Se termina un semestre más de muchas lecturas nuevas, una de ellas El tocar, Jean Luc-Nancy, de Jacques Derrida. Una lectura que parece tener una interlocutora espectral: la psyché. Psyché diosa, Psique vida, Psique alma, Psique aliento, Psique ser. Psique, aquello que se puede tocar sin tocar. Un cuerpo expansivo y espacial.
Psique la intocable, Psique la intacta: toda corporal, ella tiene un cuerpo, sin duda, ella es un cuerpo, pero intangible. Aunque no es solamente intocable para los otros. Ella misma no se toca puesto que es pura extensión.
Jacques Derrida
El tocar lo propuse para las últimas dos sesiones del seminario de Filosofía y género. Un seminario que he impartido en algunos otros semestres a la par de filosofía feminista. Ambos programas comparten quizá perspectivas, lecturas e incluso alcances; sin embargo, posterior a la pandemia-confinamiento, lo que he observado ha sido una polarización entre las ideologías y activismos de género. De ahí que mi interés durante el semestre, además de abarcar los tres grupos de género en los que dividí las lecturas del seminario (feminismos, queer y masculinidades), también quería proponer un giro en la ontología de género.
Desde mi perspectiva, el género se estudia desde muy diversas disciplinas como la biología (macho-hembra), la antropología (binomio femenino-masculino), la economía (reproducción-explotación), la política (agenciamiento, empoderamiento, activismos-ideologías) y la psicología (identidad sexo-genérica) pero no desde una ontología de género. Esta ontología de género la encuentro, la abstraigo, precisamente del texto de Derrida cuando se pregunta: “¿cómo pueden unirse las inconmesurabilidades, la del pensamiento psíquico y la del cuerpo en una extensión a su vez inconmensurable?”.
Para mí, por lo tanto, la ontología del género se refiere a la expansión del ser en la unión del pensamiento psíquico y el cuerpo. Una expansión inconmensurable que sólo es dejándose tocar sin ser tocada por lo otro.
Roxana Rodríguez Ortiz
Me tengo que regresar un par de pasos antes de explicar cómo llego a esta hipótesis. Primero, considero que existen cuatro burbujas del género. Entendiendo el género como el constructo sociocultural que nos imponen o por el que nos dejamos tocar. Estas cuatro burbujas consisten en: 1) los feminismos (blancos, indígenas, cis, negros, lesbianos, radicales, autónomos y más), 2) lo queer (trans, homos, discapacidades), 3) las masculinidades (donde falta mucho por hacer) y 4) los otros seres que no necesariamente son humanos (IA, ciborg, clon, o lo que denomino ontología sintética).
Con base en estas cuatro burbujas de género considero que existen tres formas del tocar:
- Dada la polarización que existe, donde por lo menos dos de estas burbujas se han polarizado, me refiero a los feminismos y las masculinades, mientras que lo queer toma el camino que más le convenga según el contexto, es necesario volver a encontrarnos en una agenda común que se deje tocar por las necesidades de cada grupo en beneficio de la población y los otros seres no humanos.
- El segundo tocamiento evidentemente consiste en ese tocamiento morboso, lascivo que nos incomoda, vulnerabiliza y hemos introyectado como una imposición del sistema sexo/genérico. Un tocamiento que no necesariamente toca el cuerpo, pero taladra la psique.
- El último, el que propongo como parte de la hipótesis de la ontología de género, es precisamente ese tocamiento del don, del dar, de la amistad, del pensamiento, de la expansión y la especialidad, un tocar que no toca mas que tocando al ser.
lo cierto es que en Nancy el motivo de máxima obstinación es resistir, en nombre del tocar, a cualquier idealismo o a cualquier subjetivismo, tanto sea trascendental como psiconalítico. La insistencia en el tocar desbarataría toda esa tradición, por vigorosa y necesaria que fuere. El tocar viene a ser para Nancy, el motivo de una suerte de realismo absoluto, irredentista y posdeconstructivo.
Jacques Derrida
El tocar que conocemos es un tocar morboso, lascivo, ideologizante, condicionado, dominante, violento, del control sobre los cuerpos, las pasiones y los deseos de las personas, pero también de los otros seres; es por ello que no solo basta con insistir en desbaratar esta tradición, como se ha hecho desde los feminismos y lo queer recurrentemente, también es necesario resistir en nombre del tocar-tocamiento a los subjetivimismos del género como constructo antropocéntrico, pues como dice Derrida “El tacto es el único sentido indispensable para la existencia del viviente como tal”. La existencia del viviente es lo que ocupa a la ontología del género que se deja tocar. ¿Sabremos tocar y ser tocados?