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¿Por qué no es terrorismo sino proceso autoinmune del estado-nación?

Hoy es más dificil que nunca. Si no se quiere confiar ciegamente en el lenguaje corriente, el cual casi siempre se presta con docilidad para las retóricas de los medios de comunicación o las gesticulaciones verbales del poder político dominante, hay que ser muy prudente al usar la palabra «terrorismo » y, sobre todo, «terrorismo internacional». Ante todo, ¿qué es el terror? (Borradori, 152)

Lamento y me afecta de forma muy personal el asesinato de más de veinte personas, a manos de una sola, ocurrido en El Paso, Estados Unidos, este fin de semana. Llevo meses pensando en temas como la justicia y el perdón cuando los familiares somos víctimas directas de un hecho como éste. Para mí, no hay justicia o ley que alcance para reparar el daño como tampoco perdón que redima, pero socialmente, estatalmente, se espera que el criminal cumpla con su pena. En países como México eso incluso puede ser un lujo, y es por ello que me llama la atención la celeridad con que Marcelo Ebrard se subió al tren de defender los intereses de los y las mexicanas que perdieron la vida en este acto que, a su vez, han denominado terrorista.

En primer lugar, me llama la atención la celeridad del gobierno porque no aplica de igual forma al resto de la población (mi familia y yo somos parte de la estadística) como lo vemos a diario con los feminicidios a lo largo y ancho del país, los asesinatos de periodistas y defensores de derechos humanos, e incluso con los 43 normalistas de Ayotzinapan, o los miles de cuerpos encontrados en fosas clandestinas, casi todos de migrantes centroamericanos. Todos estos casos son trágicos y lo que esperamos es una respuesta expedita de nuestros gobiernos que normalmente no sucede.

Esto me lleva a la segunda inquietud, ¿por qué no es terrorismo? Para ello me voy a remitir a lo que llevo trabajando varios años: proceso autoinmune, triple suicido del estado-nación, y se observa cuando un cuerpo se empeña en destruir su propia protección. Para explicar este triple suicidio es pertinente distinguir entre la función de inhibir el sistema inmune para que el cuerpo afectado acepte al “intruso” mediante el empleo de un inmunodepresor (pienso, por ejemplo, en un transplante de corazón),[1] mientras que la autoinmunidad consiste en eliminar las defensas inmunitarias al momento en que el cuerpo se protege contra su propia autoprotección.

Derrida ejemplifica este triple suicidio cuando deconstruye el evento simbólicamente nombrado 9/11 (ataque a las Torres Gemelas, ocurrido en 2001) y analiza las causas que provocaron un “acto de terrorismo internacional” cuyo “verdadero ‘terror’ consistió (y comenzó efectivamente) en exponer, en explotar, en haber expuesto y explotado su imagen por parte del propio objetivo del terror” (Borradori, 2003: 160), así como los efectos que desestabilizaron la relación de Estados Unidos con ciertos países árabes.[2]

Más de una década ha pasado desde el 9/11 y durante estos años hemos experimentado diferentes formas de “suicidio”, usando la metáfora derridiana, en las democracias occidentales, como la guerra en Irak, la guerra civil siria, la llegada de miles de refugiados sirios, afganos, iraquíes, a costas europeas, la consolidación del Estado Islámico de Levante (ISIS), organización que reconoce los ataques terroristas de París y Bruselas (de 2015 y 2016), pero también de distintos países en Medio Oriente.

En este sentido, si recapitulamos la historia de los siglos XX y XXI principalmente, podremos advertir que estas formas de suicido no son resultado de la casualidad, en todo caso son resultado de lo que Derrida llama el “orden mundial”, que contempla lo ¡económico, técnico, militar, mediático, incluso en el de la lógica discursiva, de la axiomática que sostienen mundialmente a la retórica jurídica o diplomática, y por consiguiente el Derecho Internacional”. (Borradori, 2003: 140)

Para ilustrar el proceso autoinmune del 9/11, Derrida ubica tres momentos que dan lugar al triple suicidio arriba mencionado y consisten en: un doble suicidio simbólico y estratégico (político y económico); el trauma, aludiendo a que lo peor está aún por venir; y la repetición, entendido como el círculo vicioso de la represión, como se observa en el ejercicio realizado para la Unión Europea:

Tabla 1. Matriz del proceso autoinmune de las fronteras del Estado-nación. (Rodríguez, 2016)
Fuente. Cartografía de las fronteras. Diario de Campo (Rodríguez, 2016)

Desde mi perspectiva, el terrorismo se explica a partir de diferentes problemáticas y tiene ciertas características, especialmente que es una forma en cómo se estable el orden mundial, en este caso, el orden entre dos países, México y Estados Unidos, que en lo que va del siglo no se han podido entender con respecto a la movilidad humana ni a la política de fronteras, lo cual ha traído consecuencias en la política económica y, en lo que va del año, a nivel de la diplomacia, especialmente desde la llegada de Marcelo Ebrard a la Secretaria de Relaciones Exteriores. En este sentido es interesante reflexionar sobre lo que menciona Derrida:

Hoy es más dificil que nunca. Si no se quiere confiar ciegamente en el lenguaje corriente, el cual casi siempre se presta con docilidad para las retóricas de los medios de comunicación o las gesticulaciones verbales del poder político dominante, hay que ser muy prudente al usar la palabra «terrorismo » y, sobre todo, «terrorismo internacional». Ante todo, ¿qué es el terror? (Borradori, 2003: 152)

A partir de esto vale la pena también definir lo que entendemos por terrorismo, terrorismo de estado, terrorismo internacional y decidir si aplica o no a lo sucedido este fin de semana en El Paso. Al respecto, Derrida lo define de la siguiente forma:

Si nos remitirnos a las definiciones corrientes o explícitamente legales del terrorismo, ¿qué encontramos? Allí la referencia a un crimen contra la vida humana cometido en violación de las leyes (nacionales o internacionales) siempre implica a la vez la distinción entre civil y militar (se supone que las víctimas del terrorismo son civiles) y una finalidad política (influenciar o cambiar la política de un país aterrorizando a su población civil). Estas definiciones, por consiguiente, no excluyen el «terrorismo de Estado». Todos los terroristas del mundo pretenden responder en defensa propia a un terrorismo de Estado previo que no dice su nombre y se cubre con toda clase de justificaciones más o menos creíbles. Usted conoce las acusaciones que se han lanzado, por ejemplo, y sobre todo, contra los Estados Unidos por la sospecha de practicar o alentar el terrorismo de Estado. [las versales son mías] (Borradori, 2003: 153)

En función de esta definición, y especialmente a lo que está en cursivas, sugiero que seamos cautelosos con el uso de la noción ataque terrorista, desde mi perspectiva no aplica para lo sucedido, pero sí forma parte de un terrorismo de estado entre un sector del gobierno estadounidense coludido con el gobierno mexicano para avanzar en las elecciones que se avecinan que pretenden evitar la reelección de Trump. Desde mi perspectiva están tirando mucho la liga pero no sabemos de que lado quedará ni cuáles serán los daños colaterales.

todo terrorismo se presenta como una réplica en una situación de puja y forcejeo. Equivale a decir: «Recurro al terrorismo como último recurso porque el otro es más terrorista que yo; me defiendo, contraataco; el verdadero terrorista, el peor, es quien me privó de cualquier otro medio diferente a éste antes de presentarse él mismo, el primer agresor, como víctima». Es así como los Estados Unidos, Israel, las potencias coloniales, los países ricos, los poderes de forma imperialista son acusados de practicar el terrorismo de Estado y de ser «más terroristas» que los terroristas de los que se dicen víctimas, etc. (Borradori, 2003: 159)


[1]Hago mención del “intruso” en alusión al texto de Jean-Luc Nancy, que se titula de la misma forma, en el que afirma que no en todos los casos los transplantes son exitosos: “Muy rápidamente, sin embargo, el otro como extranjero puede manifestarse: ni la mujer, ni el negro, ni el joven, ni el vasco, sino el otro inmunitario, el otro insustituible a quien, empero, se ha sustituido. Esto se denomina “rechazo”: mi sistema inmunitario rechaza el sistema del otro” (Nancy, 2007: 31).

[2]Podemos pensar en Afganistán, y en Arabia Saudita, dado que como Derrida menciona “por ahora permítame recordar solamente que el “9 de septiembre” es también, en muchos aspectos, un efecto lejano de la Guerra Fría, antes de su “fin”, de la época en que los Estados Unidos sostenían a los enemigos de la URSS que ahora se han convertido en los suyos, armándolos y formándolos, por ejemplo, en Afganistán, pero no solamente allí” (Borradori, 2003: 140).

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