ontología política de la identidad chicana[1]

Roxana Rodríguez Ortiz1

El 6 de junio de 2025 observamos en prácticamente todos los medios de comunicación nacionales e internacionales a cientos de personas, en su mayoría mexicoamericanos, tomando las calles de Los Ángeles, California, en protesta a las redadas realizadas por el Servicio de Migración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y la Oficina de Aduanas de Protección Fronteriza (en adelante ICE/BP).

En las imágenes pudimos observar a manifestantes aventando piedras, quemando autos, ondeando banderas de México y Estados Unidos, lo mismo que a agentes de ICE/BP usando la fuerza para detenerlos. El uso de las fuerzas del orden en las calles forma parte de la política de seguridad nacional que ha implementado Donald Trump desde que volvió a asumir la presidencia el 20 de enero de 2025.

en el centro de la ciudad como en el suburbio de Paramount, con una población mayoritariamente latina y de clase trabajadora, a unos 24 kilómetros al sur. Las fuerzas del orden hicieron detenciones y, en algunos casos, utilizaron municiones antidisturbios, gases lacrimógenos y granadas aturdidoras contra los manifestantes” (Zhuang, Patil, Tumin y Yoon, 2025)

Una política que consiste en erradicar la invasión de extranjeros de territorio estadounidense que ha resultado muy fructífera especialmente gracias al uso del eslogan “hacer América grande otra vez” (MAGA en inglés). Un proyecto de nación que no es reciente ni propiamente de Trump. A finales del siglo XIX, Frederick Turner sugirió que la frontera era la demarcación de más rápida y efectiva de la americanización (Turner, 1893: 2).

La americanización de la frontera entre Estados Unidos y México es el proyecto de nación que Trump se ha encargado de renovar haciéndolo una marca personal: Make America Great Again (MAGA), mediante la firma de cientos de ordenes ejecutivas desde el 20 de enero de 2025.

Las órdenes ejecutivas no necesitan la aprobación del congreso, lo que le ha permitido revolucionar la política de seguridad nacional estadounidense en tan poco tiempo, al tiempo de reconfigurar la política de seguridad con México.

  1. Proteger a los Estados Unidos de terroristas extranjeros y otras amenazas a la seguridad nacional y pública. “Esta orden ejecutiva aumenta la vigilancia en los estándares de investigación y selección relacionados con la inmigración y la emisión de visas en todas las agencias federales”.[2]

MAGA como proyecto de seguridad nacional consiste en embellecer y, por lo tanto, blanquear Estados Unidos,[3] un proyecto político que a Trump le ha permitido ganar millones de seguidores en redes sociales, lo mismo que votantes que lo apoyan y que también se han sumado a la persecución, basada en el perfilamiento racial, de la población mexicana, hispana o latina que habitan y trabajan en ciertas ciudades santuario como Los Ángeles. Una ciudad donde vive un número importante de población mexicoamericana desde hace más de un siglo.

No es la primera vez que la comunidad mexicoamericana es insultada, perseguida y criminalizada en Estados Unidos por su apariencia, sus costumbres o su lengua. Tampoco es la primera vez que toman las calles para reivindicar el derecho a ocupar la tierra que les fue arrebatada. Los mexicoamericanos de antes y los de ahora han enarbolado el discurso de la frontera que los cruzó a partir de la anexión estadounidense de territorio mexicano en el siglo XIX.

Las manifestaciones recientes en Los Ángeles, más que un recordatorio de los movimientos de resistencia y lucha que iniciaron en la década de 1960, especialmente el Movimiento Chicano, son una llamado a la acción colectiva mediante el uso de tecnologías, las redes sociales y la organización en los barrios:

CONFIRMANDO MIGRA/SECUESTRADORES En la cuadra 2500 Fairmount St, Los Angeles 900033- (en el callejón) Confirmando presencia de ICE8/21 desde la 1:40pm

Les queremos dar las gracias a nuestra comunidad por apoyarnos y ayudarnos a difundir estos videos y fotos para alertar a la comunidad.

Seguimos aconsejando a la raza que tenga cuidado durante esta ola de deportaciones, que no se rinda ante el miedo, y que siga las mejores prácticas publicadas. Para apoyar la campaña de autodefensa comunitaria de Unión del Barrio, denunciar actividad de ICE/migra, o solicitar más información contáctenos. (Post de Unión del Barrio en Instagram 21 de agosto 2025)

Sin la herencia de este Movimiento y de grupos como Unión del Barrio o las Boinas Cafés, colectivos que surgieron en los años sesenta del siglo pasado y se han encargado de patrullar las calles avisando de las redadas, el escenario en ciertas ciudades santuario de Estados Unidos sería otro mucho más trágico de lo que diariamente se observa.

El Movimiento Chicano siempre ha sido en las calles. En los barrios. Allí es donde el verdadero chicano-chicanismo, el carnalismo con que nos ayudamos, nos protegemos y con el que mantenemos esas historias orales que nos transmitimos uno al otro. (Daniel Pozos, artista y activista chicano. Entrevista realizada por Zoom realizada el 8 de julio de 2025)

El giro que propongo en la investigación, por tanto, consiste en dos líneas de abordaje. En la primera exploro la posibilidad de que la conformación política de la comunidad chicana no es propiamente resultado de la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, sino de la ocupación de territorio y el trazado de las fronteras geopolíticas entre ambos países. En la segunda me interesa desplazar el análisis de la configuración de la identidad mexicoamericana y chicana en Estados Unidos, propio del colonialismo interno, que en la década de los 1990 fue la teoría más destacada, hacia un análisis basado en la ontología política de la identidad chicana que se traduce en la conformación de una comunidad revocada.

Para ello, recupero la categoría revocada del libro de Jean-Luc Nancy (2016)como condición ontológica de resistencia.[4] Resistencia que observamos en otras comunidades en conflicto actualmente, como la iraní, la palestina, la ucraniana y en general las comunidades migrantes y refugiadas en diferentes regiones del mundo, de cara a proyectos de nación que se han renovado, pero que devienen de proyectos de anexión y ocupación propios de los siglos XIX, XX y lo que llevamos de este.

I Las fronteras que nos cruzaron

¿Quiénes conforman la comunidad chicana? ¿Qué alcance tienen en el siglo XXI repensar lo común de la resistencia a partir de las manifestaciones en Los Ángeles?

En la configuración de la comunidad chicana, además del proceso de anexión del territorio mexicano, durante el siglo XIX, por parte de Estados Unidos, y del establecimiento de fronteras geopolíticas entre ambos países, como parte del proyecto del Estado nación en ciernes, existen otros momentos vinculados propiamente con la migración de connacionales hacia el país vecino durante la mitad del siglo XX: la gran depresión de 1929, la segunda guerra mundial y el inicio de la Operación Espalda Mojada (1954).

Me interesa precisar que la delimitación de estos dos momentos de análisis —uno que corresponde al proceso de anexión y delimitación de la frontera entre ambos países, el otro que se encuentra estrechamente vinculado con una migración cíclica de mano de obra barata— responde a, y quizá me adelanto a una primera conclusión, afirmar que la conformación política de la comunidad chicana no es propiamente resultado de la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, sino de la ocupación de territorio y el trazado de las fronteras geopolíticas entre ambos países.

II Performatividad: ir más allá de lo común

¿Mexicoamericano o chicano? Este debate tiene varias aristas que considero se pueden soslayar de la siguiente manera: mexicoamericano es toda persona de ascendencia mexicana que radica en Estados Unidos —ya sea porque las fronteras lo cruzaron o porque migró. Mientras que chicano corresponde a quien asume una posición política de cara al territorio que ellos mismos denominan ocupado. En este sentido, ni todos los mexicoamericanos se asumen chicanos ni todos los chicanos se adscriben como mexicoamericanos.

el verdadero chicano va a aprender español. Ya. Va a tratar de conectarse con su cultura, con sus raíces. Ya. Ya sean que son de aquí o de allá y cómo conectamos con eso. Nosotros no somos extranjeros. Nosotros no utilizamos la palabra inmigrante porque no lo somos. (Pozos, 2025)

La configuración de la comunidad chicana ha sido estudiada por muchos teóricos y quizá la teoría más representativa en su momento fue la que basa el análisis en el colonialismo interno y a la que me referí cuando empecé a estudiar la comunidad chicana como parte de mi tesis de doctorado (2008).[5] Lo destacable del colonialismo interno, desde mi perspectiva, además de proponer una manera de configurar la construcción simbólica de la identidad chicana, consistió en afirmar que “la base del colonialismo interno está en el conflicto político derivado de la interacción entre grupos centrales y periféricos” (Valenzuela, 1998: 71).

Si bien es cierto que, a finales del siglo pasado, cuando la frontera como categoría de análisis, a diferencia de lo que observamos con la migración, no era propiamente el motor de ciertas epistemologías, esta afirmación resultaba innovadora. Aunque, para mí, el conflicto centro-periferia no es propiamente lo que determina la configuración identitaria de los chicanos. Identidad no entendida en términos esencialistas, evidentemente, sino lo que permite desplazar, escindir al sujeto de enunciación.

Uno de los elementos performativos que, desde mi perspectiva, determina la configuración de la identidad chicana es el insulto. El insulto, según Judith Butler, “es una de las primeras formas de agravio lingüístico que uno aprende”. Pero la interpelación del ofendido depende del insulto y de la forma como se pronuncia, puesto que “al ser llamado por un nombre se le ofrece a uno también, paradójicamente, una cierta posibilidad de existencia social” (Butler, 2003: 17).

Con este giro performativo es la propia comunidad chicana la que logra revocar la identidad dada por un tercero: “Los términos con los que se nos llama son raramente términos que nosotros hemos elegido”; sin embargo, continua Butler, “estos términos que nunca elegimos realmente son la oportunidad de algo que podríamos seguir llamando agencia, la repetición de una subordinación originaria con otro propósito, un propósito parcialmente abierto” (Butler, 2003: 68).

La comunidad revocada es quizá la referencia más inmediata del agenciamiento político que durante décadas ha logrado la comunidad chicana, una comunidad que va más allá de lo común. Lo común de la ley, de la resistencia, del abandono, del retorno, de la deportación o del olvido. Una comunidad incompleta, que no resuelve, pero que sin duda reconduce la indignación, la lucha, lo comunitario, incluso el mito de una tierra arrebatada, como comenta Daniel Pozos:

los grupos a los que yo pertenezco, los círculos con los que yo me llevo son muy nacionalistas. Nosotros seguimos pensando que aún es tierra ocupada, que nos pertenece históricamente y que los radicales están aquí. Esta es tierra ocupada, es México. (Pozos, 2025)

En este sentido, la comunidad chicana responde tanto a una “fundación política” como a un “fundamento ontológico”. Recupero la idea de esta imbricación que propone Jean-Luc Nancy para afirmar que en la comunidad chicana “la política es pensada en conformidad con el ser”. Es decir, para la comunidad chicana “lo común es identificado y homologado como político: lo que precisamente forma el corazón o el nudo (si no la ley…) del problema” (Nancy, 2016: 87).

El corazón del problema no es la carencia de un pensamiento ni de una acción política por parte de la comunidad chicana, sino quizá “la tensión infinita, no figurable, del uno hacia el otro” (Nancy, 2026: 98). Una tensión que existe en los discursos que polarizan a la población, una fórmula que ha funcionado a muchos de los gobernantes en el poder en tiempo presente. Revocarles ese poder no es tarea sencilla, pero como afirma Nancy:

Estamos llamados a la responsabilidad (destacable retorno de la palabra de Levinas) de una democracia imprevista en la que lo desconocido sin duda exige que no se quede uno en la poca estima que el texto no ha dejado de marcar hacia ‘la sociedad en persona’. (Nancy, 2016: 163)

La cuestión que falta resolver consiste en determinar es si la agencia del insulto es igual de potente que la agencia de la revocación de la MAGA que proponen los y las chicanos. Es decir, ¿es posible afirmar que un acto con consecuencia producido por el lenguaje (el insulto, la descalificación, el rechazo por ser extranjero) tiene el mismo impacto que uno producido por el blanqueamiento que Trump quiere imponer?

Lo que me lleva a cuestionar si la responsabilidad de configurar una comunidad revocada, en este caso la chicana, recae solamente en las narrativas de ciertos políticos —ya sea por la predicación como primera violencia o porque la violencia nombra su existencia— o en la comunidad que se apropia de ellas para dar cuenta de una ontología que es “política desde que nombra los procesos precarios de institución de un mundo singular” (Biset, 2013: 132), como se observa con los chicanos.

Definitivamente este acto con consecuencia recae sobre los mismos chicanos pues son ellos quienes, a través de la performatividad discursiva, se constituyen como minoría en el lenguaje mismo, ya que “aquel que actúa opera desde el principio dentro de un campo lingüístico de restricciones que son al mismo tiempo posibilidades” (Butler, 2003: 37).

La comunidad chicana, por tanto, corresponde a una cultura de la performatividad (entendida como la representación de sí mismo frente al otro) donde el pensamiento y la acción construyen un proyecto político que reconoce y rechaza el mandato dominante. Este proyecto común de la población mexicoamericana que quedó cruzada por la frontera es el que le da forma al colectivo chicano: “estamos atrás de ellos eh con el clock in a todo lo que da gritándoles, grabándolos y eso les da miedo y se van”. La organización comunitaria, dice Pozos, está en la calle, en el barrio.

Para cerrar, Jean-Luc Nancy hace referencia a una cita de un texto anterior a La comunidad revocada que me permite abstraer el alcance y la imposibilidad que tienen los chicanos para revocar el mandato de la MAGA. La cita dice “la única ley del abandono, como la del amor, es la de estar sin retorno y sin recurso” (Nancy, 2016: 67).

Estar sin retorno y sin recurso es una condición de la ontología política de los chicanos que sin duda les han permitido permanecer, resistir, revocar el mandato del blanquimiento institucionalizo por parte de las administraciones estadounidenses en diferentes momentos. Pero resulta significativo que la ley del abandono, equiparándola con la ley del amor, no es de ida y vuelta, no tiene retorno. Por ello me pregunto ¿cuánto más podrán sostenerse en pie la población en Gaza, Líbano, Irán, Ucrania y un largo etcétera con el derecho internacional tan mermado?,¿cuánto tiempo más pueden resistir los chicanos el embate de Trump, a quien además le quedan un par de años más en el poder?

Referencias:

Biset, E. (2013). Ontología Política. Esbozo de una pregunta. En Nombres. Núm. 27. pp. 121-136. Córdoba, Argentina.

Butler, J. (2003). Lenguaje, poder e identidad, Editorial Síntesis.

Nancy, J. (2016). La comunidad revocada. Mardulce.

Registro Federal de Archivos de Estados Unidos: https://www.federalregister.gov/presidential-documents/executive-orders/donald-trump/2025

Rodríguez Ortiz, R. (2024). Comunidades revocadas: ontologías y epistemologías en los fenómenos fronterizos y migratorios contemporáneos. En Schmidt-Welle, Zabalgoitia Herrera (coords.) Colectivas, parlantes y populares algunas juventudes y violencias en México y otros países latinoamericanos. Iberoamericana Vervuert. https://doi.org/10.31819/9783968696263_005

Rodríguez Ortiz, R. 2013. Cultura e identidad en la región fronteriza México-Estados Unidos: Inmediaciones entre la comunidad mexicoamericana y la comunidad fronteriza. Ediciones Eón / UTEP.

Rodríguez Ortiz, R. 2013. Alegoría de la frontera México-Estados Unidos: Análisis comparativo de dos literaturas colindantes. Ediciones Eón / UTEP.

Turner, Frederick J. (1893). The Significance of the Frontier in American History. Link: http://nationalhumanitiescenter.org/pds/gilded/empire/text1/turner.pdf.

Valenzuela, J. (1998). El color de las sombras. Chicanos, identidad y racismo. COLEF, Plaza y Valdés.

Zhuang, Patil, Tumin y Yoon, 2025. Protestas contra las redadas en Los Ángeles: esto es lo que hay que saber. New York Times, 11 de junio. https://www.nytimes.com/es/2025/06/08/espanol/estados-unidos/trump-protestas-migracion-losangeles.html


[1] Me refiero a chicanos como una comunidad que ha aportado importantes referentes para la configuración simbólica de sus comunidades en diferentes momentos de la conformación de las ciudades fronterizas del sur de Estados Unidos. Entiendo que las generaciones más nuevas no se identifican con el genérico chicano y prefieren diferenciarse usando chicanxs. Especialmente quienes, desde la llegada de Trump a la presidencia, se han encargado de tender puentes con la Ciudad de México mediante el trabajo artístico y estético que ha sido propio de esta comunidad. En este sentido, agradezco a Alejando Torres, co-fundador del Proyecto Coyote, nieto de un jornalero perteneciente al Programa Bracero, la oportunidad de conocer lo que diferentes colectivos chicanxs realizan en ambos lados de la frontera.

[2] La traducción de cada una de estas órdenes ejecutivas es propia y se pueden consultar en la página del registro federal de archivos de Estados Unidos: https://www.federalregister.gov/presidential-documents/executive-orders/donald-trump/2025

[3] Se sabe que detrás de esta narrativa, de este performance, existen muchos intereses económicos, particularmente aquellos que competen a las prisiones, a los tratados con terceros países para externalizar el control de la migración, lo mismo que para negociar con el gobierno mexicano la renovación del T-MEC, entre otros temas que evidentemente también son necesarios identificar para realizar el análisis de los chicanos como comunidad revocada.

[4] La comunidad revocada es el libro que Jean Luc Nancy escribe a manera de “estudio de la obra de Maurice Blanchot en torno a la comunidad” (Nancy, 2016: 13). Este libro fue escrito varias décadas después de que Blanchot, el propio Nancy y Giorgio Agamben se dedicaran en otros textos a diferir la categoría comunidad a partir de la experiencia de entreguerras en La comunidad inconfesable (1983), La comunidad inoperante (1986) y La comunidad que viene (1990), respectivamente. En los años 1980, cuando aparecieron estos tres libros, “Había algo de inicial o de inaugural en un momento en el que el cierre irreversible del comunismo histórico exigía un cuestionamiento nuevo sobre lo que ‘comunismo’, ‘comunidad’, ‘estar-en-común’ podría querer decir, sobre los registros de pensamiento a los que remitían (¿social?, ¿político?, ¿antropológico?, ¿ontológico?) y sobre sus implicaciones simbólicas y prácticas, imaginarias y afectivas” (Nancy, 2016: 17).

[5] Esta investigación consistió en elaborar un análisis comparativo entre la literatura chicana y la literatura fronteriza del norte de México. Para ello, en primera instancia, delimité el asentamiento demográfico de la comunidad mexicana en el sur de Estados Unidos, empleado la teoría del colonialismo interno desde una postura antropológica y sociológica que enfatizaba la necesidad de descolonizar la cultura dominante para construir una comunidad propia. Este tránsito se observa en determinas obras escritas antes de los años ochenta, cuyos contenidos critican el mundo de los colonizadores y no sólo pretenden denunciar su sed de dominio, sino también reivindicar la cultura tradicional mexicana.


  1. Este texto fue escrito para presentarse en LASA, París 2026. Por cuestiones de fin de semestre y otras entregas me fue imposible hacer el viaje al viejo continente. El día asignado para hacer la presentación es el mismo día que comparto este texto a mi blog (27 de mayo de 2026). ↩︎

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