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Frontera hospitalaria: México y su política migratoria de puertas abiertas

Como estudiosa de las fronteras, lo que desde hace un par de días observo en la frontera sur de nuestro país es una frontera hospitalaria. Una nueva categoría para el modelo epistemológico de la frontera que desarrollé ya hace varios años y que a la fecha contaba con seis categorías: frontera subjetiva, frontera socio-histórica, frontera de la securitización, frontera glocal, frontera vertical y frontera horizontal (Rodríguez, 2016).

Esta nueva categoría de frontera hospitalaria era la utopía de muchas, una apuesta teorética que permitía dialogar a varias disciplinas con enfoques distintos, desde la socioantropología hasta la filosofía, pasando por el derecho, pues existía la necesidad no solo de evidenciar la vejación de los derechos humanos de las personas migrantes y solicitantes de refugio en su tránsito por México, sino también de proponer políticas públicas en un contexto de neoconservadursimo en el discurso antiinmigrante y xenófobo, de corrupción y crimen organizado regional, desde el triángulo norte (Guatemala, El Salvador, Honduras) hasta Estados Unidos.

Pensar, imaginar, una frontera hospitalaria se convierte en el primer momento de la culminación de una larga investigación (Rodríguez, 2014). A lo que nos convoca ahora una frontera de puertas abiertas es a implementar modelos de sociedad, armonizados con la política igualmente hospitalaria, que se traduzca en derechos sociales para las personas migrantes y refugiadas en materia de salud, educación, vivienda y trabajo que, de acuerdo a lo previsto en el Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica, es a lo que se compromete el gobierno actual .

Podría, y quiero, incluso afirmar que Derrida no estaba equivocado, existe una hospitalidad incondicional, solo era cuestión de voluntad política, aunque algunos afirman que es resultado de los acuerdos de Marrakech y del Pacto Global Migración.

Información actualizada 11:00 hrs: El @
INAMI_mx
ha registrado a 2835 adultos migrantes provenientes de El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Haití y Brasil como solicitantes de la tarjeta de visitante por razones humanitarias. #
MigraciónOrdenada
@
SEGOB_mx

Desafortunada o afortunadamente siempre queda la duda, la sospecha del oficio que nos hace buscar incluso bajo las piedras para corroborar que la intuición no se confunde con la percepción. Los hermeneutas dirían que es necesario identificar los hechos, digo que no es suficiente. Las imágenes y las cifras del Instituto de Migración podrían darnos esas certezas, pero es solo un eslabón de la frontera. El otro es lo que dice la gente:

“No hay que dejarse poner ese grillete, para dárselo a uno le piden las huellas y ahí es donde lo fichan”, decía un señor que no había ido a la aduana. “Lo único que buscan es separarnos”, dijo otro, “que nos quedemos cinco días dispersos y luego ya perdemos fuerza como caravana”. Dos mujeres se unieron al grupo y una proclamó que ella había hecho el proceso, pero que luego le dio desconfianza y se arrancó el brazalete. “¡Pero ya fuiste a dejar tus huellas!”, le reprendió uno. Avergonzada, la mujer respondió: “Es que yo no sabía”, y le citaron a la hondureña de ojos amarillos que al parecer había sido fichada en una ocasión anterior por el gobierno mexicano, y luego agregaron su propio remate: resultó que esos datos habían sido enviados al gobierno hondureño para que la persiguiera.

https://elfaro.net/es/201901/centroamerica/22900/El-nuevo-gobierno-mexicano-abrió-las-puertas-a-la-caravana-migrante.htm?fbclid=IwAR3ryu6MRzGXs974goyzHWdyzUw3jhZ7drGB-7U13r7WOeGh6fbkKfnzObE

Lo cierto es que por esta primera (y espero no única) ocasión, las personas migrantes y solicitantes de refugio caminaron por la frontera de Tapachula con libertad, como si estuvieran en su casa. Muchas decidieron aceptar la visa que el gobierno mexicano les ha ofrecido, otras siguen su camino al norte sin dicha visa, qué les pasará en el camino, no lo sabemos. Algunas personas llegarán a la frontera con Estados Unidos, otras quizá se regresen o decidan en el trayecto cambiar de opinión y aceptar la visa. Por primera vez, y espero que no a manera de excepción, tenemos una frontera hospitalaria no condicionada.

http://notinucleo.com/estado/llegan-primeros-migrantes-de-la-caravana-a-tapachula/

Considero que esta estrategia de frontera de puertas abiertas evidencia una apuesta distinta de política migratoria en consonancia con lo acuerdos internacionales que abarca cuatro aspectos fundamentales: el gobierno mexicano, aunque asume características de tercer país seguro, otra manera de externalizar la frontera norte, no le apuesta a una política de seguridad nacional como lo observamos en el sexenio pasado; “la humanización” de la política migratoria tiene un reto mayor, erradicar al crimen organizado que forma parte de la economía de la movilidad humana (polleros, narcotráfico, trata); fortalecer un estado derecho sin necesidad de seguir contratado los servicios (outsourcing) de las organizaciones de la sociedad civil, salvo las de la ONU; y comprobar que el desarrollo integral de la región no será una reforma laboral regional en menoscabo de los derechos sociales de las personas migrantes ni de las solicitantes de refugio ni de las comunidades receptoras.

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Pacto Global Migración. Reto o realidad de una reforma laboral mundial

Hace unas horas se firmó el el primer pacto migratorio mundial en Marrakech, Marruecos, cuyo propósito principal es trabajar en beneficio de una migración ordena, segura y regular a nivel mundial.

Más de 150 países integrantes de las Naciones Unidas, incluido México, firmaron el pacto que no será vinculante; es decir, los gobiernos no están obligados a ejecutarlo en su territorio. De ahí que se desprenda su primera limitante, la segunda corresponde a la negativa de Estados Unidos, Israel, Australia, Chile, Hungría, Austria, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Bulgaria, a firmarlo.

No es casualidad que sean precisamente estos países, pues son los que tienen el índice más alto de flujos migratorios, algunos de tránsito, casi todos los europeos, incluyendo Italia, que no se presentó, y cuyas últimas acciones han ido en la línea antiinmigrante derivado del crecimiento de la ultraderecha en una franja particular de Europa. Mientras que Estados Unidos, Australia y Chile, son países normalmente de destino y en las últimas décadas su política migratoria ha sido bastante restrictiva.

El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordena y Regular de la ONU, contempla 23 objetivos, entre los cuales destacan:

hay algunas genéricas como la cooperación para abordar las causas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes sólo como última opción o reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación en sus países de destino.

https://news.un.org/es/story/2018/07/1437842

Después de 18 meses de estar trabajando el documento final, casi todos los países firmantes están seguros que es el primer gran paso de la transformación al tratamiento que a la fecha se ha dado al fenómeno migratorio en el mundo, donde prevalece la criminalización, precarización y violación constante de los derechos humanos de las personas migrantes.

Un pacto humanitario, multilateral y solidario que compromete a las gobiernos, por decir lo menos, a una reforma laboral regional, si consideramos, especialmente, los siguientes objetivos:

18. Invertir en el desarrollo de aptitudes y facilitar el reconocimiento mutuo de aptitudes, cualificaciones y competencias

19. Crear las condiciones necesarias para que los migrantes y las diásporas puedan contribuir plenamente al desarrollo sostenible en todos los países

20. Promover transferencias de remesas más rápidas, seguras y económicas y fomentar la inclusión financiera de los migrantes

21. Colaborar para facilitar el regreso y la readmisión en condiciones de seguridad y dignidad, así como la reintegración sostenible

México no será la excepción, pues es uno de los países, junto con Suiza, que ha liderado la negociación y no es causalidad: desde la firma Plan Puebla-Panamá, después el Plan Frontera Sur, y ahora la prerrogativa de tercer país seguro, la política fronteriza nacional se ha encaminado justamente a “integrar” a la región conformada por los países del triángulo norte (Guatemala, El Salvador, Honduras) para evitar que sigan cruzando por la frontera vertical en que se ha convertido México y lleguen a Estados Unidos.

De tal suerte, el incipiente Plan Integral de Desarrollo que presume Marcelo Ebrard, en su cuenta de twitter (@m_ebrard), donde afirma que está organizado en cuatro capítulos (origen de la migración, tránsito de los migrantes, destino y retorno), se explica de la siguiente forma:

El objetivo de México es convertir en oportunidad lo que, hasta ahora, se ha considerado un desafío. Se calcula que más de 200.000 migrantes transitan de forma irregular cada año por el país. A la crisis económica se suma la violencia y la inestabilidad política en países como Honduras y el aumento en los migrantes climáticos que huyen de Guatemala. Ante la insostenible situación de Centroamérica, México pretende erigirse en garante de sus vecinos para lograr los recursos necesarios.

https://elpais.com/internacional/2018/12/09/mexico/1544317697_664385.html

El principal reto para que este plan de migración con Centroamérica se haga realidad consiste en que Estados Unidos lo financie, situación que es bastante probable porque forma parte de los acuerdos binacionales vigentes y fue la moneda de cambio para la firma del T-MEC, aunado a que, de realizarse, le podría dar forma a la cuarta transformación que promocionó en campaña López Obrador, que, entre otros, pretende reactivar la economía del país mediante echar a andar diversos megaproyectos de obra pública:

Según las fuentes consultadas, el primero de ellos sería la construcción de la refinería de Dos bocas, en Tabasco, cuyas obras comenzaron este domingo; después el tren Maya, el tren del istmo y los planes de reforestación en Chiapas. En cada una de esas obras, según los datos que maneja la Cancillería, se emplearían a unos 10.000 trabajadores y, al menos la mitad, serían centroamericanos.

https://elpais.com/internacional/2018/12/09/mexico/1544317697_664385.html

Lo que se firma en la ONU es un pacto de buenas intenciones que pretende suavizar la política de tercer país seguro que lleva varios años encaminada a frenar la migración fuera de las fronteras de los estados receptores, sean países europeos, americanos o de otros continentes, como Australia, que también ha recrudecido sus políticas. El tema es que no se establece el cómo y, como lo dije al principio, cada país definirá si lo aplica o no. Tampoco se considera una política fronteriza de seguridad humana.

Tijuana no deja de sorprenderme

Así nombré el poema 27 de Poética de un sabático, “Tijuana no deja de sorprenderme”, donde hago varias referencias a una ciudad que me ha cobijado con la palabra, con su gente, con su riqueza cultural, artística. Una ciudad que me ha dado para escribir mucho, como a varios que conozco, porque logra juntar, hacer eco, de las voces de quienes estamos de paso.

Desafortunadamente esas voces se han silenciado poco a poco, y esta semana experimentamos el desenlace del encuentro de quienes salieron de Honduras, junto con otros tantos de El Salvador, Guatemala y México, para llegar a Estados Unidos. Empezaron cinco mil y han cruzado México, desde finales de octubre, casi 17 mil personas migrantes que buscan asilo y refugio en el país del sueño americano.

Si las personas migrantes ya habían padecido suficiente con la caminata diaria de más de 50 km, después de recorrer más de 4000 km, atravesar varias ciudades, a veces acompañados, a veces en solitario, al llegar a Tijuana se toparon no solo con la frontera de Trump y de sus antecesores, sino con la xenofobia de la gente de Playas (una zona de clase media que colinda con el muro fronterizo) y la de su alcalde, Juan Manuel Gastellum, quien ha salido a dar entrevistas con una gorra roja que en letras blancas dice “Make Tijuana Great Again”, como lo ha hecho Trump, con una que dice “Make America Great Again”, cada que habla de su muro para combatir la migración irregular en Estados Unidos. No es casualidad.

Y, bueno, quienes nos dedicamos a estudiar los fenómenos fronterizos y migratorios sabemos por lo que cruzan las personas migrantes en su tránsito por México, la frontera vertical más sofisticada que junta la corrupción y el crimen organizado, como se puede observar en el seguimiento que he dado en este blog desde que la caravana migrante salió de Honduras el 13 de octubre. Los y las defensoras de derechos humanos, junto con algunos académicos, habíamos logrado cambiar la cara de la criminalización de la migración, por una de acompañamiento y hospitalidad, hasta que se da este éxodo centroamericano que, en su paso por varias ciudades del país, y, especialmente, en redes sociales, se ha topado con la xenofobia (que no conoce de clases sociales).

Desafortunadamente, puedo afirmar que es una xenofobia global que corresponde a la precariedad en la que se encuentran nuestros países, a la ausencia de un estado de derecho, y a la falta de capacidad de mirar más allá de lo que el miedo al otro nos convoca como sociedades. Esta xenofobia que ahora vivimos en México la viví igualmente en Barcelona, en Grecia, en Inglaterra, cuando estuve haciendo investigación de campo en 2016, con la mal llamada crisis de refugiados sirios, afganos, iraquíes, subsaharianos. Como he dicho en otros textos, el Brexit, la llegada de la ultraderecha en Europa, el triunfo de Trump, el triunfo de Bolsarano, no son hechos aislados en un mundo globalizado.

¿Qué salidas tenemos? Varias pero no se pueden pensar de forma global, sino local, como lo planteo en el modelo epistemológico de la frontera (2014), donde propongo la necesidad de diseñar modelos de sociedad ad hoc a las sociedades de transito, destino, origen y retorno, sean o no zonas de convivencia fronteriza. En la Unión Europea hemos presenciado que el cosmopolitismo al que le apostaron se está difuminando, en Estados Unidos el multiculturalismo está regresando después de las elecciones intermedias, pero en México y Centroamérica damos bandazos porque hemos tropicalizado no solo los modelos económicos, sino también los modelos de sociedad. Es tiempo de sentarnos a repensar nuestro ethos, deconstruir nuestras formas de organización y apostarle a un modelo de sociedad hospitalario y plural dónde también participen las personas migrantes, refugiadas y deportadas.

Tijuana no deja de soprenderme. Cada día una historia nueva, una mirada diferente, un recorrido revelador, una coincidencia enigmática, una casualidad. Lectura a dos voces de un poema. Espacios decantados. Escritoras guerrilleras. Defensores de la palabra. Últimas sobrevivientes de la poesía, un género que ha cedido a los influjos de lo mediático. (Rodríguez, 2018)

Sobre mis escritos fronterizos véase:

Postales sobre la retrospectiva de InSite en la Tallera

La literatura de la frontera: apología de la posmodernidad

¿Es la migración una trampa de la modernidad? El sueño americano cuestionado por Kafka a principios del siglo XX

De-constructing the border: Maternal language interdiction (and it is literary representation)*

La comunidad transfronteriza: la subcultura del reciclaje y la reconfiguración social de la mujer *

La frontera: confluencia de dos literaturas regionales *

Libros:

Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos literaturas colindantes.

De muros y éxodos

Las intermedias de EUA (martes 6 de noviembre 2018)

Llegó el día de las eleciones intermedias en Estados Unidos, y el resultado fue bastante apretado entre los demócratas y los republicanos, se dividen las cámaras, se paran ciertas propuestas y se revisan algunos acuerdos, especialmente el que sustituye al TLCAN. ¿Qué se queda y qué se va? El muro de Trump, por lo pronto, se queda en promesa de campaña, al haber obtenido los demócratas la mayoría en el sur de frontera. Aun así, Trump no pierde el tiempo y decide enviar una orden ejecutiva que modifique los acuerdos internacionales de refugio (protocolo de 1967), en la que solo se considerará como solicitante de asilo a quienes lo hagan en puntos regulares de los cruces fronterizos. Una disposición que se discutirá en las cortes y pasaran meses para que se resuelva, mientras las personas migrantes que logren llegar al sur de Estados Unidos podrán ser detenidas y las las familias separadas.

Éxodo centroamericano (sábado 10 de noviembre 2018)

Este escenario no es nuevo ni alentador especialmente porque hoy partieron de la ciudad de México prácticamente las casi 5000 personas que llegaron el lunes pasado al deportivo de la Magdalena Mixhuca. Durante asambleas que se hicieron diariamente se trazó la ruta por la que seguirán su camino hacia el norte a pesar de que varios organismos y defensores de derechos humanos les advirtieron del riesgo que corren al enfrentarse a lo que conocemos como la frontera vertical en la que se ha convertido México, especialmente cuando aparece el crimen organizado en todas sus variantes.

Un porcentaje menor de la población decidió tomar la propuesta de la OIM de regresar a Honduras, por lo que hoy también sale un avión con quienes hayan decidido esta ruta que, en principio, no es considerada como deportación.

Lo que sigue

Ayer me preguntaban qué seguiría, cuando las personas migrantes lleguen a la frontera. Que se regresen, los deporten o los coopte el crimen organizado, contesté. Mi respuesta fue automática, un tanto por la desazón de lo ocurrido durante la semana, las disputas entre el gobierno local y las organizaciones por tener el control (no se de qué), por los discursos xenófobos, lamentables, en las redes, por la falta de información en los medios de comunicación y el oportunismo de varios morbosos que iban al deportivo a hacerse la selfie. Aunada a la experiencia de 2016 en los campos de refugiados instalados en Grecia, de los cuales ya he dado cuenta en textos anteriores.

Con esa convicción y desazón, una aporia emocional, me encaminé al deportivo a saludar a mis amigas que llevaban toda la semana en campo, asistiendo y dando de comer a las personas. No es la primera vez que he estado en un campo, albergue, refugio o como se le quiera llamar, conozco varios en diferentes países. No me sorprendió lo que vi en primera instancia, dentro del caos imperante, funcionaba. Ya se habían establecido las reglas del juego y se sabía a quién acudir para que les auxiliara a sacar dinero del banco azteca que estaba a unas cuadras, a quién para que les diera de comer, a quién para preguntar por la salud de su hijo, a quién para preguntar por el paradero de un familiar y una larga de lista de a quiénes. Un submundo atravesado por lo público y lo privado, lo mismo que por lo institucional y lo clandestino.

Evidentemente no me llamó nada la atención que el discurso del gobierno y sus organizaciones fuera tan distinto de lo que observé y escuché las dos o tres horas que estuve sentada (literal) en una cubeta negra de plástico cargando a una bebé migrante mientras su mamá, una chica muy joven, escogía ropa para llevársela a Honduras (de las pocas que había tomado la opción de la OIM), al tiempo que acompañaba a la hermana Magda a que descansara, comiera, platicara o lo que quisiera. A eso había ido, a estar con la gente que da, que se entrega, y que responde por las voluntades colectivas (multitudes, diría Spinoza) en tránsito.

De las historias que ahí me contaron casi ninguna puedo transcribir pero fue como entrar en una ficción, en una novela negra, en una novela policiaca, donde la ficción y la realidad se entretejen. Lo trágico es que lo mismo que sucede en México sucede en Europa del Este, en Asia, en Africa, en el todo el mundo. A un problema global se le ha dado una solución global que evidentemente no está funcionando.

Lo que está por-venir

Las elecciones de Estados Unidos nos plantean un escenario nuevo que en la Unión Europea, por lo menos, ya se había visibilizado, redefinir los modelos de sociedad: la anacronía de lo multicultural está llegando a su fin de la mano de lo decolonial. Ambas prácticas teoréticas, condescendendientes con el liberalismo, incentivaron el epistemicidio y la diferencia para delimitar las clases, las etnias, las razas, el sistema sexo-genero, para ensancharlas, no para hacerlas equivalentes. El reto por-venir está en pensar, diagramar, diría Foucault, nuevamente las relaciones de poder y ahí esbozar otros modelos de sociedad.

Una imagen dice más que mil palabras

Cuando las crisis humanitarias se reducen a una presencia de logos

Empezaron a llegar las personas migrantes y refugiadas a la CDMX, cansadas, deshidratadas, lastimadas y violentadas en sus derechos por la ausencia de una política de asilo y refugio clara, donde, además, los jaloneos mediáticos entre gobernantes, instituciones, defensores de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil y academia no se hicieron esperar.

Después de veinte días que salió la caravana de Honduras, de cruzar tres fronteras administrativas y especialmente la frontera vertical, la más complicada de todas, la frontera en que se ha convertido México al asumir el compromiso con Estados Unidos y los organismos internacionales, de ser el tercer país seguro, no existen condiciones en la Ciudad de México para recibirles y darles un trato digno porque estamos en cambio de sexenio y varias personas, organizaciones y académicos están buscando su hueso mediante la economía del dolor que genera la movilidad humana en el mundo.

Caravanas han ido y venido por México, solamente que no se denominaban ni se concebían de esa forma porque estaban completamente invisibilizadas pues se subían a la bestia, no cruzaban por la ciudad y llegaban al norte del país. Una vez que la bestia dejó de ser la opción de miles de personas, alrededor de 400 mil cruzan anualmente nuestras fronteras, se buscaron otras rutas más caras y más peligrosas, al tiempo que las demandas de solicitud de asilo y refugio aumentaron.

La pregunta es por qué aumentaron las solicitudes de asilo y refugio en nuestro país cuando hemos sido un país de tránsito, de exportación de mano de obra barata desde hace casi un siglo. La repuesta es clara, cambiaron los contextos de la movilidad humana derivado de la mundialización de las economías, de la precarización de las condiciones de vida y la falta de oportunidades para tener una vida digna en los lugares de origen de las personas que migran, ya sea por las guerras civiles, el crimen organizado o las violencias generalizadas a población vulnerable, llámese niños, niñas no acompañadas, comunidad lgttbi y mujeres.

Evidentemente en este contexto de mundialización también los gobiernos son partícipes, pues externalizan sus funciones de velar por los derechos sociales a terceras personas; es decir, aplican el outsourcing del discurso de los derechos humanos a las organizaciones de la sociedad civil que han ido en aumento, algunas con poca capacidad de organización y otras con todo la experiencia para bajar recursos internacionales y posicionar su agenda en la política nacional de la mano de lo que dicta el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En este escenario lo que al parecer importa menos es qué podemos ofrecer a quienes llegan a nuestro país buscando quedarse o seguir transitando hasta llegar a Estados Unidos, pues carecemos de la infraestructura institucional para otorgar una respuesta en 40 días a las solicitudes de miles de personas e incluso hemos sido incapaces de detener las deportaciones de nuestros connacionales por la falta de voluntad política.

En este escenario, ¿qué podemos esperar del gobierno saliente y el entrante?, un puente humanitario a cargo de la comisión de derechos humanos de la ciudad que en realidad es un puente político de unos cuantos, los que tienen el logo más grande hacen la política, los que tienen el logo más chico o simplemente no aparece su logo hacen el acompañamiento. Y mientas las personas migrantes y refugiadas son solo un pretexto para probar nuestra política de seguridad nacional y especialmente de tercer país seguro. Lamentable que la decisión haya sido ésta y no una hospitalidad incondicional como aparece en la constitución de la Ciudad de México recién estrenada.

¿Dudaron de la #PrimaveraArabe? La movilidad humana una de sus mejores batallas

Observo las imágenes del éxodo hondureño varado en la frontera de Guatemala con México a la altura del Río Suchiate y recuerdo muchas otras tantas imágenes similares en el resto del mundo provocadas por las guerras, la hambruna, el crimen organizado, la falta de oportunidades para garantizar una vida digna. Mi memoria se puede remitir a Ruanda, en 1990, un éxodo que terminó en genocidio. Un año después de la caída del muro de Berlín, cuando supuestamente había terminado la Guerra Fría, otro crimen contra la humanidad que ya muy pocos recuerdan.

Después del acomodo de las fuerzas geopolíticas, en 2001 sucede el ataque a las Torres Gemelas (el major event, como dice Derrida, denominado 9/11, un triple suicidio), que sirvió para cambiar el discurso xenófobo, antimigrantes, por un discurso antiterrorista en todo el mundo, o lo que se conoce como mundo occidental, mientras en Latinoamérica, Africa, Medio Oriente, empezábamos a combatir otro tipo de conflictos: los del crimen organizado, el narcotráfico, la pobreza y la hambruna. Las guerrillas no eran las que mandaban, empezaban las pandillas, los maras, otras violencias y otras subjetividades.

¿Se esperaba mucho más de los árabes o simplemente no supimos escuchar sus demandas?

Nueve años después del 9/11, llega la #PrimaveraArabe, pasaron muchos años de invasión estadounidense en Medio Oriente, hasta que se levantan los pueblos contra Mubarak, Gadafi, Al Assad, aliados algunas veces de occidente. Entre 2011-2013, cayeron varios regímenes, otros se mantuvieron, como el de Siria, y provocaron lo que se conoce la guerra civil que inició en 2011. El resultado de esta guerra lo he visto en pantalla, lo he caminado y lo he padecido: la mal llamada crisis de refugiados sirios que llegó a Europa desde 2011 y no ha cesado de 2015 a la fecha, incluso se han sumado otros éxodos, los subsaharianos, africanos, iraquíes, afganos, incluso palestinos. Sobre esto tengo ya mucho escrito en el libro Cartografía de las Fronteras. Diario de campo.

América no se queda atrás, el éxodo venezolano empieza también en 2015 y alcanza su máximo en 2016-2017, oleadas de personas caminando hacia Colombia nos abrieron los ojos no solo de la crisis política venezolana, también de lo que estaría por-venir: el éxodo hondureño que estamos viviendo ahora. Ningún país es inmune a la movilidad humana en el mundo, menos cuando somos los vecinos de Estados Unidos. Prever estas situaciones y estar preparados como sociedad y gobierno debería ser nuestra prioridad, especialmente cuando hemos sido un país expulsor de mano de obra barata, un país de tránsito y ahora también un país de retorno.

La #PrimaveraArabe está logrando sus objetivos, las movilizaciones en la calle que tanto nos asombraron, y nos hicieron esperar un desenlace, quizá el que ahora observamos en esas largas caminatas, más de 50 km recorre al día la comunidad hondureña, guatemalteca, salvadoreña y mexicana. ¿Qué buscan? Mejor calidad de vida para sus hijos e hijas. Condiciones de seguridad humana, derechos sociales que les permitan seguir viviendo. ¿Qué están dispuestos a arriesgar? Todo, incluso su vida. Así como hacen los refugiados sirios a diario, por qué no lo harían los hondureños, los venezolanos, los haitianos.

Hasta ahora solo me he referido a las causas políticas de la movilidad humana y llegarán otros y otras, a cuenta gotas o en desbandada, la pregunta sigue siendo ¿estamos preparados? No, ni como país, ni como ciudad, ni como ciudadanos. Desde que un estado, un gobierno, llama la “crisis de la caravana hondureña” está siendo xenófobo con el éxodo.

No hay una crisis de refugiados, los refugiados no están en crisis, lo que está en crisis es el sistema neoliberal. O asumimos las narrativas, la gramática de nuestro propio lenguaje y corregimos desde ahí, o lo que inició como una #PrimaveraArabe y se convirtió en una guerra civil, en uno o muchos éxodos, también puede convertirse una revolución. ¿Estamos listos para ello? Tampoco.

¿Qué debería hacer el gobierno mexicano?

  1. No internar a los refugiados hondureños en centros, campos, albergues, donde solo unas cuantas organizaciones autorizadas puedan entrar, así lo hicieron en Grecia en 2016, después de que se firmó el acuerdo UE-Turquía, y desde estos centros militares fueron deportando a los y las sirias a Turquía.
  2. Cuidar y proteger a los defensores de derechos humanos que acompañan al éxodo hondureño.
  3. Cambiar la narrativa y la semántica en medios no es caravana de migrantes, es éxodo.
  4. Reconocer que Honduras vive una crisis humanitaria, como han reconocido la crisis de Venezuela, para que el trámite de solicitud de refugio sea inmediato y no se tenga que revisar caso por caso. Lamentablemente el tema venezolano se convirtió en un asunto de política nacional, mientras que el caso hondureño no lo es. Recomiendo revisar el caso alemán, cuando Merkel dijo que aceptaría un millón de refugiados, en 2015.
  5. No sobredimensionar para provocar confusión y miedo al otro. México es un país que puede aceptar, acoger, recibir, ser hospitalario con 7 mil y más refugiados, ya lo hizo en el pasado, por qué ahora nos conflictúa tanto.
  6. Pensar en esquemas de hospitalidad incondicional y para ello ya hay mucho escrito.

¿Asistencialismo u hospitalidad? ¿Política o derecho? ¿Caravanas sí o caravanas no?

Como cada año desde hace más de un lustro entrará por la puerta de la frontera sur de México, la caravana de personas migrantes que han salido de Honduras. Recién unas tres mil personas cruzaron la frontera de Guatemala y obviamente las reacciones no se han hecho esperar. El primero en brincar, no es de sorprendernos, Trump, condiciona el apoyo económico a los países del triangulo norte y México si no se encargan de frenar a la caravana (una práctica que también lleva algunos años en acción, conocida como externalizar fronteras). Después, el gobierno mexicano (de EPN, no crean que de AMLO), se pronuncia y afirma que solo van a dejar entrar a quienes tenga papeles. Finalmente los y las defensores de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil y académicos que nos dividimos entre los que están a favor de las caravanas (aludiendo al derecho de la movilidad, un discurso contra el cierre de fronteras neoliberal con poco fundamento teorético) y los que están en contra del poco cuidado que se tienen con la logística de la organización de las caravanas y que pone en riesgo no solo la integridad de las personas migrantes y sus familias, sino también lo poco que se ha avanzado en la teoría transnacional, transfronteriza, modelos de sociedad y las leyes que en teoría le dan continuidad a esas teorías.

Mi postura de cara a este debate sin duda es del segundo bloque basando en la experiencia del 2015-2016 durante la estancia de investigación que realicé en Barcelona, de la cual doy cuenta en el libro Cartografía de las fronteras. Diario de campo. A diferencia de las anteriores caravanas, ésta es singular porque es más numerosa, viene de más lejos, y, quiero pensar, que no la organiza ningún defensor u ong mexicana (como sí ha sucedido en otras ocasiones). Las imágenes de la oleada de personas migrantes que van caminando, muchos jóvenes, sin duda cimbra la realidad de los que desconocen las motivaciones para iniciar una caminata tan larga, más de 3000 mil km, casi lo mismo que lo que andan los refugiados sirios, como se observa en el siguiente ejercicio comparativo que realicé en 2015, para aludir a la diferencia entre fronteras verticales y fronteras horizontales.

 Diseño: Roxana Rodríguez Ortiz. Cartografía de las fronteras (2015)

 Las dos fotografías inferiores de la imagen se refieren a las fronteras verticales. Estas fronteras están trazadas en el imaginario colectivo de quienes cruzan ya sea un país, forman parte de la frontera subjetiva y la frontera glocal (como las personas migrantes centroamericanos que solo cruzan México, un territorio de 32 entidades federativas que mide casi lo mismo que la parte occidental del continente europeo), o varios países europeos (como lo hacen los y las refugiados sirios, algunos pertenecientes al espacio Schengen, como son Grecia, Hungría, Austria, Alemania, y otros países que no tienen la facultad de libre tránsito, la Antigua República Yugoslavia de Macedonia (ARYM), Albania y Bulgaria). En ambos casos, la frontera vertical se traza de sur a norte.

Desde hace un lustro por lo menos, varios investigadores y defensores de derechos humanos empezaron a evidenciar que el crimen organizado, junto con agentes federales y locales, han cooptado las rutas migratorias haciendo más inseguro, complicado y caro el recorrido de sur a norte; pero no es sino hasta mediados de 2015 que aquello que se vislumbraba como una carencia de políticas migratorias, en realidad atendía a un llamado de Estados Unidos por externalizar su frontera al sur de México, mediante, precisamente, el Programa Frontera Sur que, entre otras situaciones, ha provocado la deportación de miles de centroamericanos y el internamiento de cientos de personas en las estancias migratorias, a pesar de que muchas de estas personas solicitan una visa humanitaria dada la violencia que existe en sus países de origen (Animal Político, 2015).

La frontera vertical en que se ha convertido México para los y las migrantes centroamericanos es resultado de la política (anti)migratoria de por los menos los últimos tres sexenios, que no solo incluye externalizar la frontera de Estados Unidos al sur de México, sino también en que México se convierta en el tercer país seguro: el país que evite la llegada de personas migrantes de cualquier nacionalidad al país del norte, justamente la moneda de cambio para la reciente firma del acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México (antes TLCAN).

Muchas son las aristas que pudiera mencionar de este fenómeno, positivas y negativas, pero solo destaco la necesidad de poder diferenciar entre una política asistencialista (que es de todos conocida) y una política hospitalaria (folclorista, la mayoría de la veces). Si realmente queremos que la política migratoria y la política fronteriza se modifique, sin duda, propuestas nacidas desde la sociedad civil, como las caravanas, son importantes para presionar a los gobiernos, pero dejan de tener fuerza cuando se convierten en el estandarte de unos cuantos, quienes después dejan tirados a medio camino a las personas migrantes. La caravana ya está en camino, va a llegar y cruzar México, tenemos varias opciones, cuestionar a quienes la lideraran, o sumarnos a presionar al gobierno mexicano para que no comience a hacer gestiones de tercer país seguro. Desde la academia y las ongs podemos insistir para que el gobierno entrante considere nuestras propuestas en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, basados en esquemas de interculturalidad y hospitalidad distintos a los que existen.

Desde mi perspectiva los límites de la hospitalidad son más complejos de entender que una ley universal, que la convivencia natural entre sujetos o incluso más complejo que la situación jurídica de un migrante o un refugiado. Los límites de la hospitalidad son inherentes a nuestra cultura, lenguaje, familia e interpretaciones del invitado-huésped. Donde una frontera geopolítica enfatiza la necesidad de experimentar la hospitalidad (condicional o incondicional), el deber de establecer una ética política es más una aporía que una realidad. Este es el dilema que debe ser resuelto como una experiencia creativa y no como una invisibilidad del problema o un exceso de seudo-legalidad que mancille sistemáticamente los derechos humanos de los migrantes y refugiados.