«Aquí decimos nuestra palabra» ~ ja ke`ntiki wantik yaljel (verso tojolabal)

Llegué a ese punto en el semestre donde se juntan las lecturas o pongo a dialogar a los autores. En este ocasión le tocó a Lenkersdorf (ontología) con Derrida (seminario de autor), a partir de la siguiente hipótesis: si la filosofía es lenguaje, cualquier comunidad que tenga una lengua propia tiene un pensamiento filosófico (sin importar si es únicamente oral, Platón se fiaba más de la oralidad, de ahí sus diálogos, que la escritura).

De Lenkersdorf escogí el texto Filosofar en clave tojolabal, un texto que analicé en tres niveles: 1) el estudio del pensamiento tojolabal a partir de la lectura e interpretación de los poemas que aparecen en el texto y que traduce el propio Lenkersdorf. 2) Las cuestiones de método que utiliza el autor para dar cuenta de la filosofía tojolabal, específicamente la etnografía, el diario de campo y la observación participante, más propias de las ciencias sociales que de la filosofía (un pendiente todavía en los planes y programas de Filosofía). 3) La propuesta o estilo de escritura en el que incurre Lenkersdorf para dar cuenta de su propia aproximación filosófica al pensamiento tojolabal (el apartado más débil):

«Los indígenas no tienen filosofía», así me dijo un día un amigo y colega espontáneamente, en el curso de una conversación. Aducía a la razón de que a los indios les faltaba la capacidad crítica, tan típica del filosofar occidental. La observación me despertó de golpe; pero de golpe duro, que me sacudió del sueño de los no tan justos. En efecto, el amigo afirmaba algo sobre lo cual nunca había reflexionado yo. Pero, a la vez, nunca había dudado de la presencia del filosofar entre los tojolabales. La razón de mi pensamiento se explica fácilmente. Un pueblo que ha desarrollado un idioma tiene, a la vez, su manera de filosofar incluída en su lengua.

Lenkersdorf, 2001: 9

De Derrida seleccioné El monolingüismo del otro o la prótesis de origen, un texto que utilicé hace muchos años, cuando realizaba estudios de literatura comparada («Deconstrucción del uso de la lengua materna en la literatura fronteriza«). Un texto al que no había vuelto y que al releer me quedo nuevamente con la incómoda incomprensión de ¿por qué en este país no se oficializó (hasta ahora) el habal de todas las lenguas como política social? Un epsitemicidio. Y con la deuda que a nivel personal siento con la cultura (cualquier que ésta sea) al no poder hablar una lengua materna, esa que dice Derrida «no me pertenece». Como todos los textos de Derrida, éste se puede leer sin sentido alguno, aunque yo prefiero siempre situarme en un apartado particular:

Es cierto, el estudio  del árabe seguía estando permitido. Lo sabíamos autorizado, es decir, todo menos alentado. La autoridad de la Educación Nacional (de la “instrucción pública”) lo proponía en el mismo concepto, al mismo tiempo y en la misma forma que el estudio de cualquier lengua extranjera en todos los liceos franceses de Argelia. ¡El árabe, lengua extranjera opcional en Argelia! Como si nos dijeran —y era lo que nos decían, en suma—: “Veamos, el latín es obligatorio para todos en primer año, ni falta hace mencionar el francés, desde luego, pero, ¿quieren además aprender el inglés, árabe, español o alemán?”. El berebere nunca, me parece. 

Derrida, 1997: 56

«Escuchen mi palabra» ~ òk kal awab’yexi (verso tojolabal)

Volví entonces a la lengua materna como parte de la investigación en curso titulada Ecología del afecto. Una investigación donde la ontología, lo mismo que la epistemología son determinantes en el planteamiento de la propuesta, de ahí que este semestre haya decidido impartir los cursos-seminarios arriba mencionados. Y me refiero a la lengua materna no como una originaria sino a aquella que precisamente no nos pertenece pero que da cuenta del pensamiento filosófico (cualquiera que éste sea).

Y, con base, en estos ejercicios comparados que disfruto mucho pensar y realizar es que encuentro en el nosotros (tik, tik) tojolabal-tzeltal, del que da cuenta Lenkersdorf en el libro, acepciones similares de lo que deconstruye Derrida en el monolingüismo del otro; de ahí la importancia de la traducción de los poemas del primero y la posibilidad de diferir la lengua materna en el segundo:

Por esta misma razón, el monolingüismo del otro quiere decir además otra cosa, que se descubrirá poco a poco: que de todas maneras no se habla más que una lengua, y no se la posee. Nunca se habla más que una lengua, y ésta, al volver siempre al otro, es, disimétricamente, del otro, el otro la guarda. Venida del otro, permanece en el otro, vuelve al otro.

Derrida, 1997: 59

Escuchen mi palabra / del corazón nació / los meros ignorantes son ellos de verdad. – En este mundo, digo, iguales son los cuerpos / hermanos somos todos / de una humanidad. – Hay blancos y morenos / bambaras, chinos, indios / hermanos somos todos / de una humanidad. Por ellos ya nosotros / debemos aprender / la lengua es de ellos, / que nos respeten ya. – También les toca a ellos / el mismo aprender / la lengua que es la nuestra; hermanos, pues, seremos.

Poema tojolabal (Traducción Lenkersdorf, 2001: 55)

«zapatos usamos / al caminar» ~ wanxa xlapatik / ja sapato`i (verso tojolabal)

Un elemento más que considero necesario comentar es el desplazamiento ontológico del sujeto que se observa en el pensamiento tojolabal. Un desplazamiento sintáctico y semántico (ja sapato`i) que implica, a su vez, desplazar el yo, y que permite aludir a la ontología del objeto. Un giro necesario para la ecología del afecto, como investigación en curso, que entre otras cuestiones pretende desplazar, diferir el antropocentrismo y erradicar de las epistemologías la filosofía del proyecto de la modernidad (especialmente la superación jerárquica en la dualidad humano-naturaleza y/o humano-no-humano).

Con respecto a ello, el pensamiento nosótrico tojolabal (tik) que analiza Lenkersdorf apunta a otras formas de poder pensar esas otras ontologías a partir de proponer la participación de otros sujetos en la oración (sujeto vivencial, sujeto actor, sujeto agencial (Lenkersdorf, 2001: 199); así como de otro planteamiento ético, aquel que incluye la pluralidad, el antimonismo, la diversidad y la complementariedad (Lenkersdorf, 2001: 124). Además de la relación con la justicia, el tiempo, los números, entre otros aspectos de la realidad tojolabal.

Este desplazamiento del sujeto también lo analiza Derrida en otro texto, Carneros, donde deconstruye principalmente un verso de un poema de Celan: «el mundo se ha ido / yo tengo que llevarte». Así como zapatos usamos también el mundo se ha ido. No sólo es pensar en clave tojolobal es pensar el pensamiento filosófico como la imposibilidad del acontecimiento por venir.

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