La cosificación de los zapatos de Van Gogh (estética cuarta parte)

Después de revisar los textos de Kant y Hegel, entramos en otra etapa de escritura de los filósofos que me interesa recuperar durante el curso de Estética de la Licenciatura de Filosofía e Historia de las Ideas (UACM); si bien es cierto que los dos filósofos alemanes, especialmente Hegel, dialoga con Kant en sus lecciones de estética, más para contradecirlo que para promover su pensamiento, ambos desarrollan sistemas filosóficos complejos que dan cuenta de una apuesta epistémica que sigue vigente hasta nuestros días.

Posterior a estos dos autores canónicos, propongo la lectura de Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, que me permite discutir otras cuestiones, entre ellas la importancia de la música de Wagner, profesor de Mahler y la relación que mantiene con la crítica que el propio Thomas Mann hace sobre esta época del pensamiento alemán-europeo en su libro Muerte en Venecia (que es llevada a pantalla por Visconti en una brillante adaptación). Un salto en la filosofía del arte quizá arriesgado pero que resuelve el brinco de una época a otra en cuanto las categorías estéticas, como lo bello, prevalecen de la mano del sujeto trascendental como genio o artista y que el propio Nietzsche se encargará de desmitificar en la lectura apolíneo-dionisíaco (como origen de los cánones clásico de belleza) que hace en su texto:

cómo lo dionisíaco y lo apolíneo han denominado la esencia helena mediante una sucesión continua de alumbramientos siempre nuevos e intensificándose recíprocamente; cómo la edad de “bronce”, con sus luchas de titanes y su áspera filosofía popular, se desarrolló, bajo el gobierno del instinto apolíneo de la belleza, el mundo homérico, cómo esta magnificencia “ingenua” fue nuevamente engullida por la corriente acometedora de la dionisíaco, y cómo frente a este nuevo poder lo apolíneo se eleva a la rígida majestuosidad del arte y la contemplación del mundo dórico.

Nietzsche,2010: 80

Por otra parte, más allá de la lectura homosexual que normalmente se hace del texto de Mann, que me parece muy pobre y poco original, es un texto que se debe leer acompañado de los diálogos del libro del propio Nietzsche quien en primera instancia admira a Wagner y posteriormente sufre el desencanto, el mismo desencanto que Aschenbach experimenta como compositor y lo lleva a adentrarse a Venecia durante la pandemia que está azotando la ciudad. En ambos casos, tanto en la obra de Mann como en la Nietzsche lo que queda de manifiesto es la importancia de la escena musical en la filosofía alemana.

Lo que observamos en ambos autores es un estilo de escritura que dista bastante de lo que habíamos visto hasta ese momento en los textos de Kant y Hegel. Empieza lo que desde mi perspectiva se plantea como una escritura que da cuenta de una estética ontológico y ya no metafísica como lo observamos principalmente en el texto de Heidegger, Arte y poesía, el siguiente de la lista en esta lectura cronológica que elaboro durante el curso.

Heidegger escribe este texto muchos años después de Ser y tiempo e incluso después de un momento de silencio posterior al fin de la segunda guerra mundial; tiempo durante el cual él mismo se retiró de la escena pública después de haber sido rector de la Universidad de Friburgo al poco tiempo de llegar Hitler al poder.

Arte y Poesía es un texto que pertenece a lo que se conoce como el “segundo Heidegger” donde “Pensar el ser no es hacer ontología fundamental, sino precisamente superar la ontología, destruir la metafísica tradicional llegando al objeto primero del pensar: el ser” (Vidarte, 2005: 140). Y para dar cuenta de este movimiento utiliza una pintura de Van Gogh: un par de zapatos viejos.

Un par de zapatos de labriego (dice Heidegger). Pintura de Van Gogh 1886.

Heidegger hace el análisis de la pintura abstrayendo la utilidad de lo pintado, en este caso de los zapatos, no solo para ejemplificar cómo es posible llevar al Dasein (el ser ahí) a la cosificación del ente, sino para quitarle esa carga metafísica a las categorías estéticas que había prevalecido hasta finales del siglo XIX y que permite la posterior discusión de la eliminación de lo aurático de la obra de arte en Benjamin (que revisaré en otra entrada).

En el cuero está todo lo que tiene de húmedo y graso el suelo. Bajo las suelas se desliza la soledad del camino que va a través de la tarde que cae. En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo en baldío del invierno. Por este útil cruza el mudo temer por la seguridad del pan, la callada alegría de volver a salir de la miseria, el palpitar ante la llegada del hijo y el temblar ante la inminencia de la muerte en torno. Propiedad de la tierra es este útil y lo resguarda el mundo de la labriega. De esta resguardada propiedad emerge el útil mismo en su reposar en sí.

Heidegger, 2005: 61

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