Escritura, poder y desestabilización del sentido en la transición hacia la posmodernidad
Por: Roxana Rodríguez Ortiz
Resumen: Este texto analiza la narrativa mexicana entre 1969 y 1994 desde una perspectiva de epistemología de la frontera, entendiendo el neoliberalismo no solo como un modelo económico, sino como un dispositivo que reorganiza los modos de conocer, narrar y habitar la realidad. La literatura emerge como un territorio fronterizo donde convergen tensiones entre centro y periferia, identidad y desplazamiento, memoria e historia. A través de escrituras fragmentarias y discontinuas, se pone en evidencia la crisis de los grandes relatos y la inestabilidad del sujeto. La narrativa se configura así como un espacio crítico que no solo representa, sino que desarticula los regímenes de sentido del México contemporáneo.
Palabras clave: epistemología de la frontera, neoliberalismo en México, narrativa mexicana contemporánea, desplazamiento e identidad, escritura y poder.
Abstract: This text examines Mexican narrative between 1969 and 1994 through a border epistemology framework, approaching neoliberalism not merely as an economic model but as a dispositif that reshapes ways of knowing, narrating, and inhabiting reality. Literature emerges as a border territory where tensions between center and periphery, identity and displacement, memory and history converge. Through fragmented and discontinuous writing, the crisis of grand narratives and the instability of the subject become evident. Narrative thus operates as a critical space that not only represents but actively disrupts regimes of meaning in contemporary Mexico.
Key words: border epistemology, neoliberalism in Mexico, contemporary Mexican narrative, displacement and identity, writing and power.
El texto examina la transformación de la narrativa mexicana entre finales de los años sesenta y la década de los noventa, situándola en el cruce entre modernidad, posmodernidad y el avance del neoliberalismo. En este periodo, las obras literarias continuaron desplazándose hacia formas posmodernas, aunque ya no se definieron exclusivamente como metaficciones, sino como escrituras híbridas que oscilaron entre lo moderno y lo posmoderno. Esta ambigüedad permitió comprender la posmodernidad no como una ruptura absoluta, sino en ocasiones como una radicalización de la modernidad. En este marco, los temas literarios conservaron una fuerte impronta historiográfica, mientras que el lenguaje mantuvo su carácter experimental, orientado a fracturar los códigos narrativos tradicionales. Los personajes, por su parte, se configuraron como sujetos fragmentados, marcados por la incertidumbre existencial, la crisis de identidad y la imposibilidad de inscribirse plenamente en un relato coherente.
A pesar de la continuidad de ciertas estrategias experimentales, las obras de este periodo se volvieron más accesibles, lo que no implicó una pérdida de su densidad crítica. Por el contrario, conservaron una fuerte carga ideológica y política, evidenciando la persistencia de la literatura como espacio de denuncia frente a acontecimientos históricos marcados por la impunidad. En este contexto, convivieron autores ya consolidados como Salvador Elizondo, José Agustín, Gustavo Sáinz y Carlos Fuentes, junto con nuevas voces que ampliaron el panorama narrativo, entre ellas Federico Patán, Luis Arturo Ramos, Sergio Pitol, Angelina Muñiz-Huberman, Ignacio Solares y Carmen Boullosa. Esta coexistencia generacional evidenció la diversidad de registros y estrategias que caracterizaron a la narrativa mexicana de la época.
Dentro de este panorama, la figura de Carlos Fuentes resultó central. Su obra, particularmente en novelas como Terra nostra y Cristóbal Nonato, condensó muchos de los rasgos más significativos de la narrativa posmoderna. En Terra nostra, lo posmoderno se construye sobre un modelo neoclásico del mundo empírico de la España del siglo XVI, donde Fuentes incluye a Pierre Menard, narrador del cuento de Borges, como personaje. Es así como el autor juega con los tiempos y el espacio, a la vez que retoma personajes de otros autores, para darles vida en su novela; no se olvida de su historia, simplemente la reinventa para erigir una arquitectura posmoderna que, en este caso, es igualmente borgiana.
Aparecida años más tarde, la novela Cristóbal Nonato, es una de las ficciones más innovadoras de la posmodernidad mexicana. Sus afinidades con Cambio de piel y Terra nostra son obvias. Aquí se plantea igualmente el retorno a los orígenes pero desde otra perspectiva porque Cristóbal narra la historia, de manera premonitoria, desde el vientre de su madre.
Fuentes experimenta con el lenguaje, el vacío, el espacio y el tiempo; los personajes son múltiples, sus identidades fracturadas y variables. La ficción de su obra se confunde con la realidad existente, aunque sus textos son menos políticos y reaccionarios que aquellos modernos como La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz.
En paralelo, la llamada literatura de la Onda ofreció una representación de la juventud urbana de clase media, profundamente influida por la cultura estadounidense. Autores como José Agustín privilegiaron una narrativa centrada en la experiencia cotidiana, el consumo de drogas, la sexualidad y la música, alejándose de las aspiraciones totalizadoras de la gran novela moderna. Obras como Se está haciendo tarde (final en laguna) reflejaron esta orientación hacia lo anecdótico y lo inmediato. En la misma línea, textos como Último exilio de Federico Patán y Dulcinea encantada de Angelina Muñiz-Huberman exploraron la tensión entre realidad y ficción, así como la fragmentación de la identidad, recurriendo a estrategias intertextuales que pusieron en diálogo diversas tradiciones literarias.
En términos generales, la narrativa de las décadas de los setenta y ochenta retomó ciertos elementos de la modernidad —como la multiplicidad de voces, la ambigüedad y la fragmentación—, pero los reconfiguró desde una sensibilidad posmoderna. Una de las características más relevantes de este giro fue la creciente importancia del lector, concebido como un agente activo en la construcción del sentido. En este contexto, la obra de autores como José Emilio Pacheco evidenció la necesidad de una lectura participativa, sin la cual la narrativa perdía su eficacia.
Finalmente, la obra de Juan Villoro representó una transición hacia nuevas formas narrativas vinculadas a la cultura mediática y tecnológica. La obra de Villoro está fuertemente influenciada por la cultura norteamericana, como sucede en todas las culturas latinoamericanas de las últimas décadas, y, como se observa al analizar los textos de dos escritores de la siguiente generación: Luis Humberto Crosthwaite y Cristina Rivera Garza.
El trabajo de Villoro abarca diversos géneros literarios como se puede observar en el libro de cuentos La noche navegable (1980); las novelas El disparo de Argón (1991) y Materia Dispuesta (1996) y en el ensayo titulado Efectos personales (2000), entre otros.
Villoro se caracteriza por retomar el elemento juvenil y anecdótico de Agustín partiendo de la base de que no hay grandes verdades; sus personajes se enfrentan al aburrimiento, el fracaso y el vacío al que están sometidos en un mundo tecnologizado. La inclusión de la televisión es un elemento clave en sus cuentos, de ahí que algunos de sus personajes tomen la figura del héroe como caricatura, héroes generados por la televisión, muchos de ellos políticos que, en Latinoamérica, son el pan de cada día:
En 1994, Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia de la república, fue asesinado en el arrabal tijuanense de Lomas Taurinas.
La mayoría de los mexicanos conocimos Lomas Taurinas en video: una cuenca de polvo, atestada por correligionarios de chamarra y una muchedumbre miserable, donde Colosio era ultimado a quemarropa. La secuencia se iba a convertir en el oráculo que veríamos mil veces sin encontrar clave alguna.
El lugar de los hechos ya califica como “sitio de interés”. La barranca ha sido retocada por el municipio. Una plazoleta recuerda el magnicidio y unas oficinas ofrecen los beneficios de un gobierno con suficiente energía para levantar paredes color verde pistache, pero incapaz de llenarlas de algo que valga la pena. (Villoro, 2000)
Como se puede observar, esta época de transición entre un siglo y otro propia de la literatura mexicana contemporánea auguraba la apertura a otras formas de escribir sobre la realidad todavía por venir.
Cómo citar:
Rodríguez Ortiz, R. (2009, agosto 30). Neoliberalismo, deconstrucción y narrativa en México (1969–1994). Roxana Rodríguez Ortiz blog. https://roxanarodriguezortiz.com/2009/08/30/neoliberalismo-deconstruccion-y-narrativa-en-mexico-19691994/

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