Constantemente me hago y les hago esta pregunta a los y las estudiantes de filosofía. ¿Para qué estudiar filosofía? A veces por mera curiosidad, otras como estratégia pedagógica y las menos cuando percibo cierta distracción propia y ajena en el salón de clases. En el seminario de Filosofía y Arte, mientras leíamos la Crítica del juicio de Kant, surgieron varias dudas, pero no del texto en cuestión, sino inquietudes personales de algunos estudiantes. Preocupaciones precisamente sobre el quehacer filosófico en general.
¿Para qué estudiar filosofía? Contexto. Tengo quince años dando clases de filosofía en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y puedo ubicar por lo menos cinco situaciones que me provocan esta pregunta:
- El promedio de titulación de Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM es bastante bajo si lo comparamos con otras licenciaturas que se imparten en la misma universidad, como Ciencias Políticas o Comunicación y Cultura, porque también el número de estudiantes inscritos en filosofía es proporcionalmente menor. Es decir, son pocos los y las estudiantes de filosofía y también son pocos los y las que se titulan.
- Un número considerable de estudiantes de filosofía deserta o abandona temporalmente los estudios antes de terminar el 100 por ciento de los créditos. De un semestre a otro, según datos oficiales de la universidad, el 50 por ciento de estudiantes de filosofía no se inscribió al semestre en curso (del 2023-2 al 2024-1). La deserción que presenciamos no sólo afecta a la UACM, sino al resto de universidad públicas y privadas en el país: uno de los tantos daños colaterales de la pandemia todavía no cuantificado.
- El tiempo promedio de término de la licenciatura de filosofía en la UACM es superior a siete años. Tiempo muy superior al promedio de titulación del resto de la universidades e incluso de las otras licenciaturas que se imparten en la UACM.
- La filosofía se sigue enseñando con cierto clasicismo academicista (en la UACM y en el resto de las universidades públicas y privadas del país), situación que aleja a los y las estudiantes de los problemas reales de sus barrios, ciudades, afectos, corporalidades y contextos.
- Por lo tanto, el campo laboral para los y las egresadas de filosofía parece que es muy reducido, especialmente cuando se tiene la creencia de que no es suficiente con terminar la licenciatura para dedicarse a la academia: dar clases, investigar, publicar; es decir, para hacer filosofía. Evidentemente, algunos estudiantes de la UACM encuentran el camino para seguir estudiando el posgrado en filosofía, que es lo que se esperaría en el contexto global de la educación superior, ¿pero es realmente la única posibilidad de desarrollo de los y las estudiantes de filosofía de la UACM?
Después de darles el contexto a los y las estudiantes del seminario o de mostrarles el escenario que observo con respecto al quehacer filosófico contemporáneo, les pregunté para qué están estudiando filosofía. Una estudiante contestó lo siguiente: “no sé el para qué, pero sí el por qué. Yo estudio filosofía porque me ayuda a entender aspectos de la realidad que con la ciencia u otras disciplinas no”.
Desde mi perspectiva, en este siglo, especialmente después de la pandemia, mientras se mediatizan con fines geopolíticos dos cruentas guerras (Ucrania y Gaza), al tiempo que presenciamos el avance del crimen organizado en el mundo y empezamos a utilizar la inteligencia artificial, específicamente el chat GPT, el diseño genético, como parte de una economía tecnológica, también se no escapan un sin fin de fenómenos de la mirada filosófica.
Sin duda, entender nuestra realidad es una de las tantas respuestas posibles de por qué o para qué estudiar filosofía, especialmente si logramos abstraer las problemáticas que se nos presentan, por ejemplo, en las colonias, barrios de la Ciudad de México o de cualquier otra gran ciudad que creció a costa de los ecocidios (secar los mantos acuíferos, pavimentar los cerros, talar los árboles) para modernizar las periferias, como Iztapalapa, alcaldía donde se ubica el plantel donde doy clases. Lo mismo que entender la realidad de las fronteras geopolíticas, de las migraciones, del cambio climático o de la animalidad de los otros seres vivos.
Lo cierto es que no existe una única respuesta a la pregunta de para qué estudiar filosofía e incluso esa respuesta puede cambiar según el contexto de cada personas que se hace la pregunta. Lo importante quizá, para mí, no es tanto la respuesta, sino el no dejar de hacerse las preguntas que nos permitan observar/entender/traducir/diferir y dar cuenta de la realidad mediante una escritura no academicista. Quitemosle el sesgo a la filosofía erudita y transitemos a una filosofía plural en términos ontológicos, epistemológicos, políticos, éticos y estéticos.
