la frontera socio-histórica, la frontera subjetiva y la frontera glocal. La selección de los teóricos y teóricas no ha sido arbitraria, la intención fue elaborar un paneo de distintas posturas no solo disciplinares del fenómeno fronterizo, sino también contraponer las disímiles lecturas de cómo se deben pensar las fronteras en el mundo (claramente hay visiones ausentes —por un asunto metodológico más que por convicción— estoy pensando en los/las teóricos asiáticos, africanos, de Medio Oriente, de América del Sur, donde las fronteras geopolíticas también son parte de un discurso segregacionista, expansionista y hegemónica de las políticas de Estado) y cómo se deben conformar los espacios de discusión en función de las necesidades reales de las comunidades fronterizas y migratorias sin detrimento de su propia cosmovisión. Esta investigación propone una epistemología de la frontera, que aborda cuestiones de la ontología social ligada a debates y situaciones actuales que le dan forma a las fronteras territoriales contemporáneas.

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* El presente artículo es parte del libro titulado (Rodríguez, Roxana) Epistemología de la Frontera. Modelos de sociedad y políticas públicas. México: Eón, UTEP, SIPAM, Iniciativa Ciudadana, 2014, pp. 15-37. El libro se puede conseguir en Amazon.

[1] Véanse los libros Alegoría de la frontera México-Estados Unidos […] y Cultura e identidad en la región fronteriza México-Estados Unidos […]. En el primero elaboro una propuesta epistemológica a partir de identificar los tópicos principales de la literatura fronteriza y las características culturales que emanan de ellos. En el segundo abordo las rupturas culturales que se han dado entre los sujetos que habitan la frontera y cómo ellos se han apropiado de esos vacíos para consolidar zonas de convivencia fronterizas.

[2] El caso de la filosofía es particular pues el tema del otro, de la alteridad, del extranjero, está presente desde los griegos. Podemos encontrar referencia en Las leyes de Platón, específicamente en el libro octavo; así como en otros pensadores de su época. Estas ideas sobre el extranjero fueron retomados por autores como Francis Bacon y posteriormente Kant elabora un trabajo exhaustivo sobre el tema en La paz perpetua. Los teóricos de la Escuela de Francfort hacen un trabajo notable y Hanna Arendt es la cúspide de esta camada de escritores exiliados en varios de sus libros pero específicamente en Tiempos presentes. Actualmente varios de los filósofos se interesan por el tema de la frontera como se verá en los siguientes capítulos.

[3] Deleuze y Guattari afirman que “Los movimientos de desterritorialización no son separables de los territorios que se abren sobre otro lado ajeno, y los procesos de territorialización no son separables de la tierra que vuelven a proporcionar territorios. Se trata de dos componentes, el territorio y la tierra, con dos zonas de indiscernibilidad, la desterritorialización (del territorio a la tierra) y la reterritorialización (de la tierra al territorio). No puede decirse cuál de ellos va primero” (2005: 86).

[4] Sobre la lógica oposicional entre el imperativo categórico (Kant) y la hospitalidad como ley incondicional (Derrida) estoy realizando una investigación titulada “Los límites de la hospitalidad”; de tal suerte no ahondaré más en este tema.

Hospitalidad & Ciudadanía: de Platón a Benhabib

Para el semestre 2015-I propongo un seminario colectivo, con colegas especialistas en filósofos que desarrollaron posturas conceptuales referentes a Hospitalidad & Ciudadanía, como parte de las actividades de EstudiosFronterizos.org, grupo de investigación que coordino en la UACM.

La idea de conformar este seminario desde la filosofía consiste en  que los argumentos vertidos puedan ser una herramienta de análisis para el estudio de los fenómenos migratorios y fronterizos. El seminario es abierto a todo público interesado en la discusión filosófica de estos conceptos.

Pueden consultar el programa y las lecturas en Docencia UACM

Semblanza de les ponentes:

Luis Ramos

Es Doctor en Filosofía (2008) por la Universidad de Salamanca con la tesis «El concepto de ingenium en Spinoza: análisis ontológico, epistemológico, ético y político», que mereció el Sobresaliente Cum Laude. Es Licenciado en Filosofía (1998) y Maestro en Filosofía (2000) por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es Profesor-Investigador de la UACM e investigador del SNI, Nivel I.

2014 apoya a la Dra. Laura Benítez en la dirección del Proyecto PAPIIT-DGAPA de la UNAM, IN 402614, titulado «El problema de la substancia en la Filosofía Moderna y sus antecedentes». Es coeditor junto con la Dra. Benítez del primer libro de este proyecto, que actualmente se encuentra en dictamen en el Departamento de Publicaciones del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Es coordinador del Seminario Permanente sobre Maquiavelo y sus críticos, proyecto de la UACM y la UAM-Iztapalapa. Actualmente tiene dos libros en dictamen como coeditor: con Eduardo Sarmiento: Maquiavelo y sus críticos, Editorial Signos, UAM-Iztapalapa; y con Laura Benítez: El problema de la sustancia en la Filosofía Moderna, UNAM.

Su investigación se centra en el análisis de los conceptos de naturaleza humana y libertad en la Filosofía Moderna, a través de su estudio en las relaciones entre metafísica, epistemología, ética, filosofía política, estética e historia. Ha publicado seis artículos y diez capítulos en libros sobre estas relaciones en Maquiavelo, Descartes, Hobbes, Spinoza, Vico, Rousseau y Kant. Asimismo, cuenta con doce artículos y capítulos de libros en dictamen o en edición para ser publicados. Por ejemplo: «Invitación a filosofar: Elogio crítico de un compromiso», «Spinoza on Sensory Perception», «Spinoza on Language», «Sustancia, inmanencia e individualidad en Spinoza», «El ingenio de la multitud según Spinoza», «Ingenio e imaginario colectivo en Spinoza. El caso del estado hebreo», «Ingenio y multitud en Maquiavelo y Spinoza», «Libertad y conato de la multitud en Spinoza y Maquiavelo», «Aproximaciones a la función del ingenio en la formación de las naciones en Spinoza y Vico»,  «La teleología en el modelo del hombre libre de Spinoza: discusión con Platón». De 2004 a 2008 fue consultor del área de filosofía en el Instituto de Educación Media Superior del DF. En esta línea, ha publicado dos libros de Ética y Valores para bachillerato de la SEP bajo el modelo educativo de competencias (Fernández Editores, 2010) y dos libros de Ética y Valores para bachillerato con el modelo constructivista (Fernández Editores, 2008). Asimismo, es coautor del libro de introducción a la filosofía del IEMS-DF.

Ha impartido las siguientes asignaturas en la UACM, la UNAM y otras universidades nacionales e internacionales: Filosofía de la Historia; Teorías de la historia y de la historiografía; Historia de la Filosofía de Bacon (principios del siglo XVII) a Kant e inicios del Idealismo Alemán (principios del siglo XIX); Epistemología; Ética y filosofía moral; Filosofía política.

Mariela Oliva

Maestra en Filosofía y Licenciada en Pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesora fundadora del proyecto educativo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. A lo largo de estos años ha participado como docente en los programas académicos de Integración, Ciclo Básico y Ciclo Superior del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales.

Actualmente es profesora-investigadora de la academia de Filosofía e Historia de las Ideas y co-responsable del grupo de investigación “Cuerpo y Subjetividad” de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y maestra de asignatura en el Colegio de Filosofía de la UNAM con la materia de Textos 5 (Spinoza) y Seminario Optativo (Filosofías del cuerpo).

Consecuente con sus inquietudes personales y experiencia profesional, busca vincular y establecer un diálogo entre las filosofías, la historia de las ideas y los aprendizajes, a través de otros registros, miradas y encuentros, principalmente desde el cuerpo, las pasiones humanas, la conciencia y el inconsciente, mediante el estudio y la experimentación con diversas técnicas de trabajo ritual, corporal y escénico. Así, se formó como psicoterapeuta corporal en el sistema Río Abierto en México y Argentina, es Maestra de yoga formada en yogaespacio México centrada en el estilo Vinyasa con especialidad en yoga restaurativo. Ha combinado su investigación psicocorporal y filosófica con diversas técnicas de trabajo corporal y escénico como: Danza Contemporánea, Danza Japonesa Butoh, técnica teatral “Dojo” de Pol Pelletier, trabajo de voz, bioenergética y meditaciones activas, entre otras.

Dedica su trabajo de investigación al estudio de la obra de Baruch Spinoza, la actualidad de su pensamiento, sus retos e implicaciones políticas y las diversas líneas de interpretación del spinozismo, centrándose en el territorio metafísico del deseo en su Ética como anticipación a las psicoterapias del siglo XX y XXI. Asimismo, propone la reflexión y el desarrollo de metodologías de aprendizaje y sistemas de pensamiento que recuperen el cuerpo y las emociones en la constitución de la(s) subjetividad(es) y la colectividad desde el pensamiento postestructuralista, la decolonialidad, el arte y los estudios culturales.

En 2014 participa en la convocatoria UACM-Gedisa con el ensayo titulado: “La inmanencia del deseo: Un estudio sobre la subjetividad ética y el amor a la existencia en Spinoza”, siendo seleccionado para su publicación en la Colección Palabras autónomas.

Leonel Toledo

Ha realizado su investigación en torno a los principales temas filosóficos del Medioevo, el Renacimiento y la modernidad temprana, y ha publicado artículos especializados sobre el humanismo, el empirismo, el escepticismo y el racionalismo; asimismo, él se ocupa de temas de filosofía natural en la modernidad (ss. XVI-XVIII), desde el contexto de los diversos problemas filosóficos, científicos y teológicos. Recientemente, el Dr. Toledo ha escrito sobre Filosofía de la educación y los encuentros entre filosofía e historiografía. Leonel Toledo formó el grupo de investigación “Seminario Permanente de Historia de la filosofía”.

Mylai Burgos

Es Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de la Habana, y Maestra en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente Candidata a Doctora por el Posgrado de Estudios Latinoamericanos de la UNAM trabajando temáticas de Filosofía del Derecho en América Latina desde perspectiva críticas.

Desde el punto de vista docente es profesora de la Academia de Derecho de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de la Facultad de Derecho de la UNAM en el área de Filosofía e Historia del Derecho, Derecho Constitucional, Derechos Fundamentales y Epistemología y Metodología Jurídica. Imparte clases a nivel Maestría en la Facultad de Derecho, UASLP) y en el CEDEJUS junto al Ilustre Nacional Colegio de Abogados de México. Por último, es docente en la Comisión de Derechos Humanos del DF (Servicio Profesional de Carrera).

Es integrante del Colectivo de Estudios Críticos en Derecho (RADAR) constituido desde Marzo 2005 por juristas comprometidos con el uso del derecho para la transformación social mediante el acompañamiento a movimientos sociales.

Trabaja en proyectos de investigación vinculados a universidades (UACM, UNAM, FLACSO, CIESAS), ong´s (Hábitat International Coalition, América Latina) y movimientos sociales en México, que versan sobre los derechos humanos desde perspectivas críticas, con especificidad en los derechos sociales y los derechos de los pueblos indígenas: su fundamento, realización y exigibilidad.

Tiene diversas publicaciones sobre temas teóricos y prácticos de derechos humanos, epistemología jurídica crítica y sobre el derecho en el sistema político jurídico cubano.

Coautora y capítulo de libro; “La exclusión del discurso liberal dominante de los derechos” en el libro, Sin derechos. Exclusión y discriminación en el México actual”, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, México. Febrero, 2014.

Coautora del Manual de Derechos Campesinos para Jueces y Juezas sobre la protección de los derechos de las campesinas y campesinos, Habitat Internacional Coalition-América Latina (HIC-AL), Vía campesina, FIAN, CENEJUS, UASLP, Fundación Rosa Luxemburgo. Noviembre 2013.

Juan Manuel Contreras

Desde 10/2003 Profesor-Investigador de tiempo completo en la Academia de Filosofía e Historia de las Ideas (AFeHI) de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

 Formación profesional

2005-2010 Estudios de doctorado en la Hochschule für Philosophie, München (Alemania).

Grado de Doktor phil., con “Summa cum laude” nota 1.

Tesis: Das Nican mopohua: kritischer Ausdruck des indigenen Denkens. Eine ethische und politische Lektüre, ”El Nican mopohua: expresión crítica de pensamiento indígena. Una lectura ético-política”.

2001-2003 Estudios de maestría en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Grado de maestro en filosofía con mención honorífica.

Tesis: La filosofía de la realidad histórica de Ignacio Ellacuría.

1997–2001 Estudios de licenciatura en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Título de licenciado en filosofía con mención honorífica y receptor de la medalla “Gabino Barreda”.

Acreedor en cada uno de los semestres de la licenciatura a diplomas de reconocimiento académico.

Tesis: Exégesis bíblica y hermenéutica filosófica.

1992-1996 Estudios de licenciatura en Ciencias Religiosas en la Universidad La Salle (ULSA).

Trabajo terminal: La eclesiología latinoamericana de Leonardo Boff.

Otra información relevante

Desde el 2005 hasta el 2010 becario del Stipendienwerk Lateinamerika-Deutschland E.V., con sede en Tübingen, Alemania.

Desde 2005 miembro del Curatorio México-Sur del Intercambio Cultural Alemán-Latinoamericano (ICALA).

Desde el 2010 responsable de los becarios del Curatorio México-Sur en Alemania.

Desde el 2011 miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Desde el 2014 aspirante aceptado para realizar estudios de Habilitation en la Julius-Maximilians Universität Würzburg, Alemania.

Gabriel Medina

Chileno (Reside en México desde 1994). Maestro en Ciencias Sociales, por FLACSO, y candidato a Doctor en Ciencia Social con Especialidad en Sociología, por El Colegio de México .

Profesor Investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Diseñó el Plan de Estudios de la Licenciatura ‘Comunicación y Cultura’. Coordinador del proyecto del Posgrado en Estudios Descoloniales de la UACM. Coordinador del Proyecto de Investigación Juventudes Latinoamericanas, Gobernanza y Decolonialidad. Actualmente se desempeña como Coordinador de Comunicación de la universidad.

Diseñó, y entre 2008-2012 coordinó, el Diplomado Mundos Juveniles a distancia en el Seminario de Investigación en Juventud (SIJ) de UNAM.

Colabora en el Diplomado en Culturas Juveniles (UAM-I) y en la Universidad Intercultural de los Pueblos del Sur, UNISUR, Estado de Guerrero.

Ha sido profesor invitado en las Universidades de Bologna y Parma (Italia), Universidad San Sebastián y Diego Portales (Chile), Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) y Universidad de Cuenca (Ecuador).

Trabaja en Teorías de la Identidad, Culturas Juveniles, Sexualidades Masculinas, Pedagogía Intercultural, Juventudes y Política y dispositivos tecnológicos; sobre lo que ha publicado e impartido conferencias en distintos foros académicos de Iberoamérica. Sus proyectos de investigación en curso abordan la reconfiguración juvenil de la política; la interculturalidad, como apuesta epistémica que desmote la tradición eurocéntrica de las ciencias sociales, y; la Geocultura situada en la producción de las representaciones sociales sobre los sujetos joven y afromexicano en la institucionalidad educativa y en la reflexión académica en el México moderno.

Entre sus últimas publicaciones destacan la edición de los libros: Travesías en la Educación a distancia. Sistematización diplomado Mundos Juveniles (2010-UNAM. Ed); Cultura y Poder (2010-UACM. Ed) y Juventud, Territorios de Identidad y Tecnologías (2010-UACM. Ed); y “Tradiciones y Prácticas de identidad de la Comunidad Afromexicana. Cuajinicuilapa-Costa Chica. Estado de Guerrero, México, SubSecretaría de pueblos Afros del Estado de Guerrero (en prensa).

Concepción Delgado

Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Merecedora en dos ocasiones de la Medalla Alfonso Caso, por sus estudios de maestría y doctorado, otorgada al Mérito Académico por la UNAM. Durante 2003, realiza una estancia de investigación, bajo la invitación de Michel Maffesoli en el Centro de Estudios sobre lo Actual y lo Cotidiano (CeaQ, por sus siglas en francés) en La Sorbona, París V, donde desarrolla un modelo de análisis para el estudio de la reconstrucción de las identidades políticas, sociales y culturales en el contexto de las nuevas estructuras globales. En 2010 recibe la Beca del Conseil International d’Études Canadiennes para impulsar la investigación sobre “La construcción de nuevas ciudadanías derivadas de la articulación de las redes aformales de la Ciudad de México”. En 2013-2014, es convocada por Seyla Benhabib, Eugene Meyer Professor of Political Science and Philosophy, de la Universidad de Yale, con el propósito de llevar a cabo una estancia posdoctoral y trabajar en torno a los nuevos modelos de ciudadanía contemporánea insertos en el debate filosófico-político relacionado con los dilemas de la ética y normativa moral; esfera pública y privada; soberanía nacional y orden supranacional; y democracia. En 2014 participa en la Convocatoria Gedisa-UACM y su ensayo sobre Los dilemas de la ciudadanía para la realización de los derechos humanos: de Arendt a Benhabib es seleccionado para su publicación en la Colección “Palabras Autónomas”. Actualmente coordina el Grupo de Investigación Tradición Crítica de la Filosofía del Sujeto (GIT), imparte seminarios en el Posgrado en Humanidades y Ciencias Sociales y Licenciatura en Ciencia Política y Administración Urbana de la UACM y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, Conacyt. Entre sus últimos títulos: Una imposible vuelta a casa. Identidades nómadas y múltiples (2007); Violencias soterradas y el retorno de la alteridad radical. Ensayos sobre la comunidad por venir seguidos de la mano de Derrida (2010); y, Emergencia de ciudadanías desentrañadas en un mundo global (2012).