El miércoles 16 de agosto de 2023 iniciamos con la décima versión del Seminario Permanente de Estudios Fronterizos (SPEF) en modalidad híbrida y con participantes de diferentes regiones de América y Europa. Esta apuesta epistémica de pensar y hacer teoría fronteriza independientemente de las migraciones y las movilidades, incluso independientemente del Estado-nación, la soberanía, la ciudadanía y el territorio, es una inquietud que ha ocupado mi trabajo intelectual desde hace veinte años. Veinte años en los que me he dedicado a estudiar, cruzar y escribir en/desde/sobre las fronteras (véase modelo epistemológico de la frontera).
A mí me correspondió inaugurar el seminario con la presentación de un texto inédito (hasta este momento) sobre la experiencia del no-pasar, en tono de aporía fronteriza, que recupero de Jacques Derrida. Inicié la presentación con la conclusiones de mi texto, donde hago referencia a una pregunta que en diferentes momentos me han hecho cuando me entrevistan: ¿por qué estudias las fronteras?
Al principio contestaba cualquier cosa para salir del paso, con los años y con las lecturas filosóficas, con la docencia, los viajes y la escritura, llegó la claridad. Estaba en un sabático en Europa (2016), había terminado de escuchar una conferencia sobre cuerpo-arte-discapacidad y me quedé platicando con una amiga sobre el desfile de Chanel en Cuba (esta anécdota ya la escribí en otro blog por lo que la voy a recuperar):
No volví sobre el tema hasta hace unos días, cuando platicaba con una amiga francesa sobre la presencia de Chanel en Cuba, la pasarela que organizaron como una forma sutil de abanderamiento capitalista, y su comparación con Rusia. Es decir, en la antigua URSS el capitalismo entró con McDonald’s, en Cuba con Chanel. Lo mismo que en México, le dije. Me observó incrédula y me preguntó “cómo en México”. Pues así, nosotros fuimos una economía cerrada de fronteras hasta mediados o finales de los años ochenta (economía mixta). No lo creía. Y yo no me acordaba. Le conté que hasta los doce o quince años toda mi ropa y todo lo que consumimos era #hechoenmexico (usaba ropa de Suburbia y tenis Panam). Incluso teníamos nuestra propia marca de hamburguesas mexicanas, Burguer Boy. La fayuca, nombre que le dábamos a los artículos gringos que se compraban en el mercado negro, se encontraban en Tepito. Reebok, Nike, etcétera, son marcas que nunca usé de niña ni tampoco sabía que existían. Con los viajes al extranjero me fui dando cuenta que había otro mundo fuera de nuestras fronteras, uno que disfrutaba igualmente pero que me era muy lejano hasta que me acostumbré a no compararlos. Con forme le iba platicando sentí nostalgia. Realmente disfruté la época de fronteras cerradas durante mi infancia y parte de mi adolescencia. Me gustaba saber que podía tener lo otro como una prohibición porque cada visita a Tepito se convertía en una aventura épica. Casi siempre íbamos en bola (la pandilla de la cuadra) para salir bien librados del “barrio bajo”, pues corríamos el riesgo que nos robaran los ahorros de meses que llevábamos bajo el calzón para poder comprar unos tenis o una sudadera de “marca”. Todo aquello se terminó con la entrada de McDonald’s, la pandilla, las aventuras. Entró el capitalismo, se acabó la infancia y cumplí quince años.
Después de narrar mi relación con las fronteras, una relación de más años de los que pensaba, pasé a la segunda pregunta que me hacen: ¿por qué Derrida, por qué la filosofía? Porque encuentro en el pensamiento de este filósofo argelino-francés todo el aparato teórico para pensar las fronteras, no solo territoriales. Es decir, no soy una defensora del control de las fronteras para evitar la migración, solo me gusta pensar que otras formas de vivir/ser son posibles transgrediendo las fronteras. De ahí que mi hipótesis de los últimos años consista en pensar la frontera como la posibilidad del encuentro dialógico con lo otro, una vez que me hice (y pude responder) la pregunta en diferentes textos sobre ¿qué es la frontera? en tono epistemológico:
La frontera, para mí, es la posibilidad del encuentro dialógico con lo otro. Para dar cuenta de esta frontera elaboro una tipología o categorización de frontera(s) que denomino modelo epistemológico de la frontera. Para ello propongo doce categorías que involucran fenómenos disímiles y enfoques interdependientes. Esbozar estas categorías es un ejercicio deconstructivo del concepto frontera con base en diferentes niveles: etimológico, genealógico, deontológico, epistemológico, ontológico, estético, político, ético; para ello fue necesario establecer la relación que guarda el concepto frontera con la historia, con la ciencia, con el Estado-nación, con la ontología social y sobre todo con la geopolítica.
Para finalizar mi presentación y a manera de conclusión planteé los tres modos de la experiencia del no-pasar (que para mí no son lo mismo a las recientes propuestas de las in-movilidades, pues lo que yo trabajo son las fronteras y no las migraciones) que recupero de Derrida:
Afirmar que las fronteras son un límite nos lleva a proponer la necesidad de erradicarlas, ya no solo transgredirlas. ¿Se pueden erradicar las fronteras? No, las fronteras como fenómenos con diferentes manifestaciones de existir y ser representadas son en su mayoría artificios individuales y colectivos que se pueden transformar, moldear, invisibilizar. Lo que se puede erradicar, dejar de construir, dejar de considerar como una política fronteriza coercitiva son los muros, la vallas, los sistemas de control tecnológico que impiden la movilidad humana. La propuesta para afirmar que la frontera es la posibilidad del encuentro con lo otro la elaboro al deconstruir la categoría de frontera como aporía, entendida como la experiencia del no-pasar que propone Jacques Derrida. Un no-pasar con tres acepciones: lo infranqueable, la carencia del límite y lo que ya no se puede denominar pasar que contextualizo en tres continentes (América, Europa y África).
Una vez finalizada mi presentación vinieron los comentarios, las dudas, un diálogo interesante. Después de intentar escuchar a toda las participantes con cuestionamientos que me recupero para seguir pensando mi propuesta, les dejé una provocación afirmando que para mí es posible estudiar las fronteras sin estudiar la migración, distinto a la migración que siempre necesita de las fronteras para ser pensada; por ello la intención del seminario de poder plantear epistemologías fronterizas diferencias de la migración y viceversa.