La ontología de maternar

I

Maternar, de esas categorías o acepciones ético-ontológicas que se presentan de un día para otro. La semana pasada, en una reunión con mis colegas del grupo de investigación de Estudios Fronterizos, me comentaban el proyecto de este año: un boletín, seguido de un seminario sobre maternidades centroamericanas y haitianas en el país. Desde que lo propusieron, ya hace varios meses, me hice la desentendida. Sin duda es una investigación necesaria y poco abordada, pensaba, pero yo empezaba a dejar las migraciones y las fronteras para desarrollar la ecología del afecto.

Casi al finalizar nuestro encuentro virtual pude comentar el por qué no podía entrarle al seminario que estaban organizando. Poder en el sentido ético de proponer algo sobre maternidades no siendo madre y mucho menos habiendo parido. En ese momento una de mis colegas que sí es madre y si ha parido me paró en seco y me dijo, pero no es lo mismo a lo que nosotras te estamos proponiendo. Dudé por un instante y seguí escuchándola. Tú puedes hablar de maternar, de la ética del maternar, insistió. En ese momento la sinapsis funcionó y asentí. Claro, pensé, es de lo que va mi propuesta de la ecología del afecto. Quedamos en encontrarnos otra vez para seguir pensando nuestro siguiente seminario.

II

El fin de semana vimos la nueva película de Almodóvar, Madres paralelas. Hoy que estaba en la alberca, entre serie y serie, una amiga y yo la estábamos comentando. Ninguna es madre ni hemos parido, solo nos gusta el cine. Empezamos a hablar de que las historias no se conectan, que la de ellas queda suelta y es predecible, que la escena de sexo lésbico se la pudo haber evitado y que el entrelazamiento con los desaparecidos de la guerra civil española es bastante flojo, no así el impacto que tiene la última escena que se asemeja más a un performance. En ese sentido la película funciona de manera experimental ya que involucra varios géneros en la narrativa.

Madres paralelas

Seguimos hablando de Almodóvar, de su filmografía (la luz, el color, la fotografía, la dirección, la historia, el contexto) y concluimos que es el cronista desde finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI de lo que han sido las sociedades de posguerras europeas (la guerra civil española, la segunda guerra mundial, la guerra fría). Un cronista con una narrativa transgresora, honrada, crítica del sistema en general. Salimos de nadar y le seguí dando vueltas a la cabeza mientras me bañaba. Me acordé de la categoría de maternar e hice un recuento de las películas de Almodóvar que están dedicadas a la figura materna y/o específicamente a su madre.

Mi favorita sin duda es Todo sobre mi madre, Cecilia Roth, encarna espectacularmente ese lugar de maternar, incluso mejor que el papel que hace Penelope Cruz en esta última película. Volver y Dolor y gloria, son otras dos películas donde el personaje de la madre es indispensable para darle ese giro dramático a las historias. Salí del baño y la duda se instaló, entonces ¿qué es maternar? ¿aplica solo a las mujeres que tienen hijos y han parido o cómo se traduce en una categoría ontológica?

III

El ejemplo más inmediato que tengo y el que me ayuda a articular-traducir la categoría de maternar, la primera que voy a desarrollar como parte de la ecología del afecto, es la familia de mi esposa. Una familia de mujeres-madres trabajadoras donde la figura del hombre-padre no existe, con trabajos exhaustivos dedicados al cuidado de otras (las hijas de otras familias, las enfermas, las parturientas) y el de sus otras hijas-sobrinas, hijas-primas, hijas-hermanas. Una figura materna muchas veces ausente por los horarios de trabajo que necesitaba, a su vez, de la otra-madre para el cuidado de las otras-hijas del clan.

Cuando comprendí la dinámica de la familia de mi esposa sentí tanto contento, lo inmediato que pensé es que otras formas de cuidado en comunidad es posible. Un cuidado que traduzco como hospitalidad incondicional; es decir, yo no llegué a su familia, ellas me acogieron sin cuestionar, abrieron las puertas de su casa y de su corazón en un acto de agenciamiento político, como parte de su linaje materno. Un agenciamiento político que no recaba en la generosidad y mucho menos es autocomplaciente. Una hospitalidad incondicional que se pudiera llegar a confundir con el deber ser de lo que a veces malinterpretamos por el ser-madre si no alcanzamos a deconstruir en la noción incondicional lo que le corresponde como mandato (Kant vs Derrida). Maternar entonces no es un mandato es un modo de existir en las comunidades revocadas (otra categoría de mi ecología del afeto que recupero de Jean-Luc NAncy).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s