Merecemos vivir sin miedo

El narcotráfico en México creció como espuma desde los años ochenta del siglo pasado. Un tipo de crimen organizado que se fue sofisticando y se volvió cada vez más violento hasta tocar los límites del terrorismo. Un borde que no tiene marcha atrás. Lo significativo es que los propios gobernantes mexicanos, presidentes del país en distintos momentos, gente de a pie, incluso integrantes de la academia, nunca se han atrevido a llamar terroristas a los narcotraficantes. Las presiones de Trump, en su nuevo mandato presidencial, lograron tipificar a ciertos capos mexicanos como terroristas y, por ello, la premura de Claudia Sheinbaum para entregar o matar narcotraficantes mediante operativos militares de primer nivel, como el que observamos este domingo 22 de febrero. Un operativo nunca antes visto en México, por lo menos no uno que yo recuerde con esos niveles de eficiencia operativa.

Las respuestas, los análisis no se hicieron esperar. Queríamos saber, entre otras cosas, si con eso iba a terminar un sangriento capítulo de varias décadas de cooptación del estado de derecho en manos de diferentes cárteles mexicanos (y aliados en el poder). Un capítulo de inseguridad en las calles, robos, homicidios, desapariciones forzadas, extorsión, corrupción en todos los niveles e injerencia del narco en los órganos de gobierno. “Narcopolítica” le han gritado a Sheinbaum en diferentes momentos. El domingo, la presidenta y los militares dieron otro mensaje. Aun así, el país se incendió inmediatamente y seguimos a la espera del rumbo que tomarán los nuevos capos de la droga en el país.

La pregunta obligada consiste en saber si es suficiente con descabezar (y perdón la expresión) a las organizaciones criminales. Sabemos que no. Siempre llegan otros, esperan su turno, se preparan para ello. Entonces, ¿qué si podría cambiar el escenario actual? Creo que lo empezamos a ver en las conferencias y declaraciones que se han dado en estos días:

  1. Cambiar la narrativa de la apología del narcotráfico (usada en otros sexenios, especialmente durante el sexenio de “abrazos y no balazos” y durante del de “la guerra contra el narcotráfico”) a la evidente demostración y enunciación de que los grupos organizados incurren en tácticas terroristas como activar autos bomba. Si eso no es terrorismo, no sé entonces cómo denominarlo cuando la acción en sí consiste no solo en matar, sino en aterrorizar a la sociedad civil.
  2. El hecho de que el militar a cargo de la operación del domingo se le quebrara la voz cuando hacía alusión a los militares caídos. Un gesto simbólico para la institución castrense mexicana que se presenta de forma distinta a la población. Una población también dolida, en duelo permanente por la muerte, secuestro, desaparición de sus propios familiares. Como lo muestran los casos de centros de exterminio y fosas clandestinas encontradas por las propias madres buscadoras en diferentes sitios del país.

Lo que pasó el domingo es histórico, aunque no debía serlo. Los y las mexicanas nos merecemos vivir sin miedo, como en su momento propuso Adorno. Disfrutar de algo que el crimen organizado y los gobernantes corruptos nos han arrebatado: el libre tránsito por el país.

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