Lo sublime terrorífico de incursionar en la Luna

Por Roxana Rodríguez Ortiz

Sigo embelesada, maravillada, con las imágenes que la NASA nos fue compartiendo en tiempo real del splashdown de Artemis II en mar adentro a la altura de San Diego, California. Disculpen el poschismo pero es que en realidad la traducción literal al español —amerizaje— le resta toda la espectacularidad a la que nos tienen acostumbrados los gringos. La frontera de lo sublime a la que Kant hace referencia en la Crítica del juicio quedó rebasada a la n potencia con ese despliegue de sincronía tecnocientífico:

Primero cruzar la membrana de la atmósfera para después observar un punto perdido en la inmensidad del cielo. Confiar en que los primeros tres paracaídas se abrirían como estaba dispuesto para quitar el peso innecesario de la cápsula en la que viajaban los cuatro astronautas. Esperar nuevamente la apertura de los siguientes paracaídas y posteriormente los tres últimos, los que permitirían a los tripulantes tocar el mar. Una belleza del intelecto y la curiosidad humana.

Mientras veía los 30 minutos en lo que todo esto sucedía como una hermosa puesta en escena, un lago de los cisnes en el cielo o cualquier otro espectáculo que cautive de esta manera, también pensaba que ya cruzamos esas otras fronteras, las que siempre habían sido un misterio, una deuda pendiente desde los años setenta del siglo pasado.

Una nueva época empieza, no sé si con mejores o peores resultados pero, sin duda, los cuatro astronautas que ayer volvieron a la Tierra después de diez días de estar en el espacio, de ahondar, literalmente, en las profundidades de la Luna, ya no van a volver a ver nuestra galaxia de la misma manera, nosotros tampoco. Artemisa nos dio la posibilidad de pensar la vida más allá de otras fronteras en todos los niveles, no solo espaciales o territoriales, sobretodo de la capacidad humana, de lo que para mí es la ontología sintética.

La mala noticia, quizá, es que el país que hizo esto posible es el que tiene al mundo girando al rededor de sus ocurrencias. Una guerra por aquí, otra por acá. Vivimos en constante alerta de invasión desde que Trump llegó nuevamente a la presidencia. Y es precisamente esa posibilidad de poder atravesar todas las fronteras posibles la que lo hace más peligroso. Lo que, nuevamente, en palabras de Kant, me permite catalogar esta incursión a la Luna como lo sublime terrorífico.

Les comparto el video de la NASA por si no lo vieron en tiempo real:


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