Por: Roxana Rodríguez Ortiz y Rafael García García
Este texto fue pensado para escribirse a cuatro manos entre Rafael y yo desde hace más de un año, pero las complicaciones del cotidiano, la distancia incluso dentro de la misma ciudad hicieron imposible terminarlo. En cada corrección, mejora, íbamos creando un Frankenstein de ideas inconclusas que nos pueden dar, si en algún momento logramos terminarlo, para un libro.
Para no quedarnos con el mal sabor de boca, les copio algo de lo que fuimos pensando a raíz de la tesis que Rafael presentó sobre el devenir de la escritura filosófica, una inquietud que encontró eco en la filosofía ficcional como género de escritura:
Desde siempre, la escritura, la manera de escribir, de encontrar una voz, un estilo propio que se distinga de los demás, ha sido la preocupación de varios. Nos enseñan a escribir para poder comunicar nuestras ideas, pensamientos, historias de vida, incluso para poder proponer teoría o dar cuenta de los resultados de nuestras investigaciones. De ahí que, si consideramos las primeras inscripciones realizadas a manera de pinturas rupestres como la genealogía de este registro semántico, la n cantidad de maneras que tenemos para publicar lo que nos plazca, ya sea en formato de libros, periódicos, revistas, fanzines, blogs, plataformas digitales, redes sociales y un largo etcétera, no deja de sorprender. Maneras todas ellas de llevar un archivo tipográfico de aquello que conocemos como escritura.
Escribir, contrario a lo que se piensa, no es la tarea más sencilla, de ahí que una de las invenciones y herramientas más apabullantes para quienes hemos pasado tiempo quebrándonos la cabeza en desarrollar un estilo propio de escritura sea la Inteligencia Artificial y especialmente el Chat GPT. Con una sola instrucción (o promt) la IA desarrolla una idea en milésimas de segundo e incluso te corrige errores dactilográficos, como se observa en el siguiente ejemplo: “qué es ecribir” fue la instrucción dada al Chat GPT sobre el recuadro blanco destinado para ello —ya sea que utilicemos la página de la aplicación (https://chatgpt.com/) directamente en el ordenador o en el móvil (el símil de la página en blanco)—. La respuesta de la IA, como veremos a continuación, no difiere para nada de cómo empezamos redactando el primer párrafo de este texto:
Parece que has escrito “ecribir”, pero supongo que querías decir “escribir”. Si es así, escribir es el acto de plasmar palabras, pensamientos o ideas en un soporte físico o digital mediante un sistema de escritura. Esto puede incluir escribir a mano, en una máquina de escribir, en un teclado o cualquier otra forma que permita la representación gráfica de las palabras.
Escribir es una actividad fundamental para la comunicación, el registro de información, la creación literaria, la expresión personal y muchas otras formas de interacción humana. ¿Te referías a esto, o querías saber algo más específico sobre el término?
Chat GPT
Lo que hace la IA es una escritura redonda: percibe el error, asume que querías decir “x” por tanto “y”; elabora una conclusión que sintetiza la idea y deja abierta la comunicación con una pregunta. La respuesta de la IA no es dogmática, científica, especializada. El vocabulario empleado es coloquial, cualquiera puede entender el mensaje. ¿Qué más se le puede pedir al Chat GPT si ya redacta con el ABC de la escritura?
Evidentemente en este texto no nos interesa hacer apología de la IA, tampoco negar la utilidad de la herramienta —considerando las implicaciones éticas del uso que se le dé a la misma—, pero este ejemplo sirve para ahondar en las fantasmagorías presentes en los géneros de escritura, ya sea que pensemos en Hamlet de Shakespeare o el fantasma que recorre Europa de Marx. Fantasmagorías que hacen posible pensar, proponer otros géneros de escritura como la filosofía ficcional.
La filosofía ficcional se distingue por ser una crítica, en el sentido de que cuestiona a las formas en las que se ha venido enseñando filosofía, incluyendo el ejercicio de preguntar y responder filosofando. Pero, a la vez es una contrapropuesta ante los modos académicos y logocéntricos de expresión para insistir en que la práctica libre de la escritura implica que se gesten y se conciban otras maneras de apropiarse del lenguaje.
La filosofía ficcional es un género de escritura creativa, un género «entre» el ensayo académico y el diario de campo. Entre lo científico, lo empírico y lo vivencial de quien escribe, narra, describe, visualiza escenarios posibles, todo aquello que (todavía) no puede hacer la IA con una sola instrucción humana.
Roxana Rodríguez Ortiz
Sin duda, la apuesta de la filosofía ficcional no es ni original ni única, existe ya una amplia batería de bibliografía sobre teoría literaria, crítica literaria e incluso de las propias ciencias sociales que, a principios de este siglo, dieron un giro y empezaron a incorporar la auto-etnografía no solo cómo metodología de investigación, también como género de escritura académica. Lo mismo sucede con el periodismo que ya lleva tiempo incursionando en otras maneras de escribir las crónicas, los reportajes, haciendo un lado la supremacía de lo objetivo sobre lo subjetivo, sin menoscabo de la veracidad.
De la misma forma, la filosofía no ha cesado en la necesidad de buscar ese género de escritura, una vez que quedó superada la proclividad de creer que era mejor la palabra oral que la escrita para hacer filosofía o para decirse filósofo, una herencia de Platón que sigue fuertemente anclada en el logocentrismo de cierto círculo de filósofos contemporáneos.
También es innegable la influencia literaria (poesía, dramaturgia, novela) en la filosofía, pese a que han existido corrientes de pensamiento, sobre todo a raíz del positivismo que se afianzó durante el siglo XIX y encontró eco a principios del siglo XX en la filosofía analítica, corriente que ha intentado negar la íntima relación que existe entre los diferentes géneros de escritura con la filosofía y, por lo tanto, una escritura que rechaza todo intento de esgrimir una experiencia personal.
En este sentido, somos muchos los y las filósofas que hemos cuestionado y propuesto otras formas de escritura, de una escritura filosófica que no esté anclada a alguna corriente o época en particular. Afortunadamente cada vez son más los y las teóricas que piensan en una escritura atemporal y donde quede desplazado el sujeto de enunciación, el sujeto racional. Una escritura no basada en la mirada antropocéntrica ni en el aquí y el ahora.
La escritura como una forma de percibir y traducir sistemas de pensamiento complejos, como es la propia realidad, alejada totalmente de la defensa a ultranza de la verdad, de una única verdad de narrar mediante la argumentación lógica, abrió la puerta a otras maneras de ser, no es que haya descubierto esas otras ontologías ya existentes desde siempre, sino que hizo posible develar la (auto) mordaza impuesta por el sistema sexo-género, biológico, científico, económico, político, eurocéntrico, colonial y un sinfín de interdicciones de la escritura.
La incursión en la búsqueda de esas fantasmagorías, las que no se hacen presentes más que a manera de huellas, de espectros, que sabemos existen en lo que no se dice, en los silencios, en la negación de otras identidades o maneras de estar en el mundo, de otras escrituras que den cuenta ya no del yo, sino del ser que habita la escritura, es lo que queremos proponer en este texto (que pretendía ser artículo). Todos habitamos diversos lenguajes, pero no todos habitamos la escritura. La interdicción de la lengua es más que evidente en tiempos presentes, no así la interdicción de la escritura.