ensayista, literata y filósofa

Del sujeto cultural al sujeto literario *

Si etimológicamente la palabra sujeto deviene del término subjectus (subjicere) que se reduce a sumisión, subordinación y sujeción, entonces el sujeto responde ante la autoridad que lo nombra con una actuación que presupone tanto la subordinación como la formación psíquica de la identidad.[1] ¿Cómo se constituye la identidad de los sujetos chicanos y transfronterizos? En este caso, como menciona Butler, “la interpelación del sujeto constituye una operación específicamente psíquica y social del poder, de la cual depende la interpelación pero de la que no puede dar cuenta”. Es decir, el migrante está consciente de la subordinación a la que está sometido por parte de la comunidad estadounidense para adaptarse a ella, pero no le rinde cuentas, sino que se vuelve contra ella, mediante la constitución de una subcultura propia conformada por dos culturas (la mexicana y la estadounidense). Lo mismo sucede con el sujeto transfronterizo, ellos no dejan de pertenecer a la cultura mexicana, pero el simple hecho de habitar la frontera los convierte en sujetos liminales que deben crear una cultura o subcultura propia. En este caso “el sujeto sería efecto del poder en repliegue”, lo que da como resultado “un sujeto simultáneamente formado y subordinado al poder” (Butler, 2001: 17).

El sujeto liminal transita entre el poder que lo constituye y lo subordina, lo que le permite cierto margen de acción u autonomía al momento de concienciar esta “dependencia fundacional” del poder. Esto se observa en la actitud de resistencia pacífica de los migrantes mexicanos ante la comunidad estadounidense a principios del siglo pasado, puesto que, como menciona Butler, “la formación de la pasión primaria en la dependencia lo vuelve vulnerable a la subordinación y a la explotación” (Butler, 2001: 17). Situación que posteriormente cambia con la configuración y actuación de la comunidad chicana, aunque la subordinación siga presente debido a un deseo de supervivencia. Es decir, ya no basta con tener voz, también es necesario preservarla: “Quien promete la continuación de la existencia explota el deseo de supervivencia. “Prefiero existir en la subordinación que no existir”: ésta sería una de las formulaciones del dilema (donde también hay un riesgo de “muerte”)” (Butler, 2001: 18).

Los sujetos chicanos y transfronterizos, como muchos otros sujetos a lo largo de la historia, encuentran en la escritura una manera de darle continuidad a su existencia, de deconstruir el discurso coloniasta, machista, eurocentrista, entre otros; así como de hacerse escuchar. No obstante, durante varios siglos el sujeto sólo fue un concepto importado de otras disciplinas como la filosofía o la psicología o, en su defecto, se le otorgaba “un estatuto de creador ‘inspirador’, ‘genial’ u ‘original’, simple hacedor de la obra”. Hasta los años sesenta del siglo pasado algunos teóricos, como Lacan o Foucault, rescatan el trabajo de Freud o de Heidegger, entre otros, y empieza a concebir al sujeto como “un componente sistemático de las teorías literarias” (Krysinski, 2006: 271). Debido a que el cuerpo del sujeto, entendido como receptor de las sensaciones del mundo, es el que motiva la escritura como actividad cultural. Es decir, el sujeto se convierte en mediador y traductor de la realidad gracias a la literatura, pues “la reflexión y la sublimación se engendran en y por la relación dinámica entre el sujeto y el mundo” (Krysinski, 2006: 274).

El sujeto literario, llámese escritor/a, narrador o actante, también transita entre el poder que lo constituye y lo subordina. El escritor/a está subordinado al poder del discurso que lo constituye, el narrador al punto de vista del escrito/a, y al actante a la acción de la trama, en cualquiera de los tres casos “el sujeto se convierte en un signo, en un espacio, donde otros signos aparecen y se hacen respetar” (Krysinski, 2006: 280). En el caso de la literatura, el sujeto cumple el papel de “destinatario de lo real” a través de la transmisión de los mensajes, cuyo contenido es mayoritariamente idiosincrásico pues el sujeto se debate entre lo que es real y lo que no lo es. Para el sujeto literario, entonces, “lo real no es dialógico” pues la realidad como tal no se puede transcribir, por lo que la transforma en discurso. Un discurso que, paradójicamente, constituye al sujeto como ente social y, de acuerdo al contenido o a la forma de la obra, lo diferencia. Un sujeto que al mismo tiempo es causa y efecto (Krysinski, 2006: 282). El discurso del sujeto literario, entonces, se conoce como narración, pues ésta funciona como “un dispositivo del lenguaje, complejo, que da forma a enunciados narrativos, discursivos y dialógicos”, que indica la posición del sujeto en la comunidad donde se desenvuelve, ya sea social o literaria (Krysinski, 2006: 283). En los siguientes capítulos estudiaré los diferentes tipos de discursos y formas de narrar de los sujetos chicanos y transfronterizos, con base en un muestra compuesta por tres escritores chicanos y tres escritores transfronterizos, respectivamente, que me permitirá conocer “la diversidad  y la dinámica discursiva” del sujeto en el texto literario, pues si bien es cierto que al sujeto lo determinan múltiples factores, como los que hasta ahora he mencionado, también lo es el hecho que es necesario reconocer “las incidencias del sujeto en los discursos de la obra que lo instalan en ella como sujeto de la escritura y como sujeto en la escritura”, con la intención de comparar entre “la problematización y la tematización del sujeto” (Krysinski, 2006: 285).

Distinguir entre la problematización y la tematización del sujeto en la obra literaria es indispensable para abordar la literatura fronteriza y para elaborar el análisis comparativo entre la escritura chicana y la escritura fronteriza pues, por un lado, la problematización del sujeto consiste en que el sujeto como “autor-creador” organiza “un universo axiológico coherente y referible a una subjetividad problemática en expansión cognitiva” (Krysinski, 2006: 286). La problematización del sujeto chicano es hacerse de una voz propia dentro de la comunidad estadounidense, mientras que la problematización del sujeto transfronterizo es confrontar los procesos de urbanización y producción a los que se enfrenta. La tematización del sujeto, por su parte, consiste en manipular y mediar “los códigos estéticos, culturales y literarios”, e incluso en tematizar la búsqueda de su identidad, “de su yo y su interioridad lo mismo que su inconsciente”, como lo hacen tanto los sujetos chicanos como los sujetos transfronterizos, pues si bien es cierto que los chicanos construyen una identidad con base en múltiples elementos socioculturales, también lo es el hecho que esta identidad es inseparable de una retórica del sí mismo frente al otro. Mientras que los transfronterizos, al contar con una identidad permeable y adaptable, que evoluciona en un espacio abierto gracias a la multiplicidad de factores con los que diariamente conviven, transgreden los límites de sí mismos y de los géneros que los norman. En consecuencia, el sujeto literario relativiza la literatura entendida como un sistema unitario donde “no hay poesía ni novela, sino discursos del sujeto en la novela o el poema; por lo tanto, “la literatura está siempre en devenir bajo la influencia del sujeto, cuyo discurso la redetermina cada vez” (Krysinski, 2006: 286).

Como se puede observar, en este capítulo he trazado dos ejes temáticos principales para elaborar el análisis literario de la escritura chicana y la escritura fronteriza. Estos dos ejes son la performatividad discursiva y el fenómeno urbano, ambos se apoyan en la doble articulación del lenguaje y están constituidos por diferentes sujetos liminales que deconstruyen el discurso para crear uno propio a través de la literatura. Evidentemente estos dos ejes son inconmesurables por lo que los siguientes capítulos abordaré algunas variables que se desprenden de éstos, las cuales he seleccionado con base en la repetición y la distinción. Es decir, elegí aquellos elementos que tienen una presencia constante en los textos seleccionados y que son propios de la escritura chicana o fronteriza. Por ejemplo, un elemento común entre ambas es la utilizacipón del spanglish, mientras que un elemento que las diferencia es el insulto como mecanismo constitutivo del sujeto, y, por lo tanto, el discurso que instituyen estos sujetos para hacerse presentes y para darle continuidad a su existencia mediante la literatura.


[1] “El sujeto” es presentado a menudo como si fuese intercambiable con “la persona” o “el individuo”. Sin embargo, la genealogía de la categoría crítica del sujeto requiere que más que identificarse de manera estricta con el individuo, debe considerarse al sujeto como una categoría lingüística, un comodín, una estructura en formación (Butler, 1987: 21).

*Parte del capítulo 2 (“La frontera: confluencia de dos literaturas regionales”) de mi tesis doctoral titulada “Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos escrituras colindantes”, presentada en julio de 2008, en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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2 Responses to “Del sujeto cultural al sujeto literario *”

  1. mkj

    Disculpa, ¿podría pedirte la bibliografía de donde tomas tantas citas? Es decir, los libros de Krynsinski y de Butler 🙂 ¡gracias!

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    • roxanarodriguezortiz

      Agora miso no recuerdo bien y estoy de viaje. Lo de Butler es probable que esté en el libro lenguaje, identidad y poder; lo de krynsinski es una compilación publicada por Ariel sobre teoría literaria, pero no tengo a la mano la ficha. Saludos

      Responder

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