ensayista, literata y filósofa

El spanglish: doble articulación del lenguaje *

Cuando el poder del lenguaje tiene la facultad de lastimar la integridad de una comunidad, como en el caso de la mexicana asentada en Estados Unidos —en el momento de nombrar a sus integrantes beaners, wetbacks o mojados—, valdría la pena preguntarse qué tipo de facultad es esa, puesto que le estamos otorgando un poder a nuestro “infractor”, indirectamente proporcional al daño que nos propina. Butler afirma que esa facultad se debe porque “atribuimos una agencia (poder) al lenguaje, un poder de herir, y nos presentamos como los objetos de esa trayectoria hiriente” (Butler, 1997:16).[1] Es así como el poder del lenguaje no necesariamente es el apoderamiento del discurso, sino simplemente la conformación de un lenguaje diferente, y común a una determinada comunidad, en este caso a la comunidad chicana y fronteriza, ininteligible para el resto de la sociedad.

Deconstruir el poder que tiene el lenguaje me permite analizar la influencia de la subyugación (como resultado del racismo, de la diferencia de género, de clase o de la homofobia, entre otros) en el discurso literario fronterizo, desde una perspectiva posmoderna que no se preocupa por los límites entre lo real y lo ficticio. El discurso posmoderno representa una realidad centrada en la periferia que se distingue por “hacer venir lo existente” —tomo el concepto de Jacques Derrida sobre la representación y el performance—, lo cual implica estar en representación ante el otro como una forma de exhibición, espectáculo o de “performance discursiva”, a través de la que se puede realizar un intercambio ceremonioso, codificado y ritualizado (Derrida, 1989: 79). En el caso del migrante mexicano, la performatividad, entendida como representación, implica que éste se hace presente ante una sociedad ajena a la suya, mediante diversas estrategias, quizá no conscientes, que le permiten cohabitar e incluso pertenecer a la sociedad estadounidense, cuyas costumbres, como ya se ha visto, difieren considerablemente de las mexicanas.[2]

Judith Butler afirma que a través de la performatividad discursiva, “el habla puede ser “devuelta” al hablante de una forma diferente, que puede citarse contra sus propósitos originales y producir una inversión de sus efectos” (Butler, 1997: 35).[3] Los chicanos utilizan la performatividad discursiva para hacerse presentes dentro de la comunidad estadounidense mediante la hibridación del lenguaje: al idioma inglés integran modismos u oraciones completas del idioma español; mientras que los sujetos transfronterizos incluyen modismos del idioma inglés a su español por la cercanía con el país vecino y porque muchas de sus actividades las realizan del otro lado de la frontera.

De la hibridación del lenguaje español-inglés, y viceversa, se deriva un lenguaje “pocho” que se conoce como Spanglish, que precisamente produce una “inversión de sus efectos”, porque si bien es cierto que el Spanglish surge como una desconocimiento de una lengua en particular (en este caso el inglés); actualmente, el Spanglish es una palabra que se refiere a un movimiento social en lugar de referirse a un origen. No es un lengua nueva, sino la evolución de dos lenguas colindantes, por lo que, como afirma Selfa Chew, se deben “revisar las leyes de la lingüística y eso implica que el lenguaje tiene que evolucionar, y no como los mexicanos quieran, o los españoles quieren, sino como una comunidad necesita que se desarrolle”.[4]

El uso de neologismos en la literatura es lugar común a lo largo de la historia de la literatura, la particularidad del uso del Spanglish en la literatura fronteriza “reside en la permanencia del recurso y en su sistematicidad. Mientras en otras tradiciones es sólo un botón floral de primavera, un recurso estilístico avant garde, en la chicana es una estrategia narrativa y poética arraigada” (Perucho, 2001:12). La sistematicidad de este recurso en la escritura chicana y fronteriza es clave pues por un lado contiene, implícitamente, la cultura que narra; por otro, manifiesta una transgresión simbólica de las fronteras textuales y lingüísticas, propias de la posmodernidad.

Contrariamente a lo que por mucho tiempo se ha pensado, el Spanglish no es una forma de rebeldía pacifica, un modismo o una forma de preservar los orígenes, puesto que las resignificaciones no tienen origen ni fin fijos. En este caso, el Spanglish entendido como representación, actuación, permite mostrarte o hacerte invisible, según sea necesario. Sin embargo, esta actuación necesita traducción por el simple hecho de generarse en la frontera, no sólo una traducción literal, sino también una traslación de costumbres, conductas y reflexiones que se gestan en la frontera, pues la “ciudad-frontera es un lugar de paso y de traducción, una marca, un sitio privilegiado para el cruce o la concurrencia entre dos inmensos territorios lingüísticos, dos de entre los mundos más habitados también por el discurso filosófico” (Derrida, 1989: 79).

El Spanglish es más que el resultado de la hibridación de dos culturas, es un sistema institucionalizado de símbolos que requieren una traducción filosófica, estética y cultural. Traducción que al cambiar un elemento cultural por otro, cambia al lenguaje mismo, eliminando aquellos elementos culturales que ya no son necesarios. Es decir, al cambiar el español por el inglés, pero al mantener ciertas palabras en español, se enriquecen dos lenguas y se crea una. En este sentido, la traducibilidad implica un problema de representación que puede matizarse si se confía “en la unidad de la palabra y en la doble articulación del lenguaje”, puesto que “un léxico así tendría que clasificar los diferentes ítems de la palabra “representación” en razón de su sentido y su funcionamiento en un cierto estado de la lengua, habida cuenta de una cierta riqueza o diversidad de los corpus, de los códigos, de los contextos” (Derrida, 1989: 81).

Esta unidad de la palabra es la que permea el discurso artístico de los chicanos y, de los sujetos transfronterizos, puesto que les permite sustituirla de manera mimética al momento de pretender simular una cultura que ya no les pertenece, pero que los identifica dentro de otra a la que no pertenecen —porque así se los han hecho creer—. Así como para destacar los elementos más significativos de su cultura primigenia como la tradición oral, el papel de la mujer como guía espiritual o los mitos épicos de sus ancestros indígenas. En este sentido, el lenguaje, según afirma Derrida, “sería un sistema de representantes o también de significantes, de lugartenientes que sustituyen aquello que dicen, significan o representan”. Aunque esta sustitución no afecta “la unidad, la identidad, o incluso la simplicidad última de lo representado” (Derrida, 1989: 87).

En este sistema de representantes, cómo son aprehendidos y cómo son representados los chicanos (y los sujetos transfronterizos), cuando éstos se construyen en la subyugación del mundo visible, del que copian imágenes e ideas que no interiorizan, simplemente las reproducen. Será acaso que el chicano se ponga a sí mismo como la escena en la que él, como sujeto, se representa y se vuelve imagen. En caso de que así fuera, ¿qué tan apegada está esa imagen a la verdad de lo que representa? Si tomamos en cuenta que “el hombre como sujeto representante se entrega a la fantasía, es decir, se mueve en la imaginatio, en la medida en que su representación imagina al ente como lo objetivo en el mundo en cuanto imagen concebida” (Derrida, 1998, 101), se puede afirmar que la imagen representada no está ligada con su realidad. Queda por dilucidar cómo se construye el sujeto, tanto individuo social como artista, actante y narrador, a partir de este hacerse presente ante el otro, qué poder ejerce el lenguaje en esta representación y con qué está ligada la imagen representada si no es con su realidad.


[1] Se entiende por agencia (agency) aquello que “se opone a la noción de libertad soberana (sovereign freedom), y a la noción de autonomía”. (Butler, 1997:73)

[2] De aquí en adelante la connotación del término Representación implica “determinar la aprehensión de cualquier cosa que concierna o interese en una relación cualquiera”, donde “la representación es ciertamente una imagen o una idea como imagen en y para el sujeto, una afección del sujeto bajo la forma de una relación con el objeto que está en aquél en tanto que copia, cuadro o escena, una idea, si quieren ustedes, en un sentido más cartesiano que espinosista”. (Derrida, 1989: 95)

[3] La noción de “vuelta” a la que se refiere Butler pretende “dar cuenta de cómo nace el sujeto mediante una figura que provoca la suspensión de nuestras certezas ontológicas. Que esta figura sea ella misma una “vuelta” es espectacular en sentido retórico y preformativo: “vuelta” es el significado griego de “tropo”. Es útil en este caso puesto que los tropos “son “desviaciones” del lenguaje convencional, así como figuras retóricas o de pensamiento. Es decir, un tropo puede establecer conexiones entre palabras que no se consideran convencionales o lógicas”. Como sucede en la comunidad chicana al habitar dos culturas y al hablar dos idiomas. (Butler, 2001:14)

[4] El idioma oficial que supuestamente deben hablar los mexicoamericanos es el inglés. Como ya se mencionó, el español estuvo prohibido en las escuelas hasta los años cincuenta, lo que propició una aversión, sobre todo en los migrantes de primera y segunda generación, para aprender el idioma.  Actualmente, algunas leyes migratorias que están en discusión en la Cámara de Representantes, consideran necesario que aquellos migrantes mexicanos que deseen trabajar en Estados Unidos deben tomar clases de inglés. En la realidad, pocos chicanos hablan español y casi todos escriben en inglés.

*Parte del capítulo 2 (“La frontera: confluencia de dos literaturas regionales”) de mi tesis doctoral titulada “Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos escrituras colindantes”, presentada en julio de 2008, en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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2 Responses to “El spanglish: doble articulación del lenguaje *”

  1. silvia

    felicito a Roxana por el interesante estudio, y espero prosiga profundizando el tema, tan importante, del spanglish.

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