Por Roxana Rodríguez Ortiz
A mis estudiantes siempre les recuerdo que para poder escribir y hacer filosofía debemos conocer muy bien, tocar incluso, el lado más luminoso y, sobre todo, el más oscuro. Saber de qué somos capaces en situaciones extremas, en situaciones de vida o muerte y cuando se trata de sobrevivir.
A Claudia parece que sus demonios se la comieron aceleradamente en estos dos años. No voy a hacer un perfil de un personaje que ni siquiera es oscuro, todo lo contrario, es en exceso transparente. Un riesgo cuando decides exponerte todas las mañanas frente a cámara. Pero que decidió aliarse con su lado más oscuro sin rechistar y seguramente para sobrevivir.
¿Quién sobrevive o lo sobrevive cuando ya no esté? ¿El movimiento acéfalo que fundó en tono mesiánico AMLO? ¿Las lealtades de su gente más cercana que cuando se acabe el poder buscarán otro hueso? ¿El país, el pueblo, la memoria, el archivo, los desaparecidos, las madres buscadoras, los y las que se han beneficiado de la torpeza de Claudia?

La pregunta no es retórica, es performativa. La militancia de Claudia se desbordó y ahora es difícil saber quién es la presidenta y quién está detrás de ella. Supongo que así son todas las militancias, creas un personaje, pero lo alimenta la razón instrumental que lo creó; en este caso, el partido, el mesianismo de AMLO, los capitales extranjeros, los bastiones de la economía informal e ilegal en el país, el pueblo bueno.
La militancia, contrario a lo que se cree, no es la ideología personal de alguien en particular. La ideología es la razón instrumental de la maquinaria echada a andar, como dirían Adorno y Horkheimer, para transformar. Pero no necesariamente la transformación, en general, es positiva, tampoco negativa. Ya lo dice la física: la materia no se crea ni se destruye solo se transforma. Quién o qué está detrás de la ideología de Claudia. Pues solo ella lo sabe si es que lo sabe todavía.
De ahí la necesidad de estar más cerca de nuestro lado oscuro que del luminoso. Lo que sí se puede abstraer de una o muchas imágenes es cuando tus demonios te comen. A todas nos pasa, pero no todas somos presidentas de un país con tantas desigualdades económicas, injusticias, desapariciones, feminicidios, precariedad, corrupción, negligencia y un largo etcétera.
Una imagen finalmente dice más que mil palabras. Como diría nuestro Juan Gabriel: lo que se ve no se pregunta. A Claudia se la comieron los demonios de su militancia y se olvidó de lo urgente: transformar las inequidades e injusticias en un país sin estado de derecho.
A disfrutar de la fiesta mundialera que nos prepararon Claudia, Clara y la FIFA porque, como en los quince años, ya nos salió muy cara y la vamos a pagar por un buen rato.
